martes, 16 de mayo de 2017

La vida es una fiesta



                                      
Anoche llovió. Esa lluvia llegó de manera inesperada, rayos, vientos y agua y agua. Sentía su fuerza y su música salvaje mientras reposaba en mi cama, leyendo un libro que de paso no me gustaba, oía ese aguacero tronar sobre mi casa. Saboreaba esas ráfagas de viento que barrían todo eso parecido a la melancolía, al tedio y a las horas vacías. El libro reposaba sobre mi pecho, porque en tanto yo pensaba, ya nada leía.
Hoy temprano al abrir la puerta de mi jardín, un aire límpido y perfumado entró a la casa. Primero dió sobre mi cara, luego sentí la hierba húmeda bajo mis pies al caminar descalza, sobre ese tapete de pasto y flores que la lluvia dejó así de regalada. Hojas por todos lados, las piedras brillantes aún del agua y el canto alegre de los pajarillos que anidan en las ramas de mi árbol. Todo brillaba, los verdes mas intensos, las flores medio desmayadas, la perrita jugaba y chapoteaba, parecía una fiesta que la lluvia de anoche me regalaba.
Y luego mientras saboreaba un café de esos bien tintos, servido en mi taza rosada, miraba sin mirar mientras mis pensamientos volaban de un lugar a otro entrando en sitios de mi memoria que nunca antes visitara. Cuántas veces esa sensación de gozo se había instalado en mi ser y ya no lo recordaba? Ese recuerdo era eso, una vivencia que se repetía en  el tiempo y en mi vida, que mis células registraron y que ahora se hacía presente con una lucidez que no sé de donde provenía. No era nuevo, sentirlo en mi ser me lo revelaba. Ya antes lo había vivido.
Recordé el sonido del llanto de mi primer hija, mientras yo la tomaba entre mis brazos, mirándola por vez primera en medio de mis lágrimas de madre joven y extasiada. La dulce placidez de otra hija al dormir, la sonrisa tierna de aquella que salió envuelta entre lanas celestes pues creí que tendría un varón, la dicha de sostener a mi última hija en brazos, pues sabía que mi maternidad había terminado con ella y habíamos vencido los peligros. No son éstas vivencias parte de esa música que es la vida?
La llegada de tantos niños luego, extendiéndome, la llenaron de caritas sonrientes, risas adorables y anécdotas inolvidables. Sustos , enfermedades y situaciones estresantes, que son la forma en que la vida te dice que hay que seguir luchando, que vale la pena. Cómo explicar que a través de todo esto se vive y se goza?
La gente conocida a través del tiempo, amistades que nos acompañan por décadas, lugares visitados, conocimientos adquiridos, la música que tanto he cantado y bailado, que aún ahora saca de mi pecho sus notas tan sentidas o sus pasos de romántica perdida, los amores que no funcionaron y los nuevos que llegan furtivos, que no son anunciados, instalándose a escondidas, ahí donde nos roban el aire, el sueño, llenando de besos y caricias esas nuevas memorias, sin importarles la edad ni el tiempo, regresan a devolverte lo que no habías vivido, no es esto la locura que es también parte de la vida?
Hemos sido convocados. A la misma hora, en el mismo planeta, en la misma geografía, astros, dioses, ancestros, todos ellos cómplices de lo Alto. A vivir ésta única experiencia que llamamos Vida. Se nos ha invitado. Requisito único, disfrutar a lo máximo la Gran Fiesta de la Vida.
Lia Ferreto.
23-4-2017.


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