lunes, 15 de mayo de 2017

Por esos días había llovido mucho


Maureen Hidalgo  
Por esos días había llovido mucho el Huracán Thomas azotaba las Antillas y nos afectaba con fuertes aguaceros. La Comisión Nacional de Emergencias nos instruyó en caso de una avalancha o deslizamiento con una charla y un simulacro.
 Ese día era miércoles, pero no era como cualquiera, la lluvia no cesaba y al llegar la noche el Rio Agres que pasa detrás de mi casa estaba muy crecido, tanto que la corriente entraba casi cuatro metros en el patio de atrás y el nivel había subido casi metro y medio cosa que en 25 años nunca observamos. Gracias a Dios la casa está a una altura que el agua no la alcanzó.  Al ser aproximadamente las 8 de la noche el pánico se había apoderado de mí, por lo que mi familia previendo una tragedia decidió salir, recogimos los papeles del seguro y a la perrita y nos subimos al carro, ya a esa hora no había luz por lo que era imposible ver que estaba pasando. Cuando llegamos al puente que está a 50 metros el rio pasaba por encima con gran fuerza por lo que no nos atrevimos a cruzarlo. Decidimos irnos por las callecitas aledañas que en ese momento eran pequeños arroyos, nos dirigíamos al centro de Escazú, pero en la oscuridad   y con la lluvia todo era  desconocido, llegamos a Bello Horizonte y vimos un carro que colisionó con un poste y lo había derribado por eso no teníamos electricidad, continuamos hacia el centro pero nos encontramos otro puente y el agua con barro bajaba por una pendiente la corriente arrastro el carro por unos breves instantes y pudimos sentir como las llantas se despegaron del suelo, logramos atravesarlo y nos estacionamos cerca de la iglesia a esperar que dejara de llover, confiando en que Dios nos iba a guardar.

¡Oh Dios! Está lloviendo….



Aunque esos días había llovido mucho….. En realidad aquí lo extraño es que no llueva, por eso no

sé qué me puede extrañar que esos días mentados lloviera mucho….Es curioso esos días llovió, y

hoy, y probablemente mañana lloverá. De lo cual estoy casi segura….entonces, donde me lleva

esto, no lo sé, pero desde luego a un pensamiento trascendental no, es o es fijo…..no sé porque

estoy pensando que mi cerebro anda el pobre un tanto desparramado, tal vez por tantos días de

lluvia que han pasado y los que te rondaran morena, como dicen en mi tierra. ¡Pobre de él que no

sabe en este momento que es lo que estamos haciendo…Bueno hagamos un paréntesis.

Pensemos, pero juntos los dos, no yo por un lado y tú por otro, seriedad ante todo, demuestra que

eres un cerebro de categoría, no como yo que estoy nadando medio ahogada en el aguacero, de

estos días….de ¿ cuáles? De los días pasados de los que están pasando o de los que vendrán…..Lo

ves ya me he liado otra vez y tu callado y en silencio oyendo llover(a lo peor se me durmió el

cerebro) y yo estoy por mi cuenta diciendo cosas que ni yo entiendo, ¡Espabila señor cerebro mira

que ya estamos, quedando en ridículo, que descoordinación la nuestra, mira que yo, hasta ahora

me doy cuenta, que ni contigo consigo ponerme de acuerdo….. ¡En fin! Terminemos este diálogo

de sordos, y pongámonos a una, somos uno solo tú y yo, no enredes más. Estábamos diciendo,

que en estos días había llovido mucho…y eso que problema es, yo no sé si a ti te importa que

llueva o no, no creo porque tú no te mojas, yo sí, pero veras….a mí me importa un comino no voy a

salir. Esto ya se está saliendo de razón, que era entonces lo que estábamos haciendo, pues yo no

sé, y creo que tú tampoco. ¡Oh Dios ¡estoy discutiendo conmigo misma, y no me pongo de

acuerdo. Bueno lo voy a dejar, pues estoy hecha una bola y ya me duele la cabeza de

pensamientos tan profundos, tenidos en un día de lluvia, a cuento de que en los días pasados

llovió mucho.¡oh dios! está lloviendo, que cosas…no me había dado cuenta.

