viernes, 16 de septiembre de 2016

“Pudo haber sido fatal ”




A mediados de junio del año 2006, venía de una capacitación que se estaba impartiendo en el Hotel Tryp Wyndham. Eran cerca de las 7 de la noche cuando ingresé al Parque Metropolitano la Sabana, me dirigía hacia el Paseo Colón a tomar el bus de Sabana Cementerio, como estaba oscuro mis ojos tenían que adaptarse a la oscuridad y a las sombras que producen los árboles.

Al adentrarme sobre la acera del parque, como a cien metros de donde estoy diviso una silueta entre los árboles que impaciente se movía de un lugar a otro. ¿Me pregunté, qué o quién será esa figura?; mientras me hacía la pregunta, de sur a norte y frente a la Estatua de don León Cortés observo a una mujer que camina tranquilamente hacia el lugar donde se difumina la silueta.
La mujer pasó frente al edificio que albergaba la Federación Costarricense de Fútbol, mejor conocida como la casa de los sustos, yo iba en sentido contrario, ella ingresó al lugar donde la oscuridad la envolvía, mientras…., aquella intrigante silueta seguía moviéndose de manera lenta como un lince en espera de su presa.

De repente, zas, observo que un hombre con un objeto en su mano golpeo a la mujer sobre su cara, luego la tomó del cuello y la arrastró hacia los árboles de eucalipto que están hacia el oeste.

Ante esa situación, corro hacia el sitio y entre la maleza y la oscuridad no observo nada, de repente como a 75 mts, entre los árboles veo al hombre que está de cuclillas, sin importarme nada y sin medir el riesgo, me dirijo hacía aquél lugar donde la oscuridad y penumbra no me dejaba ver a la mujer.

Al llegar a la escena la mujer está tirada de espaldas al suelo y el hombre arrodillado sobre ella, le dije ¿qué pasa? y él se levantó sorprendido y sin reacción; cerca de ambos había un palo con el que supuse le había pegado.

Les pregunto que qué está sucediendo y ella se levanta llorando y corre desesperada entre la Sabana con rumbo a la Burger King. Sin pensarlo dos veces tomo a aquél hombre de sus manos, él me dice que ella es su esposa y que la encontró con su amante en un restaurante cerca de ahí y que por eso la estaba esperando.

Ante aquella respuesta y en ausencia de la mujer, la duda me embargó y me desconcerté, ¿Estará diciendo la verdad? ¿Por qué ella corrió sin decir palabra?, ¿Entonces, por qué iba llorando?, ¿Qué se hizo?, ¿Qué rumbo tomó?

A pesar de todas esas inquietudes y preguntas sin respuesta, lo saqué de aquél oscuro lugar y lo llevé a la acera, ahí pude ver que era un hombre de unos 35 años, de pelo ensortijado y piel blanca.

En aquella incertidumbre miro su jareta y veo que el ziper de su pantalón estaba abajo y que su miembro prácticamente estaba afuera. En ése momento le digo desgraciado usted la iba a violar, no sé cómo hizo pero dando un salto felino él se tiró a la calle y corrió entre los vehículos saltando de un lado a otro sin que ninguno lo atropellara.
Desesperado grité agarrenló, agarrenló, él se enrumbó hacia Fogo Brasil y lo perdí de mi vista. Después de eso, la muchacha llegó acompañada de otras personas, era evidente una enorme chichota que tenía entre su frente y la cabeza, en su cuello marcadas las huellas de los dedos de aquél aberrado sexual, que la había arrastrado para violarla.

Ellos me preguntan por aquél desconocido, les dije que ese bicho me había desconcertado cuando me contó que ella era su esposa y que al verla con otro hombre se llenó de celos y por eso la había golpeado. Por supuesto que la joven ni siquiera sabía quién era ese depredador sexual que con su coartada me dejó fuera de combate.

