Se
respira una paz y una sensación de soledad. No muy
lejos se puede ver algo que parece un ciudad pero más bien es un
cementerio, las luces suben y quedan suspendidas en el aire. Está
amurallada tiene un gran portón blanco que no permite entrar a nadie
durante la noche, entre los barras se pueden ver delicados ángeles y
cruces que adornan el lugar. El silencio es ensordecedor de vez en
cuando se ve interrumpido por el ruido de un grillo, o algún
vehículo.
Dentro
del muro se distinguen dos figuras sentadas sobre una bóveda son
blancas como el papel y están hablando. Se quejan de que ya no
pueden salir de ese lugar, y de que nadie las ha visitado en mucho
tiempo.
Una
de esas figuras se llama Margarita y le cuenta a su compañera su
desgracia. Se acercan a la verja y ponen sus manos entre los barrotes
y descansan sus cuerpos.
-Que
frío hace esta noche. –dice la amiga de Margarita
-
No lo siento, sólo puedo pensar en este dolor de muela- expresa
Margarita.
-Como
te va a doler una muela si estas muerta. – contesta la compañera
Y
Margarita responde – no hay nada peor que el dolor de una muela
muerta.
Soñando...
La
noche es oscurísima, hay una neblina casi verde que lo cubre todo,
el frío llega hasta lo profundo de los huesos. Un ambiente macabro
lo rodea todo, aunque no se pueda ver hay una sensación de que algo
malo está ahí asechando.
El
silencio que lo embarga todo se ve interrumpido por risas que
terminan en dolorosos lamentos. De vez en cuando un relámpago hace
resplandecer el cielo y se rompe el grueso manto de oscuridad y se
pueden ver las sombras de dos seres. De pronto un calor intenso lo
llena todo y una luz producto de unas llamas aclara el lugar, parece
una fogata pero no lo es. La fuente que las produce no parece de este
mundo.,
En
tanto, una mujer está siendo torturada, sus brazos guindan de
pesadas cadenas que cuelgan de algún lugar que no se puede
precisar, los grilletes en sus manos no le permiten irse, aunque no
está atada. Parece que descansan en las pesadas argollas.
Una
criatura sobrenatural con aspecto sombrío y risa macabra la esta
atormentando, sus largas uñas parecen garfios que se entierran con
insistencia en las costillas de la mujer, provocando una risa forzosa
que se va convirtiendo en llanto. Al acercarme para ayudar, me
impacta la imagen soy yo. En ese momento abrí los ojos.
En
honor a mi mamá que cuando yo era niña me contaba que tenía estas
pesadillas, aunque parecen de risa a ella le causaban angustia y a mí
me daban mucho miedo, tanto que aún las guardo en mi recuerdo como
cuando ella me las contaba
De Maureen Hidalgo
Leer estos cuentos es como escuchar a mi mamá hablando. Si algo aprendió ella de mi abuelita fue a ser una mujer valiente, sabia y trabajadora. ¡Súper orgullosa de mi mamá!
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