miércoles, 13 de mayo de 2015

La abuela se vuela


El intenso aroma que la invade cuando riega su jardín la lleva de la mano al de su niñez. Se recuerda expectante cogiendo los azahares, guardándolos en un frasco con alcohol y esperando ansiosa la supuesta colonia mágica resultante, que al tiempo para su sorpresa, sería sólo una volátil solución etílica.
La fragancia del pan que amasaba el papá y crujía al partirlo, recién sacado del horno. Las increíbles y fortalecedoras sopas de la mamá, todas, prácticamente todas esas esencias eran retrospectivas.
También los sabores, porque son casi uno, pensó.
Pero porqué los aromas y sabores nos llevan siempre al pasado? Será simplemente porque los experimentamos una vez y con esa basta para hacer el registro. Allí dejan su huella y se establecen, con una norma implacable. Nunca más ese olor será nuevo, siempre nos referirá al inscrito, es una marca, un sello imperecedero, inviolable. Por eso buscamos con cada nueva experiencia llegar al nivel de la original y si no se alcanza, que decepción: no huele, no sabe igual!
Pero entonces si estas impresiones sensitivas nos transportan inevitablemente al pasado, cómo haríamos para adelantarnos olfativa y gustativamente al futuro? dijo en voz alta y soltando la manguera se sentó en el banquillo debajo del mango.
Absolutamente absorta en sus cavilaciones y ensimismada en las flores de azahar, fue lentamente adentrándose entre los balsámicos pétalos, incursionando a través de los almibarados estambres llegó al pistilo y de ahí saltó al cáliz, extasiada con esa embriagante sustancia.
Regresó con hambre por lo que decidió preparar una crema. Fue picando cebollas, una pizca de ajo y perejil que puso a sofreir al tiempo que peló y partió varios tomates que añadió al resto. Cuando todo estuvo bien mezclado lo pasó a la olla y allí le agregó agua. Casi lista para servir completó la sopa con albahaca bien picada. Ese sahumerio culinario fue atrayendo a la gente de la casa hasta llenar la cocina, donde unos arreglaban la mesa; otros cortaban pan, servían el delicioso potaje y le rociaban queso.
Pasado el apetitoso ataque alguien preguntó husmeando el aire: a que huele? Todos alertaron la nariz y uno exclamó: azahares! a lo que ella respondía: a cebolla; a otra le decía: albahaca, a una tercera ajo, orégano, tomate y todos negaban: azahares!, sí, azahares!
Como ella no lo sentía, se alzaba de hombros, hasta que empezaron a cercarla y husmear sobre su pelo, cabeza, cuello: azahares!
Al día siguiente el aroma se esparció por la casa para felicidad de todos. Qué estará usando la abuela para limpiar el piso? Qué le estará poniendo a la sopa? Se preguntaban.
Otros días fueron gardenias; jazmines, violetas, para lujuria olfatoria de todos y ella se reía sola en el jardín con su secreto.
Un día vino su vecina y quedó tan extasiada al entrar a la casa que ella la llevó al jardín y sin decirle nada la sentó debajo del mango y le dijo que mirara el centro del jazmín, mientras ella a su vez se regocijaba con una gardenia. Cuando regresaron, la despidió cariñosamente en la puerta segura del efecto que eso causaría en la familia amiga.
La vecina llegó a su casa a preparar la cena, cuando entrando su hija sintió un penetrante olor, pero no le dio importancia. Sin embargo al anochecer la emanación se acrecentaba. También se preguntaron y la olisquearon consternados, asqueados, pues al paso de las horas el hedor era inaguantable. Primero la bañaron con jabón desinfectante, luego la frotaron con Zepol, enseguida quemaron incienso en su cuarto, a ver si acaso. Aunque ella permanecía en una calma sorprendente, sin inmutarse!
A medianoche era tan insoportable el vaho que todos se pasaron a un cuarto sellando puertas y ventanas con papeles empapados en alcohol. Como pensaron en una infección frotaron a los niños con Cofal y les pusieron periódico en el pecho y la espalda, para que no fueran a contagiarse.
Como era domingo al amanecer partieron al mercado por ruda, eucaliptus, romero, salvia, laurel, hierbabuena, zacate limón y de todo lo que encontraron. También trajeron sábila y aceite de lavanda.
Presurosos colgaron sábila con una cinta roja en todas las puertas por lo del mal del ojo, debajo de la alfombrita de entrada pusieron ramitas de las siete hierbas, en la olla tamalera hirvieron eucaliptus y repartieron la ruda por todos los rincones la casa. Encendieron candelas y sumaron al menjurje las emanaciones de la canela. Después del baño volvieron a frotar a la vecina esta vez con aceite de lavanda y quemaron mirra en su cuarto, por aquello de una brujería.
De la misma forma que se propagaba la pestilencia, se irradiaban los comentarios en el barrio. Algunos decían que alguien había instalado un matadero clandestino de cerdos, otras que la podredumbre venía de la casa abandonada, donde tal vez hacían ritos satánicos los chicos de los aretes.
La vecina seguía sola en su cuarto sin percibir su fetidez, así que no se dio cuenta cuando fueron a buscar al cura quien llegó corriendo luego de misa de doce, con el monaguillo atrás. Se puso frenético con los colgajos de hierbas y los cocimientos humeantes, así que tapándose la nariz echó agua bendita y regresó como vino.
A esa altura la vecina que paga promesas vistiéndose con el hábito café, vaticinó que la señora estaba muerta y no se había dado cuenta. Tomó el misal en sus manos y fue a la casa de nuestra abuela a contar tan dolorosa noticia. Cuando le abrieron almorzaban en un puro jolgorio, pero el elixir almizclero y empalagoso del ilan ilan la embobó, así que se sentó modosita esperando que le pasaran algo de la mesa. Al escuchar el cuento nuestra abuela se retiró sigilosamente y entró cautelosa a la casa contigua, cuando todos se acomodaban para comer en el patio trasero, así que ni la notaron. La vecina tranquila bordaba en su mecedora, pero el patadón que inundó a nuestra amiga fue tan considerable que le dijo: niña, abriste el mausoleo completo! con lo cual agarrándola fuerte la condujo hacia su jardín por la puerta lateral.
La sentó en el banquillo, descubriendo recién allí lo que la otra había olido equivocadamente, provocando tal desequilibrio: era la flor carnívora que lucía fétidamente abierta a la par del jazmín, en espera de nuevos insectos. Entonces la cogió trasladándola al fondo y le indicó con claridad que debía concentrarse sólo en el jazmín, sin desviar la vista a ningún lado. Esta vez la esperó con toda calma hasta que volvió, pequeña y radiante bajo la forma de una pequeña abeja enredapelo, tomando al instante su aspecto habitual sin saber lo que había pasado.
Conducida nuevamente a su cuarto, la dejó cuando empezaba a brotar un burbujeante perfume que introduciéndose en los rincones iba anulando el pestilente desconcierto.
Nuestra amiga por su parte no perdía el tiempo y regresó directo al fondo del jardín a rebuscar entre las matas, de donde sonriente cogió una de intenso verde que no había visto. Cómo será su flor, se preguntó, esta será la que llaman algo así como marijuana?


