miércoles, 13 de mayo de 2015

Caminando los Parques Nacionales,Chirripó ..

 Por: Roberto Aguilar Q.
El día 28 de abril del año 2012 empezó la aventura. De madrugada, con Melania mi hija de 22 años, cargamos en el carro con la indumentaria, el paquete de primeros auxilios, y los víveres para pasar lo más cómodos posible, antes y durante la osadía de tomar los senderos del Parque Nacional Chirripó. La meta, que habíamos establecido, con al menos 6 meses de anticipación… era conquistar la cumbre más alta de Centro América, el Cerro Chirripò que está a 3820 metros sobre el nivel del mar.

Los años previos a estos seis meses de preparación, el solo intentar esta proeza sería solamente un proyecto con muy pocas probabilidades de éxito, si tomamos en cuenta que nunca fui muy deportista. Además, fui fumador por más de 35 años y aunque no considero que estaba obeso; tenía un sobrepeso de al menos unos 15 kilos. Desde el mes de agosto del año 2011, inicié mi preparación física por las calles de mi barrio, las cuales tenían partes planas, como también cuestas moderadas. En la parte más alta del barrio se encontraba una escalinata por  la cual subía y bajaba 3 veces, a un ritmo firme y constante. Fundamental para lograr el objetivo, fue que ya tenía 3 años de haber dejado de fumar. El entrenamiento fue arduo e intenté hacerlo temprano en las mañanas para así aprovechar los mejores aires y en mi caso, el mejor tiempo del día para actividad física.
En San Gerardo de Pérez Zeledón, nos quedamos en un albergue que tiene un amigo, y que se encuentra como a 1 km de la entrada al parque. Descansamos la noche y nos levantamos a las 4:00 am, junto con otros 6 amigos que, al igual que nosotros, estábamos determinados a subir y conocer el Cerro. Iniciamos el ascenso hacia la entrada del parque aún de noche como a las 4:45 am. 

