martes, 21 de mayo de 2013

Fortunato.





Muy temprano comencé con mi rutina,  salí a caminar por una  hora, luego llegando a mi casa me encontré con un perrito bastante descuidado la cual andaba perdido.  Me encantan los animales especialmente los perros,  lo llamé haciéndoles ruido pst pst,  se acercó.  Noté que no era huraño, lo acaricié, busqué alguna identificación en su cuello la cual no tenía;  trayéndolo  a  mi casa, dándole un poco de leche con cereal, ya que no tenía alimento para perros, después de saciar su hambre y sed, agradecido me seguía por toda la casa.
Me senté a desayunar me puse a  contemplarlo le dije: eres un perrito muy lindo y tierno.  Cuál será tu nombre?  Me pareció adecuado Fortunato. y le dije te  llamaré así.  
Me alisté, llevándolo a donde el veterinario, el cual lo revisó, vacunó, desparasitó,  haciéndome el comentario que el perrito se veía maltratado, descuidado, necesitado de afecto, eso me dolió ya que por su pequeño tamaño no podría defenderse fácilmente.
Pasó la mañana, al regresar hice el recorrido de mi caminata que temprano realizara; así tal vez encontraría al dueño, no hubo respuesta. Les comenté  a  unos vecinos del hallazgo de Fortunato, por si sabían quién era el dueño. 
Lo llevé de nuevo a mi casa, dándole  agua y comida para perros que había comprado donde el veterinario, le acomodé una caja de cartón con una almohada suave que sirviera de colchón, así tuviese una cama, pero olfateando todo, él no se separaba de mí.
Almorcé, escuché noticias y luego me puse a leer un rato, el sensible Fortunato no  se movía de mi lado, contemplándome con  sus ojos tiernos y de agradecimiento. 
Por la tarde estuvo visitándome una amiga la cual se sorprendió al ver al perro, no hizo ninguna alusión a Fortunato, tomamos café , hicimos tertulia un rato, despidiéndonos luego.
 Entrada  la noche tocaron  a mi puerta,  la cual abrí;  mi mayor sorpresa  fue ver a mi amiga de nuevo, acompañada por una pareja, la cual me explicó que venían por el perro. Fortunato los vio, empezó a gruñirles, sabiendo que era maltratado no me sorprendió que lo hiciera, pasé a la sala  a los visitantes y saqué al perro  al jardín.
Cuando me comentaron que ese perro era de ellos,  se les había escapado de su casa, noté  que estaban tranquilos, indiferentes como si la situación no les afectara.
Les pregunté porque no lo habían buscado, diciéndome que sabían que volvería a ellos, que no se  preocupaban por él, les pregunté: ¿Ustedes quieren al perro, le tienen cariño o es por tenerlo?  Se turbaron al escuchar mi pregunta: les  expliqué, cuando lo encontré estaba en condición lamentable, se miraron entre ellos, contestándome: no nos gustan los animales, en realidad tenemos al perro porque fue un obsequio. No me asombró la respuesta.
Les solicité  por favor me dejaran al perro, me  referí  sobre mi visita al veterinario, el baño y recorte de pelo que le habían hecho, enseñándoles el carnet de vacunas,  la cual ya le habían puesto. Con sinceridad me dijeron que el perro no era ni vacunado ni desparasitado, que hacía poco estaba entre ellos y no habían tenido tiempo para cuidarlo.   Les pedí que me lo cedieran, conversaron  entre ellos  é hicimos un trato.
Fortunato se quedó conmigo. Hoy por hoy es mi compañero y gran amigo.
 Agnes Avendaño Cavallini

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