lunes, 19 de julio de 2021

La mancha roja en el toldo blanco.



 La lejanía, la pasividad, los sonidos naturales y el aire fresco, hacen que el bullicio de una ciudad se vaya quedando atrás y los copos altivos de las montañas se divisan en el camino con ese color verde intenso que les brinda la frescura de un baño reciente.

Desde el suelo, sobre el césped se puede apreciar una ronda de delgados y altivos árboles con sus melenas tupidas, abanicadas con la fuerza del viento   y llevando como sombrero las nubes blancas que los protegen de los rayos del sol.

Detrás de la “cerca “con alambres de púa se divisa un portón hecho de troncos viejos, amarrados con alambre como señal de entrada a una propiedad privada que se puede acceder fácilmente.

Puedo ver las vacas echadas con sus terneros de orejas caídas, como lasos de felpa, de color blanco por fuera y rosadas por dentro con

unos grandes ojos vidriosos y mirada fija, “ojos de vaca enamorada”. dando a su semblante un toque de nobleza.

 La arboleda y la pureza se convierten en amigas inseparables del paisaje cuando llega el frío y forman un conjunto ideal para quedarse en ese lugar, donde el tiempo se detiene creando una atmósfera de incertidumbre que remueve los sentidos, el pensamiento y la imaginación.

Empieza así la empinada cuesta arriba en un camino de difícil acceso: pedregoso, lleno de huecos, curvas y tierra suelta, apto para un carro 4x4, mientras el sol aporreado empieza a sumergirse en su morada para descansar y en el cielo a desvanecen lentamente sus colores cálidos.

Poco a poco se hace más corto el destino de llegada……


  • ¡Buenas tardes! ¿le costó mucho subir?

  • ¡Qué tal!

Pues sí. Es un camino bastante difícil, mi nombre es Estela.

-Mucho gusto, me llamo Leo.

Su cabaña de alquiler es la primera hay otra que está abandonada, es mejor que no vaya ahí puede ser peligroso, abajo está la lechería donde se venden productos

Arriba le doy las llaves y le muestro la casita

-muy bien, subamos entonces.

Continúe por el camino y casi inmediatamente pude divisar en una loma una hermosa cabaña, adornada con musgo, hamacas y un hermoso jardín Estacióne el carro en la parte trasera del patio donde funcionaba como cochera, lo que fue una galera.

Luego caminé hacia el corredor hasta donde estaba aquel hombre alto, mostrando la evidencia en su cuerpo delgado, pero fuerte por los años realizados en labores de campo, con sus jeans y zapatos tipo “burros”.

Quitándose la gorra dejó al descubierto su escasa cabellera un tanto canosa, sus ojos grandes y caídos como un sol cansado.

Procedió abrir la puerta de la cabaña que me estaba esperando toda coqueta: una sala amplia con ventanales enormes que dejaban asomarse a un horizonte montañoso, tan amplio que daba a la imaginación la sensación de no tener fin, para entrar a un bosque encantador, interminable acompañado de un cielo prometedor como una pintura totalmente creada por la naturaleza. Combinada de luces intermitentes que alumbran a una ciudad lejana y poblada, dando la ilusión de estar en la atmósfera fuera de todo contacto terrenal.

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¡Viera que espectáculo se puede apreciar desde acá Estela, el mejor del mundo!, aseguró don Leo con una sonrisa amplia señalando un sofá cama acomodado frente al ventanal. Pude observar en una de las paredes de la habitación pequeña la decoración de un mural de alto colorido haciendo referencia a la flora y fauna de la zona.

  • ¡Mire don Leo, que belleza! ¿los mando a pintar usted?

  • Ah no, fue idea de mi sobrino y a mí me encantó.

Me metí dentro de ella, caminé por aquella vegetación de colores como un arco iris, con el tigre de bengala, los monos y pájaros que se confundían,

iba recorriendo todo detalle hasta encontrarme con un rostro de un hombre de mediana edad e inmediatamente hice una comparación con don Leo, encontrando una que otra similitud.

_ ¿y esa persona, es su sobrino? Pregunté

  • No es otra historia, me dijo.

Y mirando el mural sus ojos se profundizaron en una lejanía regresando sorpresivamente de sus pensamientos a la realidad del entorno.



  • Bueno Estela, ojalá que disfrute mucho la casita, acá le dejo las llaves, el lugar es muy seguro y mañana puede hacer caminata si así lo desea

Y devolviéndose un poco se acercó para advertirme:

- recuerde, no se acerque a la cabaña abandonada.

Que pase buenas noches

_ ¡Ah olvidaba! Acá está el desayuno incluido.

y me hizo entrega de medio cartón de huevos y un paquete de pan cuadrado, estuve a punto de soltar la risa, por lo del desayuno incluido, pero lo recibí con agradecimiento.

Esa noche casi no dormí admirando el paisaje espectacular acostada en el sofá cama, bien cobijada saboreando una copa vino imaginando un mundo lejano.

Al amanecer me di un baño, me vestí apta para la caminata: zapatos y ropa cómoda, ligera y un buen sombrero que recubriera y diera sombra a mi fachada. La curiosidad me llevo hasta poder acercarme a la casa abandonada y mirar por una ventana el interior de la misma y la voz de don Leo repercutía en mi mente: “no se asome a la cabaña abandonada” pero mis pasos no se detuvieron, conforme me iba acercando sentía el ritmo del corazón como una bandada de abejas en zumbido ensordecedor que no permitía escuchar la obediencia.

Le fui dando la vuelta al corredor hasta llegar a la ventana más próxima, entreabierta por donde una cortina danzaba incansablemente con la melodía del viento,

en la pared algunos cuadros desdibujados, telas de arañas un olor particular a guardado, mis ojos recorrían aquella habitación en cada detalle hasta que se detuvieron en la cama mal tendida y empezaba a subir la mirada que creó una duda en algo que no pude descifrar

Me alejé apresuradamente al escuchar el motor del carro de don Leo posiblemente se dirigía a la lechería, corrí para poder salir al camino consiguiendo fingir que no había entrado al lugar de censura. Un “adiós” con su mano y un “ ehhh” en señal de saludo.

Admito que sentí alivio de no ser descubierta y proseguí caminando hasta llegar cerca del rio, ahí me senté dispuesta a meter los pies en el agua fresca y comer mi merienda.

A lo lejos se escuchaba el silbido que simulaba una melodía y un crujir de hojas secas, crucé una cerca para cortar camino y pude divisar la silueta de un hombre

me fui acercando con cierto temor ante alguien desconocido, igualmente la figura se alejaba hasta perderlo de vista en la maleza, no sin antes poder ver su rostro cuando se volteó ligeramente.

Retomé el sendero que me condujo a la lechería donde apenas estaban llegando los empleados dispuestos a empezar su faena. ¡buenos días muchachos! ¿Quién es el encargado de vender el queso?

  • ¡Buenos días! – ¿es usted el huésped de la cabaña?

  • Muchas gracias. Efectivamente soy yo.

  • ¿Qué más venden?

Vaya a la tiendita, ahí hay fresas, natilla y queso de primera calidad

Me quedé conversando con la señora encargada, una mujer entrada en años, alta de tez muy blanca y mejillas coloradas.

¿viene de caminar? – si señora, bastante lindo el camino, vi un lago, un galerón abandonado, algunas casas pero me devolví porque divisé un hombre cerca del rio, me dio mala espina porque se fue alejando cuando me puse de pie para verlo, pude apreciar que era alto con un chonete y camisa blanca, solo vi su perfil.

- ¿está segura? me dijo la mujer. – si claro

- ¿usted fue a la cabaña vieja? Me preguntó sin quitarme la vista.

No me dejó titubear, - pues me asomé un poco, le dije bajando la mirada.

