El agua nos pertenece
a todos: a las personas, a los animales y a las plantas. Sin ella la
vida no sería posible. El agua es como la sangre de la tierra que
lleva alimento y vida a su paso.
Cada día el calor del
sol evapora grandes cantidades de agua de los mares, lagos y ríos.
Este vapor se convierte en pequeñas gotas de agua que forman las
nubes y luego al juntarse unos con otros, caen al suelo en forma de
lluvia.
Al llover, parte del
agua corre por la superficie del suelo, alimentando quebradas, ríos
y lagos, arrastrando sustancias que sirven de alimento de millones de
seres vivos. Otra parte del agua de lluvia penetra en el suelo,
alimenta las platas y se acumula bajo la superficie, formando grandes
depósitos subterráneos llamados acuíferos.
Desde la antigüedad,
los seres humanos entendieron que no podían vivir sin agua, por eso
las poblaciones se formaron alrededor de los ríos.
A medida que las
ciudades fueron creciendo, cada vez hubo mayor consumo de agua, pero
también mayor cantidad de aguas contaminadas. Las aguas negras de
las ciudades comenzaron a echarse a los ríos así como los desechos
de las porquerizas, basura y otros.
También la tala
desmedida de árboles hizo que los terrenos se volvieran más áridos,
porque sin vegetación el suelo absorbe el agua en poca cantidad y
solo corre por encima, lavándolos y haciéndolos menos fértiles.
Esto afecta a las plantas, a los animales, al hombre y además,
empobrece las nacientes, pues hay menos agua dentro del suelo, a la
vez que se producen más inundaciones.
Las ciudades y el
desarrollo han seguido creciendo, pero se ha hecho muy poco por
mejorar el manejo de las aguas. Esto se debe que hasta hace poco
tiempo se consideraba que el agua limpia nunca se iba a acabar. Hoy
sabemos que por este descuido, cada vez es menos la cantidad de agua
limpia disponible y cada vez hay más gente que la necesita, pues la
población aumenta.
También hoy en día
hay grandes intereses económicos que no velan por el bienestar de
las personas ni de la naturaleza, si no por su propio beneficio.
Entonces las comunidades han tenido que defender su derecho a
conservar las fuentes de agua limpia, para abastecer a sus
habitantes.
La mayoría de las
leyes para proteger el agua existen, pero necesitan reformarse para
que cumplan bien su función. Es importante la organización comunal
para resguardar este recurso promoviendo la reforestación,
protegiendo las nacientes, cuidando las zonas de bosques existentes.
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