lunes, 29 de agosto de 2016

soy...

En una tarde de domingo, de esas tardes soleadas y calientes que presagian algunas lluvias perezosas que nunca se concretan,  pues se van en sonidos de truenos lejanos y de vientos sin rumbo, contemplaba yo pasar el tiempo a través de la ventana que da al patio, donde se mueven las ramas de las plantas con total abandono y algunos pajaritos intentan cantar sin mucho entusiasmo, acentuando el sinsentido del ánimo que siento.
Deseo responder, sacarlo a la luz, hablar un poco sobre ello, pero nada ha sido posible; todo intento ha fallado. Las palabras se niegan a tomar forma, las ideas se vuelven cual grises nebulosas, el fastidio me ataca y continúo mirando por la ventana. El sol ya no está presente, las nubes se empecinan en anunciar la lluvia, el silencio se apodera del ambiente , la tarde finalmente va cayendo, solo los truenos permanecen.
Planté esos árboles y esas plantas cuando terminaron de construir la casa, porque yo Soy jardinera. Puse color y formas donde no existía nada y cuidé por tantos años ese patio y ese jardín que ahora que lo pienso, no recordaba que fue sólo tierra por un tiempo.
El cuarto donde escribo,  fue antes taller de mil proyectos. Una mesa grande donde se colocaban telas y patrones lo llenaba, al igual que las máquinas donde se cosía; yo sin dudarlo contestaba, Soy costurera.
 Yo Soy artesana. Soy tejedora. Confeccioné diversas piezas con lanas e hilos de un sinfín de colores, que aún se asoman en algunas gavetas que guardan sus tesoros dentro de la habitación. Ahora el espacio lo llena un sofá, perfecto para leer y soñar un rato. Soy lectora, Soy soñadora y también Soy escritora. Acá se encuentra la computadora y son sus teclas las encargadas de jugar con mis ideas.
Allá en la mesa redonda del comedor, se encuentran las cajas de lápices de tantos colores, láminas donde coloreo sus imágenes, algunas  terminadas y otras esperando turno. Soy artista. Canté las grandes obras de la música sinfónica coral. Participé actuando en tantos montajes de ópera a través de los años. Soy cantante, Soy actriz.
Ahora que los años se derrochan sobre mi como luces de bengala, llenando mi cuerpo de fulgores nunca antes sospechados, ahora que el calendario de la vida me dice que tengo muchos años, dejando a mi mente en total confusión, ahora se dice que Soy una mujer madura. Gran título obtenido bajo el requisito de muchas equivocaciones, desvaríos, aventuras y desastres de todo tipo. Finalmente encuentro esa línea delgada y profunda que se llama experiencia o tal vez la llame Sabiduría, que al final de cuentas me llega mas decir que Soy Sabia a decir que Soy lo que Soy , porque no quedó mas remedio.
Lia Ferreto. Agosto-2016.




domingo, 28 de agosto de 2016

Yo soy ......


   
                           Por Maureen Hidalgo Ch.
Quisiera escribir el  mas dulce poema que dijera:
             Yo soy la lluvia  tardia en el verano
              La brisa fresca en el desierto
              El abrigo y consuelo ante la adversidad.
Pero, por el contrario sera una prosa que diga:
Yo soy la mujer que se levanta todas las mañanas con el sol. Prepara desayunos, almuerzos, tiende camas y comparte un momento de prisa con su familia antes de que se vallan a trabajar. Se queda  limpiando, lavando, arreglando la casa, y peleando con las telarañas de su mente.
Yo soy esa mujer que a solas se encuentra con ese amigo entre comillas, buscando coqueta su aprobacion. El espejo, a veces cruel y despiadado me mira y me recuerda que los años han pasado y se notan en el color de mi cabello y en las lineas de mi piel.  Otras veces amoroso me recuerda con cariño la herencia de mis padres, lo alargado de mi rostro y la nariz aguileña que me hacen unica y de una belleza rara y original. Y la ausencia de ellos de mis papas se hace mas llevadera cuando los veo en el reflejo de mis ojos.
Yo soy una mujer, una esposa, una madre, a veces sentimental y soñadora. Amorosa y protectora.  Otras egoista y vanidosa.
Y ahora ; aprendiz de escritora.

viernes, 26 de agosto de 2016

Quien soy


Soy nieve en las cumbres y fuego en las arenas, Como dijo un poeta paisano mío, Porque empiezo así….porque no sé qué decir que aclare mi presencia en este mundo…Supongo que debo tener tres fases: La que fui, la que soy y la que seré, pero todas son distintas y cada día lo serán más. La que fui era con mucho la mejor, la más divertida la más audaz la que siempre lo quería hacer todo y la mayoría de las veces lo consiguió, la que vivió unos pasitos antes de su época, la que quería volar, si de suerte era la mejor, tenía sus tropiezos pero nada importante, la mayoría de las veces era feliz y estaba satisfecha y en paz conmigo. Si la mas de las veces era nieve en las montañas y quemaba en la arena, si yo fui una persona no importante pero si amigable querida y divertida, bueno con un montón de amigas que lo decían y yo por supuesto las creía. La actual :Quien soy pues ya ni tan divertida ni tan amigable ni tan feliz, bueno a ratos lo soy, luego tropiezo me caigo al pozo y espero a salir como Dios me da a entender, pero suelo salir sin mucho deterioro al menos por ahora. Cuando estoy fuera soy casi como un poquito la de antes, aun distingo la nieve del fuego, leo mucho, visualizo la lectura, la vivo me la imagino y ahora pinto como cuando era niña y me compraban lápices de colores y cuadernos de colorear, no sé si es una arte terapia o un simple regreso a la niñez, para el caso no me importa, me gusta y del ultimo pozo me saco un lápiz de color y un mar profundo y eso me vale. Ya no soy la que salía a trepar y la que quería volar, aun quiero lo que pasa es que ya no puedo, la cruel naturaleza se encarga de eso pero aun así ,cambié el volar por un lápiz….no es una tontería yo lo recomiendo, sirve al igual que los libros nos llevan a otro mundo al de los sueños porque vemos lo que queremos ver no lo que nos dicen como en el cine, vemos nuestros visiones e ideas, lo mismo que al colorear pintamos lo que queremos y no tenemos modelo que imitar, la naturaleza hace lo suyo mi lápiz hace lo mío lo que yo quiero, lo que yo veo…y si veo nieve en la playa eso es realidad a mis ojos y fuego en las cumbres pues algún bosque por desgracia se están prendiendo pero es mi yo y por lo tanto es mi realidad en ese instante eso está pasando y lo estará hasta que yo quiera….La que seré, esa si que es aún una incógnita, se la ve venir pero espero y deseo que aún no llegue que se quede dónde está un tiempo lo más largo que se pueda, al final vendrá no queda otro remedio pero mientras prefiero quedarme en el puesto de ahora, sin ser la gran cosa es cómodo y me permite estar bastante tranquila , quien quita que la otra no traiga el pozo más grande y ni siquiera tenga nieve ni fuego, solo silencio y recuerdos, batallitas que contar a los nietos que no escuchan ….
Bueno esa Soy Yo más o menos a ratos puedo cambiar pero en general es así, y debo ser feliz porque distingo nieve de fuego y las cumbres de las arenas y tengo aun amigos y compañeros con los que hablar y pasarlo bien.


Antonia Morales Diez

martes, 9 de agosto de 2016

Lo que soy


Evelyn Silva
Aquí estoy yo, la suma de todos los seres que me antecedieron. El ombligo como sello inconfundible de la amarra con mi madre, mi padre y todas aquellas personas que siguen la cadena.
Soy sólo un diminuto hilo de un tejido inconmensurable, único, indestructible.
Mi piel tiene el sello del desierto y mis pies todos los caminos que recorrieron.
Sus manos se abrieron para acariciar a mis hijas y esos abrazos se los debo a mis nietas.
Sus voces me hablan a través de los pájaros, el viento entre los árboles, los grillos y el silencio, que dice mucho más.
También me cantan con la lluvia, el agua en los riachuelos y las olas que murmuran sin cesar.
Por la noche me arropan en el deleite del silencio reconstituyente, esperanzador.
Todas sus visiones me sientan frente al mar.
Con la ternura transmitida he construido sólidos puertos a donde puedo llegar cuando agobia la tristeza.
Me nutrieron con solidaridad por eso puedo llorar con una melodía, gozar con un trozo de pan, revelarme a la injusticia y el dolor ajenos.
Muchas veces reconozco mis pequeñeces y puedo recapacitar, pero también soy muy vulnerable cuando me aprisionan los peores defectos.
Sin embargo, siempre están ellas y ellos congregados, sosteniendo una hebra, para que yo siga existiendo. Están aquí, conmigo, yo me inclino y les agradezco todo.


Si no hay pan para los pobres, no habrá paz para los ricos


Evelyn Silva

Por fin he abierto el baúl donde guardabas algunas telas preciosas, descubriendo con asombro trozos de tapices, bordados, drapeados, brocados. Mis mejillas han acariciado el terciopelo y he resbalado la mirada a través de sedas y velos, pensando cómo disponías tan exquisitas telas para vestir adecuadamente con muebles y cortinas esas elegantes casas de tus clientes. Imagino las diversas texturas, el grosor y caída de esos lienzos; los colores y tonalidades para combinar con la luz y la sombra la frialdad o calidez de los ambientes. Debe haber sido una fiesta de posibilidades elegir entre tantos tipos de telas y estilos de muebles!
Pero como nací entre tan deslumbrantes tejidos y en medio de ellas hice mis primeros pasos, nunca me detuve a pensar que tal vez de allí venían esos arrebatos por disfrazarnos cuando jugábamos interpretando obras de teatro. En más de alguna oportunidad creo haber sido Cleopatra y mi hermano Claudio cuando menos debió ser Julio Cesar!

Querido Papá desde hace días deseaba escribirte, para comentar cosas. Viste la nevada del otro día en Santiago, muy impactante verdad? Hacía muchos años no nevaba así, supongo desde aquella vez que nos levantaste de madrugada y salimos los cuatro a recorrer la ciudad vestida de blanco, que espectáculo tan deslumbrante!

Aprendimos tantos gestos de ti, como por ejemplo esa vez que estaba helando de frío y paseando a Boby nuestro perro, volviste al rato, muy rápido y preocupado, fuiste directo al armario, sacaste tu hermoso abrigo azul y volviste a salir. Al regresar dijiste: un hombre cesante andaba congelándose, él lo necesitaba más que yo…

También esa otra oportunidad en que sentimos un frenazo como de choque, al salir corriendo nos dimos cuenta que habían atropellado a alguien en bicicleta. A lo lejos sólo vimos que subiste en un auto y te fuiste. Regresaste mucho después y luego de bañarte y cambiarte ropa, muy triste comentaste: era un niño del colegio suizo, se le metió al auto, su sangre me corría por las piernas cuando sostenía su cabeza; no estoy seguro si se va a salvar. Al tiempo supimos que el padre suizo te había buscado para darte dinero y así evitar que declararas la imprudencia del niño en tribunales, estabas tan furioso… pero el niño se había salvado!!!

Ahora creo es importante que sepas algo que nunca te dije, que esas sencillas actitudes tuyas nos formaron a mi hermano y a mí, creando valores y sensibilidades imprescindibles para abordar la vida. Por una parte esa conciencia fundamental hacia las otras personas y luego, la permeabilidad a toda actividad artística, ambas constituyen un nudo de valores estéticos y morales invaluable que nos legaste.

Aparece con claridad esa faceta de tu vida, en que te relacionaste con tanta persona dedicada a la pintura, escultura y arquitectura; pudiendo plasmarlo en la tapicería y el cortinaje, creando esas verdaderas “puestas en escena” que constituía cada contrato.
Entonces frecuentemente llegabas con cuadros o grabados; óleos o acuarelas, tus preferidas marinas o paisajes de montañas y lagos; adquiridos para ayudar a artistas en apuros, cómo te dolía contar sus desventuras y aflicciones. De esa época recuerdo las conversaciones sobre los muralistas Diego Rivera y Alfaro Siqueiros; la gran creación de Picasso sobre la guerra, el sufrimiento y el dolor del rompimiento personal y universal, que dejó plasmado en Guernica.

En ese entonces no sabíamos que los acontecimientos nos separarían, que yo saldría del país y eso nos impidió disfrutar juntos del ecuatoriano Guayasamín, tampoco conocíamos los portentos de costarricense como Max Jiménez, Francisco Zúñiga o Paco Amiguetti y uno de los escultores más recientes, para mi gusto notable, como Fernando Calvo.
Sabes papá, estaba recordando cuanto disfrutabas la poesía, por supuesto de la Mistral y Neruda pero también de muchos otros como Pezoa Veliz. Claro que eso venía de muy atrás, de la inspiración que te traspasó tu hermano mayor al que adorabas, destacado ebanista y bohemio irremediable, quien escribía poesía en los lugares ocultos de los delicados muebles que construía.
Hay un gran un poeta costarricense que no conoces, que tal vez habría sido un Nobel, me refiero a Jorge Debravo, de quien te leeré: “Soy hombre, he nacido, tengo piel y esperanza. Yo exijo por tanto que me dejen usarlas…”.
Te veo asombrado y triste al constatar los estragos de esta globalización galopante junto a la deshumanizante corriente neoliberal. Por eso cuando encontré este graffiti en una muralla “Si no hay pan para los pobres, no habrá paz para los ricos”, repasé muchas de las conversaciones que sosteníamos respecto a la realidad de una sociedad discriminadora y excluyente. Estoy cierta que ese fue tu afán y todavía me estremece porque eso nos cobraban: la conciencia!
Una noche viniste a avisarnos que habían detenido a Claudio, te acompañamos a través del parque, nos abrazamos y te miré alejarte, seguro llorabas igual que yo.
Es sólo una palabra, un puño de letras: desaparecidos, pero de un insondable vacío. Me detengo en el punto donde te tragó la oscuridad y sigo la imagen de tu espalda.
Yo sabía que abrir ese baúl representaría muchas cosas….
Pero bueno, se ha pasado el rato y en este instante, prefiero quedarme con tu gusto por la música y tu cultivado oído para cantar, sin olvidar el coro al que asistíamos, aportando tu portentosa voz de tenor y yo mi quinceañera articulación de soprano. Me quedo por tanto, en una de esas exquisitas veladas frente a la chimenea, escuchando música coral o alguno de los folkloristas como Violeta Parra, Victor Jara u otro, en discos de acetato, con un reposado vino caliente con naranja y canela, el Boby a los pies. Preferías Mozart a Bethoveen, verdad?

incursiones


Cuando la noche cae, los sonidos se aumentan y convierten en un algo espectral, demasiado grande e insospechado. Los árboles crujen, las sombras bajan, reptan, saltan y envuelven todo. Debe aguzar al máximo la vista para distinguir el entorno y esforzar el oído porque todo ruido es una alerta, un posible peligro al acecho. La respiración se acelera y su ritmo cambia. El vacío en esa oscuridad es una dimensión desconocida, incierta.
Estarían encendidas sus alarmas gritando devuélvete! Todavía estás a tiempo!?
Tiene que caminar lentamente porque pisar cualquier simple hojita truena y despierta monstruos horripilantes cuyas garras y dientes aterrorizan.
El pataleo en el pecho, desbocado quiere salir corriendo. Sin embargo los pies están amarrados a la tierra, impiden moverse y seguir el llamado del corazón, como una bruma densa y paralizante. Algo frío y espeluznante le recorre la espalda, dejando la piel como de gallina.
Habrá dimensionado su decisión, considerando el camino por recorrer?
Ese es el momento, el instante justo en que decide levantar la cabeza y mirar al cielo. Un espectáculo deslumbrante la eleva y sostiene, a tal grado que olvida espantajos horripilantes y sonidos espectrales. Sólo una alfombra luminosa la cubre mágicamente, transportándola a esa inmensidad infinita.
Ensimismada se ha acomodado en el suelo para contemplar el fantástico escenario. Al rato, la insistencia del viento la regresa a la envolvente oscuridad; pero ya no hay zozobra, su mirada tarda en enfocar el incierto entorno, reconocer los sonidos de los grandes árboles y sus rumores nocturnos. Recuerda su travesía, la llave en el bolsillo y calcula la distancia que le queda por recorrer. Ahora no tiene miedo a la oscuridad y no lo tendrá más.
En que lugar quedaría esto grabado? No lo tengo claro, sólo estoy cierta que había salido aprovechando el adormilamiento de la nana en ausencia de mis padres y sacado la llave para ir a comer mis cerezas secas favoritas a la despensa, en uno de los patios traseros de la casa. Con cinco años no se calculan los riesgos de la decisiones!!!
Evelyn Silva

el cielo azul a través de las hojas

 
Tal vez la madrugada era gris cuando salió a la calle. Una fina llovizna hizo que se encogiera bajo el sombrero, subió el cuello al impermeable y ajustó más su bufanda. Sintiendo la dureza del pavimento, la frialdad de los edificios, la humedad de los muros, los lúgubres rincones, fue recordando una a una las frases hirientes, los gestos humillantes y el desprecio que día a día le aplastaba.
La ira acumulada movió más rápido sus pies y fue encendiendo tal fragor en su pecho que de un tirón se descubrió la cabeza y arrancó la bufanda. Cruzando el puente a la carrera se sacó el sobretodo, sentía la boca seca y una marea roja empañaba su vista, pero las imágenes surgían con tal velocidad que el impulso era cada vez mayor. Sólo quería llegar rápido y por primera vez plantarse, mirarle de frente y dejar salir su furia contenida.
Cuando llegó al otro lado, le costaba respirar, le zumbaban los oídos y estaba a punto de estallar cuando un aullido profundo, largo y tan sostenido que detuvo el tiempo, le brotó desde lo más profundo.
Cayó de rodillas, rodando como un ovillo. Lloró estremecedoramente. Lloró por ese maltrato pero también por todo cuanto no había expresado nunca, dejando que sus sollozos fueran lavando el dolor y cubriéndole de serenidad.
Allí despertó, bajo un árbol y al borde del río, dejándose acunar por la verde frescura y el rumor del agua. Miró largamente el nítido cielo a través de las hojas.
Evelyn Silva

lunes, 11 de julio de 2016

Me puse el sombrero





Pasaba por una calle en uno de esos días en que me encontraba no muy consciente de lo que estaba pasando cuando vi un letrero que decía “Me puse el sombrero”, y vino a mi memoria aquella época de mi adolescencia en que la gente se esmeraba por andar muy bien vestida. Además de que el vestido era de cierta elegancia también se usaba sombrero, tanto los hombres como las mujeres. Recordé entonces que yo tuve dos sombreros de mi predilección, uno era de paja muy fina con un ramito de flores y frutas de colores, el otro de color rosa pálido que me hacía ver muy coqueta. Los usábamos para ir a misa y también para ir al cine. Por cierto que aquí teníamos que buscar muy bien el lugar donde sentarnos, pues a veces los sombreros eran tan grades que no nos permitían ver la película. Recordé también que después de un tiempo en el que no se volvió a usar el sombrero, volvió la moda pero solo para los varones.

Hoy día se usa mucho el sombrero sobre todo para protegerse del sol o como parte del vestido, claro que son sombreros más sencillos acordes con el tipo de vestido sencillo o de pantalón jeans tan de moda actualmente.

No puedo imaginarme a las personas hoy día saliendo para el trabajo con un sombrero cargado de flores, velos o cintas, ya que todo el mundo corre para no llegar tarde a su trabajo y además hay tanta gente en las calles que los sombreros irían chocando. Todo tiene que ir de acuerdo a la época.



Carmen Brenes Protti

Lo que no puedo contar






Treinta años cumple el Programa integral del adulto mayor (PIAM) de brindar una gran cantidad de oportunidades que han logrado llenar las expectativas que muchos adultos no habían podido realizar y que ahora se sienten tan bien que asisten cada año a cursos diferentes. También muchas personas que si tuvimos la oportunidad de hacer estudios hemos aprovechado para experimentar en otros campos.

Lo que no puedo contar es que para celebrar los 30 años de fundado el PIAM hará un baile de gala en el mes de octubre. Entendamos que es un baile de gala, o sea que para asistir debemos tener un traje largo o uno de coctel que cumpla los requisitos de baile de gala y esto requiere además zapatos elegantes para no desentonar.

Yo no puedo ir al baile pues no tengo vestido, desde hace varios años deje de usarlos ya que los pantalones me son mucho más cómodos y los vestidos largos después de varios años de que me estorbaran en el closet decidí regalarlos, siempre hay alguien a quien le sirven. Talvez podría comprar uno para la ocasión pero aun así no podría ir pues no tengo zapatos y eso sí que es un problema sin solución pues ahora solo uso zapatos de tacón bajo, anchos y suaves, para que no me maltraten, y no puedo comprar otros más aparentes pues no he conseguido una zapatería que me ofrezca algo que me quede cómodo y que al mismo tiempo muestre cierta elegancia.




Carmen Brenes Protti

En el Silencio de Quepos





Aquí voy en una buseta de la universidad, rumbo a Quepos, a hacer una práctica de pintura con niños de 11 y 12 años. Somos cuatro compañeras del grupo de pintura y el profesor Carlos Badilla. El convenio dice que debemos hacer por lo menos una visita cada semestre a una comunidad para hacer con ellos una clase de pintura. Las primeras fueron con adultos mayores y la experiencia fue excelente. Hoy que trabajaremos con niños esperamos que los resultados sean igualmente buenos.

El paisaje es extraordinario, propio de las zonas costeras, pasamos por Orotina, Jacó, Parrita, todos esos lugares me trajeron bellos recuerdos de vacaciones pasadas con la familia o con los amigos. Luego venían las fincas de palma que le dan un bello aspecto a la zona. Por fin llegamos, tuvimos que entrar a una de esas fincas, “El silencio de Quepos”, ahí nos esperaban para ir directo a la escuela donde ya estaban los niños listos. Les repartimos los materiales y Ana Celia se encargó de explicarles la teoría del color, luego les dimos algunas ideas de temas, pero sobre todo haciendo hincapié en que lo más importante era la creatividad.

Comenzaron a dibujar y aparecieron gran cantidad de paisajes con montañas, mares con peces, canchas de futbol, animales, luego les hicimos varias indicaciones para que los pintaran, y así fueron saliendo los cuadros llenos de color.

Noté que una alumna se veía con poco entusiasmo para trabajar, pero al fin pudo dar por terminada su obra, entonces le pregunté que si quería hacer otra y me dijo que sí, pero que lo que quería era hacer algo como así y movió las manos sobre el papel, sin una dirección, indicando algo totalmente libre. Le pregunté que si sabía cómo hacerlo y me dijo que no, entonces le di algunas ideas y que podía ayudar si mojaba bien el papel. Ella echó pintura con cierto orden y luego esperó para ver resultados. Ahí estaba su obra de arte, amenizada por una linda sonrisa, indiscutiblemente se sentía feliz, había logrado su objetivo. Aproveché para indicarle que esa era una pintura abstracta y que era posible que algunas personas le preguntaran, ¿qué es?, que entonces les respondiera que era una pintura abstracta y que no tiene que representar nada, que es la expresión emotiva del artista. Para gran sorpresa mía, se volvió y me dio un abrazo, y me dijo, “¡gracias!”. Creo que solo eso valió la pena la madrugada y el viaje tan largo.




Carmen Brenes Protti