  • Ya que no hay nadie hoy, le voy a confiar la historia que se cuenta desde años atrás, es como un secreto a voces.



Hace algunos años, vivía en la cabaña un tío de don Leo de parte de su mamá, se llamaba Mario vivía solitario, nunca se casó y era un tanto extraño, evitaba hablar y se mantenía en labores del campo. En todo el tiempo que pasaron juntos si acaso entablaban conversación, muy distantes eran.



La historia que cuentan es que hace unos años apareció por acá un muchachito que preguntaba por don Leo, aparentaba unos 25 años y no hablaba bien el español.

Venía de los Estados Unidos buscando a su mamá, con una historia verdaderamente sorprendente.

Le relató a don Leo que su papá antes de morir le había confesado un gran secreto, ellos no eran sus padres biológicos.

Siendo muy jóvenes, Edwards y su esposa Amy vinieron de California, estados Unidos a vivir a Costa Rica, se instalaron en una finca cafetalera allá por Acosta.

Rosa (la mamá de Mario) logró ser contratada por las recomendaciones de los lugareños como empleada doméstica en la finca de los gringos, llegó con su nieta Carmen con pocos meses de embarazo, siendo una adolescente.

Así paso el tiempo y nació Josué se convirtió en la alegría de aquella casa y en el segundo cumpleaños del niño los patrones le dieron como regalo un pasaje para llevarlo a comprar ropa a los Estados Unidos y pasear al castillo de los sueños. 

Partieron un día de aquel lugar la pareja de gringos con el niño, sin mucho equipaje, el cariño que Edwards y Amy le tenían era enorme, pues lo habían visto nacer y dar sus primeros pasos en la hacienda.

Carmen se sentía agradecida y su abuela Rosa quedó a cargo de aquella finca con el documento de un poder sobre la propiedad por si ocurría una desgracia.

Así transcurrió el tiempo y el mes solicitado se convirtió en años, le costó muchas lunas y soles a Carmen para darse cuenta de lo sucedido. ¡Josué había sido robado! lo que en realidad firmó fue la adopción, cedió a su niño en medio de un engaño

Con el poder adquirido su abuela vendió la finca y Carmen no dudo en viajar a los Estados Unidos pasando ilegalmente por México, encontró trabajo en Miami, pasando luego a California y se instaló definitivamente en Virginia, buscó incesantemente a su niño, ya irreconocible para ella, trató por diferentes medios de localizar a sus amos, sin éxito.

Así pasaron los años….

Al fallecer Edwards, el padre adoptivo de Josué, le entregó el documento de inscripción de su nacimiento y la dirección de la finca en Acosta para que buscara a su verdadera madre, pues Amy ya había fallecido.

Josué no dudo un instante en hacerlo y al llegar a suelo tico buscó ayuda.

Rosa, su bisabuela había comprado otra finca en las altas montañas de su natal Turrialba, heredando a su hijo Mario y sus dos nietos (Leo Y Carmen) la propiedad.

Cuando Josué llegó con el documento que lo acreditaba como sobrino, en busca de su madre, no hubo más remedio que manifestar la verdad.

Fue informado que su madre, Carmen había vivido por años en la misma ciudad que Josué, en Virginia, Estados Unidos el destino nunca los unió.

Carmen enfermó y recibió diagnóstico que la llevaría a la muerte y al no haber encontrado a su hijo, tomó sus ahorros y viajó a su país en busca de una muerte serena a la finca en Turrialba

En una de sus mejorías salió a caminar y vio que había otra cabaña cercana, se asomó por la ventana y vio a un hombre descansando en la cama

dudó un momento y antes de reconocerlo decidió devolverse, se sentó a observar el paisaje lejano y absorta en sus pensamientos vino a su mente aquella muchachita delgada, insegura, engañada, recorriendo el camino de huida con su abuela materna antes que su vientre delatara la desgracia, la vergüenza y las murmuraciones entre los habitantes del pueblo de que su nieta estaba embarazada a sus escasos 14 años.

Imaginó la manita de su niño diciendo adiós, su figura pequeña como si en más de 20 años transcurridos no hubiese crecido, lo abrazó en el tiempo dándose cuenta que ya nada tenía sentido.

Carmen no dudó un segundo en tomar la escopeta que estaba colgada en la pared, llegó a paso lento de nuevo a la cabaña vecina y sin dudar un instante disparo por la ventana aquel hombre que yacía dormitando la siesta, agotado por el cansancio de la faena realizada.

Su tiro fue certero, un solo intento pudo dar en la sien izquierda y vio como la bala salió por el otro extremo de la cabeza de su tío Mario, no cabía la menor duda, era él. Lo reconocería donde fuera, era el mismo que se había criado con ella al quedar huérfana, el que en una tarde en sus labores del campo cuando su sobrina fue a dejar el almuerzo en aquellos pastizales sembrados de matas de café convirtió el cariño, la ternura y la confianza en manoseo, caricias bruscas dolorosas, tocando sus pequeños pechos aun en floración.

El demonio que la llevó al infierno de su incomprensión y las ilusiones en abandono para vivir en el conformismo de su destino

Ese hombre ya no podía hacerle más daño.

En la cama un cuerpo boca arriba con los fuertes brazos a los lados y las manos medio abiertas, las mismas que taparon su boca ahogando los gritos y el dolor intenso de una penetración que acabó con la nobleza de su alma, dejando en su vientre la vergüenza, la incomprensión, la fatalidad…

Vio nuevamente la complicidad de su abuela cuando recibió el poder absoluto de la finca de sus amos a cambio de un documento en el que Carmen fue engañada perdiendo la evidencia de su verdad contada y poco creíble

Los ojos semiabiertos ya no tenían aquella mirada encendida por la malicia y el deseo desenfrenado que se dibujaba en la lejanía de su mente en noches de pesadillas y que ella había guardado.

Carmen fue apresada pero nunca fue a la cárcel ya que por su enfermedad tan avanzada fue ingresada al hospital donde falleció

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Esa noche no dormí, pensando en aquella historia contada, aun había cosas que no calzaban.

Disfruté algunos días más del silencio y la tranquilidad del lugar

Preparé todo para mi regreso, don Leo llegó por las llaves y quería saber si estaba satisfecha con la estadía dando lugar a una conversación que confirmó la historia como real.

Además, me confió que Josué, su sobrino era amante de la pintura y decidió seguir la carrera en el extranjero, pues Edwar le dejó una sustanciosa herencia que le permitía vivir holgadamente y pagar sus estudios

Una que otra vez volvía a visitarlo en la finca que un día también le pertenecería.

-Una última duda don Leo.

-Dígame, Estela.

- ¿Quién es el hombre que dibujó Josué en la pintura de la habitación?

-Es Mario, así le describí a su progenitor y así lo plasmó en la pintura, con su ropa de campo y los genes de sus ojos.

Él sabe la historia.

-¿Y por qué él en la pintura y no su mamá?

-Porque su mamá en su descanso eterno encontró a su niño cuando éste vino a la finca en su búsqueda, lo abrazo y lo miró con ternura cuando Josué se estremeció en un escalofrió incomprensible al contemplar en el anochecer en este corredor y aquel polvo de estrellas dibujando la silueta de su madre con el núcleo de su corazón agotado, para dar paso a un amor nuevo, puro en su interior.

En cambio, Mario, es un alma en pena y debe plasmar su imagen en algún lugar donde aquiete su andar y tenga algún descanso.

Fui a la habitación a contemplar el mural en la pared para reafirmar que no estaba loca, me metí en la profundidad de aquella figura, sus ojos, el chonete, la camisa blanca y entonces me di cuenta que efectivamente Mario anda con su alma atormentada escondido, pude ver su figura desapareciendo apresurado entre la maleza.

