Un domingo de junio, Sarai venía de regreso a su país
saliendo del área de Kurdistán en el Norte de Iraq, había
servido como misionera tres años. En ese tiempo, los aviones
comerciales no hacían escala en Bagdad debido a la presencia de
Saddam Hussein, por eso viajó en autobus desde donde
ella vivía pasando una noche en Duhok, para luego continuar
hacia la frontera con Siria.
Al
llegar a la frontera iraquí, cruzó en una lancha para llegar a la
frontera con Siria. Como ella trabajaba con una organización no gubernamental tenía el permiso
legal de su permanencia en Kurdistán, pero antes de cruzar, el
permiso le fue retirado, al llegar a la frontera de Siria le
aprobaron otro permiso para poder continuar el viaje hacia Damasco.
Cuando ya se encontraba en territorio sirio, quiso tomar un vuelo
interno para viajar más rápido hacia Damasco, pero no encontró
cupo. Debido a este contratiempo compró un tiquete para viajar en
bus, el viaje duró 11 horas y tuvo que viajar sola en una cultura
donde la mujer no lo hace, llegó a Damasco un martes alrededor de las 6:00 a.m.
Una
vez en Damasco, se dispuso a hacer la reservación en el hotel para
descansar por dos horas del agotado viaje, desayunar, y
luego ir a la Oficina del Partido de Kurdistán alrededor de las 8:00
a.m, allí se encargarían de tramitarle la visa de salida ya que
su vuelo de regreso estaba planeado para el domingo de
esa misma semana y debía hacer el trámite rápidamente.
Al
llegar a la oficina respectiva, el funcionario le indicó que no
podía tramitarle su visa en tan pocos días ya que tenía alrededor
de 300 pasaportes antes que el suyo. Sarai estaba enojada y en
silencio sin poder expresar a gritos lo que sentía en ese momento.
El
encargado le recomendó que fuera directo a la Oficina de Migración
para realizar el trámite y le indicó que no se preocupara porque
no tendría ningún problema. Como Kurdistán no es una nación,
ella no tenía la evidencia en su pasaporte de que estaba en el
Kurdistán Iraquí, porque le fueron retirados ambos permisos en cada
frontera, por lo tanto estaba ilegal en Siria ya que su visa estaba
vencida. Confiadamente ella se dirigió a Migración, llenó los
papeles correspondientes, dejó su pasaporte en trámite, y lo
recogería el día jueves en la mañana de esa misma semana. Llegado
el día jueves, se dirigió a Migración pero cuál fue la sorpresa
que le comunicaron que no estaba listo y que se presentara hasta el
sábado a las 9:00 a.m. para retirarlo. Sarai con sus emociones
encontradas de que su vuelo salía el domingo y su pasaporte no
estaba listo, sin poder expresar y queriendo decir lo que sentía
debido a las circunstancias se retiró en silencio y regresó al
hotel. Decidió hacer una llamada a su país de origen informándoles
lo que estaba aconteciendo. Las instrucciones que recibió fueron que
ella debía hacer todo lo posible por sí misma para salir de Siria
por sus propios medios ya que no podían enviarle a otra persona para
ayudarle debido a los costos y que debido a que no le entregaron su
pasaporte se encontraba ya en problemas serios.
Después
de realizar esta llamada se dirigió a la Agencia de Viajes para
confirmar su vuelo de regreso el domingo 11 de junio, explicando que
no tenía su pasaporte porque estaba en trámite su visa. Tal fue la
suerte que le confirmaron su vuelo sin contratiempos. Una vez en el
hotel con sus emociones en bonanza y descargando toda la presión se
dispone a hacer una llamada para saludar a la familia kurda que se
encontraba en Siria en ese momento. La familia le invitó a que se
quedara con ellos para que no estuviera sola en el hotel. Recibió
con tanta alegría esta noticia que ni lo pensó 2 veces, se dispuso
a cancelar la reservación ese mismo jueves y no se percató de
informar a su país de origen que iba a realizar un cambio, de modo
que no sabían dónde ella se contraría después. Estando ya en la
casa de la familia les explicó sin mucho detalle que el sábado en
la mañana recogería su pasaporte, e iría a un banco por unos
dólares y regresaría para almorzar con ellos y compartir el resto
del día.
Sarai
con mucha alegría y expectativa se dirige a Migración el día
sábado 10 de junio a las 9:00 a.m. para recoger su pasaporte y pasar
el resto del día compartiendo con la familia. Al llegar a la Oficina
de Migración le indican que vaya al segundo piso y que espere a ser
llamada para recoger su pasaporte. Se dirige con mucho entusiasmo a
retirarlo ya que su viaje de regreso es el domingo a las 7:00 a.m.
Cuando la llaman por su nombre y pasa a la oficina respectiva se
encuentra con la sorpresa que le indican que queda detenida, le toman
las huellas, la esposan y le cuestionan de que, que hace una mujer
tan joven en Siria y que viene de un país tan lejos. En ese
momento, sintió un escalofrío desde su cabeza hasta sus pies, un
sin número de emociones encontradas al mismo tiempo que ustedes no
se pueden imaginar. Por unos segundos quedó atónita y todo lo que
pasó por su mente en esos instantes fueron momentos de angustia,
temor, ¿cómo salgo de aquí?, ¿qué les digo?, ¿qué hago?, estoy
sola, no me puedo desahogar, ¿cómo me defiendo?, ¿quién me
ayudará?, un sin fin de pensamientos sin poder expresarse en alta
voz: He perdido mi libertad, estoy presa, en unos instante estaba
libre y ahora detenida. Lo único que se le ocurrió fue decirles que
necesitaba un traductor, lo que le respondieron con un fuerte ¡NO!,
usted está detenida, será investigada, si usted es judía está en
graves problemas vaya con ese policía.
Ustedes
no se pueden imaginar, ella salió de esa oficina esposada, perdió
su libertad, sin poder hacer nada, con sus emociones encontradas, la
subieron en un taxi y la llevaron a la Corte Suprema de Damasco, una
vez allí, la condujeron 3 pisos hacia abajo en un sótano, una
especie de cárcel temporal donde observó que habían hombres con
cadenas en los tobillos y en el otro lado, mujeres tras las rejas.
Estuvo ahí todo el dia, sin poder comunicarse con su país de
origen, sin poder comer, con sed y tampoco poder llamar a la familia
kurda para avisarles dónde se encontraba. ¡Qué angustia!, sin
poder hacer nada.
Pasan
las horas y a las 8:00 p.m. muere el Presidente de Siria, se paraliza todo en el país, Sarai en la mañana temprano
tenía compañía y ahora se encuentra sola, tras las rejas y rodeada
de policías musulmanes.
En
su angustia y hambrienta hace una oración personal a Dios en su
mente con los ojos abiertos, cuando en su propio país podía cerrar
los ojos sin temor y expresarse libremente, era el único recurso
disponible en semejante situación pero efectivo para que algo
sucediera y pudiera salir de ahí. A las 9:30 p.m. baja un policía y
la llama por su nombre y la conduce al primer piso. Le comunican en
una reunión que ya la investigaron, que tienen la información de
que estaba trabajando con una organización internacional en
Kurdistán, que queda libre y mañana Domingo la deportarán a su
país. Sarai, mujer previsoria tenía en su bolso el tiquete de
regreso, por lo cual lo mostró y les dijo que no era necesario
deportarla, que ella podía estar en el aeropuerto temprano, lo cual
aceptaron y le entregaron su pasaporte con la visa de salida. En ese
instante, experimentó nuevamente multitud de emociones, de tristeza
a alegría, de detenida a ser libre, de presión a bonanza, salió de
ahí, tomo un taxi y regresó a las 11:00 p.m. de vuelta a la casa y
le contó a la familia todo lo sucedido y en medio de su cansancio
preparó su equipaje para regresar a su país de origen en la mañana
del domingo, en un vuelo de 19 horas.
Por Marta
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