miércoles, 21 de noviembre de 2012

El Angel Azul

El Angel Azul

Se acercaba el cumpleaños de mi hija, mi madre siempre cumplida, atenta y pendiente de la fecha de los cumpleaños de los miembros de la familia, en especial el de ella. La misma preocupación de todos los años, lo difícil qué regalarle si esta chiquita tiene de todo. Sí, pensó! menos una mascota y desea tanto un perrito, cosa prohibida en su casa por ser tan alérgica. La idea de la mascota no le pareció mala, así quedaba bien con el obsequio y complacía a la nieta; se decidió por una pecera con un pececito angel color azul con hermosas y largas aletas. Logró su objetivo, mI hija estaba fascina con su mascota. La instaló en una mesita en el comedor, le daba de comer, le ponía plantitas, limpiaba la pecera y lo bautizó con el nombre de Suly por su hermoso color azul.

A pesar de tantos cuidados y atenciones, notamos que el pececito se escondía entre las plantitas, casi no comía, se movía poco, decidió cambiar de lugar la mesita y ponerla cerca de una ventana para que recibiera más luz pero el pececito ya no salía de entre las plantitas en el fondo de la pecera, entonces lo llevó al Acuario donde su abuelita lo compró. Ahí fue examinado, lo encontraron bien lo que ellos creían era que estaba triste. Nos extrañamos y preocupamos mucho pues Suly estaba muy bien cuidado.

Tomé la pecerita en mis manos, salimos del Acuario y antes de abrir la puerta del carro la pecera explotó en mis manos sin razón alguna, como si la hubiese impactado algo produciendo un ruido tan fuerte que los carros se detuvieron, la gente en la calle se paraba a ver qué sucedía se produjo una confusión enorme, yo gritaba por el pececito, trataba de ayudarlo y levantarlo del suelo para llevarlo de nuevo al Acuario, mi hija dentro del carro no sabia que sucedía. El pobre Suly todo golpeado lo dejamos internado en el Acuario para ser  observado por los golpes, salimos de ese lugar llenas de angustia, tristeza, dolor y muy preocupadas por su salud.

Pasaron los días, Suly permanecía en observación pero en mi corazón sentía una opresión, una angustia una sensación tan indescriptible como un mal presentimiento que no me atrevía a llamar preguntando cómo seguía hasta que nos llamaron y nos dijeron que mejor nos iban a dar otro pececito. Mi hija no aceptó, dijo ese ya no es Suly mi mascota.

La mesita permanecía vacía en el mismo lugar y se sentía una gran soledad, pasamos varios días muy tristes, de mi pecho no salía esa sanción extraña de un mal presentimiento.

Cierta tarde, íbamos pasando muy cerca de donde perdimos a Zuly y lo recordamos, segundos después, oí un fuerte golpe, una explosión, gritos, gente mirando, el tránsito paralizado, casi exactamente como lo que habíamos vivido con el Angel Azul, pero esta vez era mi hija que recibió aquel terrible impacto de un tráiler que no respetó la luz roja del semáforo, todo era confusión, angustia, desconcierto, yo gritaba pidiendo ayuda. De pronto apareció un Angel de hermosos ojos azules, con un traje azul de tráfico, abriendo campo entre la multitud para socorrer a mi hija, pidiendo ayuda urgente para no perderla; imploré a Dios desde lo más profundo de mi corazón que no me la quitara.
Dios escuchó mis súplicas, después de múltiples tratamientos y operaciones, regresó a la casa pero ya era ella la triste, la deprimida, no quería, estudiar, no quería salir. Una tarde su abuelita le pidió, que nos acompañara al supermercado y accedió. Mientras yo estacionaba el carro ellas me esperaban en la puerta del establecimiento, donde se encontraba una mujer vendiendo un hermoso cachorrito blanco las dos estaban encantadas con la perrita que más bien parecía un peluche, seguí de lado e ingresé al lugar, las dos me alcanzaron con la perrita en sus brazos. Sus ojos le brillaban de alegría y de súplica porque sabía que no debía tener un perro por su alergia me decía, yo la quiera y Ud. no me lo tiene que comprar porque Abuelita me la va a regalar. Mi mamá se hacia la desentendida. Al ver su carita transformada de alegría e ilusión, hacia tantos días que ella no sonreía y sus ojitos solo irradiaban tristeza que no dudé ni un segundo en decirle que sí.

Esa perrita a la que bautizó Luna le devolvió la alegría, se convirtió en el eje de su vida, la ama sobre todas las cosas hasta la fecha, logró que fuera superando ese trauma tan terrible por el cual estaba pasando y la pérdida de Suly; mi mamá feliz porque le había dado la mascota que siempre había querido.

Días después nos comunicamos con el tráfico que nos auxilió para invitarlo a una misa de agradecimiento y a la vez para conocerlo, yo casi no lo recordaba, solo sus ojos azules a través de su casco y mi hija no lo conocía. A la entrada de la Iglesia, se nos acercó , nos saludamos le dije que él había sido un verdadero angel en ese momento porque salió como de la nada, prácticamente salvó la vida de mi hija. Me dice: Me dirigía hacia mi casa cuando vi el accidente, no tenia que intervenir, estaba fuera de servicio pero es una misión que tengo
de ayudar a las personas que se ven involucradas en un accidente porque yo pasé por la misma situación, le repetí, definitivamente Ud. fue un angel para nosotras, sonrió y me dijo si yo Angel, me llamo Luis Angel. En ese momento se me erizó la piel, sentí la presencia de Dios. Y mis temores se disiparon.

Ahora más que nunca creo firmemente en los Angeles y entendí lo que representó en nuestras vidas aquel angel azul.

No soy buena escribiendo menos aun este relato que ha sido el peor y más difícil momento de de mi vida donde casi pierdo a mi hija pero quería compartirlo para demostrar que la fe mueve montañas y la Misericordia de Dios es infinita.

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