EVELYN SILVA PERALTA










Cuando al alma le falta abrigo



La fría brisa del mar  me invade y me acurruco en mi bufanda de lana.

Las olas vienen y van y yo me abandono al juego; corro tras ellas cuando se alejan, escapo cuando se acercan. Me absorbe el susurro entre las piedras y el agua. De pronto irrumpen en escena los pelícanos desplegando sus alas, planeando y luego haciendo sus clavados. También hay gaviotas con la pechuga blanca que observan. A veces vuelan y regresan.

Este paisaje me sobrecoge y pienso que en realidad es el mejor lugar para instalar el Memorial para los Desaparecidos, aquellos que lanzaron al mar durante la dictadura. Aquellos para quienes su último viaje fue un vuelo hacia las profundidades del océano y descansan entre suaves algas y líquenes dorados.

He caminado largamente esta playa y se me ha ido el tiempo sin darme cuenta, estoy aquí hace mucho recorriendo mi vida, escudriñando escenas pasadas, imaginando. No quiero romper este momento que también es casi como un homenaje para ti Papá, para ti Claudio y me siento en una roca.

Me vienen a la mente esas palabras de homenaje de un familiar a sus desaparecidos…es preciso restituir la presencia de los ausentes, rescatarlos del olvido y de la indiferencia a los muertos

Cuando empiezan a envolverme los celajes de la tarde siento que alguien me habla: - ¿señora quiere pan?

Una mujer me ofrece sonriendo un canasto cubierto con una diáfana tela blanca y aunque no tengo hambre ¿cómo no voy a comprarle? si las familias de esa caleta de pescadores son las que están organizando la instalación de esa especie de museo bajo el agua, para nuestros queridos desaparecidos.

Entonces le digo:- si quiero pan, pero sobre todo necesito un tecito caliente.
-vamos, me dice, soy muy pobre, pero en mi casa nunca falta el agüita hirviendo.

EVELYN SILVA PERALTA

Paloma vuela



Por Evelyn Silva Peralta
Me he despertado varias veces, doy  vueltas y me hago un ovillo. Un rallo de sol me punza y abro los ojos, veo con el rabillo a la paloma del edificio del frente, camina, picotea, camina otra vez, hay un ruido y vuela, es divertida esa palomilla....
Parece que hace frío porque la gente se encoge en sus abrigos. Siento el ruido de los vehículos.... me acurruco y otra vez me pierdo.....parece que sueño.

Otra vez el ruido, esta vez no es la paloma la que brinca, soy yo, con la punzadura del guarda. ¡Ya se!... van a abrir la tienda. Recojo los cartones… ¡La paloma vuela!





Caminando los Parques Nacionales,Chirripó ..

 Por: Roberto Aguilar Q.
El día 28 de abril del año 2012 empezó la aventura. De madrugada, con Melania mi hija de 22 años, cargamos en el carro con la indumentaria, el paquete de primeros auxilios, y los víveres para pasar lo más cómodos posible, antes y durante la osadía de tomar los senderos del Parque Nacional Chirripó. La meta, que habíamos establecido, con al menos 6 meses de anticipación… era conquistar la cumbre más alta de Centro América, el Cerro Chirripò que está a 3820 metros sobre el nivel del mar.

Los años previos a estos seis meses de preparación, el solo intentar esta proeza sería solamente un proyecto con muy pocas probabilidades de éxito, si tomamos en cuenta que nunca fui muy deportista. Además, fui fumador por más de 35 años y aunque no considero que estaba obeso; tenía un sobrepeso de al menos unos 15 kilos. Desde el mes de agosto del año 2011, inicié mi preparación física por las calles de mi barrio, las cuales tenían partes planas, como también cuestas moderadas. En la parte más alta del barrio se encontraba una escalinata por  la cual subía y bajaba 3 veces, a un ritmo firme y constante. Fundamental para lograr el objetivo, fue que ya tenía 3 años de haber dejado de fumar. El entrenamiento fue arduo e intenté hacerlo temprano en las mañanas para así aprovechar los mejores aires y en mi caso, el mejor tiempo del día para actividad física.
En San Gerardo de Pérez Zeledón, nos quedamos en un albergue que tiene un amigo, y que se encuentra como a 1 km de la entrada al parque. Descansamos la noche y nos levantamos a las 4:00 am, junto con otros 6 amigos que, al igual que nosotros, estábamos determinados a subir y conocer el Cerro. Iniciamos el ascenso hacia la entrada del parque aún de noche como a las 4:45 am. 

