lunes, 9 de mayo de 2016

Contigo aprendí



        " Contigo aprendí que  existen nuevas   mejores emociones."

Efectivamente, cuando pienso en mi actual matrimonio, no pienso más que en felicidad y tranquilidad.   Ya no me desespera el estar delgada o el irme a peinar cada semana. El pensar que no ha llegado la chica que me hace  las uñas. Lo mismo lo hago, pero ya no existe la urgencia del pasado. En mis preocupaciones no está, ¿qué me pongo en esa fiesta? ¿Irá a asistir fulanita? Esa siempre me ve con ojos feos, como si me tuviera tirria…¿Irá a asistir…?¿ Qué me va a decir si…?

Ahora, solo puedo pensar, “¡Que hermoso es el amor maduro!”, ese, en el que lo mismo vas a una fiesta, si es que te invitan, o a un funeral, en el que no necesitás invitación y pensás, ¿cómo se fue a morir ese muchacho? Si lo vi hace poco en el entierro de…. Y al analizar, cuánto hace que no veías al sujeto en cuestión, resulta que hace más de un año que no lo veías y ahora sabés,  que los días, las horas y los minutos cuentan. Ya no somos eternos, como nuestros hijos y sus amigos

Ya no es la desesperación de cumplir con el amor sexual, si se da, perfecto, pero no es la prioridad,  Ahora se piensa en un beso, en un abrazo, en una compañía,  se puede pensar más en viajar, dentro y fuera del país, a esos lugares a los que no pudimos ir porque estábamos muy ocupados, criando hijos o trabajando, en fin, cuando nos sentíamos indispensables. Y hoy, vemos, que el mundo siguió dando vueltas sin pedirnos permiso.

¿Que tenemos males? ¡Claro!, es el precio que pagamos por seguir en este mundo cuando ya otros muchos lo han abandonado. Seguimos agarrados a él, como un mono en  un vendaval, total, que nadie ha vuelto del más allá para informarnos cómo es ese otro lado.
               
Es muy hermoso conocer a su pareja, saber que piensa, saber con que contás, no esperar lo que no ha ocurrido en años, recibir juntos un nuevo aniversario de boda o un nuevo cumpleaños. Es muy lindo, cuando cae la tarde, sentarse a tomar un café y permitirse recordar…¿cómo eran ellos cuando estaban jóvenes? ¿Cuando los hijos caminaron?¿Cuando hicieron ese viaje tan soñado a San Andrés, o cuando fueron a comer a aquel lugar? No importa si ahora han viajado a otros lugares del mundo, más sofisticados, o si han ido a comer a otros restaurantes, lo importante es recordar, cómo fue aquella primera vez, aquella emoción, aquel mariposeo en el estómago. Recordemos que, etimológicamente, recordar es “volver al corazón”.
               

Por eso cuando pienso en la canción con la que inicio esta narración, no puedo menos que decir con Manzanero  “Contigo aprendí”.

Olga Emilia Brenes 

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