Lorena Quirós
Tener un nombre compuesto fue siempre un
problema. Llamarme Ana Lorena dio pie a
que pocas personas no me reconocieran por él.
En mi casa me dicen Loren o Negra.
Una amiga es la única que me dice Anita.
La gran mayoría usa el Lore, Lo, Lorita y mi jefe me decía Ana
Lore. En la Oficina varias compañeras
teníamos ese nombre y para identificarnos éramos: Lore Sol, de Lorena Solano,
Lore Moraga y LoreQui, yo.
Todas esas variaciones no significaban un
cambio en mi vida. Eran reflejos de mí
misma en diferentes ambientes, Sin
embargo hubo un cambio importante cuando fui la abuela de Daniela. No fue solo pasar de ser Lore a ser Abuela
Loe. Fue incluir el “rosa de niña, el
color de mujer” en mi vida.
Crecí entre hermanos y mi única hermana es muy
parecida a mí en gustos y prácticas.
Crie dos hijos. Así que supe de los problemas, enfermedades, ropa y juguetes
de chicos. Cuando llegó una niña no
estaba preparada. En sus años de bebé,
apenas se notaba el cambio pero poco a poco las dificultades surgieron al tener
que solucionar pequeños problemas femeninos.
Ahora con cinco años, Daniela es una niña que
prefiere el color rosa en su ropa, accesorios y juguetes. Adoras las cosas que yo no uso. Su presencia en mi casa se nota por intenso
olor a perfume “Mujercitas” o cualquier otro que cargue en su cartera. Siempre hay que proveerla de maquillaje
infantil, colitas para su cabello, pulseras, anillos, collares.
Esto ha significado el cambio que me ha
llevado de Lore a Loe. A veces me
enfrenta conmigo misma porque aunque deseo respetar sus gustos me parece
importante hacerla conocer otros puntos de vista, otros valores.
La fuerza del cariño nos une, disfrutamos
mucho juntas y así como ella ha cambiado, me gustaría poder influir algún
cambio en ella.
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