En su capacidad máxima de visitantes, el parque es prácticamente de uno durante el trayecto a el Refugio Los Crestones, que es la parada obligada del primer día de visita en nuestro itinerario. Es muy poca la gente que se  encuentra bajando o, según la velocidad de subida, que alcanzas. Inclusive de los compañeros de viaje que iniciamos la aventura en bloque, se van separando cada uno según su ritmo y su preparación. No es de esperar que tanto la terapia emocional, como la espiritual experimentada por cada transeúnte, sea similar a la que uno experimenta durante toda esta experiencia. No hay dos personas iguales, tal vez las hay parecidas y las probabilidades que te encuentres a tu alma gemela en el trayecto es bastante escasa. No obstante lo anterior, El Parque Nacional Chirripó le hará lo mismo a todos. El que lo conquista, no baja siendo la misma persona. Hay algo espiritual y mágico en ese lugar que cambia a la gente en su primer día.
Al final de este día, ya en el albergue, nos reciben en la oficina de los guardaparques donde tenemos que registrarnos y brindar la información de oficio, que ellos deben tener de sus visitantes. Se aprovecha para que sean los expertos los que recomienden cuales son los mejores consejos con el fin de pasar la mejor estadía y visita. Las facilidades y el servicio en este albergue, superó en casi todo, mis mejores expectativas. Dormitorios y baños limpios, la comida contratada al hotel y servida por ellos, rica, sustanciosa y saludable. El comedor es visitado también por personas que llevan sus propios alimentos. Después de la cena la mayoría, aprovechamos para conocer a los demás caminantes, sus cuentos y anécdotas; de la proeza recién terminada en el primero de los 3 días en nuestro parque. También aprovechamos para conocer a los veteranos y pedirles su opinión para planear nuestro segundo día. Esa información y una autoevaluación de la forma como cada uno se va sintiendo para amanecer con la decisión de cuál de los diferentes senderos se pueden tomar de acuerdo a mi condición y capacidad y desde luego, esperar el decreto divino de cuál será la condición atmosférica que nos va a regalar. Decidimos finalmente, salir de madrugada para el trayecto de 2  horas y media hasta el mismo Cerro Chirripó. El objetivo, lograr estar arriba entre las 5:30 y 6:00 am. y así, ser testigos de lo que prometía ser uno de los más bellos espectáculos naturales que un ser humano pueda experimentar.
Con esa expectativa en mente iniciamos la caminata puntualmente. Era una noche muy oscura y estrellada, por lo tanto nos ayudamos con focos para seguir el sendero. Durante el trayecto pasamos por el Valle de los Conejos que a esa hora de la madrugada, cuando empieza el claro pero aún no sale el sol, brinda la sensación de estar en otro planeta. Un planeta amigable con vegetación escasa, temperatura muy baja para un josefino como yo, pero cómodamente equipado con buen abrigo, gorra de invierno con orejeras, y por supuesto, los guantes que no pueden quedarse olvidados. Con el fin de vigilar el paso y evitar un tropiezo, voy concentrado en el camino viendo y siguiendo el talón del caminante de adelante. En algún momento vuelvo a ver en derredor y me siento encandilado por un pico iluminado, como en llamas. Se van iluminando en minutos otros picos y cerros del lado oeste del valle. Lo cristalino de la vista es formidable, a esas alturas sobre los 3000 MSNM el aire es limpio, sin partículas que nublen la vista en forma alguna. El páramo maravilloso se va descubriendo a cada paso que vamos dando hasta que llegamos a divisar el Cerro Chirripó, imponente y desafiante. El Cerro debe ser un macizo de unos 100 a 120 metros con un grado de pendiente de unos 45 grados. Del lado Izquierdo, más abajo hay dos lagunas y del lado derecho hay un pequeño valle y al final de este otro cerro. Un sorbo de agua, tres respiraciones profundas y a escalar.
Empiezo a subir despacio, con cuidado de no resbalar, paso a paso firmemente. Recordé lo que se hablaba en el albergue la noche anterior, que como recomendación, era mejor no voltear a ver para atrás. Atendí esa recomendación como hasta la mitad o alrededor de 50 metros. Me detuve, tomé agua de la cantimplora, tomé; porque la vista me obligaba a hacerlo, tres o cuatro fotos de los alrededores, y continué. La segunda parte de la escalada, la subí sin contratiempos y se me hizo bastante corto el trayecto.  Al llegar arriba, encontré un grupo de gente muy alegre. Había fiesta y algarabía entre las 6 o 7 personas que nos encontramos en el angosto pico de unos 30 metros cuadrados. Medio tambaleante por el esfuerzo y por esa sensación de estar en la cúspide de Costa Rica y de Centroamérica; por momentos me sentí un poco diferente, como mareado. Prefiero sentarme un rato y me levanto nuevamente para exclamar desde muy adentro: Dios mìo que es esto tan grande, una maravilla! Al norte se pueden ver entre otros picos, muy claramente el Volcán Turrialba que ese día estaba emanando una vela constante de vapor blanco; muy blanco como una nube. Mirando hacia el este, el gran Valle del Atlántico y como una espada plateada una extensión de considerable tamaño de la costa del Caribe. Hacia el oeste, se divisan muy claramente los cerros que se fueron iluminando por el sol unos minutos atrás, las lagunas abajo y entre unos cerros hacia el noroeste la posición donde a otra hora del día, nos indican, que se podría divisar la costa del Océano Pacífico. En esa misma ubicación pero volteando hacia el sur, fui testigo de la más formidable vista de la cordillera de Talamanca que se puede tener desde cualquier sitio. Con un conocimiento un poco más profundo de geografía o con la ayuda de un mapa, se habría podido identificar desde ese punto, los cerros más altos de la gran Área de Conservación de la Amistad, hasta bien adentro de Panamá. El Cerro que pude divisar con ayuda de un conocedor, fue el conocido Cerro Kamuk. El rato dio espacio para la calma y la introspección hasta que, se aproximaron las nubes y la niebla, proveniente del suroeste que nos avisó que debíamos apresurarnos a bajar el cerro para contar con algo de visibilidad.
