martes, 30 de agosto de 2016

La espera

Ese  instante, en que desapareciste de mi vista, quedé frente a esa puerta, rígida, helada, experimentando mil sensaciones inexplicables, sin poder ni siquiera pestañear. Quise correr tras de ti pero la fuerza me flaqueó, no había ánimo, estaba devastada.
Pasaron unos segundos que parecieron muy largos, sentí que mi cuerpo cedía e iba a desplomarse. Toda la fuerza, la entereza que había fingido delante de ti, en ese momento se desmoronó y entonces me acomodé en un sofá, con mis ojos secos, mi corazón desgarrado, mi espíritu vencido. Y ... Entonces recurrí al único,único que podía mirar dentro de mi alma, le hablé como a un amigo, como a un padre, le expliqué que podía prescindir de todo en la vida y también porque no era capaz de vivir sin ti. Le amenacé, como la más irreverente de sus hijas : "me quitaré la vida, si no me ayudas", mientras mis manos estrujaban un rosario.
Había llorado tanto, oraba noches enteras en la penumbra de mi dormitorio, hasta que el cansancio me doblegaba y ahora sólo quedaba la impaciente espera del resultado de tantas oraciones, ruegos, de tantos momentos de dolor, de terror de perderte.
Después de cuatro horas eternas, salió la doctora con su cara cansada pero alegre y me dijo: "señora, la operación fue muy complicada, pero resultó bien, su hija vivirá".
Este ha sido el día más feliz de mi existencia, fue como si volvieras a nacer. Gracias Señor por tu infinita misericordia.

(Dedicado a mi hija María José, con quien viví momentos muy difíciles, siempre te amaré.)

Ana Lorena Quesada Roja

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