" Contigo aprendí que existen
nuevas y mejores emociones."
Efectivamente,
cuando pienso en mi actual matrimonio, no pienso más que en felicidad y
tranquilidad. Ya no me desespera el
estar delgada o el irme a peinar cada semana. El pensar que no ha llegado la
chica que me hace las uñas. Lo mismo lo
hago, pero ya no existe la urgencia del pasado. En mis preocupaciones no está,
¿qué me pongo en esa fiesta? ¿Irá a asistir fulanita? Esa siempre me ve con
ojos feos, como si me tuviera tirria…¿Irá a asistir…?¿ Qué me va a decir si…?
Ahora, solo
puedo pensar, “¡Que hermoso es el amor maduro!”, ese, en el que lo mismo vas a
una fiesta, si es que te invitan, o a un funeral, en el que no necesitás
invitación y pensás, ¿cómo se fue a morir ese muchacho? Si lo vi hace poco en
el entierro de…. Y al analizar, cuánto hace que no veías al sujeto en cuestión,
resulta que hace más de un año que no lo veías y ahora sabés, que los días, las horas y los minutos
cuentan. Ya no somos eternos, como nuestros hijos y sus amigos
Ya no es la
desesperación de cumplir con el amor sexual, si se da, perfecto, pero no es la prioridad,
Ahora se piensa en un beso, en un
abrazo, en una compañía, se puede pensar
más en viajar, dentro y fuera del país, a esos lugares a los que no pudimos ir
porque estábamos muy ocupados, criando hijos o trabajando, en fin, cuando nos
sentíamos indispensables. Y hoy, vemos, que el mundo siguió dando vueltas sin
pedirnos permiso.
¿Que tenemos
males? ¡Claro!, es el precio que pagamos por seguir en este mundo cuando ya
otros muchos lo han abandonado. Seguimos agarrados a él, como un mono en un vendaval, total, que nadie ha vuelto del
más allá para informarnos cómo es ese otro lado.
Es muy
hermoso conocer a su pareja, saber que piensa, saber con que contás, no esperar
lo que no ha ocurrido en años, recibir juntos un nuevo aniversario de boda o un
nuevo cumpleaños. Es muy lindo, cuando cae la tarde, sentarse a tomar un café y
permitirse recordar…¿cómo eran ellos cuando estaban jóvenes? ¿Cuando los hijos
caminaron?¿Cuando hicieron ese viaje tan soñado a San Andrés, o cuando fueron a
comer a aquel lugar? No importa si ahora han viajado a otros lugares del mundo,
más sofisticados, o si han ido a comer a otros restaurantes, lo importante es
recordar, cómo fue aquella primera vez, aquella emoción, aquel mariposeo en el
estómago. Recordemos que, etimológicamente, recordar es “volver al corazón”.
Por eso
cuando pienso en la canción con la que inicio esta narración, no puedo menos
que decir con Manzanero “Contigo
aprendí”.
Olga Emilia Brenes
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