por Rita flores
Subía
el empinado y polvoriento monte, con pereza, con desgano, sin
entender porqué su madre insistía en que cada cierto tiempo, fuera
a visitar al viejo de su padrastro a esa choza desvenzijada donde
vivía desde hace muchos años, Un camino realmente tortuoso,
cansado, que aún con sus 20 años, le exigía un esfuerzo
inmenso.
Mientras
caminaba con dificultad, pensaba que El, había escogido ese lugar y
lo había convertido en su propia cárcel, además de que le servía
de excusa para aislarse y no tener que hablar de sus asuntos con la
gente.
Eso
si….de vez en cuando se le veía frecuentando la casa de la “
madame”, como era la costumbre de muchos hombres del pueblo ,
en especial los días en que recibían el salario y acudían a
realizar las compras de comestibles.
Ensimismada
en sus pensamientos, se acercaba a su destino al mismo tiempo que
una sensación extraña la invadía, mezcla de miedo, culpa, enojo,
algo que ni ella misma comprendía, pero debía cumplir con la
orden de su madre.
_
¡Sos una desagradecida!_ le repetía siempre su madre
Recordó
que desde muy niña escuchaba estas frase, pero…bueno, si ..…le
encantaba inventarse historias que terminaba por creérselas,
historias en las cuales siempre había alguien a su lado que la
protegía y quería para siempre.
Para
el viejo , no debe ser tan difícil vivir ahí, debe ser feliz… ,
solo , aislado. A ella le hubiera gustado vivir así, sin pensar en
nada, sin ese dolor que a menudo sentía en su cabeza , en su
corazón, en todo su cuerpo, y que un día trató de aliviar con
aquellas pastillitas que encontró en una gaveta, pero no…no hubo
alivio. Despertó en el hospital , con mangueras en su nariz y
agujas es sus brazos y gente con batas blancas a su alrededor que le
repetían :
_
¡Eso que hiciste es malo! ¡!es pecado!-
-¡Tenés
que ser feliz!.-
Nunca
comprendió porque le decían eso, ella solo quería aliviarse.
Estando
frente a la cabaña, notó que parecía más oscura que de
costumbre, al acercarse escuchó ruidos y gritos , asustada se
escondió, y por una rendija de la pared, vio al viejo amarrado a
una silla, con cara de pánico, y pidiendo que no le hicieran daño,
eran dos hombres jóvenes, uno vestía con camisa amarilla y el otro
camisa azul, los encargados de propinarle golpes y patadas, mientras
que la mujer , que en ese momento le recordó a la Madame del
pueblo, gritaba enfurecida:
-¡
con mi hijita nadie se mete! ¡nadie le hace daño!
-¡
La vas a pagar!-
La
golpiza termino, cuando la mujer dijo:
-Vamos,
creo que ya está muerto-
Permaneció
quieta, como de piedra , con miedo hasta de respirar, para no ser
descubierta, sin sentir nada. Solo se repetía:
-¡Alguien
tenía que hacerlo!
-¡Alguien
tenía que hacerlo!
Casi
de noche abandonó su escondite , regresó a su casa sin atreverse a
entrar al interior de la cabaña .
Esa
noche no fue diferente a las demás, nadie la esperaba, ni nadie
preguntó nada, razón que la eximió de contar cómo había sido
su día, además , pensó: _
_,no
tengo nada que contar, nunca me han creído, esto tampoco me lo van
a creer.
A
los días, llegó la noticia a su casa, de que a su padrastro lo
habían matado y que tenían presa a la Madame y a su cómplice , un
hombre que vestía camisa amarilla el día del arresto.
Ella
solo murmuró:
-¡Yo
ya lo sabía! – ¡Pero falta uno!
Solo
se oyó la voz de la madre que gritó:
¡Ves
que sos loca y que siempre inventas cosas!
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