jueves, 4 de junio de 2015

Nunca en mièrcoles



Es miércoles y el pandemonio de la cocina está en su apogeo, debo preparar almuerzo para diez personas y al menos para 6 niños. Una cuñada cuyos hijos son de la edad de mis nietos pidió un año de permiso en su trabajo y también se suma a los miércoles, por lo tanto hay, al menos 7 invitados mayores y mi marido, mi empleada y yo. Siempre preparo algo que pueda dividirse fácilmente si llegan más invitados, total que es día de “Open House” con esto quiero decir, un pozol, arroz con palmito o similares y para los niños compro salchichas, pan y papas tostadas, que sé que les encanta. A veces les compro pizzitas de unas que venden en los supermercados y que ya vienen listas. Para los frescos escojo una caja grande llena de cajitas pequeñas de diferentes sabores. Pongo la caja grande en la zona donde están los chicos y cada uno escoge el fresco que quiere, lo mismo si desea repetir, simplemente pone la caja vacía y toma otra. Para el postre que vendrá después venden unos sandwichitos de helado que les fascina. En la despensa hay todo tipo de galletas “de las más ricas del mundo” (según una nieta) que ellos pueden libremente ir a buscar sin necesidad de pedir permiso.
La idea es que a pesar de tanta gente todos nos divertimos y no hay enredo a la hora del almuerzo. A los niños se les sirve primero, siempre viendo televisión porque es el lugar favorito de ellos y luego nos sentamos los grandes en la mesa a disfrutar un rato de tranquilidad.
De esos días maravillosos llega a mi mente una anécdota: un día, estando los grandes sentados a la mesa, llega uno de los más pequeños y anuncia que “¡están haciendo algo malo!”, su madre o cualquier otra del grupo le contesta, “no te preocupés Federico, vaya con los demás y disfrute”, ante esas palabras el niño se fue con los demás. Pero pasado un rato regresa y agitando los brazos indica “¡es algo, muy muy malo!”, nuevamente se le envió con los demás y al ratito sonó “¡BUM!”. Ante el ruido los grandes nos levantamos de la mesa y nos asomamos donde estaban los niños, lo que vimos nos dejó sin habla, el agua corría por las escaleras sin ninguna medida. Desde luego preguntamos, ¿Qué sucedió?, resulta que uno de los más grandes, no más de seis años, había metido un boliche de hule en un orificio de manera que detenía el agua que debía correr ordenadamente por un canal de la escalera. El agua se fue acumulando, junto con las hojas del jardín y algo de tierra del mismo jardín, cuando consideraron que había suficiente agua quitaron el boliche, sonó BUM y el agua comenzó a correr por las escaleras junto con las hojas y la tierra acumulada.
La mamá de este chico, muy enojada, lo puso a barrer el desastre y tratar de que el agua volviera a su cauce natural, mi marido le dijo entonces al infractor, aunque eran todos los chicos que estaban disfrutando del desaguisado, ¡“Vez Luis, te regañaron y te pusieron a limpiar tu tremenda travesura”! a lo que el chico de inmediato respondió: Pero sabe Abu: ¡Valió la pena!

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p.d. Es bien sabido que me encanta recibir a mis amigos en la casa, pero, nunca en miércoles. Y, ¿por qué? es muy simple, los miércoles los tengo reservados para mis hijas, nueras, nietos y algún hijo o cuñada que se sume ese día y a esa hora. Llegan a medio día, la idea es almorzar en casa, luego tomar café y a eso de las 5:30pm irse a su propia casa a prepararse para el día siguiente: loncheras, uniformes y la noche con el marido. Debo indicar que tengo 6 hijos y 15 nietos, pero lo que voy a relatar sucedió hace unos años cuando los mayores estaban en el kínder y salían de clase a eso de las 12m.

Olga Emilia Brenes

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