Caminamos despacio y llegando al Valle de los Conejos de regreso al albergue, nos encontramos un rótulo con indicaciones de otros senderos, además del que conducía al refugio. Me sentía aún con energía y decidí tomar, solo, el sendero hacia Los Crestones.
La subida a Los Crestones por el lado del Valle de los Conejos, es un ascenso con una pendiente difícil pero posible, para una persona de mi condición física. A pesar de este gran esfuerzo, y de que el clima en estas alturas es impredecible, la experiencia, en retrospectiva, fue extraordinaria. Como todo en estas alturas y escenarios, se despliegan ante mis ojos, vistas fascinantes. Poliedros enormes como edificios de otro planeta con filos semejando formaciones metálicas, son comunes. También y contrastando con las anteriores estructuras, vemos esferas, casi perfectas, talladas por los elementos del agua, viento y otros; a través de cientos de miles o millones de años. En el medio de formaciones rocosas diversas, de arbustos poco comunes, según mi experiencia y plantas con florecillas de varios colores, que nunca había visto antes, forman el hábitat de pequeños mamíferos como conejos y reptiles que se encuentran en estas alturas sobre los 3000 MSNM.
El viaje de 4 días y tres noches es el más corto que se recomienda. Para aprovechar todo el esfuerzo de la subida y caminar otros senderos fascinantes,  obliga al visitante a prolongar en un día adicional, la estadía. Para hacer lo más placentera esta aventura,  se recomienda hacer una lista de preparación previa. Esta preparación, no solo debe ser  a nivel de acondicionamiento físico, sino que además, se debe pensar y considerar muy bien lo que se lleva, con cuidado de no excederse. Existen algunas de estas listas preparadas por expertos senderistas que ayudan mucho con este objetivo y de esta forma, llevar justamente lo necesario para pasarla bien y cómodo. De las personas que conozco que han hecho el viaje, no sé de nadie que se haya arrepentido de hacerlo. Muy posiblemente nos toparemos con alguna que otra persona que lo haya hecho y que no lo recomienden, pero me atrevo a adelantar que ha de ser por el motivo expresado anteriormente de falta de preparación. Estamos de acuerdo que esta es una aventura y es una aventura extrema para cualquier edad. Encontraremos personas que no les atraen estas actividades. Otras no saben si les gustan o no porque nunca han hecho algo parecido. Todas esas razones son respetables
Si usted es una persona, sin importar la edad, que le gusta descubrir y descubrirse o conocerse mejor; esta actividad del senderismo, es ideal para usted. Para empezar, como yo lo hice, hay que mentalizarse y convencerse de los beneficios de disfrutar del aire libre. Una buena forma de empezar, es visitar, una vez al mes o con mayor frecuencia, un parque nacional. Caminar los senderos más cercanos a la entrada al parque e ir aventurándose e ir descubriendo metas más ambiciosas, con calma, sin apresurarse. Simultáneamente, caminar frecuentemente. Dejar su medio de transporte de lado y empezar a caminar que es un excelente ejercicio. Cada día vamos sintiéndonos y viéndonos mejor. Ese es el inicio de un cambio hacia verdadera calidad de vida. Pronto, muy pronto y en menor tiempo del que te imaginas, estarás descubriendo lo más hermoso que tiene nuestro país, que son los parques nacionales y vivir abundantemente haciéndolo.
En mi caso, quedé más que convidado a hacerlo tantas veces como mi vida me lo permita. Hay que tener presente que todo esfuerzo requiere de una motivación. La meta en sí, conquistar un emprendimiento emblemático como es el Chirripó, fue primordial para empezar motivado. Como efecto colateral de caminar al aire libre, fui notando una mejora en mi condición física que se reflejaba positivamente, en mi vida cotidiana. Amanecer con más energía y mayor positivismo ha sido el resultado de haber logrado emprender y lograr esa meta. De una manera natural y espontánea fui reduciendo mis malos hábitos. El acondicionamiento físico se ha vuelto una rutina. Día a día me he propuesto metas y estas van aumentando en proporción directa a mi edad, cuando lo normal es que en estos asuntos de esfuerzo físico, la relación con la edad, es la inversa. Hoy a mis 62 años, camino o corro 4 o 5 días por semana. Puedo decir, sin exagerar, que me siento mejor que hace 30 años cuando estaba lleno de todo menos lo importante. Estaba lleno de trabajo y más progreso económico, lleno de tabaquismo, alcohol y lágrimas,  lleno de estrés y de muchas otras cosas que se presentan en la vida, las cuales resultan ser inconvenientes porque van quitándote minutos, horas y días, sin darte cuenta.
Casi en paralelo con los cambios positivos a nivel físico, viene un cambio en el yo interno. El alma, ese componente del ser humano que pasa inadvertido por la persona que viene entrando del siglo XX, empieza con una experiencia así, a sentir su presencia. Cada paso durante este trayecto de 16 kilómetros situados desde la entrada al parque hasta Refugio de Los Crestones y al día siguiente la conquista de la meta. Conforme el trayecto y sus maravillosos parajes van haciéndose tuyos y el cansancio va ocupando tu energía física, el espíritu te va llenando. El saco pesado que cargamos con los sentimientos negativos, dudas existenciales, y tu propio enemigo interno que te dice, yo no puedo, se va vaciando y atrás van quedando en el sendero, sin dejar rastro.


