Virginia
Murillo Montero.
Chayanne era un
joven que en hacia finales de los años 90 se subía a los buses de Alajuelita y
Hatillo a cantar. El se presentaba como Gilberto Acuña Ramírez, más conocido
como Chayanne (tan guapo como él cantante-decía-) y que procedía de Limón donde
vivía su mamá. En adelante -por lo menos en mi familia- se le siguió llamando como “Chayanne guapo”.
El muchacho frisaba
los 20 años, su contextura era gruesa, de estatura mediana, de tez morena, cara
redonda, ojos achinados.
Sus miradas se dirigían a las féminas y
escogía a una linda joven o a otra dama madura como su novia a la cual le
dedicaba su primera canción, la de Chayanne, por supuesto. Alguna vez me dedicó
una a mí, se inclinaba haciendo una reverencia y parte de su canto lo hacía
arrodillado en frente de su bella dama, la miraba fijamente y no dejaba de
sonreír y la escogida, igual, sonriente. Luego procedía a presentar su acto el cual consistía en
aclarar su voz, sonreírle al público y presentar su canción, decía el nombre de la misma en un lenguaje
poco entendible. Empezaba por cantar una parte de una pieza del citado artista
y sonreía por que se le olvidaba o sea
la dejaba inconclusa, así en ese momento imitaba el sonido de un instrumento
como la trompeta, trombón, etc. Luego cantaba parte de otras canciones de
Camilo Sesto, Vicente y Alejandro Fernández. Estas rutinas duraban entre 15 y
20 minutos aproximadamente, del centro de Hatillo hasta casi la terminal en San
José, a veces lo hacía hasta Barrio Cuba.
Por un lapso de
tiempo lo dejamos de ver.Lo volvimos a ver hace unos 7 años en el sector de los
buses de Desamparados, frente al Centro Comercial de Sur. Lo encontré más
delgado, pensé que era otra persona, pero mi hija me sacó del error, le conté
del susodicho y me dijo: ¡pero si es Chayanne guapo! ¿Cómo, no puede ser? le
dije.
De nuevo nos entretenía
con sus canciones dedicadas a sus damas viajeras. Una vez que terminaba su acto
era aplaudido y él feliz recogía su dinero en forma cortés, despidiéndose con
besos a la distancia para sus efímeras
novias. No olvidaba pagar el pasaje al chofer
y se despedía de él con un apretón de manos, bajaba del bus y saludaba
con sus manos.
Ahora ya no lo
dejan subir al bus a cantar, pero hace como una labor de “cheque”: Chequeador
de los buses, esto por que viste una camisa semejante al uniforme que llevan
los choferes. Saluda al chofer sin subir al bus, conversa con él y lo despide.
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