Lia Ferreto
Debo
hacer una tarea para la clase de Periodismo, pensaba hoy en la tarde
cuando un torrencial aguacero caía derrochando en medio de mis
jardines, su fuente de vida, dándole a mis plantas tan delicioso
baño y saciando la sed de mas de una semana de mañanas bochornosas.
Feliz en medio de almohadones y de mis lecturas del momento,
cabeceaba yo pensando en cual de todos los posibles temas sugeridos
me inspiraban suficientemente, para que yo me levantara y al fin
decidiera hacerle frente a esa página en blanco con la cual no
quería aún encontrarme.
Ahí
estaba mi lorita, CLEO, que pensaba yo merecía un buen capítulo,
las plantas de mi jardín, mis guarias o las rosas, también las
suculentas, últimas en la lista de mis amores de jardinera. O la
recién terminada temporada lírica, con el Nabucco que tanto
disfruté, además de la gira al Caribe, donde fuimos Orquesta y
Coro.
Sentía
yo el gozo infantil de no tener que salir ésta tarde, de que con
tanta lluvia podía hacer cosas o no hacer nada, un lujo que
posiblemente solo mi Yo Interno conoce, será por eso que tanto lo
anhelo y lo aprecio.
Cleo
llegó a mi casa, metida en una pequeña caja de cartón, la traía
mi hija y yerno desde Guanacaste, donde una persona amiga la había
conseguido para mi. Venía desnuda. Su plumaje era gris y suave, muy
suave. Faltaban aún unas semanas para que sus hermosas plumas verdes
comenzaran a salir. Mis hijas y yo comenzamos a buscar cual nombre le
asignaríamos, así llegamos a decirle Cleo, que fue el diminutivo de
Cleopatra y de Cleotilde, causando con el tiempo una confusión muy
divertida en ella, que realmente llegó a tener variaciones sobre el
mismo tema, lo cual celebraba con grandes risas y alborotos...Ella
sola se bautizó Lorilde, una fusión de lorita y Cleotilde, por lo
que respondía a todos esos nombres y con todos se identificaba. Ayy
,Lorita, Lorilde, Cocolita de mami, le decía yo, pues también
"coccolare" en italiano, significa " chinear,
chineada. Ella me decía" Mami"; claro, así me decían mis
hijas. Oía cuando yo llegaba a la casa, abriendo el portón y
comenzaba a gritar..ya vine ¡¡¡ ya vine ¡¡¡¡
Cleo
llegó a ser muy popular, no había una sola persona que llegara a mi
casa, que no saliera enamorado de ella. Sabía decir muchas frases,
no solo decirlas, sino que sabía darles un uso preciso según su
significado... que yico ¡¡¡ pues tenía hambre, o preguntaba "
quere yico ???? Cuando algo era muy sabroso decía, mmmmm, yico ¡¡¡¡¡
Tosía con fuertes espasmos, imitando a una persona a punto de morir
de tos diciendo; tiene tos, Cleo ???? oohh..oohh.oohh.... ayyy, que
loca Cleo ¡¡¡¡¡ Llegó a expresar; mmm ???? cuando me veía por
ahí y no le conversaba, mmmm ???? Y claro cantaba. Cantaba porque me
oía a mi ensayar partes del coro, entonces sacaba su mejor registro
de soprano y hacía unas escalas impresionantes de divertidas.
Podíamos ponerle algún CD donde se cantara ópera, e inmediatamente
ella imitaba igual. Era feliz cuando yo le dedicaba el tiempo eterno
a jugar con ella. Jugábamos al columpio. Ella se aferraba a una
parte de su jaula con una pata, con la otra a mi mano y se movía
arriba abajo feliz, haciendo un gran aspaviento mientras yo le
cantaba: Rin Ran, los maderos de San Juan, piden queso piden pan....
Su
jaula era muy grande y estaba ubicada en medio del cuarto de pilas.