lunes, 4 de mayo de 2015

La niña María

La niña María.


La maestra se fue a trabajar a un lugar recóndito…¡No podía creerlo!
A sus 20 años debía de emprender camino a una escuelita donde ella iba  a ser  directora, secretaria, maestra, conserje, aunque eso lo supo mucho después de llegar.
El Ministerio correspondiente le dio la noticia y corrió a contárselo a su abuela, su querida abuela, quien era su confidente:
-Vieras-le dijo, tengo trabajo, pero allá… muy lejos… donde el diablo dejó perdida la chaqueta.
- ¡Ay mi hijita! No me asustés, ¿qué va a decir tu papá?
–Pues nada, si él quiere que yo trabaje, y me ayudó a estudiar, así como  me enseñó muchas cosas para que me desenvuelva en el largo camino de la vida.
 Después de quedarse un tanto pensativa la abuela habló:
-Bueno, bueno, andate - (dándole una leve nalgadilla) -  dale la noticia, también a tu mamá…
-Siiiiiií–gritó mientras corría.
Su nombre era María de los Ángeles, pero el nombre con el que la conocíamos en el barrio siempre fue Marielos. Sus papás lo aceptaron resignados, porque el trabajo y sueldo que iba a recibir la Mari era necesario. Marielos siempre había soñado con ser maestra, enseñar a los niños a escribir, leer, dibujar, cantar, bailar, jugar; claro tuvo que enseñarles muchas cosas pero luego se dio cuenta del duro camino que tenía que recorrer.
Así con gran emoción, proyectos, sueños que recorrían su cabeza se preparó para su largo viaje. Alistó sus maletas, se despidió de sus seres queridos  y amigos para dirigirse a la Escuela Santa Ana de Lagunilla, un lugar ubicado a muchos kilómetros de su natal San José, al sur del territorio costarricense.
La Niña María, como posteriormente la llamarían sus  alumnos y los habitantes del pueblo, llegó a la estación de buses, tomó el bus que le indicaron sus papás, una mañana fresca, que poco a poco se fue tornando calurosa, sofocante. Pero ella iba feliz, a ratos leía, otros admiraba el paisaje,  acariciaba su oído uno que otro pajarillo con su trino exquisito y algún ruido del bus, una vibración sobre las piedras del  camino, un grito del cobrador del bus:
-¡Próxima parada!¿Quién baja?
Luego el grito de una mujer con un niño en brazos:
-¡Cuidado, chofer!¿No ve que aún no he bajado!
-Avise señora, avise…
-¿Qué? ¿Está sordo?¿No oyó?, vociferó la mujer,
-¡Ah! ¡Vaya pa’ la…! dijo el chofer en un tono más BAJO.
- ¿Para adónde?, repuso la señora, váyase usted para donde se tenga ir, con Dios y la Virgen al igual que yo.
Al fin, luego  de unas ocho horas de viaje, Marielos llegó a su destino; se bajó cansada, no podía ni sostenerse en pie, haciendo equilibrio por el peso de las maletas.
La Niña María llegó a su casita desvencijada con hendijas, se acomodó como pudo y se echó sobre la cama, con aquella oscuridad, viendo para el cielo raso que eran unas láminas de zinc. No podía conciliar el sueño y de pronto empezó a escuchar unos ruidos, primero como una puerta que chirriaba, luego un silencio y después unos pasos. La niña María, sigilosamente, cogió un palo de escoba, caminó despacio y volvió a escuchar ruidos y empezó a dar escobazos a diestra y siniestra. De nuevo un silencio y María caminó agachadita, despacito, se detuvo un instante porque sintió una sombra a su lado, temblado de frío y de miedo se animó a estirar su brazo y tocó algo peludo; entonces empezó con los escobazos y la cosa empezó a pegar brincos y alaridos y María gritaba a más no poder sin soltar su escoba.
De esta manera, la cosa peluda desapareció en la penumbra y nunca más  volvió a aparecerse por el pueblo a asustar a las maestras recién llegadas y a otras mujeres del pueblo.
Así María empezó su labor en el pueblo, muy querida por sus alumnos y padres de familia y en la escuela cuando barría se acordaba de su hazaña en la primera noche de su estadía en la casita del pueblo.
Cuento. Leyenda.
Virginia Murillo Montero.




En el camión de Hatillo


“¿Qué le pasa, qué le pasa a mi camión?
¿Qué le pasa, qué le pasa que no arranca?”
(Canción popular)
Una mañana  soleada de marzo, me desperté  recordando una anécdota de mi infancia, relacionada con un autobús; sólo que en esa época  lo llamábamos camión de pasajeros. Existen muchos tipos de camión: el camión de la basura (¿quién no recuerda el famoso tilín-tilín, llamando a sacar la basura en latas, en bolsas, en cajas de cartón?), el camión de carga y el camión de pasajeros, entre otros.
Mi infancia y toda mi vida han estado ligadas a los camiones de pasajeros o cazadoras, como muchos le decían antes; siempre he viajado en el conocido bus. Y, ¡cuántas cosas podría yo contar de los viajes en el mencionado vehículo!

