Maureen Hidalgo Ch.
Costa Rica está en una zona de alta sismicidad por lo tanto
tiembla con frecuencia. Pero nadie me había preparado para esto, era diferente,
era la primera vez en toda mi vida que estaba fuera de mi casa, alejada de mi
familia, cuando el suelo se sacudió. Me encontraba en mi trabajo cuando la
tierra se empezó a mover, trate de controlar mi nerviosismo, pero el movimiento
no paraba parecía que era más fuerte. Me quedé inmóvil, puse mi cabeza en el
escritorio y la cubrí con mis manos. Con los ojos cerrados elevaba una plegaria
pidiendo a Dios que nos guardará. Mientras tanto escuchaba los tacones de la
recepcionista dando vueltas en círculo repitiendo “Ayy mamá nos vamos a morir”,
una y otra vez.
Traté de mantener la calma, pero no podía, la tierra se movió
aún más fuerte y una tijera que estaba sobre una papelera salto y cayó sobre mi
escritorio, sentí como mi corazón dejo de latir. Levante la cabeza y vi a uno
de mis compañeros debajo de una mesa, Doña Ana la gerente general estaba en el
marco de la puerta y del susto no paraba de reírse. Poco a poco fue pasando y
la incertidumbre se apoderó de mí. ¿Cómo estaría mi familia? Álvaro el hijo menor de Doña Ana se ofreció a
llevarnos a la recepcionista y a mí a cada una a la casa. A mí me dejo primero
y atravesamos desde San Pedro hasta Alajuelita, donde vivía mi mamá que cuidaba
a mis hijos. Pudimos ver cómo la gente se tiraba a las calles llena de temor,
los autos congestionaban las calles, y los teléfonos no funcionaban. Después de
más de una hora logre llegar a la casa, cosa que normalmente se tardaban quince
minutos.
Cuando conseguí llegar mis hijos estaban emocionados y no
paraban de contarme las aventuras que vivieron, Rodolfo mi hijo mayor que tenía
apenas 8 años, sosteniendo el televisor y Andrea con cinco poniendo los adornos
de mami en el suelo, mientras todo se movía, ellos no entendían la magnitud de
lo que estaba pasando, pero sí que había que poner las cosas a salvo. Toda
Costa Rica se paralizo la mayoría de las empresas y comercios cerraron sus
puertas, temiendo algo peor.
Pronto los noticieros informaban que el epicentro había
sido en Limón, y los daños eran incalculables. Días después nos contaba un
compañero de la Agencia de Limón que cuando sintió que todo se empezó a mover
se metió debajo del escritorio, pero que como parecía que no iba a terminar
salió a la calle, y casi de inmediato una de las paredes de la oficina se desplomó
cayendo sobre el escritorio partiéndolo a la mitad. El daba gracias a Dios
porque había vuelto a nacer.
El 22 de abril de 1991, al ser las 3:57 de la tarde un
temblor de 7.6 grados en la escala de Richter sacudía Costa Rica y parte de
Panamá, dejando casas destruidas, vías intransitables, un levantamiento de la
línea de la costa del caribe costarricense, lo que provoco que el mar se
alejara de la costa por casi 100 metros y olas de hasta 2.5 metros arrasaron
con el bosque primario. 48 muertos en nuestro país y 79 en Panamá, además de
cientos de heridos y damnificados.
Esta fue una verdadera tragedia que cambio la geografía del
país y aún vive en el corazón de los que la vivimos.
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