Muy temprano comencé con mi rutina, salí a caminar por una hora, luego llegando a mi casa me encontré con un perrito bastante descuidado la cual andaba perdido. Me encantan los animales especialmente los perros, lo llamé haciéndoles ruido pst pst, se acercó. Noté que no era huraño, lo acaricié, busqué alguna identificación en su cuello la cual no tenía; trayéndolo a mi
casa, dándole un poco de leche con cereal, ya que no tenía alimento
para perros, después de saciar su hambre y sed, agradecido me seguía por
toda la casa.
Me senté a desayunar me puse a contemplarlo le dije: eres un perrito muy lindo y tierno. Cuál será tu nombre? Me pareció adecuado Fortunato. y le dije te llamaré así.
Me alisté, llevándolo a donde el veterinario, el cual lo revisó, vacunó, desparasitó, haciéndome
el comentario que el perrito se veía maltratado, descuidado, necesitado
de afecto, eso me dolió ya que por su pequeño tamaño no podría
defenderse fácilmente.
Pasó
la mañana, al regresar hice el recorrido de mi caminata que temprano
realizara; así tal vez encontraría al dueño, no hubo respuesta. Les
comenté a unos vecinos del hallazgo de Fortunato, por si sabían quién era el dueño.
Lo llevé de nuevo a mi casa, dándole agua
y comida para perros que había comprado donde el veterinario, le
acomodé una caja de cartón con una almohada suave que sirviera de
colchón, así tuviese una cama, pero olfateando todo, él no se separaba
de mí.
Almorcé, escuché noticias y luego me puse a leer un rato, el sensible Fortunato no se movía de mi lado, contemplándome con sus ojos tiernos y de agradecimiento.
Por
la tarde estuvo visitándome una amiga la cual se sorprendió al ver al
perro, no hizo ninguna alusión a Fortunato, tomamos café , hicimos
tertulia un rato, despidiéndonos luego.
Entrada la noche tocaron a mi puerta, la cual abrí; mi mayor sorpresa fue
ver a mi amiga de nuevo, acompañada por una pareja, la cual me explicó
que venían por el perro. Fortunato los vio, empezó a gruñirles, sabiendo
que era maltratado no me sorprendió que lo hiciera, pasé a la sala a los visitantes y saqué al perro al jardín.
Cuando me comentaron que ese perro era de ellos, se les había escapado de su casa, noté que estaban tranquilos, indiferentes como si la situación no les afectara.
Les pregunté porque no lo habían buscado, diciéndome que sabían que volvería a ellos, que no se preocupaban por él, les pregunté: ¿Ustedes quieren al perro, le tienen cariño o es por tenerlo? Se turbaron al escuchar mi pregunta: les expliqué,
cuando lo encontré estaba en condición lamentable, se miraron entre
ellos, contestándome: no nos gustan los animales, en realidad tenemos al
perro porque fue un obsequio. No me asombró la respuesta.
Les solicité por favor me dejaran al perro, me referí sobre mi visita al veterinario, el baño y recorte de pelo que le habían hecho, enseñándoles el carnet de vacunas, la
cual ya le habían puesto. Con sinceridad me dijeron que el perro no era
ni vacunado ni desparasitado, que hacía poco estaba entre ellos y no
habían tenido tiempo para cuidarlo. Les pedí que me lo cedieran, conversaron entre ellos é hicimos un trato.
Fortunato se quedó conmigo. Hoy por hoy es mi compañero y gran amigo.
Agnes Avendaño Cavallini
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