El
camino de …
Con mucha nostalgia recuerdo el camino a la
escuela y al colegio.
Antes de las 7 de la mañana, salía yo con rumbo
a la escuela con mi uniforme de enagua azul de paletones, blusa beige
y un pañuelo al cuello en forma de triángulo de color rojo con un
borde azul, que eran los colores de la bandera de la Escuela Vitalia
Madrigal. Esta quedaba en el lado norte de la cuadra que ocupa el
Colegio Superior de Señoritas, que fue luego mi colegio.
Fueron ocho años de hacer el mismo recorrido,
recuerdo algunas cosas vividas entonces, como aquel día que iba muy
concentrada en mi ruta cuando de pronto de una casa salió corriendo
un hombre que se acomodaba el pantalón y la camisa, detrás salió
una mujer desnuda que trataba de ponerse una bata y que gritaba ¡se
va sin pagar, se va sin pagar!, detrás de ellos salieron dos hombres
que corrían para alcanzarlo. Claro que en ese momento de mis 8 años,
yo no entendí que había pasado pero la escena quedó grabada en mi
memoria.
También recuerdo haber hecho ese recorrido de
regreso de la escuela en la que me había caído hiriéndome la
frente y me pusieron una gasa pegada con esparadrapo y recuerdo ir
muy orgullosa como si tuviera una condecoración.
No podía faltar el recorrido con cara triste
debido al dolor de oído que me daba con mucha frecuencia. Pero el
peor recorrido fue el día que nos hicieron la fiesta de graduación
de sexto grado. Íbamos estrenando vestido y por supuesto muy alegres
pues la habíamos esperado con ansias. Las maestras para amenizar la
fiesta llevaron un conjunto de jóvenes que tocaban diferentes
instrumentos, y cuando los vimos tocar y nos dimos cuenta que eran
ciegos comenzamos a llorar y no paramos durante toda la fiesta, así
que el regreso a casa fue lleno de sufrimiento y pesadumbre pues
nuestra fiesta había sido un fracaso.
Cuando pasamos al colegio las salidas hacia la
casa eran diferentes, pero algunas compañeras eran las mismas.
Regresábamos en grupos, pero era de rigor salir por la puerta
principal del colegio, que era donde estaban los alumnos del
Seminario en la esquina norte y en la del sur estaban los del Liceo
de Costa Rica, así íbamos hacia nuestras casas, cambiando un poco
el recorrido pues ya no viajaba por la calle 7, sino la 9 que era la
del Paseo de los Estudiantes para toparnos con los que salían del
Liceo.
Esto duró hasta mis 15 años cuando mi papá
compró una casa y nos mudamos a otro barrio. A pesar de que seguí
asistiendo al mismo colegio, cambiaron mis amigas del recorrido
colegio-casa.
Carmen Brenes Protti
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