Nunca pensé que a la edad de 85 años podría ser actriz de cine.
Les voy a contar todas las peripecias que pasé para eso. Mi nieto
Alejandro trabaja con una productora de cine y nos llamó un día para
preguntarnos si a Daube y a mí nos gustaría salir en una película pues
necesitaban personas de nuestra edad. Le dijimos que sí, entonces nos veríamos
el domingo a las 7:30 de la noche. En la noche me dormí pensando qué sería lo
que teníamos que hacer, si había que hablar algo y cómo teníamos que ir
vestidos y maquillados.
En la mañana del domingo iba para misa como de costumbre pero antes
llamé a Alejandro para quitarme las dudas, y me dijo que fuéramos con ropa
corriente pero que lleváramos otra de repuesto por si la necesitábamos, y el
maquillaje de siempre solo que no tuviera mucho brillo. Preparé la ropa y me
fui para misa.
En la tarde había quedado con mi hija Olga para ir a un concierto de
música operática en Terramall, por supuesto que esto me sirvió de distracción
ya que yo no dejaba de pensar en la película.
Llegamos a la casa a las seis de la tarde y tomamos un té con un
emparedado, y fui a alistarme, no me pareció la ropa que había preparado y la
cambié. La emoción me embargaba, ya quería estar allá para verlo todo. A las
7:30 pasó Alejandro a recogernos, el camino se me hizo largo, tenía una
sensación de angustia y emoción, al fin llegamos. Pasamos a una salita ocupada
por varias personas, a la par había un parqueo con iluminación y preparado para
las tomas de ese día y personas que se movían de uno a otro lado organizándolo
todo. La emoción era cada vez más intensa, y todavía no sabíamos que íbamos a
hacer. Nos sentamos en la sala para esperar que nos llamaran, ahí estaba una
señora que parecía nerviosa porque no dejaba de hablar, y un señor canoso que
salía y entraba a cada rato de la sala.
Hasta que al fin nos llamaron. En la escena estaba una pareja que
sostenía un trofeo grande y Daube y yo debíamos estar a la par de ellos, uno a
cada lado. Un poco más atrás había dos mujeres jóvenes conversando y a la
derecha dos hombres y una mujer de edad madura Todo esto sucedía al fondo pues
los personajes principales tenían una conversación en el primer plano. Cuando
dieron la orden de acción todos caminábamos en diferentes direcciones. El grupo
nuestro lo que tenía que hacer era posar para que un joven fotógrafo nos tomara
fotos y luego nos las mostraba, todos asentíamos y nos despedíamos saliendo de
la escena con el fotógrafo. Entre tanto
los actores principales que habían tenido su conversación se despidieron y
salieron por caminos diferentes. Esto tuvimos que hacerlo seis veces pues el
director no estaba contento con la escena, daba nuevas instrucciones y cambiaba
a las personas de lugar. Hasta que al fin se oyó la voz que decía: ¡perfecto,
se imprime!, entonces hubo un griterío y aplausos y yo pensé que era por lo
bien que habíamos actuado, pero era la expresión de alegría del grupo que había
trabajado tan arduamente y daban por terminada la filmación.
En realidad fue muy poco lo que hicimos, pero para mí sigue siendo una
emoción que no había hecho jamás. ¡Gracias Alejandro!
Carmen Brenes Protti
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