Libro que divulgamos en el 2018 Nudos Sueltos
https://piam.ucr.ac.cr/sites/default/files/documentos/Nudos%20Sueltos.pdf?fbclid=IwAR3z0RMPXCLtalXIF4eaGajITFQf-CHRWUgKbko-6ALlFMkFZgh3AgqfTWk
jueves, 17 de octubre de 2019
lunes, 12 de noviembre de 2018
Llegué de Primera ...
Inicié la frenética carrera
por la vida
logrando llegar de primera
quedamos diez finalistas
seguí de primera
venciendo obstáculos por doquier
logrando llegar al lugar
Y hora perfectas
Nueve meses
en el maravilloso cosmos
llegó el momento de
de dejar ese universo.
Nooo , estoy bien aquí,
no no y no
me resisto a dejar este lugar,
más de pronto todo me empuja
pasando por un estrecho canal
siento mi primer dolor
y sin quererlo ...se acabó.
Por primera vez
siento frío , siento hambre
y se oye mi primer reclamo
un grito fuerte
Más los brazos amorosos
de mi madre me esperaban ,
para acariciarme como lo hizo siempre.
Tarea : alguna parte del cuerpo.
Marta Hernández Mendoza.
12_11_2018.
martes, 30 de octubre de 2018
patitas son de algodón
Duermo. Si
me llego a despertar por el sonido furioso del viento o por esa lluvia insistente
que cae fuertemente sobre mi techo, alargo mi mano y las encuentro, ahí cerca
de mi cuerpo acunadas bajo su tibio manto de blancos pelos. Las siento
calentitas, dulces y tiernas, reconfortando mi alma anhelante sin
restricciones. Se me permite sostenerlas por un rato no tan largo como deseara,
pero de igual forma me deleito con sus particulares formas. Los largos deditos,
que culminan en uñas filosas que al caminar por las veredas, se gastan
justamente evitando arañarme cuando juega conmigo. Parece que calza botas, con
el recorte del pelo justo encima de ellas, para que el barro o el polvo no causen
tanto desastre sobre mis muebles. Debajo tienen cinco almohaditas color
chocolate, que invitan a mis golosas manos a tocarlas y acariciarlas.
Su dueña, con santa paciencia reconoce que yo
tengo debilidad por jugar con esas patitas tan bellas. Cuando la llevo en
brazos caminando y llenándola de besos, sus patitas traseras van apoyadas en mi
mano, que sienten su tibieza como un regalo. Las delanteras van sobre mi hombro
en franco abandono. Y si la encuentro echada como una maja indolente en mi
cama, ella espera que yo empiece mi juego. Tomándole una le digo, ésta patilla
es mía, y ésta otra es de mami !! Y ante
la velocidad del cambio entre ambas, Lolita se emociona, moviendo su colita y
saltando de un lado a otro.
Esas patitas
son de algodón de azúcar, de canela y de queso. Y huelen muy mal le digo, entre
risas y besos. Realmente yo las amo, pero creo que Lolita ama mas aún que yo
juegue con ellas.
Lia Ferreto.
Octubre-2018
martes, 2 de octubre de 2018
Silencioso y soñador
Los
últimos de su vida, dedicó cada mañana durante un largo rato a
contemplar desde aquel gastado sillón, la magnífica vista que le
ofrecía aquel inmenso patio. Era en ese tiempo anterior al almuerzo,
donde con una copa de cognac, parecía divagar en sus memorias. Tan
suyas, tan íntimas. Parecía medio adormecido. Un silencio
expectante lo envolvía. Desde la ventana, le podía observar. Su
aspecto envejecido, distraído y pensativo. No hablaba con nadie, ahí
sentado en ese ritual cotidiano, que nos hacía sentir que lo
perdíamos, que se volvía intangible. Cubría su cabeza con alguna
de sus múltiples gorras, pues el frío se había convertido en su
mas temible compañía. Sus manos antes tan activas, manos de
artista, de fotógrafo, de pintor, resultaban ahora tan quietas pero
siempre bellas. Su copa de buen licor, que acercaba con deleite a sus
labios, se iba terminando entre pequeños sorbos. Fue siempre un
hombre estudioso. De su entorno, de la gente, de los peculiares
rasgos de los borrachitos, del alma gentil que descubría en todo
perro callejero que se acercaba sin remedio atraído por aquella
magia que solo ellos descubrían. Su voz y el llamado por el nombre
que a todos les adjudicaba; hola Wascar, les decía. Estudiaba la
naturaleza. Siempre empírico y autodidacta. Entendía las señales
del viento y de las nubes, amaba la fuerza de los volcanes y era un
apasionado de su comportamiento. Creía firmemente en la vida en
otras galaxias y aseguraba con entusiasmo saber cuales nubes
escondían sus naves y también de sus avistamientos.
