lunes, 19 de octubre de 2015

Un viaje que no hemos hecho





Me he sentado aquí en mi sillón del dormitorio donde medito, pienso, leo y escribo. En este rinconcito donde el silencio y la paz hacen buen ambiente para hacer recuerdos inolvidables de mi vida. Me río a veces, otras lloro y hasta peleo a veces con mis pensamientos.

Estaba distraída cuando de pronto vino a mi mente que un viaje que me hubiera gustado hacer sería donde mi madre. Llegaría temprano y al vernos nos abrazaríamos muy fuerte y así entraríamos a la casa, sin saber cuál sería el momento apropiado para soltarnos.

Tendríamos tantas cosas que contarnos, ella haría recuerdo de su juventud en Italia, de su llegada a Costa Rica, del encuentro con el amor de su vida, de su matrimonio, de sus hijos, de las lágrimas derramadas por sus dos pequeñitos muertos. Yo le contaría de mi niñez, de mis estudios, de mi trabajo, mi matrimonio. Hablaríamos de sus nietos y gozaríamos recordando las anécdotas de sus primeros pasos y de cómo el tiempo pasó tan rápido que ya todos son profesionales y han hecho sus vidas. Necesitaríamos otro día entero para contarle sobre mis nietos que ya van terminando sus estudios universitarios.

Le contaría de mis clases en la universidad: los aeróbicos, la pintura, el club de cine y de mis clases de redacción que vinieron a llenar un deseo que siempre había tenido, escribir sobre mi vida, las anécdotas, los paseos, los triunfos míos y de mis hijos y nietos.

Comenzó a llover muy fuerte, con relámpagos y enormes truenos y eso me volvió a la realidad, entonces me di cuenta que lo que había caído en mis hojas de escritura no era lluvia sino lágrimas que rodaron desde mis ojos al darme cuenta de que ese viaje era imposible de realizar ya que mi mamá murió cuando yo tenía dos años.



Carmen Brenes Protti

No hay comentarios:

Publicar un comentario