miércoles, 13 de mayo de 2015

Cuando al alma le falta abrigo



La fría brisa del mar  me invade y me acurruco en mi bufanda de lana.

Las olas vienen y van y yo me abandono al juego; corro tras ellas cuando se alejan, escapo cuando se acercan. Me absorbe el susurro entre las piedras y el agua. De pronto irrumpen en escena los pelícanos desplegando sus alas, planeando y luego haciendo sus clavados. También hay gaviotas con la pechuga blanca que observan. A veces vuelan y regresan.

Este paisaje me sobrecoge y pienso que en realidad es el mejor lugar para instalar el Memorial para los Desaparecidos, aquellos que lanzaron al mar durante la dictadura. Aquellos para quienes su último viaje fue un vuelo hacia las profundidades del océano y descansan entre suaves algas y líquenes dorados.

He caminado largamente esta playa y se me ha ido el tiempo sin darme cuenta, estoy aquí hace mucho recorriendo mi vida, escudriñando escenas pasadas, imaginando. No quiero romper este momento que también es casi como un homenaje para ti Papá, para ti Claudio y me siento en una roca.

Me vienen a la mente esas palabras de homenaje de un familiar a sus desaparecidos…es preciso restituir la presencia de los ausentes, rescatarlos del olvido y de la indiferencia a los muertos

Cuando empiezan a envolverme los celajes de la tarde siento que alguien me habla: - ¿señora quiere pan?

Una mujer me ofrece sonriendo un canasto cubierto con una diáfana tela blanca y aunque no tengo hambre ¿cómo no voy a comprarle? si las familias de esa caleta de pescadores son las que están organizando la instalación de esa especie de museo bajo el agua, para nuestros queridos desaparecidos.

Entonces le digo:- si quiero pan, pero sobre todo necesito un tecito caliente.
-vamos, me dice, soy muy pobre, pero en mi casa nunca falta el agüita hirviendo.

EVELYN SILVA PERALTA

No hay comentarios:

Publicar un comentario