lunes, 6 de octubre de 2014

Un personaje de mi barrio


Virginia Murillo Montero.

Chayanne era un joven que en hacia finales de los años 90 se subía a los buses de Alajuelita y Hatillo a cantar. El se presentaba como Gilberto Acuña Ramírez, más conocido como Chayanne (tan guapo como él cantante-decía-) y que procedía de Limón donde vivía su mamá. En adelante -por lo menos en mi familia- se le siguió llamando  como “Chayanne guapo”.
El muchacho frisaba los 20 años, su contextura era gruesa, de estatura mediana, de tez morena, cara redonda, ojos achinados.
 Sus miradas se dirigían a las féminas y escogía a una linda joven o a otra dama madura como su novia a la cual le dedicaba su primera canción, la de Chayanne, por supuesto. Alguna vez me dedicó una a mí, se inclinaba haciendo una reverencia y parte de su canto lo hacía arrodillado en frente de su bella dama, la miraba fijamente y no dejaba de sonreír y la escogida, igual, sonriente. Luego procedía  a presentar su acto el cual consistía en aclarar su voz, sonreírle al público y presentar su canción,  decía el nombre de la misma en un lenguaje poco entendible. Empezaba por cantar una parte de una pieza del citado artista y sonreía por que se le olvidaba  o sea la dejaba inconclusa, así en ese momento imitaba el sonido de un instrumento como la trompeta, trombón, etc. Luego cantaba parte de otras canciones de Camilo Sesto, Vicente y Alejandro Fernández. Estas rutinas duraban entre 15 y 20 minutos aproximadamente, del centro de Hatillo hasta casi la terminal en San José, a veces lo hacía hasta Barrio Cuba.
Por un lapso de tiempo lo dejamos de ver.Lo volvimos a ver hace unos 7 años en el sector de los buses de Desamparados, frente al Centro Comercial de Sur. Lo encontré más delgado, pensé que era otra persona, pero mi hija me sacó del error, le conté del susodicho y me dijo: ¡pero si es Chayanne guapo! ¿Cómo, no puede ser? le dije.
De nuevo nos entretenía con sus canciones dedicadas a sus damas viajeras. Una vez que terminaba su acto era aplaudido y él feliz recogía su dinero en forma cortés, despidiéndose con besos  a la distancia para sus efímeras novias. No olvidaba pagar el pasaje al chofer  y se despedía de él con un apretón de manos, bajaba del bus y saludaba con sus manos.

Ahora ya no lo dejan subir al bus a cantar, pero hace como una labor de “cheque”: Chequeador de los buses, esto por que viste una camisa semejante al uniforme que llevan los choferes. Saluda al chofer sin subir al bus, conversa con él y lo despide.

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