martes, 9 de agosto de 2016

el cielo azul a través de las hojas

 
Tal vez la madrugada era gris cuando salió a la calle. Una fina llovizna hizo que se encogiera bajo el sombrero, subió el cuello al impermeable y ajustó más su bufanda. Sintiendo la dureza del pavimento, la frialdad de los edificios, la humedad de los muros, los lúgubres rincones, fue recordando una a una las frases hirientes, los gestos humillantes y el desprecio que día a día le aplastaba.
La ira acumulada movió más rápido sus pies y fue encendiendo tal fragor en su pecho que de un tirón se descubrió la cabeza y arrancó la bufanda. Cruzando el puente a la carrera se sacó el sobretodo, sentía la boca seca y una marea roja empañaba su vista, pero las imágenes surgían con tal velocidad que el impulso era cada vez mayor. Sólo quería llegar rápido y por primera vez plantarse, mirarle de frente y dejar salir su furia contenida.
Cuando llegó al otro lado, le costaba respirar, le zumbaban los oídos y estaba a punto de estallar cuando un aullido profundo, largo y tan sostenido que detuvo el tiempo, le brotó desde lo más profundo.
Cayó de rodillas, rodando como un ovillo. Lloró estremecedoramente. Lloró por ese maltrato pero también por todo cuanto no había expresado nunca, dejando que sus sollozos fueran lavando el dolor y cubriéndole de serenidad.
Allí despertó, bajo un árbol y al borde del río, dejándose acunar por la verde frescura y el rumor del agua. Miró largamente el nítido cielo a través de las hojas.
Evelyn Silva

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