Mientras iba bajando pude apreciar con detalle una que otra casa pintoresca, de techos bajos con su chimenea que fuma y expulsa el humo como señal de que el fogón está encendido, las ventanas cuadriculadas con cortinas de flores y vidrios de caras sucias con huellas de hollín, mezcla de polvo y humo.

 En un corredor un gato echado en la banca, un santo en la pared de la entrada con la cruz de palma que les da protección ante cualquier peligro. 

En los patios ropa tendida, gallinas cacareando sus protestas al ser correteadas por los machos, salpicando el maíz o quizás buscando gusanos escondidos en la tierra.

El perro atento con su ladrido que funciona como alarma a lo desconocido, árboles frutales, un riachuelo incoloro que deja al desnudo todo su interior como radiografía, con un afluente que corre apresurado sin descanso.

 Al final de la empinada de la cuesta me encontré con la ronda de delgados y altivos árboles con sus melenas tupidas, abanicadas con la fuerza del viento, estaban aferrados al suelo con sus piernas largas y un cuerpo lleno de fortaleza, sin poder caminar con sus pies descalzos y dedos gordos sumergidos en la tierra que los vio nacer, siempre de pie en su territorio a la entrada de la finca.

Al final de sus cabezas un hoyo, por dónde entran escasos rayos de sol y un cielo de color del mar, en una tarde veraniega juntándose como lo hacen los amigos en ronda para conversar y comentar una y otra vez la historia que quedó atrapada en ese lugar.

Y volteando a dar un último vistazo, pude observar arriba de la loma entre los pastizales la silueta de Mario caminando hacia la cabaña dónde encontró su imagen en el mural pintado por su hijo, para quedarse ahí eternamente y tener al fin el descanso de su alma.

En el murmullo del viento pude escuchar el sonido profundo del disparo que despertó de su levitación a Carmen aquel día lejano y lo primero que vio fue en el ventanal quebrado de la cabaña una enorme e intacta mancha roja en el toldo blanco, sangre de su sangre desfigurada en machas diminutas esparcidas alrededor.

Poco a poco se hace más corto el destino de partida….

Ana Lorena Villalobos





















































Amado verde



El verde es profundo y brillante. De lejos parece un manto esmeralda que usara algún marqués. Debe ser por lo tornasolado, pues el agua lo ha vuelto fuerte e indomable, y al bañarlo incesantemente, lo obliga a crecer desordenado. Como una melena gigante que no admite formas ni dirección alguna. Aquellas partes que se miraban secas y escamosas, de repente se han llenado y corre presuroso como si el festival de tanta agua lo empujara a crecer sin remedio, sin pensarlo, sin creerlo, solo crece y se desboca entre zanjas y grietas arcillosas producto del clima tempestuoso de éstos días. Va llenado espacios grandes y se mete donde antes todo se miraba deslucido. Ese césped tan hermoso, cubre sin remedio las zonas prohibidas, aquellas reservadas solamente para los setos de flores perfumadas, para las hierbas que con sus intensos aromas ayudan a darle sabor a las comidas, también aquellas otras que ahora entremezcladas hacen las delicias de abejas zumbadoras y bichitos multicolores que se revuelcan entre sus profundos valles cubiertos de polen color oro.

Las sombras que proyectan los árboles sobre su manto verde claro, se cubren de cientos de hojas que abatidas por las fuertes lluvias, de sus ramas se han bajado. Y se recuestan pesarosas sobre él con gran nostalgia, fatigadas y vencidas por el largo verano que no terminaba. Cubren franjas grises y mostazas. Donde también tantas flores deciden mezclar sus espectaculares ropajes, aquellos de sus vestidos de hadas, que dieron espectáculos danzantes de diversos tonos de rosas, amarillos, blancos y escarlatas. Y se refugian con timidez y suavemente, entre las hojas, las ramas y las piedritas, seguras de apoyar con su desmayo, la temporada de nuevas floraciones.

Así el césped, amado y visitado por todo su entorno, brilla ante el sol mañanero que lo revive, que le canta, que lo saluda admirado ante el esplendor de las miles de perlas que tiemblan apenas por un breve rato, entre sus fuertes brazos. Como joyas apenas reservadas para las miradas matutinas. Pronto el viento y el fulgor de esas horas de inicio de la vida, provocaran que joyas tan hermosas desaparezcan dejando solamente la duda de su presencia.

Césped. Césped bendito. Amado follaje verde. Cama dulce en las tardes de hastío. Tibio abrigo de noches de luna llena.

Lia Ferreto.

Abril 2021.

El patio


Detrás de la casa está el patio. Ese espacio verde y saltarín que se llena de una inmensidad de guarias florecidas en la época entre marzo y abril. Un hermoso césped abriga de verde el suelo y permite crecer entre sus rincones mazos de lantanas que se cubren de pequeñas flores, atrayendo sus anheladas huéspedes que vestidas de lujosas alas, vuelan indolentes y tranquilas, compartiendo con zumbonas abejitas, el néctar abundante que producen cada día. Tres árboles pequeños se suman al paisaje. Sus ramas permiten apoyar canastas con diferentes plantas. Por aquí hay un helecho frondoso de hojas menuditas. Otras sostienen orquídeas diversas. Pues sus ramas frondosas las cubren de sombras que se mueven con el viento, en aquella época de soles calcinantes.

La quietud es aparente. Esa mañana al pié del limonero descubrí las plumitas de un pajarito al que no se le permitió iniciar un vuelo. Ante la presencia de Lolita, la madre con mucho miedo, piaba y piaba, en tanto volaba de un árbol a otro, de una tapia hasta el techo de la casa, tratando de asustarla sin lograrlo, pues ella con su innato instinto de cazadora, seguía con su divertida naricita, el rastro del ingrato depredador.

La madrugada era muy fría. Lolita dormía semejando un ovillo de peluda lana blanca contra mi espalda. Su respiración dulce y reposada, tranquilizaba mi cuerpo y mi alma. En medio de ese sueño nada profundo y la insistencia de la vigilia, la escuchaba observando y analizando los cambios que percibía. Así escuché ese medio ruidito presagio de fuertes ladridos. No por favor, me dije. En cuestión de pocos minutos, se levantó con violencia, sacudiendo el aire con los ladridos, que sonaban aterradores , al romper el silencio de esa bendita hora, donde dormir y no moverse es todo lo que mi cansado cuerpo pedía. El silencio imperante, ese que también los vecinos exigen con todo derecho, interrumpido a esa hora por un desafortunado evento al que yo misma no quería encarar, ni dar crédito. Cualquiera reconoce ese timbre tan perfecto que solo ella tiene. La dirección del viento nos delata. No existe escondrijo ni sortilegio alguno que logre evadir la realidad de la autora de esos ruidos. Con dulces sonidos la llamaba, la invitaba a regresar a la cama. Por momentos le exigía que callara. Usé todos mis encantos sin lograr ni siquiera que me escuchara. Vencida y enojada, busqué una chaqueta de flees, que tiene una tibia gorra para cubrir mi cabeza, y así poder atender el desastre ya consumado. Con brincos y gran alboroto, celebró ver que yo había decidido acudir a su enérgico llamado. Corrió a recibirme, esperando que yo efectivamente abriera la puerta del patio.

La silueta de aquella mujer, adormilada igual que yo, con el pelo enmarañado, vistiendo su pijama y con un abrigo encima, se observaba claramente de pié frente a su iluminada ventana. Su casa, que colinda de forma transversal con la mía, tiene un segundo piso, desde donde ella miraba. Miraba y susurraba. Con dulces palabras y movimientos torpes de sus manos que entre las celosías de la ventana metía, trataba de lograr que Enrique por fin entrara.

