El verde es profundo y brillante. De lejos parece un manto esmeralda que usara algún marqués. Debe ser por lo tornasolado, pues el agua lo ha vuelto fuerte e indomable, y al bañarlo incesantemente, lo obliga a crecer desordenado. Como una melena gigante que no admite formas ni dirección alguna. Aquellas partes que se miraban secas y escamosas, de repente se han llenado y corre presuroso como si el festival de tanta agua lo empujara a crecer sin remedio, sin pensarlo, sin creerlo, solo crece y se desboca entre zanjas y grietas arcillosas producto del clima tempestuoso de éstos días. Va llenado espacios grandes y se mete donde antes todo se miraba deslucido. Ese césped tan hermoso, cubre sin remedio las zonas prohibidas, aquellas reservadas solamente para los setos de flores perfumadas, para las hierbas que con sus intensos aromas ayudan a darle sabor a las comidas, también aquellas otras que ahora entremezcladas hacen las delicias de abejas zumbadoras y bichitos multicolores que se revuelcan entre sus profundos valles cubiertos de polen color oro.
Las sombras que proyectan los árboles sobre su manto verde claro, se cubren de cientos de hojas que abatidas por las fuertes lluvias, de sus ramas se han bajado. Y se recuestan pesarosas sobre él con gran nostalgia, fatigadas y vencidas por el largo verano que no terminaba. Cubren franjas grises y mostazas. Donde también tantas flores deciden mezclar sus espectaculares ropajes, aquellos de sus vestidos de hadas, que dieron espectáculos danzantes de diversos tonos de rosas, amarillos, blancos y escarlatas. Y se refugian con timidez y suavemente, entre las hojas, las ramas y las piedritas, seguras de apoyar con su desmayo, la temporada de nuevas floraciones.
Así el césped, amado y visitado por todo su entorno, brilla ante el sol mañanero que lo revive, que le canta, que lo saluda admirado ante el esplendor de las miles de perlas que tiemblan apenas por un breve rato, entre sus fuertes brazos. Como joyas apenas reservadas para las miradas matutinas. Pronto el viento y el fulgor de esas horas de inicio de la vida, provocaran que joyas tan hermosas desaparezcan dejando solamente la duda de su presencia.
Césped. Césped bendito. Amado follaje verde. Cama dulce en las tardes de hastío. Tibio abrigo de noches de luna llena.
Lia Ferreto.
Abril 2021.
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