La primera anécdota de la cual tengo memoria es de aquel día, por ahí de mis ocho años - no preciso bien el tiempo- cuando mi mamá y yo veníamos del centro de San José hacía mi Hatillo natal. El recorrido era muy corto, de 15 a 20 minutos. Bueno…el asunto fue que a Mami se le desprendió una argolla de la oreja derecha y se le fue en una hendija de la carrocería del autobús, bajo la ventana,  se deslizó hacia abajo y ahí empezó el caos…

Virginia Montero

sábado, 2 de mayo de 2015

Fumar es un placer..


Tendida en la ¨ chaise longue ¨
…fumar y amar….
Fumando espero, al hombre que yo quiero…..
Mi  mente adolescente, avivada por la letra de ésta canción que con ronqueta voz la Montiel desde mi toca-discos, cantaba para mi deleite invitándome a emularla una y otra vez, imaginaba sin límites aquella escena.
Vestida con ropas de sedas y encajes, una mujer hermosa de largos y negros cabellos, piernas torneadas y perfectas, pies desnudos que mostraba entre todos sus ropajes, yacía tendida sobre el brocado rojo y dorado de aquella silla tapizada.
La estancia amplia con su mesita y lámpara que alumbraba apenas logrando juegos de luces tenues sobre la mullida alfombra y los espejos colocados al fondo, mientras el humo llenaba el espacio con su velo espeso y sofocante.
Fumar y amar….ver a mi amante….
El pitillo dorado en su boca, seductora y sensual toda ella, mientras aquel humo envolvía al hombre que a su lado se acercaba. Besos, pasión, delirio.
Pero sucedió que esa imagen cambió, como pasa con las cosas a través de la vida.
Hace poco husmeando en mi Facebook , puesto ahí por algún insolente, encuentro  un video de la Montiel y Carmen Sevilla, donde mi diva enseña a ésta cómo se fuma un cigarro puro. El video es oro .Ella experta; la Sevilla se ahoga y ambas logran hipnotizar mas a su público, entre toses y muchas risas, recuerdan cuántos hombres cayeron rendidos a los pies de ambas, en aquellos tiempos. Dos divas ya mayores se muestran tal cual son,  conversando sobre la sensualidad de fumar, ésta vez un inmenso puro cubano.  El poder de seducción siempre vigente mientras canta la Montiel: ver a mi amante, solícito y galante…besar mis labios… besar con besos sabios...
Y aquel humo espeso con ese olor inconfundible, envuelve sin reparo a la siempre grande Sara….
Ah, cómo cambian las cosas.

Lia Ferreto.
Abril, 2015.

Puente


Una palabra apenas susurrada…
Una idea que se mueve intangible pasando lenta y perezosa entre la maraña del tiempo y del espacio…
La humedad de la noche, el sigilo de las sombras…
Tumbada en la hamaca, mecida apenas por la brisa…
Un suspiro, tiembla el cuerpo; certeza , confusa pero cierta…
De tu pensamiento al mío, dibujado con trazos coloreados, mi nombre por tus labios pronunciado.


Lia Ferreto, abril 2015.

miércoles, 15 de abril de 2015

Fumando Espero

Evocar el ayer... en 1960  era un niño de escasos diez años de edad, en ésa época Paso Ancho se caracterizó, supongo que al igual que muchas otras comunidades de San José, de contar con una gran cantidad de personas que se dedicaron a brindar sus  servicios como carretoneros.

Para ése tiempo no había tanto vehículo y mucho menos camiones de carga como hoy, lo que si había era carretoneros que se dedicaban a jalar los materiales de construcción que vendían en los depósitos.  Recuerdo verlos en fila india frente al Cine Capitolio cerca del Restaurante Alfonso XIII, que era donde quedaba el depósito de materiales de construcción Quijano.  Cada vez que algún cliente llegaba a comprar materiales de construcción, fueran éstos piedra, arena, varilla, cemento y/o madera, se ponía de acuerdo con el carretonero quien le cobraba el flete de acuerdo al recorrido y a la carga que tenía que llevar.

Estampa muy propia de nuestra pequeña capital era ver los carretones cargados de mercaderías transitando por nuestras principales calles y avenidas jalados por un caballo.   Su conductor o mejor dicho carretonero iba sentado sobre el lado derecho de la tabla o asiento con su chilillo en una mano y sus riendas en la otra, mientras que, en el otro extremo era usual que viajara el cliente.

Ese medio de transporte fue de gran utilidad para los josefinos, debido a que,  para unos fue una fuente de trabajo con el que se ganaban el sustento diario y para otros un alivio al saber que tenían quien les jalara los materiales o el menaje cuando tenían que pasarse de casa, por eso, no entiendo cómo es que con tanta facilidad nos hemos olvidado de personas que se dedicaron con su actividad a contribuir al desarrollo de nuestro país.

Entre tantos trabajadores dedicados a ese oficio, recuerdo a uno muy singular que se llamó Juan Centeno.  Fue un hombre de estatura mediana, contextura gruesa, más bien regordete, cara ancha, ojos claros, pelo ensortijado y a quien como al resto de sus colegas les encantaba el guaro, los tangos y la música ranchera, era muy raro que eso no fuera así.