Pinta, la pajarita, también había perdido el sueño, también lucía sus plumas alborotadas. También gritaba. Mis ojos, ahora abiertos y sin perder detalle, reconocieron totalmente el paisaje en que esa madrugada, los habitantes de mi patio de césped verde esmeralda, me mostraron. Comprendí las ansias locas de Enrique de seguir cenándose a los tiernos pajaritos. La locura que se adueña de Lolita de proteger su patio de los osados avances de Enrique cuando hace muchos meses, creyó que el patio era un sitio público. Además de la demencial insistencia de Pinta de alzar contra viento y marea, sus nidos cada temporada, haciendo oídos sordos, cuando al empezar el celo, le advierto de forma reiterada que hacer nidos en mi patio, es cosa de locos.

Los ladridos de Lolita son la señal de alerta que la vecina capta a cualquier hora, saliendo a buscar, defender, y cuidar de Enrique el gato escapista, al que a pesar de las precauciones que han tomado, logra siempre escabullirse y llegar al patio donde ella lo delata.

Al día siguiente de estos sucesos vividos, salimos al patio donde Lolita con su nariz, recorrió los espacios buscando huellas que delataran a su enemigo. Yo miré a Pinta y le pedí que enseñara pronto a sus pichones a volar y alejar así las tentaciones actuales. Enrique, un guapo gato amarillo y blanco, con su hermoso collar color rosa, castigado, encerrado y triste, miraba detrás del ventanal con obstinación, en dirección al nido.

Lia Ferreto M.

Julio 2021.

jueves, 8 de julio de 2021

El extraño de la calle 27


Ana Lorena Cartín Leiva

Amanece… Salgo a  caminar y  el  aire frío expande los pulmones, la tenue luz  de la aurora aparece tímida, sigilosa, tal vez deseando unos minutos más antes de que los primeros rayos del sol alumbren y calienten el día, son esos minutos los que aprovecha para desplegar sus colores pasteles entre rosados, celestes y amarillos, es su manera de saludar al dios Helios, son esos minutos que invitan a la meditación, a la observación  a encontrarse con una misma y maravillarse de la naturaleza, de la vida y del planeta Tierra quien amorosamente nos brinda su tierno regazo día a día.  

Los primeros rayos del sol aparecen, empiezan a calentar el día y lo oscuro se vuelve de mil tonalidades, toda una paleta de colores  vibrantes, el paisaje se abre cual abanico  multicolor, las gotas de rocío sobre  las hojas  de árboles y flores semejan hermosos diamantes  al reflejar la luz, todo un espectáculo para la vista.  Con los primeros rayos, inicia la sinfonía de pájaros buscando sus parejas e invitándoles al amor y avisan que las lluvias han llegado, lluvias milagrosas para la agricultura. Y al pasar por las casas y sodas, el ambiente se vuelve oloroso a café recién hecho, pan salido del horno, a tortilla palmeada. 


La ciudad poco a poco despierta, las calles lucen limpias, el aguacero de la noche anterior las había lavado, se ve apacible, hasta bonita, amigable e invita a caminar, a admirar las viejas casas y edificios hermosos que aún, resistiéndose al paso de los años y a la mal llamada modernidad, subsisten  en algunos barrios.  
El sonido del moderno  tren  hacia Cartago rompe el silencio, ¿cuántas ilusiones, esperanzas  y tristezas transportan sus vagones? El bullicio de la gente y vehículos cada vez aumenta, la calma de la mañana da lugar a una vorágine que día a día, como función de teatro, se repite, trabajadores que caminan casi corren para que el bus no los deje, madres con sus hijos e hijas llevándolos a escuelas y colegios y diciéndoles a viva voz “apúrate, que vamos tarde, cuidado perdés el almuerzo, ponele  atención y hacele caso  a la maestra, cuidá la mascarilla…”  La cantidad de carros crece y las presas transforman a conductores, la  impaciencia y la agresividad sale a flote,  el sonido de los carros, buses y motos aumenta rápidamente, se hace insoportable, la apacible ciudad ha desaparecido… solo la calle 27, al este de la ciudad, se mantiene incólume al tiempo,  a la modernidad, al bullicio y la tranquilidad solo la rompe el sonido del tren y por eso, alquilé un pequeño apartamento para ir a vivir en la calle 27.


Los árboles de roble sabana que bordean la calle 27, aún empedrada, pintan el paisaje de tonos rosados  y fucsias, los pétalos de las flores  que caen, forman una  hermosa alfombra rosada. Y una pequeña  y coqueta pulpería aún subsiste al igual que  las pocas y  magníficas  casas que hay, algunas de estilos victoriano muy bien conservadas por sus dueños, de amplios jardines multicolores. La calle  27 es un vecindario pequeño, tranquilo, con gente amable y por la mañana  algunos jubilados  salen a pasear a sus mascotas y en   el pequeño parque se reúnen a conversar sobre la vida, lo que aconteció el día anterior; los jóvenes, algunos escolares, colegiales y otros universitarios, caminan presurosos a tomar el bus. La calle 27 parece sacada de un cuento, de una postal, cuando una la ve da la impresión que el tiempo se detuvo, que no es parte de San José,  es una extraña calle porque apenas mide un kilómetro.  Caminar por ella, es remontarse al pasado, es revivir una época señorial de la ciudad que no volverá.  Más extraño aún,  es encontrar  la casa número 2763; se  ubica  en el centro de un amplio jardín bien cuidado, con dos árboles de roble sabana, exuberantes tabacones, una veranera de flores moradas de doble pétalo que semejan pequeñas rosas, margaritas, chinas de varias tonalidades y clavelones anaranjados.  Es de adobe y pintada de azul y blanco, con techo de tejas rojas, de amplios corredores, una casona que  resiste al paso del tiempo y  cual sultana, es altiva sabiéndose hermosa, imposible no detenerse a admirarla y fotografiarla,  según los vecinos tiene más de cien años,  Y allí vive extraño de la calle 27.


Tenía 35 años cuando  llegué a vivir a un pequeño y  hermoso apartamento de la calle 27.  Había concluido una investigación sobre las condiciones sociolaborales de mujeres asalariadas en las zonas rurales del país, trabajo que me llevó a recorrer todo el territorio nacional, las giras me habían agotado, permanecía poco tiempo en San José y el bullicio de la ciudad me agotaba aún más por lo que decidí mudarme a un lugar tranquilo pero no muy lejos de mi trabajo.  La calle 27 fue ese lugar ideal para vivir.  Apenas llegué a mi nuevo hogar, la casa 2763 de esa calle captó inmediatamente mi atención y más el nombre que los vecinos le daban a  la persona que la habitaba, “el extraño de la calle 27”.
Extrañada por ese nombre, pregunté a doña Lucía, una mujer afable, de sonrisa franca, ya entrada en los 60 años, de esas personas que irradian felicidad y dueña de la  pulpería La Lucita, ¿por qué a la persona que habitaba esa casa, le llamaban el extraño de la calle 27? Bueno, contestó con cierta malicia, no se si es una persona joven o mayor, si es un é o ella, pero es un extraño.  Insistí, si no lo conocen, ¿por qué lo llaman así?  Porque es un extraño, comentó con voz grave don Roberto mi vecino, quien estaba  comprando pan y añadió, que era un hombre muy extraño, imagínese que tiene el pelo un poco largo y  hasta se hace una coleta, ¡una coleta! exclamó.  Vaya, pensé, si los hombres supieran lo guapos que se ven con coleta, todos se hicieran una.