En su capacidad máxima de visitantes, el parque es prácticamente de uno durante el trayecto a el Refugio Los Crestones, que es la parada obligada del primer día de visita en nuestro itinerario. Es muy poca la gente que se  encuentra bajando o, según la velocidad de subida, que alcanzas. Inclusive de los compañeros de viaje que iniciamos la aventura en bloque, se van separando cada uno según su ritmo y su preparación. No es de esperar que tanto la terapia emocional, como la espiritual experimentada por cada transeúnte, sea similar a la que uno experimenta durante toda esta experiencia. No hay dos personas iguales, tal vez las hay parecidas y las probabilidades que te encuentres a tu alma gemela en el trayecto es bastante escasa. No obstante lo anterior, El Parque Nacional Chirripó le hará lo mismo a todos. El que lo conquista, no baja siendo la misma persona. Hay algo espiritual y mágico en ese lugar que cambia a la gente en su primer día.
Al final de este día, ya en el albergue, nos reciben en la oficina de los guardaparques donde tenemos que registrarnos y brindar la información de oficio, que ellos deben tener de sus visitantes. Se aprovecha para que sean los expertos los que recomienden cuales son los mejores consejos con el fin de pasar la mejor estadía y visita. Las facilidades y el servicio en este albergue, superó en casi todo, mis mejores expectativas. Dormitorios y baños limpios, la comida contratada al hotel y servida por ellos, rica, sustanciosa y saludable. El comedor es visitado también por personas que llevan sus propios alimentos. Después de la cena la mayoría, aprovechamos para conocer a los demás caminantes, sus cuentos y anécdotas; de la proeza recién terminada en el primero de los 3 días en nuestro parque. También aprovechamos para conocer a los veteranos y pedirles su opinión para planear nuestro segundo día. Esa información y una autoevaluación de la forma como cada uno se va sintiendo para amanecer con la decisión de cuál de los diferentes senderos se pueden tomar de acuerdo a mi condición y capacidad y desde luego, esperar el decreto divino de cuál será la condición atmosférica que nos va a regalar. Decidimos finalmente, salir de madrugada para el trayecto de 2  horas y media hasta el mismo Cerro Chirripó. El objetivo, lograr estar arriba entre las 5:30 y 6:00 am. y así, ser testigos de lo que prometía ser uno de los más bellos espectáculos naturales que un ser humano pueda experimentar.
Con esa expectativa en mente iniciamos la caminata puntualmente. Era una noche muy oscura y estrellada, por lo tanto nos ayudamos con focos para seguir el sendero. Durante el trayecto pasamos por el Valle de los Conejos que a esa hora de la madrugada, cuando empieza el claro pero aún no sale el sol, brinda la sensación de estar en otro planeta. Un planeta amigable con vegetación escasa, temperatura muy baja para un josefino como yo, pero cómodamente equipado con buen abrigo, gorra de invierno con orejeras, y por supuesto, los guantes que no pueden quedarse olvidados. Con el fin de vigilar el paso y evitar un tropiezo, voy concentrado en el camino viendo y siguiendo el talón del caminante de adelante. En algún momento vuelvo a ver en derredor y me siento encandilado por un pico iluminado, como en llamas. Se van iluminando en minutos otros picos y cerros del lado oeste del valle. Lo cristalino de la vista es formidable, a esas alturas sobre los 3000 MSNM el aire es limpio, sin partículas que nublen la vista en forma alguna. El páramo maravilloso se va descubriendo a cada paso que vamos dando hasta que llegamos a divisar el Cerro Chirripó, imponente y desafiante. El Cerro debe ser un macizo de unos 100 a 120 metros con un grado de pendiente de unos 45 grados. Del lado Izquierdo, más abajo hay dos lagunas y del lado derecho hay un pequeño valle y al final de este otro cerro. Un sorbo de agua, tres respiraciones profundas y a escalar.
Empiezo a subir despacio, con cuidado de no resbalar, paso a paso firmemente. Recordé lo que se hablaba en el albergue la noche anterior, que como recomendación, era mejor no voltear a ver para atrás. Atendí esa recomendación como hasta la mitad o alrededor de 50 metros. Me detuve, tomé agua de la cantimplora, tomé; porque la vista me obligaba a hacerlo, tres o cuatro fotos de los alrededores, y continué. La segunda parte de la escalada, la subí sin contratiempos y se me hizo bastante corto el trayecto.  Al llegar arriba, encontré un grupo de gente muy alegre. Había fiesta y algarabía entre las 6 o 7 personas que nos encontramos en el angosto pico de unos 30 metros cuadrados. Medio tambaleante por el esfuerzo y por esa sensación de estar en la cúspide de Costa Rica y de Centroamérica; por momentos me sentí un poco diferente, como mareado. Prefiero sentarme un rato y me levanto nuevamente para exclamar desde muy adentro: Dios mìo que es esto tan grande, una maravilla! Al norte se pueden ver entre otros picos, muy claramente el Volcán Turrialba que ese día estaba emanando una vela constante de vapor blanco; muy blanco como una nube. Mirando hacia el este, el gran Valle del Atlántico y como una espada plateada una extensión de considerable tamaño de la costa del Caribe. Hacia el oeste, se divisan muy claramente los cerros que se fueron iluminando por el sol unos minutos atrás, las lagunas abajo y entre unos cerros hacia el noroeste la posición donde a otra hora del día, nos indican, que se podría divisar la costa del Océano Pacífico. En esa misma ubicación pero volteando hacia el sur, fui testigo de la más formidable vista de la cordillera de Talamanca que se puede tener desde cualquier sitio. Con un conocimiento un poco más profundo de geografía o con la ayuda de un mapa, se habría podido identificar desde ese punto, los cerros más altos de la gran Área de Conservación de la Amistad, hasta bien adentro de Panamá. El Cerro que pude divisar con ayuda de un conocedor, fue el conocido Cerro Kamuk. El rato dio espacio para la calma y la introspección hasta que, se aproximaron las nubes y la niebla, proveniente del suroeste que nos avisó que debíamos apresurarnos a bajar el cerro para contar con algo de visibilidad.
