lunes, 14 de septiembre de 2015

De rey del Soul a un harapo:





El viernes 7 de julio de 2015, entre las 2:00 ó 2:30 de la tarde caminaba de este a oeste sobre la avenida Juan Rafael Mora Porras y, tal y como ha sido la tónica de éstos días bajo un sol abrazador y radiante. A dicha hora me encontraba entre calle 9 y 11 cuando diviso una silueta; es un hombre de tez negra, desgarbado, andrajoso, sucio y maloliente.

Él es fácil de identificar porque sobre su espalda carga un saco de plástico dentro del cual se encuentran todos sus chunches, se detiene, mira para un lado, mira para el otro, intuyo que en busca de un sitio donde “dormir”.

Dentro de aquél saco carga no solo todas sus pertenencias y haberes, también sus sueños, ilusiones, y anhelos; frente a una de las ventanas de la Farmacia Chavarría se acostó boca arriba, para ello colocó bajo su cuerpo aquellos raídos coletos que traía sobre su encorvada espalda.

En ése momento pensé, ¿por qué ése negro que en alguna época de su vida fue famoso, hoy está en esas condiciones?, ¿qué lo llevó a deambular por las calles con una serie de objetos colgando de su cuello?, ¿por qué cambió su vida y la de su familia?, ¿qué razones lo llevaron a la indigencia, dejando de lado los micrófonos?, ¿él se volvió un hombre tan misterioso y enigmático?, por eso siempre me atrajo y si me lo permite voy a conversar con él.

Mientras me aprestaba a llenar todas mis interrogantes, observé a las personas pasar de un lado hacia otro, casi majándolo, sin siquiera inmutarse por las condiciones deplorables en que “vive”. La gente pasa y no le da importancia a un hombre que pasa desapercibido para una sociedad que se ha vuelto insensible ante la adversidad y el dolor de muchos congéneres que como él viven en esas condiciones.

Lo recuerdo cuando fue famoso, hablantín, dicharachero; hoy es una persona que prácticamente no habla con nadie, vive distraído y fuera del mundanal ruido, es como un alma que deambula por las calles de manera solitaria, él se convirtió en un harapo en el camino, olvidado en la selva de una Costa Rica donde muchos de sus habitantes ya no son solidarios y les importa un bledo el dolor ajeno.

Hoy San José es una ciudad de contrastes donde algunos pocos tienen mucho y muchos tienen poco, por eso es que, un hombre con sus ropas raídas, brillantes y decoloradas no le importa a nadie, él es producto de sus propios desaciertos y como si fuera un malandrín busca protegerse de las inclemencias del tiempo.

Ésa tarde me dije, hoy es mi oportunidad para hablar con él; por eso sin más, me agaché y le dije “¡¡hola!!”, amablemente me tendió su mano derecha con un guante de color negro que le cubre hasta los nudillos dejando por fuera sus dedos callosos y quemados por el alcaloide que contiene el crack que durante muchos días, semanas, meses y años ha consumido.
Le dije usted es All Brown el que otrora fuera famoso cantante de soul y del calipso, me respondió –sí, soy ese que se paseaba por toda Costa Rica, Centroamérica, México y más allá, llenando salones de baile y hoteles-, soy el mismo, pero todo quedó atrás, mis amigos, conocidos, familia, todo.

All, qué sucedió en su vida, a qué obedece el cambio tan radical de aquél hombre bien vestido y con un gran caché al actual, -“si usted recuerda en los 70s y 80s, era un cantante renombrado y muy conocido , mi nombre aparecía en las marquesinas de las discos, en los afiches, daba entrevistas en televisión, periódicos, en fin, era una época muy linda-“; hace un paréntesis, respira hondo y continúa –“sobraban las mujeres, el dinero, las amistades, la fama, las fiestas,…..”- era un bohemio empedernido.

¿Entonces, qué pasó contigo? –“me dejé llevar, los cantos de sirena me envolvieron, no pensé en lo que me estaba involucrando y los vicios me tomaron, me volví impotente ante las drogas y el licor que como fantasmas aparecieron en mi vida, me distraje y me arrastraron al punto que hace 27 años abandoné a mi esposa e hijos, desde entonces éstas calles son mi mundo, aquí vivo y me divierto”-.

Cómo que se divierte, -“claro, me río y me pongo a filosofar conmigo mismo, si tengo que comer lo hago, si no tengo, pues que le voy a hacer, mientras tenga para la mota y la piedra estoy bien, aquí estaré hasta que el diablo me lleve, hasta que él se acuerde de mi”-. ¿Cómo que el diablo? -“claro ése es mi compañero y es quien me protege, acaso no es así-, -si usted lo dice, yo no lo creo, pero tengo que respetar su manera de pensar-.

All, es un hombre en el que las drogas han dejado sus huellas, de ahí los surcos que se dibujan en su rostro, ya no es ni la sombra de lo que era, está desdentado y desapareció aquella hermosa sonrisa que le caracterizó y cautivó a muchas mujeres, lo que si mantiene es aquella mirada penetrante y su voz aguda.

Así, transcurrió el tiempo de conversación con aquél hombre de tez negra que vive en las calles de nuestra capital en espera de que a sus 77 años la muerte se apiade de él. El conversatorio lo finalizamos con un roce de manos, no sin antes darle una moneda que me pidió para seguir consumiendo esa maldita droga que ha traído mucho dolor y lagrimas a miles de familias en Costa Rica y el resto del mundo.

Mientras esa realidad se vive y experimenta en nuestras calles y avenidas, en la Asamblea Legislativa se discute un Proyecto de Ley que quiere legalizar la mariguana, droga blanda que termina por convertirlos en consumidores de otras más fuertes, arrastrándolos hasta perder la dignidad que como seres humanos tienen, más el consabido dolor y el abandono que le transmiten a sus familias.


Ricardo Jiménez García
Carné-PIAM 04026

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