lunes, 9 de mayo de 2016

Vivencias Difíciles


Existen momentos en la vida de las personas en que la fatalidad se impone y juega entonces un papel el destino, la suerte o la desventura, imposible luego de revertir pues imagino que se interpone la mente con grandes voces y los hechos quedan consumados.
Hace poco tiempo se dio un suceso dentro de un salón donde se reúnen suficientes personas cada día. Una de ellas dió aviso de haber perdido su celular nuevo, un regalo recibido pocos días antes. La noticia se difundió rápidamente entre las personas presentes quienes mostraron interés en ayudar en su búsqueda. La señora que administra el sitio, alertó en altavoces del suceso por lo que quién lo había sustraído, tomó su bolso y con naturalidad se marchó del lugar.
Este tiempo que nos está tocando vivir, lleno de asombrosos inventos, nos dio a todos la oportunidad de ser mudos testigos de sus alcances. En otras épocas, un ladrón que lograba sacar su pieza de un lugar, se perdía para siempre entre las multitudes, las calles o los miles de escondites que generaban que sus delitos quedaran al resguardo de la mirada indiscreta de algún sujeto.
Pero ésta vez, para desgracia de aquella conocida por todos, querida y respetada, un implemento en el propio celular indicó por internet, el sitio donde él mismo se encontraba. A través de otros teléfonos, la persona que miraba la computadora, les indicaba a los seguidores los pasos, rápidos o lentos, los altos e incluso los sitios por donde ella y aquel celular se desplazaba. Rápidamente le dieron alcance, ella viéndose sin salida, toma un taxi pirata rumbo a su casa, seguida por el auto donde dos personas la seguían. Al llegar ahí, se confrontan dando golpes a la persona que pedía su teléfono, mandando su bolso dentro de la casa. Salieron vecinos, llegó la policía, ella gritaba como loca  jurando su inocencia mientras sus hijas acusaban de maltrato a una adulta mayor. Ninguna persona pudo entrar en la casa y revisar aquel bolso.
Mi mente ya en reposo sacudida por los hechos, imaginaba las escenas de locura y de violencia que aquella conocida mía había vivido ese día. Que infortunio pensaba yo. Qué pasa por esas  mentes cuando deciden tomar algo que no les pertenece y cambian sus vidas para siempre ? O lo hacen por costumbre ? Esto trajo a mi recuerdo aquella planta de guaria blanca que una amiga mía, robó de mi jardín. Fueron solo cuatro días en que yo me ausentaba de mi casa y de nuevo por otro infortunio, le pedí que cuidara de mis plantas y mi casa, para lo cual le di la llave para entrar. Tengo tantas plantas, que entre todas ellas podía llevarse alguna sin que yo me diera cuenta. Pero así son las cosas, escogió una planta que estaba medio desprendida de su sitio, por lo que yo al mirarla me decía que debía repararla. Di vueltas por mi patio y de pronto sentí ese sobresalto, la guaria no estaba. Que se ha hecho me preguntaba. No podía imaginar que ella precisamente se la había llevado. Hay un momento en que la certeza te llega y sientes el corazón que se rompe en pedacitos, sudas frío, deseas llorar y lo mas cercano a ser violada te envuelve. Como tienen esa forma de vida de inconciencia, recibo su invitación a un almuerzo. Me debato entre mi angustia, decidiendo al final asistir y buscar mi mata. En una mesa larga de madera, en el centro en una bella macetera, observo una planta similar que me cuesta reconocer. Yo buscaba mi planta como antes la tenía. Pero ahora, al mirar y mirar atraída por un magnetismo extraño, comienzo a identificar los defectos, roturas y hongos que ella antes tenía. La miro, la toco, la saludo. Mi amiga desde lejos observaba por lo que en medio de sus visitas y de su almuerzo, comenta con ligereza que aquella nueva planta de guaria, un amigo se la había regalado. Esperé al día siguiente para no avergonzarla, para pedirle que me la devolviera. Discute ofendida, para al final ofrecer * regalarme * aquella planta, que con mucho gusto lo haría. No se trata de regalar, le dije, sino de devolver.
Cada temporada en que mis guarias florecen, pienso en mi amiga y mi guaria, le estará floreciendo, seguirá hermosa o habrá muerto ? Perdí una planta, perdí una amiga.
Basta un momento, solo un instante y todo cambia.
Lia Ferreto.
4-2016.



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