Salí de la pulpería muy intrigada, ¿será que el extraño de la calle 27 es una leyenda urbana?  Volví la mirada hacia la casa 2763 tan bien cuidada y como socióloga e investigadora, las dudas y preguntas desfilaban atropelladas en mi mente, alguien tiene que vivir allí, ya se que es un hombre, ¿tendrá familia, será joven o anciano, será extranjero, estará enfermo y por eso no sale? No podía quedarme con tantas dudas y me dispuse a investigar quién era el extraño de la calle 27, mi espíritu investigador no se podía  quedar con dudas y me fui a la casa a planear  las etapas de mi pequeña aventura investigadora, tenía que descubrir quién o quiénes habitaban esa casa o lo descubría o no viviría en paz, y como diría mi amiga Ceci, soy terca, no me puedo quedar con dudas, tengo que descubrirlo.
En una primera etapa, una tarde de sábado invité a los vecinos de la calle 27 a tomar café con bocadillos en el jardín de la casa guardando todos los protocolos sanitarios, a algunas personas les pareció muy extraño ya que ese tipo de actividad no se acostumbraba por lo que resultó sorpresivo que todos aceptaran la invitación.  Fue una hermosa velada de historias, de encontrarse, conocerse y reconocerse, un ambiente cordial, de gran camaradería, por lo que me atreví a lanzar las preguntas, ¿quién conoce al extraño de la calle 27, por qué le dicen así, qué hace?  Es un viejo muy irritable, como de 90 años comentó doña Estela. No, es un joven muy apuesto que solo sale de noche porque trabaja desde su casa, es analista financiero replicó doña Amalia.  Se parece al Jorobado de Nuestra Señora, contestó don Carlos.  Es un joven drogadicto, nunca se baña, huele mal,  tiene una gran cicatriz en la mejilla, espetó Mario, el más joven de mis invitados.  Yo no lo he visto pero es muy extraño, comentó doña Sara. Y así continuaron las inverosímiles respuestas… ¡o sea que no lo conocen dije a viva voz!  Silencio total, miradas furtivas se cruzaban, pues no, no lo conocemos y eso es muy extraño comentó doña Lucia, la de la pulpería La Lucita.
Mi investigación con el vecindario había fracasado ya que nadie conocía o sabía algo sobre el morador de la casa 2763, pero no me podía quedar con la duda, mi carácter no lo permitía, yo estaba acostumbrada a lograr las metas que me propusiera, algunos pensarán que hasta prepotente era, pero a como diera lugar  tenía que saber quién era ese extraño.  Así, como segunda etapa de mi investigación, fui a la Biblioteca Nacional a investigar si en los diarios viejos había alguna información sobre la calles 27, dos días  transcurrieron y ¡no había nada!  La impaciencia empezada a apoderarse, respiré profundo y me encaminé a Archivos Nacionales y encontré que en esa calle  solo dos casas de adobe se construyeron, lo demás eran lotes baldíos que fueron vendido a familias de alto ingresos y que las dos casas pertenecían, hace unos cien años a las familias Valverde y Echegaray y actualmente solo una de esas casas permanece.  ¡Eureka!  La casa 2763 le pertenecía a alguna de las familias Valverde o Echegaray, fue una buena noticia, un gran avance en mi investigación, pero aún no sabía quién era el extraño de la calle 27 y no se el porqué le dicen así.  Todavía no estaba satisfecha, tenía que seguir con mi investigación.
Faltaba aún la tercera etapa del plan que me propuse. Así, una mañana fui a comprar pan para el desayuno y le comenté a doña Lucía que iría a la casa 2763 para averiguar quién vivía allí, quién era ese extraño.  ¡No! Es peligroso, no puede ir sola, alguien tiene que acompañarla mi hijita, me contestó con la voz entrecortada, vea que se lo advierto, se puede llevar un gran susto con el extraño de esa casa.  No se preocupe doña Lucía, dicen que soy una temeraria pero solo enfrentando ese enigma, estaré tranquila.  Luego de desayunar y aparentemente  muy serena, corté algunas flores del jardín e hice un pequeño ramo que le daría al extraño como un gesto de amistad, de buenos vecinos, doña Lucía al verme pasar, se persignó, abrí el portón del jardín, admiré lo hermoso que era, toqué la puerta, sentí que el corazón se me salía y los segundos que duraron en abrir se me hicieron horas, casi, casi me devuelvo.


De pronto el hombre más guapo que haya visto en mi vida, me sonrió, estiró la mano para saludarme y con una hermosa,  diáfana y franca sonrisa me dijo ¡por fin se atrevió a conocerme, sabía que algún día vendría!, me quedé sin palabra. Pase adelante y mientras se toma un café conmigo, me conoce, nos conocemos y así sabrá por qué soy el extraño de la calle 27. ¿Cómo supo que lo estaba investigando?  Quién era él, si nunca salía de la casa, si no se comunicaba con los vecinos pues nadie lo conoce?  ¿Será un espía de la CIA?   Poco a ´poco me fui enterando quién era, en qué trabajaba,  que si salía de su casa, corría por las mañanas, que no  era ningún espía , yo no podía decir palabra alguna, parecía una idiota, solo lo oía  y miraba y  miraba y he de confesar que esa sonrisa, esos ojos me enamoraron, me enamoré…  y pronto nos convertimos en los extraños de la calle 27.   Doña Lucía tenía razón, me llevé el más hermoso susto de mi vida y si, si tenía una coleta pero no les diré ni su nombre ni su apellido.


domingo, 23 de mayo de 2021

Primavera 2020

 


¡Los brotes empezaron a salir!

valles y montañas se cubrían de colores,

en complicidad el viento transportaba

el aroma de las flores

opacado por el smog ambiental

¡Y nadie lo notaba!

La primavera seguía …

con el lenguaje del agua cantaba

silenciada por

Industrias, carros, barcos, aviones…

¡Qué locura…qué frenesí!

¡ Y nadie lo notaba!

De repente…,

El Mundo entero frenó

¡una sombra lo cubrió!

y en silencio…quedó

¡La primavera seguía!

Parques y calles estaban vacías

nadie más salió…

Y en este mundo fantasmal

el azul de los cielos volvió…

el trino de los pájaros nuevamente

se escuchó…¡como un himno a la vida!

Y la Primavera del 2020

Marcó un antes y un después .

Marta María Hernández Mendoza

miércoles, 14 de abril de 2021

Las circunstancias


En plena zona sur de la ciudad se encuentra un alojamiento notable: la Cárcel de San Sebástian .En la parte rescatable de la edificación y encima de la puerta una inscripción dice Viva la Paz, los muros están ilustrados con motivos convencionales “pura vida” y a la par, el conjunto campesino de cobre que replica al del Banco Central. El resto de la construcción es una combinación de paredes de material, chapas de zinc, alambre galvanizado grueso y rollos de alambre navaja. En la esquina se alza una garita alta desde la cual un guardia armado observa la calle. Doblando continua el muro por una zona que es mejor evitar. Un curso de agua seguramente contaminada es traspuesto por un puente negro. Algunas casas precarias de chapa complementan el paisaje.

Dos puertas rigurosamente vigiladas dan acceso al interior. El personal carcelario en general es atento y hasta simpático, pero conviene no exagerar. Un cartel previene que cualquier diferencia o altercado con ellos es sancionado con prisión. Lo mejor es pasar desapercibido. Reclamamos nuestra condición de “adultos mayores” para ahorrar tiempo de espera.

El procedimiento para el acceso esta cuidadosamente protocolizado. Después de entregar el documento de identidad te sellan el dorso del brazo, eso lo harán hasta tres veces. Luego de superar una primera revisión con detector de metales se transita por un corredor intermedio, que es de transición entre el exterior y el interior. Se arriba a un vestíbulo donde hay que poner las bolsas que se traen con alimentos en un escáner junto al calzado. El próximo paso es la revisión de la comida, huelen, tocan con un cuchillo lo blando. Se entrega el documento que será devuelto a la salida, y nuevamente hay que exponerse ante otro detector.