Así
que no era de extrañar que amara sentarse en ese lugar diariamente,
en lo que parecía un rato de reposo cuando en realidad, estaba
llevando a cabo sus grandes descubrimientos.
Cerca
de los árboles había construido un comedero para los pájaros.
Frutas variadas colocaba ahí a una cantidad de avecillas que
llegaban a deleitarse. Sabía el nombre de muchas especies. Y de sus
vuelos y migraciones. En que época del año llegaban éstos, o
aquellos o aquel único ejemplar que ostentaba un majestuoso plumaje
tornasolado, entre rojos, azules, verdes y amarillos. Llegó a
asegurar que ese bello ejemplar en especial, era su amigo. Que hacía
mil sonidos diferentes para avisarle de su llegada, de sus aventuras
y de su alegría por el reencuentro. Él sabía interpretar sus
cantos y silbidos. Y salía presuroso cuando oía sin lugar a dudas,
las señales de su llegada. Sabía con precisión las fechas de su
arribo. También cuando debía continuar su viaje. Mucho se afligía
cuando se atrasaba pensando que un depredador hubiera terminado con
su vida.
Cuando
a los noventa y cinco años papá se fue a jugar entre las nubes,
aquellos amigos suyos de plumajes tan diversos llegaron hasta el
patio, saludaron entre múltiples cantos y silbidos y partieron
encumbrando sus vuelos hacia lo alto a rendir tributo a aquel que
tanto los había querido. Nunca mas regresaron.
Lia
Ferreto.
Setiembre
2018.
jueves, 27 de septiembre de 2018
Me gustan las casas viejas
Me gustan las casas viejas
porque en las arrugas del tiempo
han quedado escondidas
juguetonas risas de niños
que con el siglo crecieron.
Me gustan las casas viejas
porque aún se escucha
el tintinear de las ollas
en sus cocinas de leña
trayendo consigo el recuerdo de
bizcochos y pan crujientes
recién salidos del horno con
el inconfundible aroma del café.
Me gustan las casas viejas
porque en sus paredes guardan
suspiros y chasquidos de besos
de apasionados amantes jurándose amor.
Me gustan las casas viejas
que se han dejado abrazar
por bougambilias traviesas
que aprisionan con sus garras
las blancas y erosionadas paredes
depositando en su añejado
techo de tejas de desteñidos
ocres , bellos y frescos racimos
de flores rojas que dejan caer el rocío
silenciosamente en el tiempo.
Marta Hernández Mendoza
20 de agosto de 2018.
jueves, 6 de septiembre de 2018
El olor de los recuerdos
Una noche de
esas en que uno se tiende en la cama, con sueño y sin posibilidad de dormirse, me
preguntaba qué olor tendrían los recuerdos. Seguramente el insomnio hacía que
mi mente divagara sin reserva entre parajes guardados en pasadizos ocultos de
mi alma.
Pensaba en
los lirios de la abuela Cata, ramos rojos y rayados carmesí que se confundían
entre helechos y begonias. Su múltiple floración llenaba la vista de su alegría
tan espontánea. De seguro, la abuela y los lirios tendrían olores semejantes. O
eran aquellas especiales cajetas de coco y arroz crudo, que ella elaboraba con
tanto afán, llevándose a otros mundos su receta, tan sigilosa era cuando las
confeccionaba. Pero su delicioso aroma aún hoy me perturba. Jamás podría olvidar esa sensación al entrar a su
casa y saber que aquel día había cajetas.
