martes, 9 de agosto de 2016

incursiones


Cuando la noche cae, los sonidos se aumentan y convierten en un algo espectral, demasiado grande e insospechado. Los árboles crujen, las sombras bajan, reptan, saltan y envuelven todo. Debe aguzar al máximo la vista para distinguir el entorno y esforzar el oído porque todo ruido es una alerta, un posible peligro al acecho. La respiración se acelera y su ritmo cambia. El vacío en esa oscuridad es una dimensión desconocida, incierta.
Estarían encendidas sus alarmas gritando devuélvete! Todavía estás a tiempo!?
Tiene que caminar lentamente porque pisar cualquier simple hojita truena y despierta monstruos horripilantes cuyas garras y dientes aterrorizan.
El pataleo en el pecho, desbocado quiere salir corriendo. Sin embargo los pies están amarrados a la tierra, impiden moverse y seguir el llamado del corazón, como una bruma densa y paralizante. Algo frío y espeluznante le recorre la espalda, dejando la piel como de gallina.
Habrá dimensionado su decisión, considerando el camino por recorrer?
Ese es el momento, el instante justo en que decide levantar la cabeza y mirar al cielo. Un espectáculo deslumbrante la eleva y sostiene, a tal grado que olvida espantajos horripilantes y sonidos espectrales. Sólo una alfombra luminosa la cubre mágicamente, transportándola a esa inmensidad infinita.
Ensimismada se ha acomodado en el suelo para contemplar el fantástico escenario. Al rato, la insistencia del viento la regresa a la envolvente oscuridad; pero ya no hay zozobra, su mirada tarda en enfocar el incierto entorno, reconocer los sonidos de los grandes árboles y sus rumores nocturnos. Recuerda su travesía, la llave en el bolsillo y calcula la distancia que le queda por recorrer. Ahora no tiene miedo a la oscuridad y no lo tendrá más.
En que lugar quedaría esto grabado? No lo tengo claro, sólo estoy cierta que había salido aprovechando el adormilamiento de la nana en ausencia de mis padres y sacado la llave para ir a comer mis cerezas secas favoritas a la despensa, en uno de los patios traseros de la casa. Con cinco años no se calculan los riesgos de la decisiones!!!
Evelyn Silva

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