Gracias a Dios y al espíritu de solidaridad que mis padres me inculcaron, esa ya lejana noche de junio del año 2006, con mi acto evité que una joven a quien desconozco, hubiese sido objeto de un ultraje sexual o quizás de un homicidio.

Lo que si me dejó un sabor amargo, fue el no haber podido sostener y entregar a las autoridades al victimario que posiblemente ya había logrado su propósito con otras mujeres, las que por temor y vergüenza no denunciaron a quién les causó un trauma producto de una violación.

Ricardo Jiménez 

Una historia de la vida



Antes de nada quiero aclarar que todo lo que se relata sucede de forma imaginaria, cualquier parecido de hechos o personajes con la realidad es pura coincidencia.
Una mañana me levante como todos los días con la nariz fruncida, tratando de oler el café y pensando que tenia dos caminos, levantarme e ir a buscar uno o quedarme allí y esperar que me lo trajeran….pero quien me lo iba a traer, me quede mirando al gato enroscado junto a mi le empuje y le dije – Anda Tráeme café – (si me oyó no me hizo caso siguió durmiendo). En vista de tan escasos resultados decidí levantarme e ir por mi cuenta. Me estire me puse de pie y fui para la cocina y cuando iba a entrar ¡zas! Ante mis pies se abrió un pozo oscuro y yo caí en el y seguí cayendo sin poder agarrarme a nada pues las paredes eran de piedra. Yo pensaba… ¡¿ que es esto será que ahora soy la Alicia del cuento, conoceré al conejo blanco’?... Pero seguía cayendo, al final toque el fondo por suerte nada de agua era un poco agradable pozo pero por lo menos seco, seco y de piedra, tampoco ¡OH ¡ gran suerte la mía no se veían ratas u otros animalitos poco simpáticos. Mire hacia arriba y apenas se veía una luz, pero poco a poco, esa luz era un rayo de sol que me permitía ver mi entorno pero…..que había ¡NADA¡ oscuridad y piedra. Quien me sacara de aquí si estoy sola y por otra parte que hace un pozo y el sol en mi salón….Como llegaron ellos allí y y yo aquí…..Esas preguntas eran transcendental, que estaba sucediendo….entonces vi pasar una sombra que se sentó, en mis hombros abrazándome por detrás, no me asusto pues sentí que la conocía…. Tras un rato de silencio pensando la reconocí, hombre si es mi gran amiga( o enemiga según se mire). ¡si es la depre…la condenada depre, que hacia allí. Se lo pregunte pero no me contesto, pero no hacía falta, estaba en su casa. Si eso era yo había caído por fin en el fondo del pozo de la depre, fue fácil caer pero… como salir. Toda yo era pensar, y contra mas ideaba formas ,esa sombra se iba separando como enfadada, como extrañada de mi rechazo, ir a su casa entrar hasta el fondo y luego querer desesperadamente salir de allí no le cabía en sus neuronas (o lo que tenga la depre en la cabeza…si es que tiene cabeza no lo sé la tenía a mi espalda la sentía pero no podía verla, solo se que ya no me abrazaba ….mire hacia arriba hacia la luz… y vi con temor que el rayo se estaba apagando, cada vez a más velocidad, y yo pensaba donde estaba mi ángel de la guarda mi esperanza o quien sea que no me sacaba de allí. Justo cuando iba a volverme a mirar cara cara a la depre sentí el ruido era muy sutil apenas un roce, no sabía que era pero me inspiro una gran esperanza, seguí mirando y de pronto les vi……. Poco a poco por las piedras lisas bajaban mis tres gatos Mateo, Nicolás y Santiago venían con los dientes fuera gruñendo y mirando a la sombra con rabia y esta fue retrocediendo hasta la pared del pozo, gruñendo también yo no sabía que las depre se enfadaran pero se enfadan, y mucho….Le hicieron frente y ella gruñendo como ellos se fue pegando a la pared y se incrusto en la piedra. Los gatos me agarraron como pudieron, me empujaban, me tiraban del pelo pero allí íbamos hacia la luz. Ya, hacía casi la salida los gatos ya no me podían sostener y cuando creí volvería a caer, de la boca del pozo callo una frondosa cola gris llena de pelos como algodón, era la cola de mi perro Maximiliano allí me agarre, los gatos me empujaron y entonces Sissi mi perrita me saco a tirones del pijama, y de pronto estaba fuera, no sabía que había pasado, pero allí estaba las vigas del techo de madera y no el sol y el suelo las losas de cerámica no el pozo y las piedras. Ves me dije levantándome del suelo todo eso te pasa por perezosa si querías café levántate y vas por el sin mayor trámite, y hazlo con alegría no con la nariz de bruja y la cara de vinagre, así no volverás a caer al pozo, que ya viste que es bien feo y triste y sobre todo muy solitario, así que arriba y adelante y que esa sombra se quede en su casa hundida en la piedra negra. Fui tome café hice unas cosillas y después tranquilamente me fui a colorear dibujos de flores y campos verdes y mis pequeñines peludos conmigo siempre conmigo.