Otro intenso
aroma que en mi niñez marcó eventos relevantes, era el aceite de oliva. No
había placer mas grande que ver correr aquel delgado hilo verduzco sobre una
ensalada recién preparada. Era un lujo que se permitía en mi casa de tiempo en
tiempo. Su característico envase de algún metal liviano, decía que provenía de
una remota España. Lo vi correr de forma abundante sobre la desnuda espalda de
mamá. Las generosas y fuertes manos de la abuela Cata, se desplegaban llenas de éste dorado líquido buscando aliviar
las graves quemaduras de sol , mientras mamá gemía llorosa . Fue mi primera
visita al mar, mi primer encuentro, logrando también registrar su ocre y salado
aroma que entraba por mi nariz, para que yo no olvidara su mágico encanto.
Aroma a mercado.
Yo amaba ir de compras tomada de la mano de mi madre. Aquel intenso aroma
inolvidable. Frutas, cebollas, papas llenas de tierra, hombres sudorosos que
nos mostraban sus tesoros, buscando atraer nuestra gula y delicia por esa
abundancia que tenía el Mercado de Cartago. Había de todo. No alcanzaba a ver
tanta variedad y mi escasa estatura, permitía al menos que yo fuera adivinando
cuál parte de ese inmenso mercado recorríamos. Pero sin duda mi parte favorita
era el área donde hacían tortillas palmeadas. Calientes, infladas, gruesas y
deliciosas, su aroma inconfundible hicieron que aún ame comerlas. Y llegábamos donde una
señora que yo adoraba. Ah, sus tortas de carne eran especiales. Hechas a la vista,
tenían un olor que detenía al mas valiente. Una salsa regada con derroche sobre
ellas, hacían que su sabor se intensificara y mamá reía al ver mis ojos golosos
y felices con aquel manjar que ambas disfrutábamos.
Mi gusto por
los perfumes empezó en mi adolescencia. Traídos de Francia decían sus envases.
Mamá los usaba y yo me deleitaba con ellos. Cada vez que recibía al finalizar el año, regalos de sus
alumnos, llegaban uno o dos y descubrirlos después de romper alborotada sus
empaques, era un gran gozo. Desde
entonces son mi deleite.
Cuando mis
hijas eran pequeñas, les compraba
papeles de carta que coleccionaban. Cada caja traía un estilo, un aroma, un
diseño. Había una complicidad amorosa entre nosotras. Sus perfumadas páginas grabaron entre mis recuerdos, mi juventud de
madre.
El aroma de
los cuerpos. Cuando muchas personas bailan en un salón de clase de danza, deja
en tu memoria ese fuerte olor a sudor. Es del esfuerzo, de horas de intenso
trabajo, de un placer infinito, de jornadas donde el cansancio se disuelve
entre la gloria de pasos perfeccionados. No es un olor que rechazas, sino que
es la huella que deja en el ambiente el frenesí de gente con muchos sueños.
Evoco es olor de un tiempo disfrutado.
Y mi
mascota. Meter mi nariz entre el pelaje suave y esponjado de Lolita quien
comparte mi cama, es mi nueva delicia.
El olor de todo su pelaje me cautivó el día que tan pequeñita la pusieron entre
mis manos. Ahí supe que teníamos un lazo
muy fuerte. Su pancita caliente, cubierta de besos necios tiene un dulce aroma
que me llena de paz y ternura.
Agradecida
con mi mente, al poder evocar tantas memorias olorosas a distancia, a tiempos idos y sin retorno, a
momentos de mi infancia con mi madre y mi abuela, a cosas gozosas que llenan de
lágrimas mis ojos y mi alma suspira al mirar tanto evento vivido, memorias con
olores que se disuelven como nebulosas de la vida que transcurre a veces veloz,
pero ahora muy lenta.
Lia Ferreto.
Agosto-2018.
lunes, 27 de agosto de 2018
Algo muy serio sobre el olor
Como tengo algunas molestias de la edad y de la humedad
tengo una sinusitis alérgica…..eso
significa que se me cierra la nariz y no
huelo…porque esta inflamada y encima estornudo, viene las gotas y la pastillita
y arregla las cosas…eso siempre que mi nariz lo acepte y coopere, pero esta vez
ella debió de oír que tenía que trabajar extra,
pensó –pues no me da la gana y no voy a oler hasta el martes que hagas
el trabajo- (mi nariz es así de lo más chula y respondona, y no vale discutir
con ella pues empiezo a estornudar) .
