Con la ilusión que toda mujer tiene al quedar
embarazada de su primer hijo y los sentimientos encontrados que tiene
entre la alegría y el temor al tener que pasar por algo que no
conoce, se pasa un tiempo que en algunos momento se hace largo y en
otros se hace corto.
Llegó el momento del parto. Esa noche nos
habíamos acostado como a las 11, andábamos cenando pues era 7 de
diciembre y las familias acostumbraban hacer juegos de pólvora en
las calles. Llegamos a la casa y acabábamos de acostarnos cuando
tuvimos que vestirnos nuevamente porque ya había llegado el momento.
Tomamos la valija y nos fuimos a la clínica, me recibieron unas
enfermeras y me llevaron para prepararme, así estuve en espera hasta
las 5 de la tarde del día siguiente.
Ahora todo era alegría, felicidad, pero todavía
faltaba una experiencia que recordaría para el resto de mi vida. Una
vez limpio y vestido el bebé me lo llevaron para que yo lo tuviera.
Con una emoción indescriptible lo tomé en mis brazos y lo puse
cerca de mi pecho de modo que su cabecita quedó a la altura de la
mía, y en un momento sentí su naricita que pegaba con mi mejilla.
Nunca había sentido una emoción igual!!.
Carmen Brenes Protti
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