lunes, 19 de octubre de 2015

Una emoción nunca vivida




Con la ilusión que toda mujer tiene al quedar embarazada de su primer hijo y los sentimientos encontrados que tiene entre la alegría y el temor al tener que pasar por algo que no conoce, se pasa un tiempo que en algunos momento se hace largo y en otros se hace corto.

Llegó el momento del parto. Esa noche nos habíamos acostado como a las 11, andábamos cenando pues era 7 de diciembre y las familias acostumbraban hacer juegos de pólvora en las calles. Llegamos a la casa y acabábamos de acostarnos cuando tuvimos que vestirnos nuevamente porque ya había llegado el momento. Tomamos la valija y nos fuimos a la clínica, me recibieron unas enfermeras y me llevaron para prepararme, así estuve en espera hasta las 5 de la tarde del día siguiente.

Ahora todo era alegría, felicidad, pero todavía faltaba una experiencia que recordaría para el resto de mi vida. Una vez limpio y vestido el bebé me lo llevaron para que yo lo tuviera. Con una emoción indescriptible lo tomé en mis brazos y lo puse cerca de mi pecho de modo que su cabecita quedó a la altura de la mía, y en un momento sentí su naricita que pegaba con mi mejilla. Nunca había sentido una emoción igual!!.


Carmen Brenes Protti



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