Bueno vayamos a contar que hice, aumente la dosis a ver si
reaccionaba y cooperaba, pero no me resulto….no olía y punto, y en este momento entendí que no íbamos a llegar a un
acuerdo ella y yo…Entonces hice algo trate de oler con las manos ¡nada¡ con los
pies ¡menos¡, así que en este punto pensé una disculpa y no hago el
trabajo….pero entonces he perdido la partida con esta nariz de pacotilla y si
es así, en adelante va a tratar de hacer conmigo lo que le dé la gana ….No
podía ganarme miserablemente por unos estornudos y picor en la boca. ¡No señor¡ no lo iba a consentir, pero que podía
hacer…..me esforcé y olí …..Pero no olía nada….cerré los ojos y pensé y quien
no me dice a mí que no percibir un olor es que no huele…..Pues hecho, estoy
oliendo por fin he percibido algo nuevo…. (Y sin ayuda de la pesada esta) he
descubierto el olor de lo que no huele un nuevo olor y de lo más sabroso porque siempre con imaginación olerá a
lo que yo quiera.
Así le gane a mi nariz y al mundo de los olores…soy feliz
Antonia Morales Diez- agosto 2018
jueves, 16 de agosto de 2018
Dos de agosto
Hoy
es tu día mamá, Te estoy mirando
Como
si fuéramos ambas a rezar
Frente
a la virgen negra de Cartago
donde
solíamos ir en esta fecha
Año
con año para celebrar.
Hace
ya tanto tiempo que te fuiste
Llevándote
mi amor y mi seguridad
Cuando
dejé de ser tu muchachita
quedé
sumida en enorme soledad.
Nada
en el mundo puede compararse
Con
el amor sincero de mamá.
Y
hoy doy gracias a la vida
Por
el regalo de tu maternidad
.me
enseñaste a vivir para los míos,
Y
en eso estriba la felicidad.
Soy
una bisabuela agradecida
Que
muy pronto te llegará a buscar.
Hasta pronto mamá
Copi
jueves, 21 de junio de 2018
La llorona envejeció
Fue una hermosa mujer , de piel dorada por el sol ,largos cabellos negros rizados, su cuerpo esbelto y cadencioso como el de una palmera , vivió en la época de la conquista, se enamoró de un hombre blanco joven , quien fue el padre de sus 3 hijos lindos como el sol. Pero el padre los abandonó, dejándolos solos con su madre . Vivían frente al inmenso mar en donde ella esperaba que llegara la noche , para llorar su desventura. Sus hijos fueron creciendo y ella los amaba con locura.
Se hicieron grandes y se fueron a tierras lejanas, formaron sus propias familias y también... la dejaron sola.
Enloquecida de dolor, de soledad, de olvido, gritaba al cielo su desventurada suerte sin obtener respuesta, hizo de la playa su hogar y sentada sobre la arena blanca, miraba el ir y venir de las olas que acariciaban su enjuto cuerpo, reteniendo en su desgreñado pelo parte del agua de mar que se mezclaba con su salado llanto. El mar creció tanto con el llanto de la llorona , que logró juntar el océano Atlántico, con el Océano Pacífico, en donde solamente se ve una línea divisoria y un suave murmullo como el de un lamento , trae el recuerdo de su dolor con el sonido de las olas.
Marta Hernández Mendoza .
21 de mayo de 2018.
miércoles, 6 de junio de 2018
Ojitos azabache
A través de mechones blancos, puedo percibir cómo me mira mientras
en mi cuarto afanada acomodo la ropa que ahí quedó desordenada, mirada penetrante. Me olvido de su
presencia, pero esa mirada insistente me taladra y me hace reaccionar mirándole
con intensidad de vuelta. Ha cerrado sus ojos, mostrando indiferencia ante mi
reacción, un preludio matutino que se repite cada día. La cama aún está tibia, eso es lo que me intenta decir
con su prolongado desgano e indiferencia, mirando sin mostrar que me mira, pero
con tanta intensidad que siento en mi su callado reclamo. El sueño todavía
entorpece mi andar, por lo que me muevo con cuidado, despacio y evitando hacer
mucho ruido, sin embargo reconozco que existe una rutina en ésto que hago y que
los movimientos son totalmente conocidos para esa presencia que mira sin mirar,
fingiendo dormir y tener mas pereza que la que ayer me demostró. Nada la
disturba. Su indiferencia toma matices de dramas de novela, sin embargo yo
continúo abriendo puertas y ventanas e incluso enciendo aquel aparato encargado
de guardar escondido en su interior tantas voces y sonidos, que dependen de mi
ánimo para salir llenando el espacio con su música, haciéndome cantar un poco y
bailar otro tanto. Finalmente la llave gira en la cerradura de la puerta de
entrada. Entonces siento una ráfaga de alegría y euforia que roza mis piernas y
entre ellas, sale corriendo hacia la verja donde emite todos esos sonidos que
imagino significan, buenos días mundo, buenos días vecinos, buenos días a todos
los que hoy son felices. Se gira y me mira. Ahora su mirada expresa tanto
agradecimiento por ser parte de su paisaje, que feliz continúa saltando entre
las flores que también despertaron al nuevo día.
