Un
aeropuerto internacional, en la sala de espera, tres sobrinos observamos
al Tío Rafael pasearse por la tienda libre de impuestos.De pronto, se
vuelve hacia nosotros con expresión de alegría y triunfo: logró
encontrar,entre cientos de frascos,el perfume favorito de mi Tía
Carmen.
En el mismo instante en que la va a llamar a gritos,recuerda que
ella ya no està.
Todos sentimos la bofetada seca con la que su ausencia le ha congelado aquel instante de felicidad.
Lilia Canossa Armijo
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