miércoles, 29 de octubre de 2014

Corazòn mìo


Media luz. Tal vez una velita. Tal vez incienso perfumado. En realidad no hace falta ninguna cosa, será la fuerza de la costumbre, o tal vez sea que me gustan los rituales. Respiro; inspiro Luz, exhalo Luz...y me quedo ahi repitiendo un par de veces mas, lo mismo. Ya había pedido protección, a todos mis ángeles y arcángeles, abro también mi canal de Reiki, mi cuerpo poco a poco se relaja y comienzo a sentir una sensación de total abandono. Mi mente sigue pensando, repaso las cosas que haré dentro de poco, las personas que debo de llamar y puede ser también que repita una conversación o la última letra de esa obra que estoy aprendiendo. No se detiene ni un segundo, pero tampoco trato de calmarla, total ya se que es inútil. Estoy alerta a todos los sonidos que me circundan: ahí va de nuevo el tren como loco advirtiendo que pasará sobre ese cruce cerca de casa, las bandadas de pericos que aún dormían se levantan bulliciosos saludando al nuevo día, los vecinos que colindan con mi patio se saludan mientras preparan desayuno, mi celular que está casi apagado, vibra recibiendo el saludo mañanero de ese hombre que me piensa...sonrío y sigo respirando, recordando que estoy distraída y que afuera, todo lo que está fuera de mi ahora no interesa. Entonces de a poquitos "miro" ese espacio dentro mío que se ve tan luminoso, sereno y no tiene límites ni está contenido en mi propio cuerpo. Y lo siento, mas que nada, lo siento. Mi corazón vigoroso es el centro desde el cuál un manantial de cosas suceden. Es el cuarto chacra, y su color es el rosa, color del amor. Me quedo sumergida en ese espacio, hay una quietud suave, una nada, un todo, una sensación de bocanada tibia y mas caliente, comienza a salir entre mis homoplatos y me envuelve totalmente. De repente algo como un estremecimiento me mueve, entonces suspiro, ya estoy de vuelta.
Una mañana me preparaba el desayuno, dispuesta a ir al gimnacio. Ninguna señal de que algo anormal pasaba, pero de repente ese corazón comenzó a brincar desatinado, como si se le hubiera olvidado que su ritmo debe ser calmo, quise respirar profundo y hablarle, decirle que estuviera quieto, que todo en mi vida funcionaba según lo acostumbrado, pero él no me escuchaba y sordo y necio,brincaba y brincaba. El aire no le llegaba y la sensación de muerte nubló mis ojos y mis pensamientos volaban buscando algo que pudiera poner remedio a la locura. La ropa me estrujaba, los zapatos me apretaban, y yo quitaba y ponía, buscando sentirme mejor sin lograrlo. Mi corazón estaba en pánico, yo desfallecía y solo logré avisar a una vecina y abrir puertas y portones de mi casa. Recuerdo bien cada detalle, la sensación mas cercana a la muerte, la falta de aire, el esfuerzo, la sorpresa, y finalmente el llanto que posiblemente tenía meses secuestrado, salió liberando todo lo que mi corazón sabía y no reconocía. Lloró mi corazón como una niña pequeña que ha perdido su muñeca. Lloró y entre mas lloraba, él se calmaba, respiraba y volvía a ser aquel dulce y sereno testigo de mis penas pasadas de esos últimos meses. Yo no sabía cuanto sufría, ni cuanto dolor guardaba, no sabía de la angustia, de las noches de insomnio, de los amaneceres negros, de aquella noche de mi alma. Mi callado corazón, acostumbrado a sonreirle a todo en ésta vida, por fin había gritado, me había sacudido, me había estrujado a fin de ser sanado. Los brazos maternales de mi amiga, sirvieron luego de refugio y de consuelo. Pero la sensación de todo mi cuerpo agotado por la lucha de obtener aire y de sentir a punto de romperse el corazón en mil pedazos, me dejó por horas confundida. La muerte, la amenaza de muerte de alguien a quién amas, te puede llevar a tocar fondos nunca imaginados. Sentirte al borde de tu propia muerte, te hacer recordar cuanto amas la vida. Reconocer que puedes dejar de sentir, de respirar, de escuchar al corazón ahí en medio de tu pecho, noche y día, reconocer que sólo éste instante tenemos, te da una nueva visión de la vida. No tomarse tan en serio los problemas, reirse, bailar, hacer el amor, vivir y agradecer a mi bello corazón por cada instante que me da de vida, volverse sabia y saber que nada es tuyo, que nada te acompaña luego, que solo te llevas todo lo que te has divertido. Si, creo que la sabiduría de una mujer adulta, la da el tiempo, lo vivido y sobre todo, saberse tan frágil y pequeña. Gracias corazón, cada vez que te siento, cada vez que me hablas, cada vez que me dices que si, que estoy viva.
LIA FERRETO
Octubre-2014.

No hay comentarios:

Publicar un comentario