Antonia Morales Diez

Un día en el Parque Simón Bolívar



Por: Maureen Hidalgo Ch.


Corría el año de 1968, entre a primer grado en la Escuela Abraham Lincoln, con mi enagua de paletones que se abrochaba a un lado, mi blusa blanca y mis zapatitos de cuero de amarrar con cordones. Tuve que aprender a atarlos porque solo había usado con hebilla. Mi bulto era de lona a cuadros rojos, mi mamá quería que fuera de cuero para que me durará más pero no lo podía abrir. Toda una aventura me esperaba. No fue fácil dejar a mi madre de hecho me puse a llorar cuando ella se fue, pero Lorena una de mis compañeras me ánimo y me senté junto a ella, toda esa semana. Los días iban trascurriendo con normalidad era muy fácil para mí porque mi hermano mayor ya estaba en segundo grado y yo ya había aprendido a escribir algunas palabras: mamá, papá, casa y masa.
Antes de que terminaran los días de verano las maestras de primer grado organizaron un paseo al Parque Bolívar. La ilusión con la que esperaba ese día no me dejaba dormir. Lo más lejos que había ido era al Hospital San Juan de Dios y al Mercado Borbón pasando por el Mercado Central. Pasar por ahí me daba mucho miedo porque los carretones con caballos siempre estaban alrededor del Mercado y los caballos se sacudían y relinchaban y si me pateaban. E ir al parque yo sola en un bus con todos mis compañeros era increíble. Ese día mi mamá me preparo un emparedado de mortadela, dos huevos duros y una botellita con fresco de chan. Además me dio una moneda de cincuenta céntimos, (un cuatro) para que me comprara algo. En una bolsa de papel de esas que le daban a uno en el estanco eche todo y lista, a pasear.
Tenía muchas expectativas porque los domingos siempre íbamos al cine y la mayoría de las veces veíamos las películas de Tarzán esas que protagonizaba Johnny Weissmulleer o Lex Barker y mi maestra nos había dicho que el parque era como una selva y había animales y yo me lo imaginaba igual.
En el bus cantamos hasta que estuvimos ahí, cuando nos bajamos, llegamos a un portón antes se entraba por arriba, por la Casa Amarilla. Empezamos a bajar por unas gradas entre árboles y enredaderas que colgaban de lo alto de las copas. Mis ojos curiosos buscaban los monos no fuera a caerme uno encima, y mientras veía arriba, veía abajo por si acaso una serpiente se quisiera arrollar a mis tobillos, como lo había visto en Tarzán. Para mi sorpresa no era así, nos detuvimos y echamos un vistazo desde donde estábamos se veían las jaulas y algunas fosas inmensas donde estaban los animales.
Empezamos el recorrido por donde habitaba el lagarto y algunas tortugas, todos parecían muertos pues ninguno se movía, vimos una danta que olía…, un oso hormiguero, los monos que jugueteaban llamando la atención. Las serpientes no andaban por ahí estaban en una de esas fosas y tampoco se movían. No era como me lo había imaginado pero era muy bonito. El león se oía por todo el parque y eso agitaba mi corazón.
Llegó la hora de almorzar, cambie la mitad de mi emparedado por la mitad de uno de pate y jalea que traía un compañero. Le di un huevo duro a mi maestra y el otro lo vote, a mí no me gustan, las yemas se pegan a los dientes. Y con la moneda de cincuenta céntimos me compre una cremoleta de fresa que valía veinticinco céntimos, la niña Luisa, mi maestra me la tuvo que comprar porque yo no llegaba al mostrador de la soda. Quería comerme otra pero ya no dio tiempo. Nunca un helado me supo tan rico.
Después de ver al pavo real y otros pajaritos, fuimos al castillo, que era enorme a mis ojos, pero no se podía entrar. Después de esto llego la hora de regresar, subiendo las gradas volví a ver los arboles esperando ver un mono o una serpiente, por si acaso, pero no había ninguno. Volvimos a la escuela. Este fue uno de los días más divertidos de mi vida.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Un día cualquiera

