martes, 9 de agosto de 2016

Si no hay pan para los pobres, no habrá paz para los ricos


Evelyn Silva

Por fin he abierto el baúl donde guardabas algunas telas preciosas, descubriendo con asombro trozos de tapices, bordados, drapeados, brocados. Mis mejillas han acariciado el terciopelo y he resbalado la mirada a través de sedas y velos, pensando cómo disponías tan exquisitas telas para vestir adecuadamente con muebles y cortinas esas elegantes casas de tus clientes. Imagino las diversas texturas, el grosor y caída de esos lienzos; los colores y tonalidades para combinar con la luz y la sombra la frialdad o calidez de los ambientes. Debe haber sido una fiesta de posibilidades elegir entre tantos tipos de telas y estilos de muebles!
Pero como nací entre tan deslumbrantes tejidos y en medio de ellas hice mis primeros pasos, nunca me detuve a pensar que tal vez de allí venían esos arrebatos por disfrazarnos cuando jugábamos interpretando obras de teatro. En más de alguna oportunidad creo haber sido Cleopatra y mi hermano Claudio cuando menos debió ser Julio Cesar!

Querido Papá desde hace días deseaba escribirte, para comentar cosas. Viste la nevada del otro día en Santiago, muy impactante verdad? Hacía muchos años no nevaba así, supongo desde aquella vez que nos levantaste de madrugada y salimos los cuatro a recorrer la ciudad vestida de blanco, que espectáculo tan deslumbrante!

Aprendimos tantos gestos de ti, como por ejemplo esa vez que estaba helando de frío y paseando a Boby nuestro perro, volviste al rato, muy rápido y preocupado, fuiste directo al armario, sacaste tu hermoso abrigo azul y volviste a salir. Al regresar dijiste: un hombre cesante andaba congelándose, él lo necesitaba más que yo…

También esa otra oportunidad en que sentimos un frenazo como de choque, al salir corriendo nos dimos cuenta que habían atropellado a alguien en bicicleta. A lo lejos sólo vimos que subiste en un auto y te fuiste. Regresaste mucho después y luego de bañarte y cambiarte ropa, muy triste comentaste: era un niño del colegio suizo, se le metió al auto, su sangre me corría por las piernas cuando sostenía su cabeza; no estoy seguro si se va a salvar. Al tiempo supimos que el padre suizo te había buscado para darte dinero y así evitar que declararas la imprudencia del niño en tribunales, estabas tan furioso… pero el niño se había salvado!!!

Ahora creo es importante que sepas algo que nunca te dije, que esas sencillas actitudes tuyas nos formaron a mi hermano y a mí, creando valores y sensibilidades imprescindibles para abordar la vida. Por una parte esa conciencia fundamental hacia las otras personas y luego, la permeabilidad a toda actividad artística, ambas constituyen un nudo de valores estéticos y morales invaluable que nos legaste.

Aparece con claridad esa faceta de tu vida, en que te relacionaste con tanta persona dedicada a la pintura, escultura y arquitectura; pudiendo plasmarlo en la tapicería y el cortinaje, creando esas verdaderas “puestas en escena” que constituía cada contrato.
Entonces frecuentemente llegabas con cuadros o grabados; óleos o acuarelas, tus preferidas marinas o paisajes de montañas y lagos; adquiridos para ayudar a artistas en apuros, cómo te dolía contar sus desventuras y aflicciones. De esa época recuerdo las conversaciones sobre los muralistas Diego Rivera y Alfaro Siqueiros; la gran creación de Picasso sobre la guerra, el sufrimiento y el dolor del rompimiento personal y universal, que dejó plasmado en Guernica.

En ese entonces no sabíamos que los acontecimientos nos separarían, que yo saldría del país y eso nos impidió disfrutar juntos del ecuatoriano Guayasamín, tampoco conocíamos los portentos de costarricense como Max Jiménez, Francisco Zúñiga o Paco Amiguetti y uno de los escultores más recientes, para mi gusto notable, como Fernando Calvo.
Sabes papá, estaba recordando cuanto disfrutabas la poesía, por supuesto de la Mistral y Neruda pero también de muchos otros como Pezoa Veliz. Claro que eso venía de muy atrás, de la inspiración que te traspasó tu hermano mayor al que adorabas, destacado ebanista y bohemio irremediable, quien escribía poesía en los lugares ocultos de los delicados muebles que construía.
Hay un gran un poeta costarricense que no conoces, que tal vez habría sido un Nobel, me refiero a Jorge Debravo, de quien te leeré: “Soy hombre, he nacido, tengo piel y esperanza. Yo exijo por tanto que me dejen usarlas…”.
Te veo asombrado y triste al constatar los estragos de esta globalización galopante junto a la deshumanizante corriente neoliberal. Por eso cuando encontré este graffiti en una muralla “Si no hay pan para los pobres, no habrá paz para los ricos”, repasé muchas de las conversaciones que sosteníamos respecto a la realidad de una sociedad discriminadora y excluyente. Estoy cierta que ese fue tu afán y todavía me estremece porque eso nos cobraban: la conciencia!
Una noche viniste a avisarnos que habían detenido a Claudio, te acompañamos a través del parque, nos abrazamos y te miré alejarte, seguro llorabas igual que yo.
Es sólo una palabra, un puño de letras: desaparecidos, pero de un insondable vacío. Me detengo en el punto donde te tragó la oscuridad y sigo la imagen de tu espalda.
Yo sabía que abrir ese baúl representaría muchas cosas….
Pero bueno, se ha pasado el rato y en este instante, prefiero quedarme con tu gusto por la música y tu cultivado oído para cantar, sin olvidar el coro al que asistíamos, aportando tu portentosa voz de tenor y yo mi quinceañera articulación de soprano. Me quedo por tanto, en una de esas exquisitas veladas frente a la chimenea, escuchando música coral o alguno de los folkloristas como Violeta Parra, Victor Jara u otro, en discos de acetato, con un reposado vino caliente con naranja y canela, el Boby a los pies. Preferías Mozart a Bethoveen, verdad?

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