Cuando el día ya no es día Y la noche aun no llega (fragmento de Romance de las carretas de Julián Marchena), era usual escuchar….”Fumar es un placer genial, sensual, fumando espero a la hembra quien yo quiero, tras los cristales y alegres ventanales y mientras fumo mi vida no consumo porque flotando el humo me suele adormecer…..” al oír esa tonada ya los vecinos sabíamos que don Juan venía jumo sobre su carretón; lo    curioso es que el caballo de color café ya conocía la ruta y solito llegaba con su carga hasta la caballeriza.

Una vez ahí, doña Flor que era la esposa de don Juan se aprestaba con el concurso de alguno de sus hijos o hijas a bajar del carretón el arroz, los frijoles, el azúcar, y las otras cosillas que llevaba para la comida.  Una vez hecho eso, procedían a quitarle los aperos al caballo a la vez que le daban de beber agua con dulce y de comer afrecho con sal y caña de azúcar; ello porque su esposo no estaba en condiciones para hacer esas tareas.

Tantos años después, cuando escucho esa melodía y la letra interpretada magistralmente en la voz de Sarita Montiel, con gran cariño recuerdo la tonada de don Juan, porque fue él quien logró que en mi infancia ese tango se grabara en mi memoria, sin saber que se convertiría en un bello recuerdo de un pasado que no volverá.

Hoy, rebusco en mi mente y me encuentro una Costa Rica con más limitaciones y carencias, pero más bella y segura en todo sentido; por ello sin estar   …”tras los cristales y alegres ventanales”, con nostalgia o sin ella puedo comparar la Costa Rica de ayer con la de hoy, “…porque mientras fumo mi vida no consumo porque flotando el humo me suele adormecer…”.



Ricardo Jiménez García

miércoles, 7 de enero de 2015

La Mariposa...