por Maureen Hidalgo

En mi corazón guardo días especiales que nunca se podrán borrar, el nacimiento de mis hijos, el día en que me case. El día en que les di el último adiós a mis papás.  Días tristes muy tristes y días inmensamente felices.
Pero, este día era un martes como cualquiera, como tantos otros en el calendario, me levante temprano como siempre, mis hijos se fueron a estudiar y mi esposo a trabajar. Era un día soleado, hermoso, me dispuse a hacer lo de todas las mañanas, recoger los regueros del desayuno, regar el jardín y recoger la ropa para lavar. Pasaban las siete de la mañana, encendí el radio para sentirme acompañada con la voz del locutor.  Minutos después, una noticia urgente rompía la rutina de la programación. Un avión chocaba contra las Torres Gemelas en Estados Unidos.  Inmediatamente encendí el televisor, estaban pasando las imágenes, un avión impactaba una de las torres.  Un accidente tan increíble cómo  era posible. No paso mucho tiempo cuando otra aeronave se estrellaba con el otro edificio.
La gente corría despavorida, sin dirección, gritaban, lloraban, sin entender que pasaba, bomberos y camiones de emergencia llegaban al lugar, la gente se lanzaba por las ventanas de las edificaciones que ardían en llamas hasta que se desplomaron.
Sentía que no podía ser una espectadora pasiva, algo tenía que hacer,  a quien llamar, y ellos que podían hacer, si todo el mundo estaba viendo lo mismo que yo y no podían hacer nada. Mi corazón se agito, las lágrimas empezaron a correr sin control por mis mejillas. Una angustia y ansiedad recorrieron todo mi cuerpo. Un temor que me asfixiaba me embargo. Caminaba, lloraba y no podía respirar. La noticia continuaba, dos aviones más ya habían sido secuestrados e impactados en otros lugares. No podía imaginar que sintieron los pasajeros de esas naves viendo como la muerte estaba frente a sus ojos. Junte mis manos y empecé a clamar a Dios que nos guardara, ya no me podía mover, mi mente no comprendía que era lo que pasaba, solo sentía que en cualquier momento un avión podría caer en mi patio.
El terrorismo ya era parte de mi vida y era una realidad que no podía manejar.

Un día cualquiera se convirtió en un día de terror, dolor, tristeza, incertidumbre y muerte. Ya el 11 de setiembre nunca volverá a ser una fecha más en el calendario, y el día parece interminable y la noticia no acaba.

martes, 30 de agosto de 2016

No me arrepiento de nada

..

Uno
Podría decir “no me arrepiento de nada”, pero sería casi igual que decir “me arrepiento de todo”!
Cuando el diccionario dice que arrepentirse es pesar por haber hecho o dejado de hacer alguna cosa, esto también puede significar lamentarse o sentirse culpable.
Si  contabilizo mis días vividos, que son como 25.185, cuantas acciones pude realizar en ese lapso que debería lamentar? Llevo a cuestas la millonaria suma de 36.266,400 minutos, en cuántos de ellos cometí acciones reprochables?    


Dos
Somos una  amalgama de elementos materiales e inmateriales, visibles e invisibles, que van creciendo y acomodándose con el tiempo. Ese crecimiento y aprendizaje  a veces es armonioso, pero muchas veces constituye un revoltijo disonante entre unos y otros. No podemos transformar el pasado, pero si cambiar la mirada y el énfasis que ponemos en ello,  porque en todo lo que hacemos, usamos las herramientas que disponemos en ese momento. Ayer no teníamos la experiencia ni el conocimiento de hoy. Siendo humanos, tanto el error como el aprendizaje son parte de nuestra naturaleza, así que el cambio es la única opción para evolucionar humanamente.  


Tres
En ese lugar oscuro y húmedo pasaba muchas horas culpándose y arrepintiéndose, alternadamente. Luego del gran evento tuvo que  salir y no encontró un rincón cómodo donde rumiar sus dolores, entonces no le quedó más que caminar y así entre el sol y el aire fresco descubrió que su ropa era tan antigua y le sentaba tan mal, como sus sentimientos.

 Evelyn Silva 

D espedida



     “Mirad las cosas de arriba”.  Así reza un retablo que imperioso me grita en silencio esa frase inequívocamente cada mañana.  Se encuentra colocado sobre la pared opuesta a mi cama, de manera que me es imposible abrir los ojos y no verlo. Y cada mañana es capaz de enviarme un mensaje diferente.  Filosófico, profundo, simbólico, renovador y, por qué no,  hasta aburrido a veces.
     Es ese regalo que, extrañamente y sin saberlo, en el momento en que se recibe, se adhiere a nosotros y está allí, siempre…como que se niega a dejarnos y…de alguna forma, es un poco nosotros.  Ahí está.   La relación simbiótica que se estableció  y nos cambió  en un segundo.
     El día prometía ser claro y caluroso esa mañana de abril en que desperté y mis ojos tropearon con el saludo corto pero locuaz del retablo.  Me sentí inexplicablemente molesta.
--“Qué me quieres decir hoy? “ lo reté con valentía.
--“No tengo tiempo para jugar a la metafísica.  Tengo prisa.”
     Porque,   para qué filosofar como a veces lo hago en las mañanas luego de que leo la consabida frase.  Porque la leo.  No me contento con saber lo que dice.  La leo todos los días, si aquella mañana, qué podía  ser más simple que saber que debía apurarme para ir a visitar a  mi mejor amiga que se encontraba muy grave en cuidados intensivos.  La aprehensión abrazó todo  mi cuerpo y una indescriptible tristeza empezó a gatear dentro de mi ser.
     Mi amiga del alma me estaba esperando.  Tenía que verla.  Las horas se arrastraban lentas y perezosas, cual hojas otoñales subían con la brisa cálida y bajaban sin cambiar el tiempo.  Y yo tenía prisa.  Ese día no podía “mirar las cosas de arriba”.
     Cuando logré llegar al hospital, el corazón me latía sin control.  Su loco resonar me estaba enloqueciendo.   Respiré hondo y profundamente y sin quererlo ni pensarlo, miré hacia arriba.  Fue inevitable.  Di gracias a Dios por poder hacerlo.  Eso tan sencillo:  respirar por mi misma.  Saborear la vitalidad del día por mis propios medios.  Mi amiga no podía hacerlo. 
     Llegué al cuarto piso y recibí las instrucciones necesarias antes de entrar al cubículo especial.  Volví a respirar hondo y me sentí egoísta y vil porque mi amiga no podía hacerlo.
     Al verla como un Cristo en agonía,  toda entubada e inerte,  no sabía que decirle.  ¿ Cómo expresar tu amor y gratitud en cinco minutos de visita? 
     Mi amiga.  El regalo que Dios me hizo para calmar mi zozobra cuando inicié mi  tercer año en el colegio.  Ahí estaba ella.  Muy tempranito.  Como siempre.  Y desde entonces se me pegó en el alma.  Ella era el la sonrisa y el saludo cálido de mis mañanas.  Los estudios y los  sueños  las alegrías, tristezas, esperanzas y secretos compartidos.  Mi “Gorda” amada. 
     Compartíamos fiestas, cumpleaños, bodas, bautizos, navidades y familias agrandadas.  No nos visitábamos con frecuencia pero yo sabía que ella estaba siempre allí, como el retablo ante mi cama.  No fallaba.  Y ahora, ¿  qué le podía decir? ¡ No podía resumir cuarenta años en el puño de mi mano.  ¡ ¡Qué cortas se quedan las palabras cuando miras hacia atrás y ves tantos recuerdos y nostalgias!
     Miré hacia arriba.  Sí como no había querido hacerlo en la mañana.  Sentí valor  y tan solo dije ‘gracias”.  Una lágrima rodó por su mejilla y sentí que se me partía el alma.  Quiero creer que me escuchó, que sabía que quería animarla aunque la sabía conocedora de lo  dulce y amarga que es la impotencia humana.
     Cuando salí del cubículo temblaba.  El aire acondicionado me decía a mi misma.  ¡ Qué frío de agujas más insoportable! Su esposo me abrazó porque él también estaba inconsolable.  Me ofreció llevarme de regreso a casa.
     Ya de camino le conté un sueño que había tenido con la Gorda.  Traté de buscar las palabras adecuadas porque no quería romper su fe ni quebrantar sus esperanzas, pero lo cierto era que ella con nosotros ya no estaba.  El manejaba y seguía hablando sobre su esposa.  Yo le contestaba,  Conversamos mucho porque creo que ninguno de los dos quería escuchar la voz de la muerte que acechaba.
     Llegué a casa muy agotada, deseando que el día terminara.  ¡Qué ironía más grande!  ¡Hacía unas horas deseaba que el tiempo no volara!
     Me preparé para ir a la  cama.  Miré el retablo que inescrutable me hablaba. “Mirad las cosas de arriba”.  Y yo le contesté :
-- ¿ Qué tienen las despedidas que cansan tanto el alma?
 Marlene Murillo Coto

     

La espera

Ese  instante, en que desapareciste de mi vista, quedé frente a esa puerta, rígida, helada, experimentando mil sensaciones inexplicables, sin poder ni siquiera pestañear. Quise correr tras de ti pero la fuerza me flaqueó, no había ánimo, estaba devastada.
Pasaron unos segundos que parecieron muy largos, sentí que mi cuerpo cedía e iba a desplomarse. Toda la fuerza, la entereza que había fingido delante de ti, en ese momento se desmoronó y entonces me acomodé en un sofá, con mis ojos secos, mi corazón desgarrado, mi espíritu vencido. Y ... Entonces recurrí al único,único que podía mirar dentro de mi alma, le hablé como a un amigo, como a un padre, le expliqué que podía prescindir de todo en la vida y también porque no era capaz de vivir sin ti. Le amenacé, como la más irreverente de sus hijas : "me quitaré la vida, si no me ayudas", mientras mis manos estrujaban un rosario.
Había llorado tanto, oraba noches enteras en la penumbra de mi dormitorio, hasta que el cansancio me doblegaba y ahora sólo quedaba la impaciente espera del resultado de tantas oraciones, ruegos, de tantos momentos de dolor, de terror de perderte.
Después de cuatro horas eternas, salió la doctora con su cara cansada pero alegre y me dijo: "señora, la operación fue muy complicada, pero resultó bien, su hija vivirá".
Este ha sido el día más feliz de mi existencia, fue como si volvieras a nacer. Gracias Señor por tu infinita misericordia.

(Dedicado a mi hija María José, con quien viví momentos muy difíciles, siempre te amaré.)

Ana Lorena Quesada Roja

lunes, 29 de agosto de 2016

soy...

En una tarde de domingo, de esas tardes soleadas y calientes que presagian algunas lluvias perezosas que nunca se concretan,  pues se van en sonidos de truenos lejanos y de vientos sin rumbo, contemplaba yo pasar el tiempo a través de la ventana que da al patio, donde se mueven las ramas de las plantas con total abandono y algunos pajaritos intentan cantar sin mucho entusiasmo, acentuando el sinsentido del ánimo que siento.
Deseo responder, sacarlo a la luz, hablar un poco sobre ello, pero nada ha sido posible; todo intento ha fallado. Las palabras se niegan a tomar forma, las ideas se vuelven cual grises nebulosas, el fastidio me ataca y continúo mirando por la ventana. El sol ya no está presente, las nubes se empecinan en anunciar la lluvia, el silencio se apodera del ambiente , la tarde finalmente va cayendo, solo los truenos permanecen.
Planté esos árboles y esas plantas cuando terminaron de construir la casa, porque yo Soy jardinera. Puse color y formas donde no existía nada y cuidé por tantos años ese patio y ese jardín que ahora que lo pienso, no recordaba que fue sólo tierra por un tiempo.
El cuarto donde escribo,  fue antes taller de mil proyectos. Una mesa grande donde se colocaban telas y patrones lo llenaba, al igual que las máquinas donde se cosía; yo sin dudarlo contestaba, Soy costurera.
 Yo Soy artesana. Soy tejedora. Confeccioné diversas piezas con lanas e hilos de un sinfín de colores, que aún se asoman en algunas gavetas que guardan sus tesoros dentro de la habitación. Ahora el espacio lo llena un sofá, perfecto para leer y soñar un rato. Soy lectora, Soy soñadora y también Soy escritora. Acá se encuentra la computadora y son sus teclas las encargadas de jugar con mis ideas.
Allá en la mesa redonda del comedor, se encuentran las cajas de lápices de tantos colores, láminas donde coloreo sus imágenes, algunas  terminadas y otras esperando turno. Soy artista. Canté las grandes obras de la música sinfónica coral. Participé actuando en tantos montajes de ópera a través de los años. Soy cantante, Soy actriz.
Ahora que los años se derrochan sobre mi como luces de bengala, llenando mi cuerpo de fulgores nunca antes sospechados, ahora que el calendario de la vida me dice que tengo muchos años, dejando a mi mente en total confusión, ahora se dice que Soy una mujer madura. Gran título obtenido bajo el requisito de muchas equivocaciones, desvaríos, aventuras y desastres de todo tipo. Finalmente encuentro esa línea delgada y profunda que se llama experiencia o tal vez la llame Sabiduría, que al final de cuentas me llega mas decir que Soy Sabia a decir que Soy lo que Soy , porque no quedó mas remedio.
Lia Ferreto. Agosto-2016.




domingo, 28 de agosto de 2016

Yo soy ......


   
                           Por Maureen Hidalgo Ch.
Quisiera escribir el  mas dulce poema que dijera:
             Yo soy la lluvia  tardia en el verano
              La brisa fresca en el desierto
              El abrigo y consuelo ante la adversidad.
Pero, por el contrario sera una prosa que diga:
Yo soy la mujer que se levanta todas las mañanas con el sol. Prepara desayunos, almuerzos, tiende camas y comparte un momento de prisa con su familia antes de que se vallan a trabajar. Se queda  limpiando, lavando, arreglando la casa, y peleando con las telarañas de su mente.
Yo soy esa mujer que a solas se encuentra con ese amigo entre comillas, buscando coqueta su aprobacion. El espejo, a veces cruel y despiadado me mira y me recuerda que los años han pasado y se notan en el color de mi cabello y en las lineas de mi piel.  Otras veces amoroso me recuerda con cariño la herencia de mis padres, lo alargado de mi rostro y la nariz aguileña que me hacen unica y de una belleza rara y original. Y la ausencia de ellos de mis papas se hace mas llevadera cuando los veo en el reflejo de mis ojos.
Yo soy una mujer, una esposa, una madre, a veces sentimental y soñadora. Amorosa y protectora.  Otras egoista y vanidosa.
Y ahora ; aprendiz de escritora.

viernes, 26 de agosto de 2016

Quien soy


Soy nieve en las cumbres y fuego en las arenas, Como dijo un poeta paisano mío, Porque empiezo así….porque no sé qué decir que aclare mi presencia en este mundo…Supongo que debo tener tres fases: La que fui, la que soy y la que seré, pero todas son distintas y cada día lo serán más. La que fui era con mucho la mejor, la más divertida la más audaz la que siempre lo quería hacer todo y la mayoría de las veces lo consiguió, la que vivió unos pasitos antes de su época, la que quería volar, si de suerte era la mejor, tenía sus tropiezos pero nada importante, la mayoría de las veces era feliz y estaba satisfecha y en paz conmigo. Si la mas de las veces era nieve en las montañas y quemaba en la arena, si yo fui una persona no importante pero si amigable querida y divertida, bueno con un montón de amigas que lo decían y yo por supuesto las creía. La actual :Quien soy pues ya ni tan divertida ni tan amigable ni tan feliz, bueno a ratos lo soy, luego tropiezo me caigo al pozo y espero a salir como Dios me da a entender, pero suelo salir sin mucho deterioro al menos por ahora. Cuando estoy fuera soy casi como un poquito la de antes, aun distingo la nieve del fuego, leo mucho, visualizo la lectura, la vivo me la imagino y ahora pinto como cuando era niña y me compraban lápices de colores y cuadernos de colorear, no sé si es una arte terapia o un simple regreso a la niñez, para el caso no me importa, me gusta y del ultimo pozo me saco un lápiz de color y un mar profundo y eso me vale. Ya no soy la que salía a trepar y la que quería volar, aun quiero lo que pasa es que ya no puedo, la cruel naturaleza se encarga de eso pero aun así ,cambié el volar por un lápiz….no es una tontería yo lo recomiendo, sirve al igual que los libros nos llevan a otro mundo al de los sueños porque vemos lo que queremos ver no lo que nos dicen como en el cine, vemos nuestros visiones e ideas, lo mismo que al colorear pintamos lo que queremos y no tenemos modelo que imitar, la naturaleza hace lo suyo mi lápiz hace lo mío lo que yo quiero, lo que yo veo…y si veo nieve en la playa eso es realidad a mis ojos y fuego en las cumbres pues algún bosque por desgracia se están prendiendo pero es mi yo y por lo tanto es mi realidad en ese instante eso está pasando y lo estará hasta que yo quiera….La que seré, esa si que es aún una incógnita, se la ve venir pero espero y deseo que aún no llegue que se quede dónde está un tiempo lo más largo que se pueda, al final vendrá no queda otro remedio pero mientras prefiero quedarme en el puesto de ahora, sin ser la gran cosa es cómodo y me permite estar bastante tranquila , quien quita que la otra no traiga el pozo más grande y ni siquiera tenga nieve ni fuego, solo silencio y recuerdos, batallitas que contar a los nietos que no escuchan ….
Bueno esa Soy Yo más o menos a ratos puedo cambiar pero en general es así, y debo ser feliz porque distingo nieve de fuego y las cumbres de las arenas y tengo aun amigos y compañeros con los que hablar y pasarlo bien.


Antonia Morales Diez