Antonia Morales Diez.U.C.R. Piam

La Gotera





Rolain Borel

Les hablo de tiempos casi inmemoriales, cuando las lluvias eran auténticos aguaceros, temporales de semanas, reminiscencias del diluvio de antes de la guerra, no esas medio-lloviznas de hoy, con un clima trastornado, que ni garúas engendra. En aquel entonces los palos de agua se confabulaban con nieblas espesas, verdaderos fantasmas que languidecían agarrados a los flancos de las montañas.

No había escampado en días, cuando nos tocó con mi esposa recibir en el aeropuerto a mis suegros, quienes venían de visita. Recién casados y algo faltos de plata, nuestro gajo respondía al presuntuoso nombre de Mehari, un pariente lejano de la inmortal Citroën 2CV (para mayor precisión, el carro del papá de Mafalda). Además el chunche tenía un problema de identidad, porque la apelación de Mehari evocaba más bien las inmensidades del Sahara, un lugar, como es notorio, que de cataratas no sabe nada. Tampoco sabía de tempestades ticas nuestro carruaje.

Salir de San José no fue un problema. Pero apenas pasado Cartago, con noche cerrada, la situación se complicó, cuando nos adentramos en el escabroso y angosto camino a Turrialba y nos recibieron las nieblas y las trombas propias de estos parajes. Tal era el baldazo, que poco a poco se formó una poza en la lona de nuestra bestia de carga, tanto así que comenzó a gotear dentro del carro, primero poquito, luego a chorros. Mis suegros, acurrucados en el asiento de atrás, asustados por las vueltas abismales del recorrido, empapados hasta la médula, tiritaban de lo lindo, deseando sin duda no haber nunca emprendido ese viaje.

Al final de este interminable suplicio, llegamos sin más noticias a la Lluvialba de entonces. Para el regreso mis suegros prefirieron la relativa comodidad del ferrocarril (¡Sí, aún funcionaba la Northern!), a los sobresaltos climáticos del mismo trayecto en nuestro dizque automóvil.

Para mí, sigue goteando sin cesar este episodio en mi memoria

La Fiesta Arruinada





Rolain Borel

En el recóndito margen de una galaxia que llamamos “Vía Láctea” (¿quién sabe como la llamarán otros seres que nos observan a varios años-luz de aquí?) ocurrió en nuestro planeta el prodigio, de probabilidad infinitesimal, del primer pulso de una proto-célula. No se sabe si esta surgió del caldo primigenio o si llegó de la profundidad del cosmos, pero en realidad viene a lo mismo.

Desde entonces la Tierra ha girado más de tres mil millones de veces alrededor de su estrella, gozando de las exclusivas condiciones de “Ricito de Oro” (ni muy caliente, ni muy frío; ni muy cerca, ni muy lejos del sol) y protegiendo en su seno generoso el cargamento más preciado: la vida unicelular. Esta, a su vez, ha creado la burbuja de oxígeno que permitió el surgimiento de las formas de vida más complejas y sorprendentes.

De ahí todo fue camino abajo con una explosión de diversidad, un fuego artificial de inventos surrealistas, una pirotecnia de creaciones extravagantes, un gran baile de máscaras de variaciones infinitas.

Como siempre, luego de la euforia, vino la resaca. La diosa Gaia, madre de la tierra, convidó a la festividad a un nuevo comensal, la supuesta cereza en el queque, la pretendida joya de la corona de todas las especies y la más sublime expresión de la creatividad. Hace escasos tres millones de años, apenas un pestañeo en términos astronómicos, aparecieron nuestros ancestros directos y cien mil años atrás el Homo sapiens salió ufano de África a conquistar el mundo, sí, literalmente, a conquistarlo, con armas y todo.

Descomunal error de Gaia… , pues, en vez de seguir protegiendo este delicadísimo regalo del cosmos, el hombre se creyó el dueño de la vida y se transformó en su destructor, a la vez que, irónicamente, en su propio verdugo.

En los eones del tiempo, ojalá continúe la fiesta, pero me pongo a imaginar que, esta vez, nosotros ya no estaremos convidados.