lunes, 6 de octubre de 2014

Cambió mi nombre


Lorena Quirós

Tener un nombre compuesto fue siempre un problema.  Llamarme Ana Lorena dio pie a que pocas personas no me reconocieran por él.  En mi casa me dicen Loren o Negra.  Una amiga es la única que me dice Anita.  La gran mayoría usa el Lore, Lo, Lorita y mi jefe me decía Ana Lore.  En la Oficina varias compañeras teníamos ese nombre y para identificarnos éramos: Lore Sol, de Lorena Solano, Lore Moraga y LoreQui, yo. 
Todas esas variaciones no significaban un cambio en mi vida.  Eran reflejos de mí misma en diferentes ambientes,  Sin embargo hubo un cambio importante cuando fui la abuela de Daniela.  No fue solo pasar de ser Lore a ser Abuela Loe.  Fue incluir el “rosa de niña, el color de mujer” en mi vida.
Crecí entre hermanos y mi única hermana es muy parecida a mí en gustos y prácticas.   Crie dos hijos.  Así que supe  de los problemas, enfermedades, ropa y juguetes de chicos.  Cuando llegó una niña no estaba preparada.  En sus años de bebé, apenas se notaba el cambio pero poco a poco las dificultades surgieron al tener que solucionar pequeños problemas femeninos.
Ahora con cinco años, Daniela es una niña que prefiere el color rosa en su ropa, accesorios y juguetes.  Adoras las cosas que yo no uso.  Su presencia en mi casa se nota por intenso olor a perfume “Mujercitas” o cualquier otro que cargue en su cartera.  Siempre hay que proveerla de maquillaje infantil, colitas para su cabello, pulseras, anillos, collares.
Esto ha significado el cambio que me ha llevado de Lore a Loe.  A veces me enfrenta conmigo misma porque aunque deseo respetar sus gustos me parece importante hacerla conocer otros puntos de vista, otros valores.

La fuerza del cariño nos une, disfrutamos mucho juntas y así como ella ha cambiado, me gustaría poder influir algún cambio en ella.

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