lunes, 4 de noviembre de 2019

La aventura

Copi Salazar.

Siendo viuda reciente y en medio de mucho sufrimiento de toda la familia, mi hijo menor decidió casarse.
Recién casado, tanto él como su señora soñaban con tener familia, el ansiado embarazo tardaba en llegar. Intentando averiguar la causa, ambos se sometieron a diversos estudios, todo parecía marchar bien, sin embargo se desesperaban y voluntariamente la joven se vio sometida a diversos tratamientos pesados y enojosos, sin resultado positivo.
Ambos cónyuges sufrían mucho, y con ellos yo, suegra y madre interesadísima en su felicidad. Dado que inexorable pasaba el tiempo y el asunto no se solucionaba, comenzaron los muchachos a pensar en la adopción. Yo publiqué entre mis amistades el problema, pidiendo si alguien conocía de algún bebé por nacer que necesitara ser tomado en adopción, me lo comunicara. A los días una doctora joven, nuera de mi amiga, llamó para avisar que nacería un bebé en un pueblo de la frontera donde ella trabajaba en el hospital local. El matrimonio
gringo interesado que se disponían llegar a Costa Rica a recoger a la criatura al siguiente día, por motivos poderosos canceló el viaje, el bebé nacería en el hospital del lugar, esa LA AVENTURA_ Cuento por misma semana. Había que viajar de inmediato para no perder esa oportunidad.

Contentísima llamé a mi nuera y a mi muchacho y les expliqué la situación. De inmediato pedí prestado un coche a otro de mis hijos, no queríamos que por el mismo se nos pudiese reconocer. Armamos un equipaje rápido para pasar una o dos noches en algún hotel. El bebé estaba supuesto a nacer al día siguiente, no tardaríamos en regresar.
Monté en el coche un moisés que conseguí prestado, para acostar al baby durante el viaje de regreso, una ropita para él y dos mudadas para mí, y los tres salimos alegres a completarla misión.
Llegamos al lugar, una ciudad limítrofe, muy pueblerina, y preguntando por algún albergue, se nos aconsejó dirigirnos a un hotel céntrico de un chino. Un hotel de paso para agentes viajeros que colocaban artículos en el comercio del lugar.
El hotel lucía mediocre y no muy bonito. Cuando llegamos a registrarnos pedimos dos habitaciones, tenían solamente una disponible, podían agregar una cama adicional.
Aceptamos de inmediato, llamé por teléfono a la doctora amiga y respondió que el baby estaba por nacer, posiblemente el parto se daría esa noche o al siguiente día.
Comimos algo en el comedor del hotel, y nos acostamos cansadísimos, por parte de la doctor se nos indicó que sería mejor que no nos dejásemos ver, para que el público no sospechara, el supuesto padre de la criatura era chofer de taxi y el padre de la parturienta estaba furioso, no aceptaría un nieto más en casa. Todo el pueblo lo sabía, si veían a una pareja desconocida y sospechosa, todos se ibn a enterar.
A la mañana siguiente nos bañamos y desayunamos ilusionados, llamé de nuevo al hospital y la doctora me informó _ el niño había nacido bien, era un varoncito sano, su madre tenía calentura y no le darían salida sino hasta que estuviera sana.
Como los jóvenes son impetuosos pero poco previsores, mis hijos no llevaban muchas cosas que en aquel momento nos eran esenciales. Solamente yo llevaba toalla de baño, artículos de tocador y sandalias. Los tres nos secamos con la
misma toalla, mi nuera llevaba un libro y una revista que leímos los tres. Para ir a los sitios de comercio estábamos un poco lejos, si salíamos a comprar algo seríamos la novedad.
La parturienta no mejoraba, pasamos metidos en el cuarto asfixiante, sentados cada cual en su cama casi cuatro días de horror, comiendo a diario la comida china del lugar y meditando sobre qué pensarían el chino y los demás clientes
de que una pareja y su suegra no salieran de la habitación durante casi una semana, Si hubiese sido solo la pareja sería natural, Pero con suegra incluida era demasiado raro.
Al fin, al cuarto día de penitencia, me informaron del hospital que ya la madre y el niño tendrían salida, nos bañamos a la carrera, yo me fui al hospital con el moisés, y mis hijos quedaron en que yo los recogería de camino en la esquina del hotel. No deseaban ser vistos ni reconocidos.
Asi lo hicimos, en el parqueo del hospital esperé, según instrucciones de la médico. Allí se me acercó una señora y me dijo ser la abuela del niño recién nacido, ella entró a recoger a la madre y al hijito, y ambas salieron a la puerta
del hospital. Yo me bajé, abrí la portezuela y coloqué al pequeño niñito en el moisés, mientras ellas se montaban.
La abuela me hizo mil recomendaciones, se extrañó de mi edad, posiblemente pensó que era demasiado vieja para adoptar, la tranquilicé diciendo que el niño sería mi nieto.
Ella me dio su dirección para que yo le enviara detalles de cómo estaba el niño. La madre era una bella joven rubia y de ojos claros, muy joven, y casi no habló.
Tomé camino hacia la residencia de la familia, llegamos allá y ambas mujeres bajaron del coche. El niñito venía envuelto en una vieja cobijita tejida, absolutamente desnudo.
Pensando en que no se refriara, salí prácticamente soplada para el hotel, recogí a mis hijos, los emocionados padres lloraban como críos, cuando tomaron al niño en brazos y le pusieron sus ropitas nuevas.
Lo que no imaginé ni en mis mejores sueños, es que ese niñito primoroso que fuimos a buscar, sería el hombre maravilloso y guapo que es uno de mis nietos predilectos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario