lunes, 7 de septiembre de 2015

Era un día de otoño.


Los árboles inician su muda de color hacia el rojo brillante  y el amarillo, es decir, los que no son los altísimos pinos porque esos conservan, no sólo las hojas, sino el verde cada vez más intenso.

He caminado por la orilla de un río, en este lugar se aprecia el cambio de color, porque los Sauces (willows) necesitan humedad y sólo ahí crecen, de camino he visto una cantidad de álamos temblones (aspen) que se ponen amarillos en el otoño. Pero no sólo esos árboles muestra su color, hay una enorme cantidad de pequeñas plantas bajo los árboles, que han mudado a brillantes y claros colores.

Algunos  árboles han botado sus hojas, entonces se ven las ramas que forman arabescos en el bosque, unos nudos muy elaborados y verdaderamente marcados, después los que no han logrado botarlas, han cambiado su color. Las flores a la vez son muy brillantes y adornan el paisaje con su color y su magnificencia.

El clima es templado, tirando a frío, ya no se puede andar con pantalón corto como en el verano, pero tampoco es necesaria la ropa  muy pesada del invierno. A veces viene un chubasco y hay que guarecerse porque uno queda empapado en pocos minutos; en pocas palabras se necesita un sweter y blusas de manga larga. El sweter puede ser tan gordo como sea uno de friolento, eso si, es conveniente tener botas y guantes por sí el frío aprieta.

El común de la gente se ve muy contenta, han dejado atrás el sofocante calor del verano y las lluvias incesantes de la primavera, el frío del invierno se ve aún algo lejano, pero eventualmente traerá consigo la Navidad y los bellos adornos de las tiendas.

En fin, el otoño es una linda época en los países donde se observan las cuatro estaciones.
Olga Emilia Brenes

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