Finalmente se llega a la última puerta con la que se accede a un gran patio techado y cubierto de malla de alambre galvanizado y rejas, pero que da a una cancha de futbol, que tiene una vista panorámica a las faldas montañosas. Alli hay una buena cantidad de mesas y sillas de plástico, donde se van ubicando los visitantes. Algunas familias tienden sobre la mesa manteles primorosos y coloridos y van colocando los platos y cubiertos de plástico en espera de sus familiares. Todos miran expectantes la puerta abierta de un edificio blanco y pintado con motivos tradicionales de donde saldrán los privados (los privados de libertad, los detenidos). Es un momento de suspensión del tiempo. Una especie de temporalidad invertida que nos abre a un mundo en el que reina el estado de excepción. De repente estamos desayunando con un hijo, un padre, un hermano que ha sido arrancado de su cotidianeidad y excluido de toda sociabilidad razonable. Reina de hecho la desproporción y la iniquidad. Se mezcla un homicida, con un adicto que intentó un precario negocio para obtener una marihuana de mejor calidad. Un asesino convive con un detenido por una causa no probada. Miro al hombre que estudiando en esas precarias condiciones ha revertido su vida. Al callado y sufrido migrante que es reenviado de una cárcel a otra sin explicación. Nadie le informa y un abogado privado cuesta demasiado. “La libertad de un hombre no tiene preciodecía un hábil defensor penalista que cobraba honorarios imposibles de pagar.

Se ofende al individuo, a la singularidad y como se trata del núcleo esencial de la dignidad, se ofende a todo hombre. Pero a la vez se tiene la certeza que en ese desayuno, como una especie de Ultima Cena continuamente reiterada esta la Vida misma. Un padre juega con sus hijos a la pelota con una botella de plástico, todos gozan. Una mujer joven de pechos descomunales se abraza con un tipo con cara de jugador de póker. Una china mira embelesada a su hombre. Una madre viejecita departe cariñosamente con su hijo. En esta cárcel olvidada de las manos de Dios, persiste la obstinación no intercambiable de lo humano.



Todo concluyó cuando por causa de la Pandemia se prohibieron las visitas. Las condiciones de detención fueron aún más duras. Se cerró la canchita de futbol, ya no pudieron entrar adultos mayores ni niños. Las salas de esparcimiento se destinaron a los internos infectados. El resto fue distribuido, y se mezcló a los detenidos con prisión preventiva con los condenados. Nuevamente convivía un homicida con un sancionado por una causa menor. Las condiciones se volvían de alto riesgo por la Pandemia, y los ministerios de Seguridad y de Salud, se pasaban la responsabilidad uno a otro, y no decidían nada. Una vez más la política del olvido.

Bonum ex integra causa; malum ex quodlibet carencia.



AVE.

Agustín Estévez.

miércoles, 24 de febrero de 2021

Toros

 


Mardoqueo era un hombre que se las traía pues conocía la sicología de sus clientes, como buen barbero, era conversador  aliado al equipo de las preferencias de cada cliente; aun cuando el cliente que seguía era del equipo rival y que seguramente estaría escuchando y le reclamaría sus elogios al equipo contrario, pues Mardoqueo se ponía siempre de parte del equipo del cliente de turno.  En fin, Mardoqueo se las arreglaba siempre, esta vez,  hablaba maravillas del equipo del pueblo Nicoyano ya que su cliente era Julian Coyunda el preparador de toros del pueblo, le decía a Julián a modo de chisme,  que por ahí andan diciendo que viene un montador de las cosas buenas, ayer estuvo en el turno hablando hasta por las orejas diciendo que no hay toro que lo haya botado y que hoy a las tres lo demostraría si le daban la oportunidad. Yo creo- dijo Julian - que lo que estaba era bien borracho, en fin, por debajo de este puente yo he visto mucha agua correr, vamos a ver.

La hora llegó, aun picado por el vino de coyol y el sol que irradiaba muy fuerte llegó o más bien lo traían al disque gran montador, a ver si como ronca duerme decían, y de antemano Julián preparaba el amarre del toro, Julián renegaba diciendo, parece mentira que tengan que venir los cartagos a enseñarnos a montar, en claro elogio al capitalino pues con el nombre de Cartago se les denominaba en alusión a la vieja metrópoli aun cuando fueran de cualquier lugar capitalino, y no de la Pampa guanacasteca. 

Se lo rabeo hermano preguntó Julián ( quitarle fuerza al toro torciéndole el rabo) a lo que contesto el Cartago bautizado así hasta el momento, no déjelo así. Fue, en ese momento,  cuando Julián Coyunda dijo en tono característico del Guanacaste, ”orgulloso el muchacho”, denle un cacho ( trago de aguardiente en un Cacho de vaca como copa), mientras acomodaba el animal que porfiado seguía echado aun así el Cartago, se montó con gran facilidad pues era bastante corvetas propio de los buenos montadores y dio el grito de puerta, más por su borrachera que por valentía, y el toro se paró, salto y por los aires volaba el Cartago decepcionando a propios y extraños. Al caer,  solo atinó a decir otro cacho por favor y solo se escuchó a Julián Coyunda decir, ni agua te damos pendejo y amarren ese animal que no se ha jugado.



Juan José Quesada Prendas






















miércoles, 11 de noviembre de 2020

Despertar


Abro la ventana del cuarto, creo que son las seis y treinta de la mañana, estiro el cuello, asomo bien mi nariz , inhalo profundo, percibo un olor a frescura no se como explicarlo, es como una mezcla de la lluvia fuerte de la noche, de las gotas que cuelgan de las hojas o quizás el sol donde empieza a calentar, los árboles, la tierra, las flores despiden un olor indefinido.
Si pensara que todo es tan simple y necesario como abrir los ojos y respirar, dejaría atrás tanto drama y misterio.
Miro como se suspende la veranera en el árbol de mango con sus flores color magenta. Y en ese momento evoco el Vals de las flores de Tchaikovsky, es tan hermoso que enternece.
¡Qué buen despertar admirando la preciada naturaleza, que enraiza fuerte la vida!

...............

Jueves 8 de octubre. 2020
En una mañana de octubre, camino acompañada de mi hija; es un día soleado, la brisa se ha olvidado de aparecer y con la mascarilla se suda a chorros. Los médicos recomiendan no usarla al caminar pero da un poco de miedo. Las aceras muestran el paso de los años, huecos, hierba, pedazos de azulejos. Cruzamos un puente
bailey de esos que ya parecen un símbolo nacional, los hay por todas partes. Este río se desborda por encontrarse en una pendiente, el agua corre con fuerza anoche llovió bastante.
Un poco agotada, no puse atención a una joven pareja que pasó cerca, entonces digo- huele a maní-; o es marihuana – dice mi hija. Será los efectos de la mascarilla que no percibo bien los olores.
A nuestro alrededor casas pequeñas, los ocupantes en sus rutinas, sus perros, sus gatos.
Llegamos al redondel de Zapote, nuestra travesía no acaba, a escasos metros un hombre de mediana edad, grueso, piel morena, de vestir casualde caminar pausado;de nuevo el olor a marihuana.
Como a los doscientos metros se aproxima un hombre de contextura baja, tostada su piel por el sol, creo que es un cuidacarros, pues lleva un chaleco que es usual en ellos, camina despacio, la mascarilla en su mano , de repente el olor a yerba quemada y no es zacate.
Mis pensamientos enlazando algo más que una repetición, tales encuentros.
Quizás por la ubicación, la angustia por falta de trabajo,las ganas de olvidar su sentir o simplemente por gusto.
Sin embargo es una manera de ver las cosas, cada persona hace lo que puede, lo que quiere o lo que debe.
Vagamos como hoja al viento... en un mundo incierto.
Elena Méndez

viernes, 24 de abril de 2020

UN CHASCARRILLO CON PALABRAS TÍPICAS TICAS



Acharita que te juiste! Siempre tan agasazapado!
Te jui a llamar acuantá, pero estabas compungido,Por aquella cursiadera que te dejó derrengao.
Es que sos fascineroso! Ah guila más confizgao!,


El chacalín más catrin de toda nuestra familia,
Cabildoso y empunchao, pero también sos chambón
Chuchinga y casi babiecas, un botaratas sonajas
Siempre que tratás con viejas!


