viernes, 14 de junio de 2013
Minifaldita blanca
por Virginia Murillo Montero
Un buen día Minifaldita Blanca iba a estudiar adonde sus compañeras y compañeros del colegio. De su casa a la de Shirley, donde se iban a reunir, la joven tenía que atravesar un camino enzacatado con hileras de matas de café a los lados. Iba cantando alegremente: “no renunciaré ni a tus ojos ni a los besos de tu boca, ni a tus rizos por los que me vuelvo loca, ni a la forma en que tu me haces querer…”
En eso, escuchó un ruido que salía de entre los arbustos, por lo que Minifaldita se asustó. Y exclamó:
- ¿Quién anda ahí?
– No te asustés -contestó una voz gruesa.
- Pero ¿quién eres? -le dijo.
- Soy un hombre que trabaja por aquí.
- Sí, pero no te me acerqués -insistió la muchacha.
De pronto, vio una figura que se apresuraba en dirección suya, con el pelo largo, barbudo, alto, de brazos fuertes, piernas encorvadas,
- ¡Uyyuyuy! -exclamó sorprendida.
- ¿Qué es lo que deseas?
- Nada. . . - le contestó.
-¡Humm!, ¡humm!, murmuró ella.
Así la joven continuó su camino, pero el hombre la siguió diciéndole:
-¿Adónde vas Minifaldita Blanca?
-A la casa de mi compañerita Shirley a estudiar y ya no me pregunte más, no moleste,
A lo lejos, al final del camino verde, se escuchó una algarabía, eran nada más y nada menos que sus compañeros y compañeras del cole. Ella, al verlos, se alegró y les gritó:
- ¡Vengan, vengan! que un hombre que parece lobo me persigue.
- ¿Cómo se te ocurre?,- le dijo Shirley. ¡Un hombre lobo!
- ¡Siií, velo no más todo barbudo!
- ¡Uy,uy, uy! ¡Ay sí! ¡Corramos!
– ¡No, no, aquí nadie va a correr! - gritó el hombre.
-Pues sí -dijeron a coro como 15 muchachos que corrían hacia él. El hombre quería correr, pero no pudo. Por detrás de él, salieron otras tantas muchachas con unos chilillos cogidos del cafetal. Y lo único que se escuchó fue:
-¡Ay, ay, ay, ay, ay!, no me peguen más; yo no le iba a hacer nada a Minifaldita.
-Pues para que aprendás -dijeron todos a coro.
-Para que no andés persiguiendo niñas.
Así el hombre salió despavorido y con gran contento abrazaron y alzaron a Minifaldita y la llevaron a casa de sus padres sana y salva.
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