La mariposa, es un insecto, pero contrario a la primera reacción que tal denominación nos puede producir, es un “bello” insecto, que se nos presenta como compañera en la naturaleza, con bellos diseños y colores, aleteando y casi jugueteando entre corrientes de aire ascendente y en los corredores del verdor de la biosfera y en cualquier ecosistema en donde el hombre se erige sobre sus pies.
Suele irrumpir en nuestra monotonía y así abruptamente, desaparecer. Siempre es una nota musical y de bella alegría.
El ser humano, pináculo, esplendor y culminación de la mano responsable de la creación, es apenas un animal que acompaña a la mariposa, un bicho denominado por el mismo, “lepidóptero”, del que si pone atención, encontrará en su camino vivencial, patrones comunes de conductismo y esquemas de gestión muy similares a los suyos, aunque en primera exhortación, no parecieran análogos en nada más que en ser hijos de la madre natura.
La vida nos habla en nuestro propio idioma, con un discurso continuo, al mismo segundo en que sucede el hilvanar y el discurrir de nuestra existencia,alocución a la que en pocas ocasiones ponemos atención, por lo que sus enseñanzas, y ahí está la excusa expresada en queja del hombre, es que la vida no nos enseñó a tiempo y por eso no evitamos ese desliz, falta o equivocación. Surge entonces, en ese mismo escritorio en donde está el problema, la esperanza,  expectativa y hasta el anhelo, seguridad o certeza, de que esto cesará.
En la interacción natural, el hombre se ha servido productos del edén, incentivando mediante sus acervos intelectuales, la producción de algunos de ellos y hasta su estructura genética, únicamente con el propósito de mejorar su forma de vida. Esta acción se ha traducido en avances y desmejoras para la humanidad y quienes conviven en esta esfera de vida, que denominamos planeta tierra.
La creación, en su conjunto de flora y fauna, sin dejar de cumplir con la selección de las especies, orden en el cual, el hombre ha metido su mano e influenciado tanto positiva como negativamente, ha sido objeto de repercusiones y efectos de manera indirecta de este quehacer humano, cuyas secuelas, consecuencias y resultados algunos han sido palmarios y muy evidentes. Sin embargo, la naturaleza también posee sabiduría y erudición e incluso podríamos hablar de una cultura, por la que ella misma, termina recuperando el equilibrio u homeostasis en muchos casos, ante la irreverencia, ultraje y menosprecio de la acción humana.
Es en esta dualidad, grandeza y miseria del hombre, en que más se aleja el ser humano de la humanidad. De acuerdo con el desarrollo del ministerio del arte, la ciencia y la industria, negocio en el que el hombre y la mujer cada día se adentran aún más, los patrones de convivencia entre seres humanos y de éstos con la flora y fauna, han ido variando sustancialmente,de conformidad con los esquemas sociales de convivencia e interacción del hombre y en lo que él mismo defina, circunstancial y convencionalmente como “sociedad” y “desarrollo”.
La definición ulterior del hombre aún no se perfila totalmente, pero al igual que una mariposa, hará énfasis tanto en su morfología como en algunos de sus atributos y particularidades. Y si bien del insecto puntualizará sus antenas largas, ojos compuestos, boca chupadora y alas cubiertas de membranas imbricadas, comparablemente, el ser humano, en términos de técnicas y métodos, lo definiríamos señalándole sus logros en tecnologías y terminologías aplicadas, en fin,seudociencias en donde se resume su know-how.
De lo anterior, puntualizo que el desarrollo de sistemas comunicacionales respaldados en avances computacionales como redes de celulares y satélites, telescopios en el espacio sideral, módulos habitacionales inteligentes y sustentables con el medio ambiente, nuevas formas de energía limpia,todos constituyen instrumentos científicos del hombre, que compiten, rivalizan y hasta desafían las antenas largas, los ojos compuestos y las membranas imbricadas de la mariposa. Y en este plano, en esta pretensión  de establecer un paralelismo entre la existencia de la humanidad y de la comunidad de los insectos denominados mariposas, es de especial referencia el hecho de la metamorfosis que “naturalmente” sucede en los mencionados insectos y la que en el hombre, a lo largo de su existencia en esta esfera denominada planeta tierra, ha sido objeto y sujeto a la vez, sucediendo en el ser humano, una metamorfosis propugnada, en ocasiones patrocinada y defendida, y en otras, escudada e impuesta por estereotipos sociales y sistemas económicos de desarrollo, ya sea por agentes propios y hasta exógenos a las sociedades en donde son asumidos como patrones propios.
El hombre en sociedad y con el inevitable pasar de los años, se ve inmerso en un acontecer y devenir histórico, que lo ha forzado  a adoptar multiformes y extrañas formas sociales, al amparo de comunas geográficas, desarrollo económico o bien, sistemas industriales, definiéndole incluso que comportamientos penar y condenar. Estas múltiples, combinadas y heterogéneas formas de sociedad, colectividad o comunidad, ha producido organizaciones y relaciones de mutualidad entre los seres humanos, bajo diversos convenios políticos, unos más efímeros e inestables que otros, falibles por su génesis humana.
Este ser social, se aglomera y autodefine y similarmente a los insectos por él denominados mariposas, adopta numerosos hábitos, estilos y costumbres noctámbulas, todas prácticas nocturnales ampliando con esto su programa social. La mayoría de las especies de las mariposas, son nocturnas, hecho que pasa inadvertido para nosotros.
Cada vez que el hombre ha fijado su vista en la naturaleza, ha encontrado la solución a sus problemas o bien, un modelo  a copiar y a seguir y realmente, no solo termina copiándola sino que instruyéndose al respecto. Entonces, si sus sistemas y modelos de desarrollo no le resultan, si sus programas sociales y políticas económicas no trascienden cuanto lo deben hacer y no le dan soluciones, debe volver su vista a la naturaleza, libro que le reserva, al entre leer en las interrelaciones de sus seres, al menos una vía para la solución final de su problemática socioeconómica.
Es en el deletreo de lo escrito en esos folios, que encontrará los hábitos de la mariposa, su vida y objetivo. En primer término tendrá que comprender la lección que está detrás de una corta vida, que igual que la de él, la mariposa luego de una metamorfosis, conversión o transformación, o bien como diría el ser humano, evolución, este insecto, sale al mundo en pos de cumplir con su objetivo.
El insecto lo tiene definido y vive cada momento de esa vida. En este momento, podemos colegir que las existencias del hombre y la mariposa, son igual de efímeras y cortas. Luego, los colores de la mariposa que ella ostenta y muestra a todos, luego de su metamorfosis, podría ser el mismo comportamiento en el hombre,engalanar su presencia con sus colores más lindos, salir y lucirse, a pesar de su metamorfosis. Bailar volando, la mariposa, vivir viviendo, el ser humano.
La mariposa está marcada o signada o definida por su metamorfosis, una que es la que le da sus principales atributos, entonces el Hombre también debe conducirse similarmente. Debe ser su paso y huella el que procure el bienestar de su especie, en primer término, que brille su mente para el mundo, debe buscar una metamorfosis que lo humanice y que cada hombre se humanice con cada hombre a su lado, como las mariposas lo hacen en un convivio con los animales, se trate de su especie o seres humanos.
La mariposa pasa momentos difíciles antes de ser ese insecto perfecto y bello que vemos en nuestros jardines, de oruga ubicada en un lugar resguardado se transforma en crisálida y sin una alimentación sufre cambios metabólicos y morfológicos, naciendo la mariposa al romper el esqueleto de la crisálida. Esta es su metamorfosis.
Al salir al mundo, luciendo coloridas alas que les sirven para su termorregulación, cortejo y señalización, interviene aportando no solo su belleza sino que consumiendo materia vegetal que las rodea como hojas, flores, frutos, tallos, raíces, por lo que es de gran importancia agrícola al constituir plagas importantes a cultivos. Incluso, puede ocurrir, que la extinción de una planta puede arrastrar o sobrellevar la de una mariposa.
No es acaso muy similar la existencia de la mariposa y la del ser humano? No está determinada la sobrevivencia del humano en el planeta, a que detenga su camino criminal y suicida dejando a un lado una serie de prácticas y conductas sociales y sobre todo, apartando su orgullo y que se den acuerdos políticos en procura del rescate de la creación, ya que de no ser así, la extinción de especies y del valioso recurso agua, definirá antes de lo previsto, la sobrevivencia del ser humano y del resto de las especies en el planeta.
El hombre es sujeto de una serie de fuerzas e influencias sociales, económicas y políticas, creadas y generadas en la mente de sus congéneres, materializadas en políticas y modelos e impuestas por unidades dirigidas por hombres, por lo que su metamorfosis o conversión, mutación o evolución o “progreso humano”, como se estila denominar, está en sus propias manos.
Al igual que la vida adulta de la mariposa, la cual es breve, hoy observamos millones de casos en que el paso del hombre sobre este planeta, es muy breve, a pesar de que estadísticamente, la medida convencional de “esperanza de vida” en muchos países y regiones del mundo, cada vez se hace más amplia.
El fin de la mariposa está definido naturalmente por una colaboración con el hábitat de la agricultura que en el entorno o ambiente en que se desplace, se constituya en agente polinizador de plantas y cultivos, en el término de su vida. El del hombre, debería ser el mejorar la calidad de vida de su conjunto y de las especies que con él conviven en el planeta, en el corto intervalo de su existencia.

Contribución de Sergio Regidor M, escrito luego de la lectura del cuento "El rastro de lamariposa" de Eunice Odio.