Caminamos despacio y llegando al Valle de los Conejos de regreso al albergue, nos encontramos un rótulo con indicaciones de otros senderos, además del que conducía al refugio. Me sentía aún con energía y decidí tomar, solo, el sendero hacia Los Crestones.
La subida a Los Crestones por el lado del Valle de los Conejos, es un ascenso con una pendiente difícil pero posible, para una persona de mi condición física. A pesar de este gran esfuerzo, y de que el clima en estas alturas es impredecible, la experiencia, en retrospectiva, fue extraordinaria. Como todo en estas alturas y escenarios, se despliegan ante mis ojos, vistas fascinantes. Poliedros enormes como edificios de otro planeta con filos semejando formaciones metálicas, son comunes. También y contrastando con las anteriores estructuras, vemos esferas, casi perfectas, talladas por los elementos del agua, viento y otros; a través de cientos de miles o millones de años. En el medio de formaciones rocosas diversas, de arbustos poco comunes, según mi experiencia y plantas con florecillas de varios colores, que nunca había visto antes, forman el hábitat de pequeños mamíferos como conejos y reptiles que se encuentran en estas alturas sobre los 3000 MSNM.
El viaje de 4 días y tres noches es el más corto que se recomienda. Para aprovechar todo el esfuerzo de la subida y caminar otros senderos fascinantes,  obliga al visitante a prolongar en un día adicional, la estadía. Para hacer lo más placentera esta aventura,  se recomienda hacer una lista de preparación previa. Esta preparación, no solo debe ser  a nivel de acondicionamiento físico, sino que además, se debe pensar y considerar muy bien lo que se lleva, con cuidado de no excederse. Existen algunas de estas listas preparadas por expertos senderistas que ayudan mucho con este objetivo y de esta forma, llevar justamente lo necesario para pasarla bien y cómodo. De las personas que conozco que han hecho el viaje, no sé de nadie que se haya arrepentido de hacerlo. Muy posiblemente nos toparemos con alguna que otra persona que lo haya hecho y que no lo recomienden, pero me atrevo a adelantar que ha de ser por el motivo expresado anteriormente de falta de preparación. Estamos de acuerdo que esta es una aventura y es una aventura extrema para cualquier edad. Encontraremos personas que no les atraen estas actividades. Otras no saben si les gustan o no porque nunca han hecho algo parecido. Todas esas razones son respetables
Si usted es una persona, sin importar la edad, que le gusta descubrir y descubrirse o conocerse mejor; esta actividad del senderismo, es ideal para usted. Para empezar, como yo lo hice, hay que mentalizarse y convencerse de los beneficios de disfrutar del aire libre. Una buena forma de empezar, es visitar, una vez al mes o con mayor frecuencia, un parque nacional. Caminar los senderos más cercanos a la entrada al parque e ir aventurándose e ir descubriendo metas más ambiciosas, con calma, sin apresurarse. Simultáneamente, caminar frecuentemente. Dejar su medio de transporte de lado y empezar a caminar que es un excelente ejercicio. Cada día vamos sintiéndonos y viéndonos mejor. Ese es el inicio de un cambio hacia verdadera calidad de vida. Pronto, muy pronto y en menor tiempo del que te imaginas, estarás descubriendo lo más hermoso que tiene nuestro país, que son los parques nacionales y vivir abundantemente haciéndolo.
En mi caso, quedé más que convidado a hacerlo tantas veces como mi vida me lo permita. Hay que tener presente que todo esfuerzo requiere de una motivación. La meta en sí, conquistar un emprendimiento emblemático como es el Chirripó, fue primordial para empezar motivado. Como efecto colateral de caminar al aire libre, fui notando una mejora en mi condición física que se reflejaba positivamente, en mi vida cotidiana. Amanecer con más energía y mayor positivismo ha sido el resultado de haber logrado emprender y lograr esa meta. De una manera natural y espontánea fui reduciendo mis malos hábitos. El acondicionamiento físico se ha vuelto una rutina. Día a día me he propuesto metas y estas van aumentando en proporción directa a mi edad, cuando lo normal es que en estos asuntos de esfuerzo físico, la relación con la edad, es la inversa. Hoy a mis 62 años, camino o corro 4 o 5 días por semana. Puedo decir, sin exagerar, que me siento mejor que hace 30 años cuando estaba lleno de todo menos lo importante. Estaba lleno de trabajo y más progreso económico, lleno de tabaquismo, alcohol y lágrimas,  lleno de estrés y de muchas otras cosas que se presentan en la vida, las cuales resultan ser inconvenientes porque van quitándote minutos, horas y días, sin darte cuenta.
Casi en paralelo con los cambios positivos a nivel físico, viene un cambio en el yo interno. El alma, ese componente del ser humano que pasa inadvertido por la persona que viene entrando del siglo XX, empieza con una experiencia así, a sentir su presencia. Cada paso durante este trayecto de 16 kilómetros situados desde la entrada al parque hasta Refugio de Los Crestones y al día siguiente la conquista de la meta. Conforme el trayecto y sus maravillosos parajes van haciéndose tuyos y el cansancio va ocupando tu energía física, el espíritu te va llenando. El saco pesado que cargamos con los sentimientos negativos, dudas existenciales, y tu propio enemigo interno que te dice, yo no puedo, se va vaciando y atrás van quedando en el sendero, sin dejar rastro.


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