lunes, 4 de noviembre de 2019
El resucitado
Guillermo Arroyo Muñoz
Este es un pueblo construido durante los últimos años del siglo trans-anterior, fue ubicado al noroeste del país, entre la ciénaga y la costa caribeña, un pueblo extraviado en las memorias de quienes los enviaron a este sitio, perdido en la geografía sin lazos ni caminos. Los olvidados no eran más allá de cincuentena de familias, incluyendo los niños niñas y algunos animales, con los años la población creció de a poco, favorecido porque extrañamente eran pocos los que morían, por ello llegaron lentamente a sobrepasar los 250 habitantes.
Por una extraña razón, ellos también decidieron olvidar a quienes los obligaron a vivir en ese lugar, todo como resultado de la aplicación de un castigo, formaron una colonia penal la mayoría desterrados políticos y algunos otros acusados de vagos, ladrones de poca monta y mujeres que ejercían una de las profesiones más antiguas de la humanidad, en muchos casos la acusación no era más que el resultado de sospechas, que de hechos reales, en esa época los golpes de estado a los gobiernos, eran como las ranas, cuando apenas llegan las lluvias saltan por todo lado.
En especial el dictador de turno el coronel Montealegre, caracterizó su mandato por tener una gran facilidad para mandar al paredón, la horca, o lo menos que se podía esperar para una persona que fuera considerada “enemigo” o un “indeseable,” era el camino al destierro. Dicho destino fue el que se les aplicó a estas familias por lo que fueron llevados a ese paraje, el camino abierto a machete fue reclamado rápidamente por la selva, así se vieron obligados vivir por sí mismos.
La comunidad avanzo año tras año, con casas de madera y techo de paja, algunos senderos y solares comunitarios de cultivos, y pastoreo de los pocos animales traídos, los fundadores se hicieron viejos, la vieja Ramona, el Sacerdote Camilo y nos más de cinco personas, pero a ellos se le sumo los nacieron y crecieron en el pueblo.
Con el pasar del tiempo el cacicazgo de tan pequeña comunidad, era disputado entre dos personas, María la mujer más hermosa del pueblo, esposa, madre, y nieta del fundador del pueblo y el Sr Camilo, sacerdote que parecía cargaba todos los años posibles de cargar por una persona, él llegó con el abuelo de María, nadie sabía cual había sido su pecado para que lo desterraran a esa región.Don Camilo sentía que él había erado el poder por dos razones; primero lógicamente por su indiscutible representación de Dios en la tierra, lo que le da una autoridad única y segundo por haber llegado con los primeros pobladores, con el mismo abuelo de María.
El sacerdote Camilo, a pesar de que corría las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX, seguía dando la misa en latín y él era el único que poseía y podía leer las sagradas familias, sus ideas parecían propias de la edad media, además de cargadas de un odio patriarcal a María por disputarle su liderazgo.
La disputa vino porque María siempre busco el contacto con los poblados externos a pesar de las graves limitaciones, ya que solo por la costa en un pequeño bote se lograba alguna comunicación, de esa forma había logrado abrir una escuela de una sola maestra, y a partir de ahí algunas actividades educativas y recreativas.
El miedo estaba presente en todos los habitantes a don Camilo, menos María, nombre que al cura le parecía una ofensa, dada su terquedad y falta de sumisión, la mayoría de los pobladores se mantenían en silencio, pero en sus adentros y a espaldas del curita, se desarrolló un consenso del estado mental de Don Camilo, unánime está loco.
Las discusiones se daban porque Camilo no permitía que las niñas aprendieran a leer, o mantenía la obligación a los ayunos frecuentes, en un pueblo donde la abundancia no era precisamente parte de sus vidas, la verdad el ayunar no era necesario porque la comida era poco abundante, también la discusión sobre la severidad de las penitencias durante la semana santa, en más de una ocasión dichas penitencias resultaban sangrientas, bastaba que el cura Camilo, definirá arbitrariamente la acción de alguna persona como pecado, María solía definir las penitencias como torturas.
De esas cosas que lograba romper la pesada rutina del pueblo, ese día la noticia que afecto a todos es que había muerto Lázaro, el carpintero del pueblo y tío de María, por extraña coincidencia que parezca el padre Camilo estaba medio enfermo, pero acepto hacer la misa y el rito del funeral. Ya en el cementerio, con la fosa de tierra abierta, a un lado estaba el último ataúd de tablas apenas lijadas, que había realizado Lázaro y todo el pueblo estaba reunido y a la cabeza del funeral el padre Camilo, pidió silencio y empezó a decir las oraciones en latín, cuando en la fracción de un instante el cura empezó a tambalearse, y caer con toda fuerza sobre el ataúd de Lázaro.
La sorpresa dio paso a una extraña sensación, nadie atinaba a levantar el cuerpo del cura Camilo, pero lo más extraño, no sería su muerte, sino el hecho de que después del golpe el muerto Lázaro, por alguna extraña razón se enderezó tirando al cura Camilo a la fosa el pánico provoco desmayos, llantos, gritos ¡El padre Camilo resucito a Lázaro ¡ Para poder entender lo ocurrido, todo empezó con el hecho de que el pueblo no tenía doctor, por lo que siempre bastaba que Ramona la anciana del pueblo, tan anciana que nadie conoció su familia, la partera de todos en el pueblo, ella era quién decidía cuando una persona estaba muerta, su veredicto era suficiente para ir al hueco.
Cuando la calma retorno al pueblo, la verdad salió a flote, Lázaro solo estaba borracho profundamente borracho y Ramona vio la oportunidad de vengarse, porque cuando ambos eran jóvenes, Lázaro la engaño con una promesa no cumplía de matrimonio. Pero fue inútil que se contara la historia de Ramona, pudo más el mito y este corrió por toda la ciénega, el litoral y más allá, Lázaro había sido resucitado y lo hizo el finado padre Camilo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario