viernes, 24 de abril de 2020

UN CHASCARRILLO CON PALABRAS TÍPICAS TICAS



Acharita que te juiste! Siempre tan agasazapado!
Te jui a llamar acuantá, pero estabas compungido,Por aquella cursiadera que te dejó derrengao.
Es que sos fascineroso! Ah guila más confizgao!,


El chacalín más catrin de toda nuestra familia,
Cabildoso y empunchao, pero también sos chambón
Chuchinga y casi babiecas, un botaratas sonajas
Siempre que tratás con viejas!


Cachirulo mi vecino, se propuso catriniarse
Pero hizo tanto chanchullo,
Que terminó hecho un chilate.
Y le cogió pringa pie.


Llegó montado en chancletas
Muy lleno de cherebecos
Y se puso un gran chonete
Y un chuica lleno de espejos
Con una cotona vieja
Y por encima una sueta.


Al fin se jue compungido
Porque le di un coscorrón
Por chiripa tuve suerte
Con ese gran culindinga
Porque además de un gran baboso
Me resultó muy chuchinga.


Se le llenó la cotona
De montones de mozote
Pero el loco poca pena
Se me escapó por el lote.


Salió tisnao y trapiado
Después de tantas trifulcas
¡Nadie tiene al muy tequioso
Haciendo tanta yeguada
Pudiendo estase quedito
Y no meter la cuchara.
Copi





viernes, 27 de marzo de 2020

Para mis bisnietos y los de todo el mundo


de Maria Teresa Salazar -Copy- 

Día primero de mi ausencia.

Chiquitillos de mi alma,
Debemos estar en casa
Con papito y con mamá,
hay un gusanillo malo
paseando por la ciudad.
Si salimos va a picarnos
Pues nos quiere molestar.
En mi casa estoy a salvo
Porque él no podrá entrar
Pero entrará si yo salgo
Y entonces me picará.
Si me quedo muy tranquila
Pintando con mis crayolas
Como hacía con mi abuelita
Cuando estábamos a solas,
Recortando pegatinas
O jugando con la bola,
Ese gusano travieso
Se aburrirá de esperar
Y cuando se haya marchado
Podré volver a pasear.


Día segundo
Mis chiquitos

Palomita, Palomita
Ya sabes hablar francés!
Porque aun siendo tan pequeña
Lo que escuchas lo aprendés.
Así como mi Florencia
Tu primorosa hermanita
Es la que aprende de vos
A ser muy buena chiquita.
Cuando ustedes juegan juntos
Y los escucho pelear
Felipe está furibundo
Y no lo podes calmar.
Como una madre pequeña
Te pones a consentirlos
Para que no lloren más.
Y todo siga tranquilo
Para el juego continuar.
Felipe es un caballero
Tan simpático y galán
Que cuando yo no lo veo
Quiero ponerme a llorar.
Entretanto mi Sofía
Intenta tirarse al suelo
Está gateando la niña
Junto al sofá del abuelo.
Inti, mi bello lucero
Rubio, espigado y gracioso
Prepara en su licuadora
Para comenzar el día
Un batido delicioso
De Proteína y sandía.
Mientras le lee su “apotito”
Un cuento de fantasía.
Ustedes son mi locura,
Mi alegría, mi bendición
Que crezcan sanos y fuertes
Niños de mi corazón

Tercer día

LA ARAÑA
Una araña chiquitita
En la esquina del zaguán
Está tejiendo una tela
Para una mosca cazar.
Ella se mueve despacio
Está formando una red
Va sacando de su cuerpo
El hilo, para tejer.
Esa araña no descansa
Ni para de trabajar,
Solo pensando en sus niñas
Que ella debe alimentar.
Hay millones de arañitas
Dispersas por todo el mundo
Y aunque son tan pequeñitas
Su sentimiento es profundo.
Así como las arañas
Son mi mamá y mi papá
Que trabajan noche y día
Pensando en mi bienestar.
Por eso debo ayudarlos
No les voy a molestar
Porque si la araña para
¡No tendríamos qué almorzar ¡


Cuarto día

En La Fonda de Mi tía

Una gata muy coqueta
Se subió sola al tejado
Se resbaló en una teja
Y Cayó de medio lado.
Otros gatitos vecinos
La vinieron a ayudar,
Todos los buenos vecinos
Viven en Curridabat,
En la casa de tía Titi
En el patio y en la sala
Se pasean noche y día
En una forma galana.
Maullando en forma sutil,
Es un kínder de felinos
El que tienen por allí.
Aumentan sus inquilinos
Que maúllan en el jardín.


Quinto día

Pajarito

Pajarito, pajarito
¡Cuando te vas a callar!
Si seguís pegando gritos
¡Ya no podré descansar!
Mi tía Poty está molesta
Porque en el patio de atrás
Un pajarito enojado
No para de molestar.
Aborrezco a los zanates
Tan negros y mal olientes
Con esos picos tan curvos
Que casi parecen dientes.
Y destruyen otros nidos.
Amo En cambio a los yigüirros
Y a los pechito amarillo,
Con sus alitas azules,
Al petirrojo escondido
Que canta en los abedules.
Las aves son angelitos
Que manda Dios al jardín
Para que vuelen felices
Y nos hagan sonreír.

Sexto día
Hola mis bisnietos y otros chiquitos,
aquí van los poemas del fin de semana,

Hoy las hormiguitas están aburridas
Ya no saben cómo deberán actuar,
Siempre caminaban todas muy juntitas
Parece que ahora se separarán.
Igual que nos cuenta nuestro tío Fernando
Cambian sus pijamas con gran precisión,
salen de la cama, se meten al baño,
Cambiar la pijama, se acabó el jabón.
¡Hay qué aburrimiento!
Dicen las hormigas,
que salen subiendo por la habitación
Ni tenemos frío, ni tenemos hambre,
Mamá todo el día ensaya recetas,
Papá está furioso por la situación,
Mi abuela parece un alma en pena
Todo el día escuchando la televisión.
Teje, teje y teje, la orilla a un mantel
Ordena los closets, prepara café
¡Con bien este virus de los mil demonios
Nos deje solitos, ya no sé qué hacer!!!


Sétimo día
¡Hay Señor! Hoy es domingo,
Transcurrió otra semana
El virus contaminando
A todas las poblaciones
Y personas sin conciencia
Disfrutando vacaciones.
Tenemos miles de muertos
Que ya descansan en paz,
Es peor para los vivos
Que habremos de soportar
Problemas y sufrimientos
Que es muy duro imaginar.

Pobrecitos nuestros niños
Pobres de papa y mama,
Que no tenemos más armas
Que simplemente rezar.

Rezar mucho y comprender
Lo que Dios está diciendo
Es el tiempo de volver
A los viejos testamentos.

Respetar las jerarquías,
Meditar las oraciones,
Aceptar que somos seres
Con muchas limitaciones.

No somos dueños del mundo
Lo principal no es tener
Lo principal es vivir
Como tendría que ser-

Que acabe la competencia
De los que tiene de todo
Yates, aviones, haciendas
Y disfrutan sin decoro.

Sin ver que hay un mundo entero
Que no tiene qué comer.
¡Arriba los corazones,
Comencemos a entender!


Ojalá todos sepamos
Aprovechar la lección
Y con paciencia logremos
Revertir la situación.
¡Hay que pensar en los otros
No solo en mi situación!



DIA OCTAVO DE RECLUSIÓN
LA IGUANA ROSADA

Recuerdas Paloma
Cuando, hace algún tiempo
Fuimos de paseo,
Hasta Condovac.

Cuando en las mañanas
Me pedías llevarte
A ver la horrorosa
Iguana rosada
Que venía a asolearse
Junto a la ventana_

A vos te encantaba,
Y yo le temía.
¡Pobre de esa iguana
Tan gorda y tan fría!
¡Necesita tanto del calor del sol!

Sentada en la playa
Jugaba Florencia
Con toda la cara
Cubierta de arena.

Fuimos todos juntos
Gracias a tu abuela,
Tejimos recuerdos,
En una cadena
De amor y ternura
De gran comprensión.

¡Y yo necesito, escuchar tu voz
Igual que la iguana necesita al sol!




MI GALAN

Felipe querido,
Mi dulce galán,
De los ojos bellos,
Sonrisa genial.

Inquieto y vivaz,
Como un cervatillo
Que atraviesa el monte
Dejando su trillo.

Juntos hemos hecho
Muchas cosas lindas
Cosimos perritos,
Pintamos casitas,

Para los muñecos
Hicimos comida
Con hojitas frescas,
Arena y arcilla.

Mi pequeño genio,
Mi gentil gitano,
En cuanto esto pase
Te estaré esperando.

FLORENCIA

El solo observarte,
Sentir tus gorjeos,
Alegra mis horas,
Colma mis anhelos.

Mirar tus pasitos
Cuando presurosa
Con el bebé en brazos
Galleta en la boca.,
Y el coche arrastrado
Desde el corredor.

Haciendo “pininos”
Al subir la grada
Solo me saludas
Con una mirada

Balanceas hermosura
Capeándo obstáculos
Y al fin llegas a la cumbre
A sentarte en mi regazo.

INTI

Sos un sol que resplandece
En el cielo de este nido
Se me humedecen los ojos
Cuando te observo dormido.

Alegra nuestras mañanas
El escuchar tus pasitos
Mi tierno e ingenuo niño
El amor de tu abuelito.

Yo me siento bendecida
Al poder tenerte cerca.
Conversar, reir contigo
Cuando en la televisión
La vieja giganta enorme
Baila contenta su son.

Mi lindo niño de seda,
Mezcla de leche y de miel
Que los ojos de esta abuela
Puedan mirarte crecer.


SOFIA

Esta graciosa bebé
Crece y crece sin medida
Cada vez más vivaracha
Mas lista y más entendida{.

Sus cabellos son de seda
Su piel es de mazapán,
Se baja voluntariosa
Ella ya quiere gatear.

Y aunque no la veo seguido
Por esta cruel situación
Y ella a mí, no me conoce,
Ya le entregué el corazón.

OCHO DÍAS

Día octavo de internamiento
El tiempo pasa muy lento
Cuando estamos separados
De los seres que queremos.

Aunque no debo quejarme
Hoy existen los recursos
Y puedo comunicarme
Muy fácil, con todo el mundo.

Es que estoy acostumbrada
A hacer lo que se me antoja
Si quiero salir yo salgo
Y si me quiero quedar,
¡Nadie me dice qué hacer
Ni cómo debo pensar!

Me hace mucha falta Macha
Que con mucho regañar
Lograba tranquilizarme
Me obligaba a descansar.

Estoy recordando a Inti
Mi dulce príncipe azul.
Ahora no puede salir
Y disfrutar la piscina,
Con vista espectacular
Esperándole en la esquina.

Su abuelito fue a traer
La piscinita de inflar
La pequeñita y redonda
Que estaba en casa guardada,
La piscina decorada
Que le comprara su abuela
Aquel ángel del Señor
Que hoy descansa en otra esfera
.
Palomita y Florencia,
Ya no vienen a dormir
Adonde su abuela Poti,
Encerrada con mama,
Porque a la pobre muchacha
¡Le tocó cuidar a Yaya!
¡Lo que te toca te toca
Y no hay forma de escapar!
La pobre muchacha sueña
Con mirar sus nietecitos
Y conversar con sus hijos
No para de trabajar.

Entre tanto, tío Roberto
Siempre tan despreocupado
Su grano está colocando
Procurando entretener
A sus sobrinos y hermanos
Que le han respondido bien.
En entorno familiar,
Le estarán colaborando,
Es para seres pensantes,
Seguro muy preparados.
“Razonamiento lateral”.
Algo duro de entender,
¡Yo ni loca participo
No poseo la ilustración,
Y no me importa un carajo
Encontrar la solución.

Vigui en su cama acostado
Con nuestra Patty a su lado
Mira la televisión,
Mientras se comen un taco.
Y descansan un montón
Esperando se termine
El retiro tan forzado
Que en México es imposible
Un país súper poblado.
Aquello es un hormiguero
Donde López Obrador
No está de acuerdo con nada
¡Qué le pasa a ese señor!

Y taco el perro de Eugenia
Continúa desesperado
Él se siente abandonado
¡Después de ser una estrella
Es un perrito olvidado!
Y Penny su compañera
Nunca lo ha determinado.

Mientras Titina y sus gatos
Dan clases por internet
Las niñas hacen tareas
Y Mau practica correr
Los mininos se atraviesan
Delante de la pantalla,
Y mi niña grande ríe,
Su bello jardín florece
Y el mundo sigue su marcha
¡A tener mucha paciencia
Mientras se pasa la racha!

Irene se multiplica,
Lelos fue de vacación
Las chiquitas trabajando
Desde su computador,
Arturo muy preocupado
Tratando de mantener
Su espíritu muy en alto
Sin perder ubicación,
Es un consejo muy sabio
Podría ser la solución.

Fernan sólo en el hotel
Enfrenta la gran tormenta,
Ha de pagar las planillas
El agua, la electricidad.
El hotel sigue vacío
Parada a construcción.
Tiene a su lado a unos hijos
Que son una bendición.
Sobre todo al angelito
Ese niño prodigioso
El que regala dulzura,
Hace que la situación
Se presente menos dura
Mientras termina el ciclón.

En fin, nos toca esperar
Que la tormenta termine
Y a mis hijos les deseo
Que Dios me los ilumine!

Mi situación es de riesgo
Por mí, nadie se preocupe
He vivido tanto tiempo
Recibí tantos regalos,
Participé en tantos lutos
Que no podría recordarlos.

Nací en la primera guerra,
Crecí durante la segunda,
El Neoplam, las Armas nuevas,
Hiroshima y Nagasaki,

La revolución en Cuba
Y nuestra revolución,
Después nos llegó la contra,
Terremoto en Nicaragua,

El Sida, todas las drogas
Los gobiernos comunistas,
Lesbianas, los sindicatos
Las muertes asistidas.
Turistas que van a Marte,

Aborto, Inseminación,
El nuevo viaje a la luna
El diseño de Kwuait,
Descubren estrellas nuevas,
Un hueco negro fatal.

Frecuentes cambios de sexo,
Hombres que llevan trasplantes,
Parejas homosexuales,
Pueden niños adoptar,
El Papa nos da permiso
De otra pareja, buscar
Les diré, ya yo estoy harta
¡Un despelote total!
Sentada frente a mi compu
No dejaré de pensar,
En que hagamos lo que hagamos
Esto jamás va a parar….


NOVENO DÍA de distancia

¡Hola, cómo amanecieron!
Hoy el día está luminoso
El sol refulge en el cielo
De un celeste prodigioso.

Hoy tenemos que alegrarnos
De disfrutar de la vida
Porque hay otros enfermitos
Muy prontos a su partida.

Los pájaros en el cielo
Cantan las glorias de Dios
Ese Señor que nos ama
Y por nosotros murió.

Hoy hay que pensar en otros
Que ya no tienen trabajo
Que tampoco tienen techo
Ni amor ni alegría en el alma.

Otros seres olvidados
Desde siempre por el mundo
Hermanos abandonados
Que ya perdieron la fé.

Los chiquitos a jugar
Y a compartir lo que saben,
Así como Palomita
Y Florencia nos mostraron
Y en su reciente video
Mil cosas nos enseñaron.

Demos gracias al Señor
Que nos tiene protegidos
Tratemos de perdonar
A quienes están dolidos
No quieren obedecer
Y nos ponen en peligro.

Ojalá que el nuevo día
Nos traiga buenas noticias
Pobrecito Nueva York
Increíble su caída.

Pero sigan adelante
Mis adorados pequeños
Nunca les va a abandonar
El amor de los abuelos.


martes, 28 de enero de 2020

Las botellas de ron y cerveza


Ana Lorena Cartín Leiva
Soy Pierre, una botella de brandy y he viajado desde Francia por barco, actualmente me encuentro en el bar de un lujoso hotel, dicen que tiene más de cinco estrellas, en algún lugar de la provincia de Guanacaste en Costa Rica. Aún no me acostumbro al calor de este lugar, será por eso que todavía permanezco en el bar. Aquí he hecho amistad con toda clase de botellas de licor y otras bebidas, especialmente con la botella de ron Palmeras y la de cerveza Beatriz..
He sido testigo del sufrimiento de ambas botellas y no quisiera, jamás, vivir la situación de ellas. Palmeras, un ron centroamericano, yo creo que era caribeño, pero insistía que era centroamericano, una tarde melancólica, me contó sobre su poca experiencia en esto de vivir, su niñez se remonta al cañaveral donde creció y poco antes que iniciaran las lluvias, una vez cosechada la caña de azúcar, se transformó en jugo de caña y melaza la que por fermentación con levadura y agua, produjo el mosto que luego lo destilaron por columnas no por alambiques, para después llevar el licor producido al envejecimiento o añejado en uno toneles de roble. Narró que como es un excelente ron, lo añejaron doce años en toneles de roble pequeños ya que así, su aroma y sabor es mejor, ¡solo los rones de mala calidad los añejan durante un año y en toneles grandes! exclamó con gran orgullo, finalmente -continuó- el maestro mezclador, un gran experto en eso de mezclar los rones añejados, mezcló licores de dos toneles para obtener ese bouquet característico del buen ron y luego me envasaron. Entonces le comenté, sos un ron para bebedores y conocedores de licores de excelente calidad. ¡Por supuesto! contestó. Y aquí me encuentro en este bar, que visitan ricos y famosos, esperando que un buen conocedor me compre.
La botella de cerveza Beatriz suspiraba mientras oía el relato de Palmeras y con voz entrecortada comentó que ella procedía de Europa, exactamente de Bélgica y que para estar en ese lujoso bar de hotel, había tenido que pasar por un largo, fino y delicado proceso. Primero tostaron los granos del cereal del que provengo para activar las enzimas y conseguir así, maltas claras u oscuras y luego molieron los granos, me mezclaron con agua, convirtiendo los almidones en azúcares fermentados, me filtraron separando el mosto del resto de la malta. Mi mosto lo llevaron a ebullición para aportar ese amargor y aroma que tengo y que proviene del lúpulo; esterilizaron y evaporaron mis aromas indeseables. Mi mosto lo airearon y agregaron la levadura y así los azúcares fermentados se transformaron en alcohol y dióxido de carbono
A esa altura del proceso me cansé pero aún tenían que madurarme a temperatura bajas para que mi sabor y aroma se estabilizaran, en este proceso sentía mucho frío pero era necesario para mejorar mi sabor, mi aroma, mi bouquet. Finalmente me filtraron para que las minúsculas partículas de levadura y otros compuestos se separaran y así quedar brillante, elegante con esa transparencia que solo las cervezas de excelente calidad -como mis hermanas y yo- tenemos. ¡Vaya contestó Palmeras! Realmente sos una joven delicada a pesar del cansancio de tu proceso, apenas para un buen catador de cerveza. Escuchando los dos relatos solo pensé que mejor no comentada sobre mi proceso para obtener un buen brandy, no vaya a ser se pongan un poco celosos por mi delicadeza de bouquet.
Estábamos en esa amena charla, de gratos recuerdos, cuando una hermosa joven entró al bar y le solicitó al encargado que le llevaran a la mesa que compartía con un apuesto joven, la botella de ron y la de cerveza. Mis amigos se alegraron, por fin serían catados, saboreados por personas conocedoras y dejarían de estar aburridos. La mesa estaba convenientemente situada en una zona semi oscura y una música suave de fondo invitaba a una buena conversación y Palmeras, guiñándole un ojo a Beatriz, le comentó: cualquier cosa puede pasar esta noche…pero no veo una copas dijo alarmado, ni yo jarras bien frías, espetó Beatriz, ¡solo veo vasos! ¿Será que nos van a usar para otra ocasión especial? Beatriz, más despabilada que Palmeras se dio cuenta que en la mesa además de los vasos, había una botella de refresco, ¡qué igualado, estar en una mesa con nosotros! Probablemente los vasos son para ese igualado.
El joven luego de una amena conversación, me destapó y me vertió en un vaso, ¡no!, ¿qué está haciendo? - preguntaba con desesperación Palmeras- yo tengo que estar en un copa fina y me está agregando hielo, ¿qué está haciendo? Me está agregando ese refresco que dice cola, ¡por favor que alguien lo detenga, me está matando, también me está agregando jugo de limón y está mezclando todo con un dedo de la mano! ¡No, no! la botella de ron se desmayó y solo quería tirarse de la mesa para quebrarse y no continuar viendo el asesinato que hacían. Sollozando repetía ¡tanto trabajo en obtener mi bouquet, doce años añejándome para que me destruyan así!
Beatriz estaba petrificada de ver aquella situación y de repente, la vierten en un vaso, ¡no puede ser! Casi gritando, con un gesto de horror, pedía -por favor- en una jarra bien fría pero nadie escuchaba su voz. Una vez en el vaso, la joven mujer agregó hielo, limón y sal. El pequeño corazón de Beatriz no soportó semejante acto -que una buena bebedora jamás haría- y se detuvo para siempre.
No hay día que no recuerde a mis amigos Palmeras y Beatriz y no quisiera, jamás, vivir su situación, prefiero quedarme solo en el bar, viendo que otros licores van y vienen. Por dicha mi precio es muy alto -soy de excelente calidad- y la mayoría de personas que visitan el bar ni me determinan, es mejor así que morir de un infarto debido a que alguien me agregue hielo o un refresco de cola. Prefiero seguir siendo Pierre, la botella de brandy que nadie compra.




lunes, 4 de noviembre de 2019

Puentes y mar



Ana Lorena Cartín Leiva
Desde pequeña siento un temor que me paraliza y me hace sudar frío al cruzar los puentes y siempre me pregunto por qué, sin encontrar respuesta alguna. ¿Cruzar uno caminando? No podría. ¿Es irracional? Posiblemente, pero ese sentimiento está allí, a veces se oculta y creo que ha desaparecido y no, veo un puente y salta el temor, más controlado, pero allí está, a veces siento que se ríe de mí y me hace guiños. Varias amigas dicen que posiblemente algo me pasó en la otra vida al cruzar un puente, ¡cómo si creyera en esas cosas!
Y ese temor tiene un hermano mayor, el respeto exagerado al mar, ese que si bien admiro su inmensidad, su cadencioso y melancólico movimiento de las ola al romper en la playa y que se retira para volver con la misma furia pero nada más. Cuando voy al mar, solo me mojo los pies en la playa, caminar un rato viéndolo, oyéndolo, a veces creo que se burla de mí y le digo ¡hola!, pero no iré a que me abraces. Nunca. Y como si la vida quisiera obligarme a desterrar esos temores, he tenido que enfrentarlos, armándome de valor o fingiendo que nada pasará, pero ese enfrentamiento me ha puesto en situaciones para mí aterradoras, para los demás, divertidas, que me han avergonzado. Esos enfrentamientos iniciaron cuando ingresé a la Universidad de Costa Rica ya que para ir a la Escuela de Química, tenía que cruzar el pequeño puente entre Estudios Generales y Química.
Recuerdo cuando risueña, el día de la matrícula, tenía que ir por las tarjetas de los cursos de química y me detuve en seco, ¡tenía que cruzar ese puente y lo cruzaba o lo cruzaba!; despacio, sin mirar hacia abajo empecé a caminar asida del brazo de mi amiga Chely y como el puente es de madera, crujía y el terror casi me obliga a devolverme, pero era más mi deseo de ingresar a estudiar química, que caminé. A lo largo de 6 años tuve que cruzar muchísimas veces ese puente, el “puentecito de química” como lo bauticé y ese puente aún hoy, cruje y
está allí, altanero y jovial. Luego de muchos años, como evaluadora de proyectos en Fundecooperación, tenía que visitar los proyectos en desarrollo sostenible a mi cargo, iniciándose mi calvario con los puentes y el mar, doce años recorriéndolo, pretendiendo que esos temores habían desaparecido,
mostrándome fuerte por fuera y por dentro un revoltijo de emociones, temores y sudores.
Cruzar el puente La Amistad al día siguiente de su inauguración fue espantoso, la presión se me subió, estuve a punto de devolverme, de no ir a Guaitil, prácticamente le enterré las uñas a mi compañero que manejaba, tenía los ojos desorbitados y lo peor, es que él se burlaba de la situación, los pocos minutos que duramos cruzándolo, me parecieron horas.
Hasta la fecha, no sé cómo es el famoso puente de La Amistad, siempre lo cruzo con los ojos cerrados.
El otro puente, fue el del río las Quebradas en Pérez Zeledón. Como ese río abastece de agua a San Isidro, la SETENA no permitió, por el impacto ambiental negativo, la construcción de un puente colgante para un proyecto turístico, por lo que el famoso puente, se convirtió en un andarivel, fui invitada al día de su inauguración, como evaluadora del proyecto, pero cuando el coordinador informa a las y los presentes que yo, si yo, tenía que inaugurar el
andarivel y cruzar hasta la otra orilla del río, casi me desmayo, me puse pálida, rígida, empecé a sudar y casi me orino, porque además, para que el andarivel se moviera, había que pedalear. El coordinador del proyecto se dio cuenta de mi pánico y me dijo que si tenía tanto temor, él lo haría y le dije que no, que me subiría al andarivel, pero que me acompañara. Subí al andarivel no sin antes maldecir a la SETENA pues a pesar de mis temores, era mejor cruzar un puente que el andarivel. Empezamos a pedalear y aunque no soy muy creyente, invoqué a todos los santos del cielo, por demás está decir que ese viaje de ida y vuelta, fue eterno, sudaba y sudaba, mis músculos agarrotados y no podía decir palabra alguna. No fue temor, fue terror, pavor. Sobra decir que ni admiré el paisaje. Las fotografías que tomaron, son fieles testigos del pavor que expresaba mi rostro.
Y mi calvario continuaba. Para visitar un proyecto en las comunidades de San Miguel y Dos Bocas, en Quepos, hay que cruzar el río Hatillo. Me enrumbé acompañada de la coordinadora del proyecto y funcionarios del MAG-Quepos, luego de casi una hora de viaje, el vehículo se detuvo en la orilla del río, pregunté que si íbamos a vadearlo porque no veía puente alguno y me respondieron que no, era época lluviosa y de repente podía bajar una cabeza de agua y era peligroso. ¿Y el puente dónde está? Allí, contestaron, señalándome una tabla de escasos dos metros y medio de ancho que había y hacía las funciones de puente. No, no puedo cruzar esa tabla dije, no puedo hacerlo, pero tenía que hacerlo, las comunidades al otro lado me esperaban. Estaba paralizada, sentía que el corazón se me iba a salir de tan fuerte que latía,
invoqué a mi padre y a mi hermana Nancy para que me protegieran, que me dieran valor y poder caminar. Uno de los funcionarios del MAG, me tomó del brazo y me dijo que fijara la vista al frente, que no volviera a ver hacia abajo y empecé a caminar, mis “quijadas” sonaban durísimo, tenía frío a pesar del calor que hacía, no caminaba, me arrastraba. Cuando llegamos a la otra orilla, busqué un árbol para orinar y vomitar, casi me desmayo al pensar que tenía que volver a cruzar la famosa tabla. Maldije a la municipalidad de Quepos, ¡nada le costaba construir el puente!
Y continuando con el periplo del calvario, tenía que visitar un proyecto de un grupo de mujeres quienes criaban cabras y producían queso y yogurt. Investigué cuanto tiempo tardaría en llegar por carretera, cinco horas, demasiado, por lo que llegamos hasta Puntarenas para tomar el ferry a Paquera, decisión que me costó tomar por el gran temor que le tengo al mar, en una hora arribamos al proyecto. Tuvimos que vadear un río, lo que no me importó, eso era preferible que cruzar un puente; regresamos al centro de Paquera a las cinco de la tarde con tal mala suerte que el ferry había zarpado y había que esperar el que salía a las siete de la noche, y mi cuerpo empezó a temblar y a sudar frío. Por fin llegó el barco, subí con mi compañero al bar, tomé un whisky para ver si me calmaba un poco y a los quince minutos, se silenciaron los motores, silencio total, el capitán informó que uno de los motores tenía un desperfecto y que había que esperar que llegara una lancha con el mecánico y poner a funcionar el motor. Me encontraba en un barco varado, de noche, en medio de una terrible oscuridad, en medio de esa inmensidad de mar, mi cuerpo se heló, tenía ganas de gritar que me sacaran de allí, empecé a sudar, solo pensaba en mi hijo, me dio taquicardia, estaba en tal estado, que mi compañero tuvo que abrazarme para que me calmara. Cuando se oyó nuevamente el ruido de los motores, me calmé un poco. Llegamos a Puntarenas y como por disposición de  Fundecooperación, no podíamos viajar de noche para evitar peligros, dormimos
en el Puerto, bueno, yo no dormí pues mi mente recreaba una y otra vez esos minutos de angustia.
Creo que me he armado de valor para enfrentar mis temores a los puentes y al mar, ha sido a costa de pánico, sudores, frío, taquicardia, vómitos. He asistido a sesiones con una psicóloga, pero mis temores rondan, tal vez no me paralizan como lo he narrado, pero no he podido dilucidar el por qué. Tal vez mis amigas tengan razón y en mi otra vida, algo me sucedió en un puente o en el mar, tal vez…

Tamales en Navidad

Guillermo Arroyo Muñoz

El paso del tiempo en la época navideña en mi niñez y adolescencia siempre fue placentero, es una época que la vivía como de poco esfuerzo, no había escuela, las vacaciones nos llevaban a los cafetales, las pozas, las plazas o espacios para la mejenga del futbol casi sin reglas, el tiempo se gastaba en el afuera de la casa, los días de mucha luz, entre calor y fríos, los vientos elevaban los papalotes.
Sobre todo me acuerdo cuando llegaba la semana de los tamales navideños, que
iniciaban cuando mi madre nos preparaba para ir al mercado comprar los de los tamales, una aventura a pesar de vivir en los barrios del sur, cerca de San José, no era frecuente viajar a la ciudad, la emoción de subir al bus por unos pocos minutos, ver por sus ventanas y luego caminar por sus calles hasta el mercado, una zona de carretones tirados por personas y por caballos que nos parecían hermosos, mientras el maltrato del trabajo pesado los convertían en jamelgos.
Un espacio muy llenos de personas, animales, gritos, sonidos y por un movimiento son fin, llegamos a un tramo y madre empieza la compara de uno o dos cuartillos de maíz blanco, la cantidad no logro precisar, luego seguía una lista enorme chiles dulces me encantaban sus colores, papas, culantro, apio, hojas de plátano, condimentos cuerdas para amarrar, arroz, y muchas otras cosas más, la carne de cerdo el encargado era mi padre, que la compra en una carnicería de donde es cliente y le dan una buena carne.
Claro todo lo bueno suele traer una parte difícil, llevar las compras a la casa, mi madre tan fuerte como Superman héroe de historietas se encargaba de las más grandes y pesadas y mi hermanillo y yo nos tocaba llevar las otras bolsas hasta la parada de bus, cuando llegaba se iniciaba una lucha por subir similar a la luchar por la vida, eran otros tiempos.
El viaje de regreso era siempre más corto, el bus se detenía cerca de la iglesia del barrio, frente al cafetal, lugar que conocíamos de memoria, en especial donde estaban los árboles de mango, guayaba, nísperos y las manzanas de rosa y de agua.
Ya en la casa se venían días en que mi madre ordenaba y mandaba, los primero el proceso de lavar, lavar, lavar el maíz para luego iniciar la cocinada en el fogón que nuestro padres y hermanos mayores tenían preparado en el fondo del patio, junto con las pilas de leños de todo tipo, eso sí lo más seca posible para reducir humo, en esos tiempos las casas solían tener un patio lo suficientemente grande, los suficiente para tender ropa, sembrar matas, jugar y cocinar en fogones temporales para semana santo y navidad.
Luego algún hermano más grande le toca realizar un a vista que yo no me perdía, llevar el maíz cocinado al molino de don chico, el maíz preparado se vertía en el molino que empezaba a transformar el maíz en un montículo de maza de maíz, y ahí venia el gusto de ir al molino, lograr apoderarse de un poco de maza, no sin las antes recibir las amenazas de mi hermano.
De vuelta en casa, la cocina era una locura organizada donde se cocinaba arroz, carne, papas y todos lo que debería prepararse para los tamales navideños, para llegar al día una larga fila de mesas en el patio permitía organizar la limpieza de hojas y su colocación, la cucharada gigante de masa, y luego todo lo demás arroz, carne, chile, garbanzos y muchas otras cosas, hasta llegar a la zona de los dobladores y finalmente la zona de los que amarran al tamal y lo echan en las enormes ollas con agua en el fogón donde la madera generaba un calor intenso. Yo, fui limpiador de hojas y con el tiempo llegué a ser amarrador de tamales, siempre con la asesoría de los que sabían. A partir de ahí esperaban largas horas alimentando el fuego, tiempo para jugar y oír historias de mi padre, casi siempre de miedo.
Ya en la navidad era tamal con café, almuerzo y cena con tamal por algunos días, también si iniciaba la amistad comunitaria del tamal todas las mamas del barrio iniciaban un continuo caminar de visitas para dejar y recibir tamales de todos los sabres y colores, en el fondo también procuraba una sana competencia por ser reconocida por tener buenos tamales navideños.
El tamal no solo cautivo mi paladar y gusto, sino que por esa boca no solo entro
tamales, sino también el concepto del amor familiar y el placer de l tejido social del intercambio comunitario de tamales. De esa forma se alimentó el cuerpo, pero sobre todo memorias, valores que siguen presentes.

Vestida de tiempo


Vestida de tiempo vengo 
ha sido duro avanzar 
unas, noches oscuras...
otras, con luna llena.
Ha estado lejos mi amanecer.
¡De pronto!
un titular de estrellas
me invitan a seguir
¡llevándome de esperanza!
renovadas están mis fuerzas
¡milagro!
¡mis pies tienen alas!
y danzan  y danzan,
danzando están sus parar.
 
 
Marta Maria Hernández Mendoza. 
Setiembre de 2019.

poemas


1.
rayo de luna
la crisálida sueña
sopla el viento.


2.
 gota de agua
 en un pétalo de la
 flor amarilla.


marta maria hernandez mendoza


Horno de barro

Qué hermosas son las tradiciones! Un tío de mi esposo, casó con una nicoyana viviendo por un tiempo en Nicoya.

Nuestra familia era invitada especialmente para pasar algunas veces la Semana Santa y lo pasabamos muy bien, de lo que guardo gratos recuerdos.

Nicoya es un pueblo profundamente religioso y en la Semana Santa, a la vez que preparaban la Iglesia, adornándola con esos tonos morados, negros y dorados, propios del momento en las casas las familias preparaban los  platillos tradicionales, en su mayoría derivados del maíz.

Recuerdo las tanelas, los bizcochos, el tamal asado, siendo los hechos en casa realmente deliciosos, porque se han tenido especial  cuidado en ser generosos con los ingredientes, ya que resultan primordiales para destacar el buen producto.

En algunas casas todavía tienen el tradicional horno de barro que usan en esas temporadas, ubicado generalmente en el patio, ya que es de barro y hay que alimentarlo con leña.

A la hora de preparar los bizcochos, ¡toda la familia y los amigos que se encuentran en la casa, participan, resultando muy festivo!.

Recuerdo  que su preparación es con maíz cascado, queso seco, huevo y manteca, con estos ingredientes se preparan  los famosos bizcochos y las tanelas nombre de un  pan el que se endulza con tapa.

Una vez formados todo bajo la dirección de la persona que es la que tiene la receta y que es la que asigna el trabajo, trabajo en equipo que resulta muy festivo y ameno.

Se meten en bandejas grandes al horno esparciendo por toda la casa  un delicioso olor que irremediablemente invita a preparar el café que se hace en bolsa de chorrear y a  deleitarse comiendo en camaradería.

  Despues se sale en grupos familiares para la Iglesia a participar de las actividades propias de la época. Son momentos muy bonitos, quedando guardados en el recuerdo, con todos los sentidos que participaron vista, oído, olfato, tacto,

Es un pueblo que trabaja en conservar la la tradición.

Marta María Hernández Mendoza.

La aventura

Copi Salazar.

Siendo viuda reciente y en medio de mucho sufrimiento de toda la familia, mi hijo menor decidió casarse.
Recién casado, tanto él como su señora soñaban con tener familia, el ansiado embarazo tardaba en llegar. Intentando averiguar la causa, ambos se sometieron a diversos estudios, todo parecía marchar bien, sin embargo se desesperaban y voluntariamente la joven se vio sometida a diversos tratamientos pesados y enojosos, sin resultado positivo.
Ambos cónyuges sufrían mucho, y con ellos yo, suegra y madre interesadísima en su felicidad. Dado que inexorable pasaba el tiempo y el asunto no se solucionaba, comenzaron los muchachos a pensar en la adopción. Yo publiqué entre mis amistades el problema, pidiendo si alguien conocía de algún bebé por nacer que necesitara ser tomado en adopción, me lo comunicara. A los días una doctora joven, nuera de mi amiga, llamó para avisar que nacería un bebé en un pueblo de la frontera donde ella trabajaba en el hospital local. El matrimonio
gringo interesado que se disponían llegar a Costa Rica a recoger a la criatura al siguiente día, por motivos poderosos canceló el viaje, el bebé nacería en el hospital del lugar, esa LA AVENTURA_ Cuento por misma semana. Había que viajar de inmediato para no perder esa oportunidad.

Contentísima llamé a mi nuera y a mi muchacho y les expliqué la situación. De inmediato pedí prestado un coche a otro de mis hijos, no queríamos que por el mismo se nos pudiese reconocer. Armamos un equipaje rápido para pasar una o dos noches en algún hotel. El bebé estaba supuesto a nacer al día siguiente, no tardaríamos en regresar.
Monté en el coche un moisés que conseguí prestado, para acostar al baby durante el viaje de regreso, una ropita para él y dos mudadas para mí, y los tres salimos alegres a completarla misión.
Llegamos al lugar, una ciudad limítrofe, muy pueblerina, y preguntando por algún albergue, se nos aconsejó dirigirnos a un hotel céntrico de un chino. Un hotel de paso para agentes viajeros que colocaban artículos en el comercio del lugar.
El hotel lucía mediocre y no muy bonito. Cuando llegamos a registrarnos pedimos dos habitaciones, tenían solamente una disponible, podían agregar una cama adicional.
Aceptamos de inmediato, llamé por teléfono a la doctora amiga y respondió que el baby estaba por nacer, posiblemente el parto se daría esa noche o al siguiente día.
Comimos algo en el comedor del hotel, y nos acostamos cansadísimos, por parte de la doctor se nos indicó que sería mejor que no nos dejásemos ver, para que el público no sospechara, el supuesto padre de la criatura era chofer de taxi y el padre de la parturienta estaba furioso, no aceptaría un nieto más en casa. Todo el pueblo lo sabía, si veían a una pareja desconocida y sospechosa, todos se ibn a enterar.
A la mañana siguiente nos bañamos y desayunamos ilusionados, llamé de nuevo al hospital y la doctora me informó _ el niño había nacido bien, era un varoncito sano, su madre tenía calentura y no le darían salida sino hasta que estuviera sana.
Como los jóvenes son impetuosos pero poco previsores, mis hijos no llevaban muchas cosas que en aquel momento nos eran esenciales. Solamente yo llevaba toalla de baño, artículos de tocador y sandalias. Los tres nos secamos con la
misma toalla, mi nuera llevaba un libro y una revista que leímos los tres. Para ir a los sitios de comercio estábamos un poco lejos, si salíamos a comprar algo seríamos la novedad.
La parturienta no mejoraba, pasamos metidos en el cuarto asfixiante, sentados cada cual en su cama casi cuatro días de horror, comiendo a diario la comida china del lugar y meditando sobre qué pensarían el chino y los demás clientes
de que una pareja y su suegra no salieran de la habitación durante casi una semana, Si hubiese sido solo la pareja sería natural, Pero con suegra incluida era demasiado raro.
Al fin, al cuarto día de penitencia, me informaron del hospital que ya la madre y el niño tendrían salida, nos bañamos a la carrera, yo me fui al hospital con el moisés, y mis hijos quedaron en que yo los recogería de camino en la esquina del hotel. No deseaban ser vistos ni reconocidos.
Asi lo hicimos, en el parqueo del hospital esperé, según instrucciones de la médico. Allí se me acercó una señora y me dijo ser la abuela del niño recién nacido, ella entró a recoger a la madre y al hijito, y ambas salieron a la puerta
del hospital. Yo me bajé, abrí la portezuela y coloqué al pequeño niñito en el moisés, mientras ellas se montaban.
La abuela me hizo mil recomendaciones, se extrañó de mi edad, posiblemente pensó que era demasiado vieja para adoptar, la tranquilicé diciendo que el niño sería mi nieto.
Ella me dio su dirección para que yo le enviara detalles de cómo estaba el niño. La madre era una bella joven rubia y de ojos claros, muy joven, y casi no habló.
Tomé camino hacia la residencia de la familia, llegamos allá y ambas mujeres bajaron del coche. El niñito venía envuelto en una vieja cobijita tejida, absolutamente desnudo.
Pensando en que no se refriara, salí prácticamente soplada para el hotel, recogí a mis hijos, los emocionados padres lloraban como críos, cuando tomaron al niño en brazos y le pusieron sus ropitas nuevas.
Lo que no imaginé ni en mis mejores sueños, es que ese niñito primoroso que fuimos a buscar, sería el hombre maravilloso y guapo que es uno de mis nietos predilectos.

Mi fascinación


Virginelia Calderón Salas
virgineliac@yahoo.es
Zapote, 13 octubre 2019

Recordar, es volver es a vivir en el recuerdo, momentos que ya se fueron.
Mi pueblo, Paraíso, estaba estrenando por primera vez servicio eléctrico y yo
por segunda vez, estrenaba novio.
En todas casas el comentario, era acerca lo lindo de tener electricidad para el
alumbrado y para oír radio. A nadie se le podía ocurrir usarla para otras
cosas. En la mayoría de ellas habían hecho instalaciones eléctricas muy
rudimentarias porque casi nadie sabía el oficio de electricista.
Mi familia no se quedó atrás, y luego de sacar el permiso correspondiente, en
el ICE, contrató a un hijo de mi padrino Goyo que trabajaba en esa
institución, para que hiciera el trabajo y colocara un bombillo en cada
habitación de casa. Esta tenía un zaguán en el centro y a ambos lados de
éste, tres dormitorios y la sala en el ala norte y un dormitorio para mi
abuelita y la cocina - comedor en el ala sur.
También tenía un espacioso corredor al lado oeste donde por las tardes se
armaba la tertulia, y en ciertas ocasiones veíamos las puestas de sol. En éste,
también se colocó un bombillo más grande, pegado a un benjamín que
colgaba de un cable eléctrico atado a una cercha del techo.
Aquel sábado de diciembre de 1957, ya en vacaciones, mis hermanas
solteras y yo habíamos ido al rosario de las seis de la tarde y regresamos muy
juiciosas y felices después por habernos “copado” con nuestros admiradores.

Mi abuelita había fallecido a principios de año y desde entonces me había ido
a dormir sola al dormitorio que ella dejó.
Al filo de la media noche cuando toda la familia dormía plácidamente,
escuché una música, que al principio me pareció lejana y una vos tierna y
muy romántica que decía:
“Mi fascinación eres tú. La primera que te vi, yo me enamoré locamente de
ti. Solo pido a Dios que me sigas queriendo tanto como yo, mi amor”.
Los serenateros estaban en el corredor. Sí, Pero… la vos del cantante, no era
la de Manuel, ni de ningún conocido.
De un salto me tiré de la cama y de puntillas salí al zaguán. Llegué hasta la
sala que tenía una ventana que daba al corredor, pero, ésta hecha de dos
hojas de madera gruesa comenzó a sonar y no pude abrir el picaporte.
Temerosa de que mi papá se despertara y me cogiera infraganti, empecé el
regreso por el largo zaguán, de puntillas y en el más profundo silencio que ni
un zancudo se oía volar.
En esos momentos de alegría por la serenata y , también de susto porque mis
padres ya se estaban cuchicheando debajo de las cobijas, presagio de la
buena tunda que nos darían, observo a lo lejos a mis hermanas Mina y
Marjorie, que habían logrado pasar por el frente de ellos, sin ser vistas. Al
observar mi sombra vestida blanco, en la penumbra de la noche, se
devolvieron despavoridas, enredándose en cuanto chunche se les ponía por
delante, creyendo que era el alma en pena de mi abuelita Mónica.
Me subí a la cama y envuelta en las cobijas, comencé a simular que roncaba.
Mi papá se levantó furioso y a grandes voces, regañó a mis hermanas y
espantó a los serenateros que ante el temor de ser descubiertos, salieron en
estampida dejando el radio que habían puesto en el benjamín del corredor.
Las notas de la canción se iban apagando muy lentamente: “…La primera que
te vi, yo me enamoré locamente de ti…”. En tanto, entraba la vos del locutor
que decía: Radio Reloj, de Costa Rica. Son las doce de la noche.