Existen
momentos en la vida de las personas en que la fatalidad se impone y juega
entonces un papel el destino, la suerte o la desventura, imposible luego de
revertir pues imagino que se interpone la mente con grandes voces y los hechos
quedan consumados.
Hace poco
tiempo se dio un suceso dentro de un salón donde se reúnen suficientes personas
cada día. Una de ellas dió aviso de haber perdido su celular nuevo, un regalo
recibido pocos días antes. La noticia se difundió rápidamente entre las
personas presentes quienes mostraron interés en ayudar en su búsqueda. La
señora que administra el sitio, alertó en altavoces del suceso por lo que quién
lo había sustraído, tomó su bolso y con naturalidad se marchó del lugar.
Este tiempo
que nos está tocando vivir, lleno de asombrosos inventos, nos dio a todos la
oportunidad de ser mudos testigos de sus alcances. En otras épocas, un ladrón
que lograba sacar su pieza de un lugar, se perdía para siempre entre las
multitudes, las calles o los miles de escondites que generaban que sus delitos
quedaran al resguardo de la mirada indiscreta de algún sujeto.
Pero ésta
vez, para desgracia de aquella conocida por todos, querida y respetada, un
implemento en el propio celular indicó por internet, el sitio donde él mismo se
encontraba. A través de otros teléfonos, la persona que miraba la computadora,
les indicaba a los seguidores los pasos, rápidos o lentos, los altos e incluso
los sitios por donde ella y aquel celular se desplazaba. Rápidamente le dieron
alcance, ella viéndose sin salida, toma un taxi pirata rumbo a su casa, seguida
por el auto donde dos personas la seguían. Al llegar ahí, se confrontan dando
golpes a la persona que pedía su teléfono, mandando su bolso dentro de la casa.
Salieron vecinos, llegó la policía, ella gritaba como loca jurando su inocencia mientras sus hijas
acusaban de maltrato a una adulta mayor. Ninguna persona pudo entrar en la casa
y revisar aquel bolso.
Mi mente ya
en reposo sacudida por los hechos, imaginaba las escenas de locura y de
violencia que aquella conocida mía había vivido ese día. Que infortunio pensaba
yo. Qué pasa por esas mentes cuando
deciden tomar algo que no les pertenece y cambian sus vidas para siempre ? O lo
hacen por costumbre ? Esto trajo a mi recuerdo aquella planta de guaria blanca
que una amiga mía, robó de mi jardín. Fueron solo cuatro días en que yo me
ausentaba de mi casa y de nuevo por otro infortunio, le pedí que cuidara de mis
plantas y mi casa, para lo cual le di la llave para entrar. Tengo tantas
plantas, que entre todas ellas podía llevarse alguna sin que yo me diera
cuenta. Pero así son las cosas, escogió una planta que estaba medio desprendida
de su sitio, por lo que yo al mirarla me decía que debía repararla. Di vueltas
por mi patio y de pronto sentí ese sobresalto, la guaria no estaba. Que se ha
hecho me preguntaba. No podía imaginar que ella precisamente se la había
llevado. Hay un momento en que la certeza te llega y sientes el corazón que se
rompe en pedacitos, sudas frío, deseas llorar y lo mas cercano a ser violada te
envuelve. Como tienen esa forma de vida de inconciencia, recibo su invitación a
un almuerzo. Me debato entre mi angustia, decidiendo al final asistir y buscar
mi mata. En una mesa larga de madera, en el centro en una bella macetera,
observo una planta similar que me cuesta reconocer. Yo buscaba mi planta como
antes la tenía. Pero ahora, al mirar y mirar atraída por un magnetismo extraño,
comienzo a identificar los defectos, roturas y hongos que ella antes tenía. La
miro, la toco, la saludo. Mi amiga desde lejos observaba por lo que en medio de
sus visitas y de su almuerzo, comenta con ligereza que aquella nueva planta de
guaria, un amigo se la había regalado. Esperé al día siguiente para no
avergonzarla, para pedirle que me la devolviera. Discute ofendida, para al
final ofrecer * regalarme * aquella planta, que con mucho gusto lo haría. No se
trata de regalar, le dije, sino de devolver.
Cada
temporada en que mis guarias florecen, pienso en mi amiga y mi guaria, le
estará floreciendo, seguirá hermosa o habrá muerto ? Perdí una planta, perdí
una amiga.
Basta un
momento, solo un instante y todo cambia.
Lia Ferreto.
4-2016.
No hay comentarios:
Publicar un comentario