lunes, 7 de septiembre de 2015
Un gran día
Amanecí en mi apartamento y me desperté cuando tocaron el timbre, de nuevo comenzaron las mariposas a moverse en mi estómago,¡por lo visto no fueron suficientes las que viajaron por mi interior la noche anterior! No en vano, era mi último día de soltera, la última vez que iba a decidir por mi misma lo que haría ese día y los siguientes, ¡estaba nerviosa, tengo que reconocerlo!
El timbre era porque unas personas venían a dejar los toldos. Más tarde sonó nuevamente el timbre, esta vez venían a dejar las mesas; más tarde llegaron unas hermosas y enormes rosas rojas. Llegue a la conclusión que mejor me apuraba porque el timbre no dejaría de sonar ese día, al menos tenía la persona que me ayudaba para que abriera la puerta.
Efectivamente, más tarde aparecieron los del catering y los que prepararían el lugar, yo vivía en un condominio con tres casas y un lugar donde estacionar además de una fuente que adornaba el lugar. Consideré que arreglaría la fuente y mejor me desaparecía y dejaba trabajar a los expertos, que además no estaban tan nerviosos como yo.
Efectivamente puse algunos pétalos de las rosas rojas en la fuente e introduje unas grandes candelas en forma de rosas, que comenzaron a flotar y me fui al salón de belleza, previamente había dejado mi vestido preparado, consideré que ahí yo sólo podía estorbar.
Pasó mucho rato, es más, nunca había estado en ese salón de belleza por tanto tiempo, me peinaron, me hicieron las uñas, me maquillaron y posé para varias fotos. Cuando terminaron no tenía más remedio que regresar a mi casa. Cuando llegué, eso era un pandemonio!, todos los presentes daban órdenes, así que no tuve más remedio que ordenar la situación, mesé citaban un director de orquesta.
Primero revisamos los toldos, cada uno debía estar al lado del otro, de manera que sí llovía no se pasará la lluvia; además debía haber libre tránsito por dentro de ellos, todos debían estar iluminados, de manera que al llegar la noche no hubiera problema. Las mesas debían colocarse una debajo de cada toldo. Una vez cubiertas con manteles sobre cada una iba un globo de florero con flores y una candelita en forma de rosa, más pequeñas pero iguales a las que las de la fuente.
En uno de los apartamentos, que estaba desocupado debían irse los del catering, en el garaje de mi casa debía colocarse la música y en el garaje de mi mamá iba la mesa con un jarrón con el resto de las rosas rojas y las sillas para que se llevara a cabo la ceremonia. Cuando todo estuvo listo, se encendieron las candelas y yo me fui a cambiar, apenas tenía tiempo. No sentía mariposas en mi estómago, no tenía tiempo.
Comenzaron a llegar los invitados, mi casa ya no era mi casa, era un salón de fiestas muy bien arreglado. Cuando todo estuvo listo para iniciar la ceremonia vimos que no era posible porque faltaba la hija menor de Jorge, los hermanos se fueron a traerla y con todo el grupo reunido dió inició la ceremonia.
Mi hijo Francisco dijo unas palabras e invitó a Jorge Jr. a que lo acompañara porque indicó que cuando las parejas tenían hijos los que se casaban era toda la familia.
Todo fue rapidísimo, los familiares y amigos que nos acompañaron estaban muy contentos. Incluidos nuestros seis hijos que observaban la felicidad en el rostro de Jorge y en el mío.
¿Qué puedo decir hoy, casi 20 años después? Qué quizá el nerviosismo se debió a que esta vez iba pensando seriamente en el matrimonio. Nunca, en mis años como esposa he sido tan feliz, siento que mi vida es plena, tengo a mi lado no sólo al esposo, sino también al compañero que día a día me sorprende, es con él con quien quiero terminar mis días. Nuestros hijos también se sienten felices de nuestra unión, ellos pueden seguir sus vidas sin pensar en sus viejos, porque cada uno de nosotros cuida del otro
Olga Emilia Brenes
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