Ese espacio está integrado a la casa, por lo que ella realmente
vivía en el centro de la casa, al lado de la cocina y también del
comedor. La jaula estaba abierta, por lo que su mayor alegría era
salir y caminar por la cocina y pararse en los bancos que están ahi,
en esos tubos de madera que unen las patas. Pero su paseo no
terminaba ahi, su obsesión era morder los filos de las paredes y de
cuanta cosa estuviera a su alcance. Mi casa aún conserva las señales
de su paso por espacios que no estaban permitidos para ella, pero que
igual violentaba y mordía en señal de protesta y de franca venganza
cuando quedaba mucho rato sola en la casa. Señas de su paso
encontraba sobre mi cama o en el cuarto donde yo cosía. De repente,
sin lograr yo saber porqué, levantaba vuelo sonando como un
helicóptero, pues ya con sus alas abiertas era realmente grande,
causando grandes gritos entre las personas que estuviéramos en casa,
iba pegando contra vidrios y paredes, para acabar sobre algún
mueble, desde donde despacio, con su caminar de lora, regresaba
solita hasta su jaula.
Su
plumaje era de un bellísimo color esmeralda. Tenía sobre su
cabecita un penacho pequeño y amarillo. Su cabecita era tan pequeña,
cuando yo la sujetaba entre mis manos, sosteniendo su pico para no
ser mordida, mientras la llenaba de besos y ella cerraba sus ojitos,
con un gran deleite. Hacerle " piojillo" era un privilegio,
no se si para ella o para mi, entonces movía las alitas en un
temblor, sacudida por la delicia que sentía. De noche la cubría una
manta roja que ella amaba, era la señal de que la hora de dormir
había llegado. Entonces comenzaba a tararear esa melodía con la que
yo también arrullé a mis hijas... aaaahhhh, ahhhhhh, aaaahhhhh, áh
¡¡¡¡¡¡
Cleo
llegó a sufrir mucho cuando mis salidas se comenzaron a hacer mas
frecuentes y ya mis hijas no vivían conmigo. Si yo pasaba el día
fuera de casa al llegar en la noche, la encontraba con su jaulita
limpia, no ensuciaba con sus cacas pues no comía. Yo me sentía muy
mal con ésto, no había comido en todo el día. Apenas le ponía su
manta roja sobre la jaula, bajaba y comenzaba a comer, tenía mucha
hambre. Si tuve que viajar al extranjero, entonces una buena amiga
cuidaba de ella, pero había que trasladarla de mi casa a la suya,
dentro de su jaula, haciendo ésto complicado, además ella se
deprimía al irse y al volver de nuevo. Tras muchos de estos eventos,
decidí darla a una persona que ya la amaba. El dolor de entregar a
Cleo, se disolvió en medio de muchas tristezas que yo estaba
viviendo en ese tiempo. El silencio fue radical en mi casa. Ya nadie
decía " ya vine " cuando yo regresaba. Pero el tiempo,
silencioso compañero, me fue dando la razón; Cleo era muy feliz con
su nueva dueña, la cual tenía todas las horas de su día para
llevarla sobre su hombro.
Mi querida Lia, querida aun sin conocerte personalmente, pero a través de tus escritos, siento a veces acariciar tu alma, un alma generosa, bondadosa, entusiasta y amante de la vida.
ResponderEliminarHas logrado emocionarme con esta historia, tan sencilla, pero que casi he podido visualizarla y casi escucharte cuando compartías con Cleo, y que solo podemos comprenderlo las personas que hemos tenido por compañía durante años algunos de estos seres tan especiales que vienen a llenarnos un espacio de nuestro corazón con sus mimos y pequeñas aventuras, y que se quedan por siempre allí, a sumar parte de nuestros mejores recuerdos.
Un gran abrazo a la distancia,
Gilma
Querida Gilma....
ResponderEliminarNo sabes lo que me impresiona leer tu mensaje...se me han llenado de agua los ojos. Es tan lindo saber que personas especiales pueden acceder a los sentimientos que se expresan en esas historias, intrascendentes para otros....por algo nos hemos cruzado en el camino de la vida, ya ves como compartimos mas de una cosa en común, eso es lindo.....
Amo saber que me lees y que eres parte de mi mundo, del mundo de mujer adulta, las que ya hemos caminado por mas de un sendero, por lo que ahora, nos detenemos con mas placer a oler " nuestras flores "....
Recibo todo tu cariño con alegría...porque es mutuo. Lia.