Cachirulo mi vecino, se propuso catriniarse
Pero hizo tanto chanchullo,
Que terminó hecho un chilate.
Y le cogió pringa pie.


Llegó montado en chancletas
Muy lleno de cherebecos
Y se puso un gran chonete
Y un chuica lleno de espejos
Con una cotona vieja
Y por encima una sueta.


Al fin se jue compungido
Porque le di un coscorrón
Por chiripa tuve suerte
Con ese gran culindinga
Porque además de un gran baboso
Me resultó muy chuchinga.


Se le llenó la cotona
De montones de mozote
Pero el loco poca pena
Se me escapó por el lote.


Salió tisnao y trapiado
Después de tantas trifulcas
¡Nadie tiene al muy tequioso
Haciendo tanta yeguada
Pudiendo estase quedito
Y no meter la cuchara.
Copi





viernes, 27 de marzo de 2020

Para mis bisnietos y los de todo el mundo


de Maria Teresa Salazar -Copy- 

Día primero de mi ausencia.

Chiquitillos de mi alma,
Debemos estar en casa
Con papito y con mamá,
hay un gusanillo malo
paseando por la ciudad.
Si salimos va a picarnos
Pues nos quiere molestar.
En mi casa estoy a salvo
Porque él no podrá entrar
Pero entrará si yo salgo
Y entonces me picará.
Si me quedo muy tranquila
Pintando con mis crayolas
Como hacía con mi abuelita
Cuando estábamos a solas,
Recortando pegatinas
O jugando con la bola,
Ese gusano travieso
Se aburrirá de esperar
Y cuando se haya marchado
Podré volver a pasear.


Día segundo
Mis chiquitos

Palomita, Palomita
Ya sabes hablar francés!
Porque aun siendo tan pequeña
Lo que escuchas lo aprendés.
Así como mi Florencia
Tu primorosa hermanita
Es la que aprende de vos
A ser muy buena chiquita.
Cuando ustedes juegan juntos
Y los escucho pelear
Felipe está furibundo
Y no lo podes calmar.
Como una madre pequeña
Te pones a consentirlos
Para que no lloren más.
Y todo siga tranquilo
Para el juego continuar.
Felipe es un caballero
Tan simpático y galán
Que cuando yo no lo veo
Quiero ponerme a llorar.
Entretanto mi Sofía
Intenta tirarse al suelo
Está gateando la niña
Junto al sofá del abuelo.
Inti, mi bello lucero
Rubio, espigado y gracioso
Prepara en su licuadora
Para comenzar el día
Un batido delicioso
De Proteína y sandía.
Mientras le lee su “apotito”
Un cuento de fantasía.
Ustedes son mi locura,
Mi alegría, mi bendición
Que crezcan sanos y fuertes
Niños de mi corazón

Tercer día

LA ARAÑA
Una araña chiquitita
En la esquina del zaguán
Está tejiendo una tela
Para una mosca cazar.
Ella se mueve despacio
Está formando una red
Va sacando de su cuerpo
El hilo, para tejer.
Esa araña no descansa
Ni para de trabajar,
Solo pensando en sus niñas
Que ella debe alimentar.
Hay millones de arañitas
Dispersas por todo el mundo
Y aunque son tan pequeñitas
Su sentimiento es profundo.
Así como las arañas
Son mi mamá y mi papá
Que trabajan noche y día
Pensando en mi bienestar.
Por eso debo ayudarlos
No les voy a molestar
Porque si la araña para
¡No tendríamos qué almorzar ¡


Cuarto día

En La Fonda de Mi tía

Una gata muy coqueta
Se subió sola al tejado
Se resbaló en una teja
Y Cayó de medio lado.
Otros gatitos vecinos
La vinieron a ayudar,
Todos los buenos vecinos
Viven en Curridabat,
En la casa de tía Titi
En el patio y en la sala
Se pasean noche y día
En una forma galana.
Maullando en forma sutil,
Es un kínder de felinos
El que tienen por allí.
Aumentan sus inquilinos
Que maúllan en el jardín.


Quinto día

Pajarito

Pajarito, pajarito
¡Cuando te vas a callar!
Si seguís pegando gritos
¡Ya no podré descansar!
Mi tía Poty está molesta
Porque en el patio de atrás
Un pajarito enojado
No para de molestar.
Aborrezco a los zanates
Tan negros y mal olientes
Con esos picos tan curvos
Que casi parecen dientes.
Y destruyen otros nidos.
Amo En cambio a los yigüirros
Y a los pechito amarillo,
Con sus alitas azules,
Al petirrojo escondido
Que canta en los abedules.
Las aves son angelitos
Que manda Dios al jardín
Para que vuelen felices
Y nos hagan sonreír.

Sexto día
Hola mis bisnietos y otros chiquitos,
aquí van los poemas del fin de semana,

Hoy las hormiguitas están aburridas
Ya no saben cómo deberán actuar,
Siempre caminaban todas muy juntitas
Parece que ahora se separarán.
Igual que nos cuenta nuestro tío Fernando
Cambian sus pijamas con gran precisión,
salen de la cama, se meten al baño,
Cambiar la pijama, se acabó el jabón.
¡Hay qué aburrimiento!
Dicen las hormigas,
que salen subiendo por la habitación
Ni tenemos frío, ni tenemos hambre,
Mamá todo el día ensaya recetas,
Papá está furioso por la situación,
Mi abuela parece un alma en pena
Todo el día escuchando la televisión.
Teje, teje y teje, la orilla a un mantel
Ordena los closets, prepara café
¡Con bien este virus de los mil demonios
Nos deje solitos, ya no sé qué hacer!!!


Sétimo día
¡Hay Señor! Hoy es domingo,
Transcurrió otra semana
El virus contaminando
A todas las poblaciones
Y personas sin conciencia
Disfrutando vacaciones.
Tenemos miles de muertos
Que ya descansan en paz,
Es peor para los vivos
Que habremos de soportar
Problemas y sufrimientos
Que es muy duro imaginar.

Pobrecitos nuestros niños
Pobres de papa y mama,
Que no tenemos más armas
Que simplemente rezar.

Rezar mucho y comprender
Lo que Dios está diciendo
Es el tiempo de volver
A los viejos testamentos.

Respetar las jerarquías,
Meditar las oraciones,
Aceptar que somos seres
Con muchas limitaciones.

No somos dueños del mundo
Lo principal no es tener
Lo principal es vivir
Como tendría que ser-

Que acabe la competencia
De los que tiene de todo
Yates, aviones, haciendas
Y disfrutan sin decoro.

Sin ver que hay un mundo entero
Que no tiene qué comer.
¡Arriba los corazones,
Comencemos a entender!


Ojalá todos sepamos
Aprovechar la lección
Y con paciencia logremos
Revertir la situación.
¡Hay que pensar en los otros
No solo en mi situación!



DIA OCTAVO DE RECLUSIÓN
LA IGUANA ROSADA

Recuerdas Paloma
Cuando, hace algún tiempo
Fuimos de paseo,
Hasta Condovac.

Cuando en las mañanas
Me pedías llevarte
A ver la horrorosa
Iguana rosada
Que venía a asolearse
Junto a la ventana_

A vos te encantaba,
Y yo le temía.
¡Pobre de esa iguana
Tan gorda y tan fría!
¡Necesita tanto del calor del sol!

Sentada en la playa
Jugaba Florencia
Con toda la cara
Cubierta de arena.

Fuimos todos juntos
Gracias a tu abuela,
Tejimos recuerdos,
En una cadena
De amor y ternura
De gran comprensión.

