viernes, 23 de julio de 2021

La casaron con un viejo


Por: Charo Rubí


La joven era tan hermosa como fogosa, y su madre temía que quedara embarazada en cualquier momento, sin un marido. Era necesario casarla, para evitar la desgracia, que en esa época implicaba una madre soltera.
De inmediato se abocó a la tarea de pensar en un esposo para su hija. Tratándose de Esmeralda sería muy fácil, dada su gran belleza, inteligencia, bondad y simpatía. Aunque quizás la inteligencia en esto no ayudaría, pensó la mujer.
Desde el inicio, los muchachos que siempre la rondaban fueron desechados. No solo eran muy jóvenes, sino poco trabajadores, y la mayoría no tenía su propia fortuna, dependiendo de la de sus padres. Buscaría un hombre maduro, con propiedades, que no fuera borracho, jugador ni mujeriego. Tampoco pendenciero. Que pudiera mantenerla como una reina, y hacerla respetar de quienes sin duda siempre la acosarían. Pensó en don Braulio Cascante, uno de los mayores propietarios del pueblo, ganadero y tabacalero, quien gozaba de prestigio por sus obras y su palabra. Era un solterón empedernido, bastante viejo, pero fuerte aún, a quien había visto frecuentemente mirando admirativamente a Esmeralda, con disimulo. Antes de hablar con el hombre, sondearía con su hija, para saber si estaba dispuesta al casorio. Aunque no sabía como podría convencerla, si la joven se opusiera a sus pretensiones.
En la tarde de ese día, ambas estaban en el corredor de la vivienda, disfrutando del lindo atardecer, oyendo cacarear a las gallinas y traquear a los bambúes que se mecían con la brisa, alrededor de su pequeño terreno. Sin preámbulo alguno, la madre se volvió hacia su hija, diciendo: Ya estás en edad de casarte Esmeralda, tengo un marido escogido. La joven, con una mirada de alarma, pero con voz fiera le espetó: si quisiera casarme sería yo quien lo escogiera ¿por qué no me dijo que en esas andaba? - Porque hasta hoy lo decidí - dijo la mujer, sin amilanarse por el tono de su hija. - ¿Y con quien piensa casarme? - Con Braulio Cascante, es un buen hombre, que te honraría. Esmeralda pensó que no necesitaba que nadie la honrara, que ella valía por sí misma, que era muy viejo y no era su tipo. Cuando otro pensamiento vino a su mente, y en vez de aquello, se oyó decir: estoy de acuerdo, ya es tiempo de que me independice, me casaré cuando quiera.
La madre quedó sorprendida, no podía creer que la rebelde Esmeralda se prometiera así de fácil, a un matrimonio dispuesto por ella. Por eso le preguntó si estaba segura de poder ser la esposa de un hombre maduro, tener los hijos que Dios le mandara, y cumplir con los deberes atinentes a una mujer hogareña. Sin titubear, la joven contestó que hiciera los arreglos para la boda, que entre más pronto sería mejor para todos.
Al día siguiente la mujer habló con el hombre, elegido por ella para esposo de su hija. Y a los quince días ya Esmeralda era la señora de don Braulio Cascante, luego de una gran boda, acorde con la belleza e inteligencia de ella, y la fortuna y los deseos de su marido. Igual de rápida que su boda, fue la maternidad de Esmeralda, quien contra todos los pronósticos, a los siete meses dio a luz a una linda bebé prematura, de la que todos decían que tenía los mismos ojos de su padre - y claro que los tenía- pensaba Esmeralda sonriendo, cuando eso oía.

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