martes, 28 de mayo de 2013

Con paso lento pero firme


Con paso lento pero firme
Por: Maureen Hidalgo Chinchilla
En el año 1978 cuando salí del colegio mi mayor deseo era continuar mi educación superior en la Universidad, pero mis papás no podían costear los gastos que esta conllevaba, aunque obtuviera una beca los pasajes y libros lo hacían irrealizable, y el miedo no me dejo consumar nada, decían que el examen era de lógica, y no era muy buena para eso, además el enfrentarme a ser alumna de nuevo ingreso, que me quebraran huevos en la cabeza y me soltaran los ruedos de los vestidos me aterrorizaba, eso sin tomar en cuenta el tiempo que me llevaría poder empezar a ganar mi propio dinero, entonces empecé a trabajar. En el colegio había aprendido contabilidad y después me decidí a sacar la carrera en una escuela comercial como se le conocía entonces.
En el año 2011 resolví realizar el examen de admisión en la Universidad de Costa Rica, para demostrarme a mi misma que lo podía lograr, y lo gané, pero al elegir la facultad a la que iba a ingresar, descubrí que ya estaba vieja para empezar en algo que ya esta sobresaturado, como la educación o ciencias económicas, o teatro que es lo que quería estudiar ahora, además nunca he sido muy buena para leer, y eso me complicaba más. No logre entrar a teatro y me desmotivo mucho.
Y entonces descubrí el Piam, Programa integral del Adulto Mayor, ahí podía realizar mi sueño sin complicación, porque iba a ir a mi propio ritmo.
Mi esposo y mis hijos me apoyaron mucho. Pero, el resto de la familia y algunos amigos me cuestionaron, como yo con cincuenta y tantos años iba a meterme a estudiar con viejitos. Para algunas cosas ya estoy muy grande y para otras según ellos todavía no. Pero me decidí a seguir soñando. Y aquí estoy.
Estudio en el Taller de Periodismo y Comunicación II, y la experiencia ha sido enriquecedora, el poder escribir y publicar mis pensamientos en un blog que se comparte con otras personas me llena de satisfacción. El conocer otras ideas y personas me encanta. Además de todo lo que he aprendido.
También estoy en el Taller para narrar Cuentos, si lo tomamos a broma, es parecido, en uno los escribo y en el otro los relato, porque los periodistas en algunas ocasiones se vuelven puro cuento. Y este taller me ha acercado a la comunidad hemos visitado Ebais, escuelas, y otra cede universitaria, el poder compartir con niños y adultos mayores, sentirse útil no tiene precio, trasmitimos nuestro pensamiento y tradición y somos escuchados.
Y cuando en estos mismos talleres escucho hablar de lo que se hace en otros quisiera tener más tiempo para ir a todos. No soy una ciudadana de oro, pero me siento tan valiosa y útil como una persona de oro.
Las personas que no conocen este programa o que lo ven desde afuera no saben la oportunidad que nos dan a nosotros y a los jóvenes universitarios, porque juntos transformamos, tenemos mucho que dar y la brecha generacional se acorta.
Si tenemos barreras, parece mentira pero a veces hasta de idioma, porque ya no los entendemos, los jóvenes hablan de su iPad, iPod y de las redes sociales, pero estamos aprendiendo, ya todos tenemos nuestro correo electrónico, y algunos un facebook. No hay muro que no podamos saltar si nos dan la oportunidad. Por eso hay que reconocer el trabajo que hace la universidad dándonos este espacio, y sobre todo a los profesores que donan su tiempo.
Continuemos integrándonos y haciendo que la vida valga la pena vivirla, y no renunciemos nunca a aprender, porque las oportunidades están y aunque envejecer no se puede evitar, dar de lo bueno de nosotros es una obligación.
Con paso lento y firme llegaremos a nuestra meta, seguir creciendo.

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