Ricardo Jiménez
García
Ya
en el ocaso de los años 70s e inicios de los 80s San José
presentaba otra cara; por decisión de don José Figueres Ferrer,
Presidente de 1970-1974, se eliminaron los carretones que halados por
caballos servían para transportar todo tipo de mercancías, así
como las carretas que tiradas por bueyes con sus cargas (tapas de
dulce, verduras, granos, etc.) se ubicaban en los alrededores del
Mercado Central.
Asimismo,
en la administración de don Daniel Oduber Quirós Presidente de
1974-1978 se inició la construcción de la Plaza de la Cultura,
espacio que permitió refrescar nuestra ciudad capital.
En
ese entonces se encontraba en pleno apogeo la Soda Palace propiedad
del español Marcelino García. En dicho negocio estuvieron comiendo
y bebiendo entre otros políticos: Fidel Castro, Carlos Andrés
Pérez, Hugo Espadafora, Daniel Ortega, Omar Torrijos, etc., todos
ellos pudieron compartir con una viejita extraordinaria que se
encontraba a las puertas del negocio.
En
el enorme portón de la Soda que nunca cerraba, se encontraba una
persona de pequeña estatura, con enormes surcos en su rostro que
marcaban la edad avanzada que tenía, siempre andaba con un delantal
bien limpio, zapatos muy suaves porque tenía un problema en un pie y
por eso andaba apoyada en una muleta.
La
viejita era conocida como “Muñeca” y tenía el pelo blanco, de
su mano derecha siempre colgaba una canasta llena de unas pequeñas
flores multicolores (lilas, amarillas, blancas,…), que ella ofrecía
en pequeños ramitos como pensamientos.
Caballero
llévele un ramito a su novia, a su esposa, a su amiga,-pensamientos,
lleve pensamientos-, nuestro pequeño personaje, era una mujer
sumamente trabajadora, vivía en Concepción Arriba de Desamparados y
todas las mañanas salía bien temprano para atender su negocio,
porque con la venta de las flores mantenía a su familia.
Esa
endeble, tierna y maternal mujer, siempre estaba con su canasta sin
importar el inclemente sol o la intensa lluvia que estuviera cayendo,
era frecuente verla a altas horas de la noche ofreciendo su
mercancía.
Al
final de los 80s unos vándalos le prendieron fuego a sus ropas y
“Muñeca” sufrió enormes quemaduras en su ya cansado y frágil
cuerpo, ese fue el principio del fin de un personaje que durante
muchas décadas fue un símbolo de nuestra capital.
Quienes
cometieron tan salvaje agresión a esa indefensa mujer, se tendrán
que presentar a la Puerta Grande a darle cuentas a Dios por su acto.
Ricardo Jiménez
García
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