¡Y yo necesito, escuchar tu voz
Igual que la iguana necesita al sol!




MI GALAN

Felipe querido,
Mi dulce galán,
De los ojos bellos,
Sonrisa genial.

Inquieto y vivaz,
Como un cervatillo
Que atraviesa el monte
Dejando su trillo.

Juntos hemos hecho
Muchas cosas lindas
Cosimos perritos,
Pintamos casitas,

Para los muñecos
Hicimos comida
Con hojitas frescas,
Arena y arcilla.

Mi pequeño genio,
Mi gentil gitano,
En cuanto esto pase
Te estaré esperando.

FLORENCIA

El solo observarte,
Sentir tus gorjeos,
Alegra mis horas,
Colma mis anhelos.

Mirar tus pasitos
Cuando presurosa
Con el bebé en brazos
Galleta en la boca.,
Y el coche arrastrado
Desde el corredor.

Haciendo “pininos”
Al subir la grada
Solo me saludas
Con una mirada

Balanceas hermosura
Capeándo obstáculos
Y al fin llegas a la cumbre
A sentarte en mi regazo.

INTI

Sos un sol que resplandece
En el cielo de este nido
Se me humedecen los ojos
Cuando te observo dormido.

Alegra nuestras mañanas
El escuchar tus pasitos
Mi tierno e ingenuo niño
El amor de tu abuelito.

Yo me siento bendecida
Al poder tenerte cerca.
Conversar, reir contigo
Cuando en la televisión
La vieja giganta enorme
Baila contenta su son.

Mi lindo niño de seda,
Mezcla de leche y de miel
Que los ojos de esta abuela
Puedan mirarte crecer.


SOFIA

Esta graciosa bebé
Crece y crece sin medida
Cada vez más vivaracha
Mas lista y más entendida{.

Sus cabellos son de seda
Su piel es de mazapán,
Se baja voluntariosa
Ella ya quiere gatear.

Y aunque no la veo seguido
Por esta cruel situación
Y ella a mí, no me conoce,
Ya le entregué el corazón.

OCHO DÍAS

Día octavo de internamiento
El tiempo pasa muy lento
Cuando estamos separados
De los seres que queremos.

Aunque no debo quejarme
Hoy existen los recursos
Y puedo comunicarme
Muy fácil, con todo el mundo.

Es que estoy acostumbrada
A hacer lo que se me antoja
Si quiero salir yo salgo
Y si me quiero quedar,
¡Nadie me dice qué hacer
Ni cómo debo pensar!

Me hace mucha falta Macha
Que con mucho regañar
Lograba tranquilizarme
Me obligaba a descansar.

Estoy recordando a Inti
Mi dulce príncipe azul.
Ahora no puede salir
Y disfrutar la piscina,
Con vista espectacular
Esperándole en la esquina.

Su abuelito fue a traer
La piscinita de inflar
La pequeñita y redonda
Que estaba en casa guardada,
La piscina decorada
Que le comprara su abuela
Aquel ángel del Señor
Que hoy descansa en otra esfera
.
Palomita y Florencia,
Ya no vienen a dormir
Adonde su abuela Poti,
Encerrada con mama,
Porque a la pobre muchacha
¡Le tocó cuidar a Yaya!
¡Lo que te toca te toca
Y no hay forma de escapar!
La pobre muchacha sueña
Con mirar sus nietecitos
Y conversar con sus hijos
No para de trabajar.

Entre tanto, tío Roberto
Siempre tan despreocupado
Su grano está colocando
Procurando entretener
A sus sobrinos y hermanos
Que le han respondido bien.
En entorno familiar,
Le estarán colaborando,
Es para seres pensantes,
Seguro muy preparados.
“Razonamiento lateral”.
Algo duro de entender,
¡Yo ni loca participo
No poseo la ilustración,
Y no me importa un carajo
Encontrar la solución.

Vigui en su cama acostado
Con nuestra Patty a su lado
Mira la televisión,
Mientras se comen un taco.
Y descansan un montón
Esperando se termine
El retiro tan forzado
Que en México es imposible
Un país súper poblado.
Aquello es un hormiguero
Donde López Obrador
No está de acuerdo con nada
¡Qué le pasa a ese señor!

Y taco el perro de Eugenia
Continúa desesperado
Él se siente abandonado
¡Después de ser una estrella
Es un perrito olvidado!
Y Penny su compañera
Nunca lo ha determinado.

Mientras Titina y sus gatos
Dan clases por internet
Las niñas hacen tareas
Y Mau practica correr
Los mininos se atraviesan
Delante de la pantalla,
Y mi niña grande ríe,
Su bello jardín florece
Y el mundo sigue su marcha
¡A tener mucha paciencia
Mientras se pasa la racha!

Irene se multiplica,
Lelos fue de vacación
Las chiquitas trabajando
Desde su computador,
Arturo muy preocupado
Tratando de mantener
Su espíritu muy en alto
Sin perder ubicación,
Es un consejo muy sabio
Podría ser la solución.

Fernan sólo en el hotel
Enfrenta la gran tormenta,
Ha de pagar las planillas
El agua, la electricidad.
El hotel sigue vacío
Parada a construcción.
Tiene a su lado a unos hijos
Que son una bendición.
Sobre todo al angelito
Ese niño prodigioso
El que regala dulzura,
Hace que la situación
Se presente menos dura
Mientras termina el ciclón.

En fin, nos toca esperar
Que la tormenta termine
Y a mis hijos les deseo
Que Dios me los ilumine!

Mi situación es de riesgo
Por mí, nadie se preocupe
He vivido tanto tiempo
Recibí tantos regalos,
Participé en tantos lutos
Que no podría recordarlos.

Nací en la primera guerra,
Crecí durante la segunda,
El Neoplam, las Armas nuevas,
Hiroshima y Nagasaki,

La revolución en Cuba
Y nuestra revolución,
Después nos llegó la contra,
Terremoto en Nicaragua,

El Sida, todas las drogas
Los gobiernos comunistas,
Lesbianas, los sindicatos
Las muertes asistidas.
Turistas que van a Marte,

Aborto, Inseminación,
El nuevo viaje a la luna
El diseño de Kwuait,
Descubren estrellas nuevas,
Un hueco negro fatal.

Frecuentes cambios de sexo,
Hombres que llevan trasplantes,
Parejas homosexuales,
Pueden niños adoptar,
El Papa nos da permiso
De otra pareja, buscar
Les diré, ya yo estoy harta
¡Un despelote total!
Sentada frente a mi compu
No dejaré de pensar,
En que hagamos lo que hagamos
Esto jamás va a parar….


NOVENO DÍA de distancia

¡Hola, cómo amanecieron!
Hoy el día está luminoso
El sol refulge en el cielo
De un celeste prodigioso.

Hoy tenemos que alegrarnos
De disfrutar de la vida
Porque hay otros enfermitos
Muy prontos a su partida.

Los pájaros en el cielo
Cantan las glorias de Dios
Ese Señor que nos ama
Y por nosotros murió.

Hoy hay que pensar en otros
Que ya no tienen trabajo
Que tampoco tienen techo
Ni amor ni alegría en el alma.

Otros seres olvidados
Desde siempre por el mundo
Hermanos abandonados
Que ya perdieron la fé.

Los chiquitos a jugar
Y a compartir lo que saben,
Así como Palomita
Y Florencia nos mostraron
Y en su reciente video
Mil cosas nos enseñaron.

Demos gracias al Señor
Que nos tiene protegidos
Tratemos de perdonar
A quienes están dolidos
No quieren obedecer
Y nos ponen en peligro.

Ojalá que el nuevo día
Nos traiga buenas noticias
Pobrecito Nueva York
Increíble su caída.

Pero sigan adelante
Mis adorados pequeños
Nunca les va a abandonar
El amor de los abuelos.