En la cocina
empiezo a preparar mis bebidas sanadoras, mis pastillas mágicas y mi desayuno
de lujo. Los sonidos son otros , también los aromas. Nuevas señales se declaran
y nuevos asuntos se presentan. Entonces me doy cuenta que de nuevo me mira.
Ahora en forma de alfombra, su largo cuerpo ocupa un sitio que ha comprado
desde largo tiempo atrás. Su cabeza descansa sobre sus patas delanteras, en un
gesto de total abatimiento, de una tristeza sin igual, de una vida que se
diluye entre los sentimientos mas sombríos y lúgubres que nadie haya
presenciado antes. Es una posición de total desamparo, donde lo inevitable se
reproduce día a día. La estrategia está clara. Si no puedo sucumbir ante
semejante cuadro de dolor y desolación, no hay nada que valga la pena.
Convencida de que todas mis palabras y gestos amistosos, mis bailes y mis
cantos y mis piruetas seductoras, no son suficientes para alegrar aquellos ojos
tan negros y redondos que ahora miran casi al borde del llanto, yo también
sucumbo bajo el peso acuciante de la culpa.
A la hora en
que voy saliendo de la casa, ya ella ha presenciado todos mis conocidos
preparativos, bolso con lo necesario para nadar, botella de agua con hielo,
banano para reponer el potasio, y otros detalles tan conocidos que comienzan a
crear una nueva expectativa; será que me he equivocado y yo voy de paseo al
parque que tanto me gusta ? Empieza entonces una alegría que se transmite en
brincos y carreras, saltos entre mis piernas y esos ojitos negros ahora llenos
de picardía. Y yo armada con una galleta,
le pido que se siente y se la doy. Ella agradecida, yo sintiéndome
farsante.
Cuando
efectivamente vamos hacia el parque, lo sabe con certeza, pues he ido a traer
mis zapatos de caminar y entonces los muerde aunque yo los lleve en el aire,
ella desesperada gime y revolotea loca de alegría, impaciente ante la
parsimonia de mi lento proceso de calzarlos. La gente que vive cerca sabe que
vamos de paseo, sus pasos atolondrados sobre sus patas traseras y sus
aspavientos, son señal segura de que ese día vamos a caminar y el guarda
sonriente y cariñoso sube la aguja del barrio celebrando el paso de mi perrita
bailadora.
Ahora yo
regreso como tantas veces a la semana en que la dejo sola. El sonido del portón
me delata. Además el motor del carro tan conocido por sus sensibles oídos le
confirma que ya he regresado. La espera a veces tan larga termina. Sus besos me
cubren por completo, mis risas se confunden entre sus lamidos y sus abrazos. El
gozo del encuentro es tan grande entre nosotras que no podría afirmar cual es
mas feliz , cual mas dichosa.
La tarde ha
terminado, llega ese momento tan ansiado en que ambas deseamos regalar nuestros
cuerpos a la cama que nos espera en la penumbra. Yo doy mil vueltas por la
casa, puertas, luces y demás asuntos se revisan sin falta. Ella ha
desaparecido. Descubro su figura ovillada sobre mi almohada. Me espera sin
prisa. Despacio mi cuerpo finalmente se relaja y siento el alivio de mis músculos
cansados. Apago la luz, tomo esa posición que tanto me gusta, de medio lado,
mirando hacia la ventana. Ligeras y seguras, siento sobre mi cuerpo sus patitas
caminar, encontrar mi almohada y sobre ella recostar su cabeza, su espalda
sobre la mía, segura, protegida.
Suspiramos
al unísono. La vida es maravillosa.
Lia Ferreto.
Junio-2018.
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