lunes, 1 de junio de 2015

Olor a Leña y Olor a Nuevo.



Nací y me criaron en un pueblito montañés llamado La Unión de San Francisco de la Tierra, en el hogar de campesinos de buen nombre y conocidos por ser buenos vecinos y buenos trabajadores del campo. En La Unión, el problema de una familia era el problema de todos. En realidad éramos todos una familia a la orden para cada quien en las buenas y en las malas. En esta época de mi vida, el tiempo transcurrió de manera tranquila y placentera en mis días de infancia y por todo el transcurso hasta el quinto año de colegio.
Ya en el colegio, había que pedir para viajar por cortesía del carro del transporte de la leche. De esta manera, llegaba yo al Liceo en Carvajal de La Unión. Durante mi época colegial, el espíritu tranquilo del pueblo fue cediendo lugar a eventos y pensamientos más mundanos; influencia y estímulos de otras latitudes. En esos días, todos mis sentidos se abrían a experimentar. En particular, llamaba a mi atención aquellos olores diferentes que percibía pues eran, para mí, desconocidos o desapercibidos cuando pensaba en mi pueblo. Esas sensaciones eran nuevas; me olía a nuevo.
¿Hoy, en retrospectiva me pregunto qué eran esas sensaciones? ¿Cómo describir esas sensaciones que traen recuerdos que marcaron mi vida para bien o para mal? En una jerarquía de importancia, intento describir lo que era ese olor nuevo. Empecé a descubrir y practicar una jerga citadina, porque la forma de hablar que heredé de mi casa no encajaba para socializar en la capital. No sentía pena alguna de mi forma de expresión materna. Caló fuerte y profundo lo que ofrecía esa cultura icónica de finales de los 60´s y principios de los 70´s, lo que encajaba en mi nuevo juego de valores.
Terminada esta etapa del colegio, y debido a que cada día que pasaba veía más lejana mi vida en mi pueblo, se presenta la oportunidad de estudiar en una universidad. Otro olor muy característico define esta nueva etapa de cosas nuevas y diferentes. No había alternativa, tenía que pensar en vivir en la capital para alejarme de aquellas promesas y convicciones de lo que me decía mi familia que era la seguridad y la estabilidad del campo. Estos nuevos estímulos fueron cambiando valores y me fueron transformando. Antes era en mi pueblo un niño y joven educado, privilegiado porque me respaldaba una familia de buen nombre, después era un muchacho de campo, que se aventuró a dejar todo atrás para experimentar los variados aromas de la ciudad, junto a otros aromas que se asoman, esto es olor a incienso, que asocio con lo desconocido del universo. Los olores naturales del campo muy característicos de riqueza y seguridad, vienen a ser sustituidos por el olor a nuevo, a lo desconocido a lo porvenir. En cada viaje a la ciudad, se iba pronunciando más y más la lejanía con aquellas cosas que me habían visto crecer.
Experimenté por primera vez las cosas que iban a cambiar mi vida. Con la aproximación al rock y la cultura del amor libre, vinieron otros cambios y gustos por cosas otrora prohibidas que tenía que esconder de mi familia y de quienes me conocían en el pueblo. Empecé a experimentar las sustancias embriagantes y hasta alucinógenas para estar y pertenecer a esta nueva vida. Se volvió obligatorio cambiar los aromas de campo por olores a nuevo… todo lo exógeno, como pelos de más por doquier porque era la moda, y también la ropa que para las otras personas, los de “afuera” de esta cultura, eran ridículas y chocantes, o por lo menos ese era lo que mi olfato me indicaba y así lo sentía. El aroma imperante antes y el olor a nuevo, después, me convierten en un personaje completamente diferente, irreconocible.
Y despierto, despierto, después de hilvanar estos pensamientos que me hicieron divagar no sé por cuánto tiempo. Pudieron ser cinco minutos como pudieron ser segundos; la verdad es que me fui en este pensamiento provocado por un aroma familiar. Pienso que estoy sufriendo una goma de 48 años. Qué ha sido de toda mi vida? Cómo un muchacho con aroma asimilado a leña, hijo de una familia buena, trabajadora y Católica, se ha convertido en lo que soy? No puedo esconder mis raíces. La gente con la que tengo contacto, me dice, no sé si con sinceridad, o para quedar bien; de lo largo que he llegado como músico exitoso, con mi estilo de vida desenfrenado, con mis posesiones, que nunca son suficientes aquí en esta caja de concreto que es la ciudad. Este aroma desencadenó una serie de interrogantes y me está revelando una necesidad que no entiendo. Llego a la conclusión que deseo otra vida, otra existencia. Hoy tengo muchas cosas y no tengo nada.
Hoy deseo volver a los aromas de campo.

Roberto Aguilar

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