lunes, 4 de noviembre de 2019

La aventura

Copi Salazar.

Siendo viuda reciente y en medio de mucho sufrimiento de toda la familia, mi hijo menor decidió casarse.
Recién casado, tanto él como su señora soñaban con tener familia, el ansiado embarazo tardaba en llegar. Intentando averiguar la causa, ambos se sometieron a diversos estudios, todo parecía marchar bien, sin embargo se desesperaban y voluntariamente la joven se vio sometida a diversos tratamientos pesados y enojosos, sin resultado positivo.
Ambos cónyuges sufrían mucho, y con ellos yo, suegra y madre interesadísima en su felicidad. Dado que inexorable pasaba el tiempo y el asunto no se solucionaba, comenzaron los muchachos a pensar en la adopción. Yo publiqué entre mis amistades el problema, pidiendo si alguien conocía de algún bebé por nacer que necesitara ser tomado en adopción, me lo comunicara. A los días una doctora joven, nuera de mi amiga, llamó para avisar que nacería un bebé en un pueblo de la frontera donde ella trabajaba en el hospital local. El matrimonio
gringo interesado que se disponían llegar a Costa Rica a recoger a la criatura al siguiente día, por motivos poderosos canceló el viaje, el bebé nacería en el hospital del lugar, esa LA AVENTURA_ Cuento por misma semana. Había que viajar de inmediato para no perder esa oportunidad.

Contentísima llamé a mi nuera y a mi muchacho y les expliqué la situación. De inmediato pedí prestado un coche a otro de mis hijos, no queríamos que por el mismo se nos pudiese reconocer. Armamos un equipaje rápido para pasar una o dos noches en algún hotel. El bebé estaba supuesto a nacer al día siguiente, no tardaríamos en regresar.
Monté en el coche un moisés que conseguí prestado, para acostar al baby durante el viaje de regreso, una ropita para él y dos mudadas para mí, y los tres salimos alegres a completarla misión.
Llegamos al lugar, una ciudad limítrofe, muy pueblerina, y preguntando por algún albergue, se nos aconsejó dirigirnos a un hotel céntrico de un chino. Un hotel de paso para agentes viajeros que colocaban artículos en el comercio del lugar.
El hotel lucía mediocre y no muy bonito. Cuando llegamos a registrarnos pedimos dos habitaciones, tenían solamente una disponible, podían agregar una cama adicional.
Aceptamos de inmediato, llamé por teléfono a la doctora amiga y respondió que el baby estaba por nacer, posiblemente el parto se daría esa noche o al siguiente día.
Comimos algo en el comedor del hotel, y nos acostamos cansadísimos, por parte de la doctor se nos indicó que sería mejor que no nos dejásemos ver, para que el público no sospechara, el supuesto padre de la criatura era chofer de taxi y el padre de la parturienta estaba furioso, no aceptaría un nieto más en casa. Todo el pueblo lo sabía, si veían a una pareja desconocida y sospechosa, todos se ibn a enterar.
A la mañana siguiente nos bañamos y desayunamos ilusionados, llamé de nuevo al hospital y la doctora me informó _ el niño había nacido bien, era un varoncito sano, su madre tenía calentura y no le darían salida sino hasta que estuviera sana.
Como los jóvenes son impetuosos pero poco previsores, mis hijos no llevaban muchas cosas que en aquel momento nos eran esenciales. Solamente yo llevaba toalla de baño, artículos de tocador y sandalias. Los tres nos secamos con la
misma toalla, mi nuera llevaba un libro y una revista que leímos los tres. Para ir a los sitios de comercio estábamos un poco lejos, si salíamos a comprar algo seríamos la novedad.
La parturienta no mejoraba, pasamos metidos en el cuarto asfixiante, sentados cada cual en su cama casi cuatro días de horror, comiendo a diario la comida china del lugar y meditando sobre qué pensarían el chino y los demás clientes
de que una pareja y su suegra no salieran de la habitación durante casi una semana, Si hubiese sido solo la pareja sería natural, Pero con suegra incluida era demasiado raro.
Al fin, al cuarto día de penitencia, me informaron del hospital que ya la madre y el niño tendrían salida, nos bañamos a la carrera, yo me fui al hospital con el moisés, y mis hijos quedaron en que yo los recogería de camino en la esquina del hotel. No deseaban ser vistos ni reconocidos.
Asi lo hicimos, en el parqueo del hospital esperé, según instrucciones de la médico. Allí se me acercó una señora y me dijo ser la abuela del niño recién nacido, ella entró a recoger a la madre y al hijito, y ambas salieron a la puerta
del hospital. Yo me bajé, abrí la portezuela y coloqué al pequeño niñito en el moisés, mientras ellas se montaban.
La abuela me hizo mil recomendaciones, se extrañó de mi edad, posiblemente pensó que era demasiado vieja para adoptar, la tranquilicé diciendo que el niño sería mi nieto.
Ella me dio su dirección para que yo le enviara detalles de cómo estaba el niño. La madre era una bella joven rubia y de ojos claros, muy joven, y casi no habló.
Tomé camino hacia la residencia de la familia, llegamos allá y ambas mujeres bajaron del coche. El niñito venía envuelto en una vieja cobijita tejida, absolutamente desnudo.
Pensando en que no se refriara, salí prácticamente soplada para el hotel, recogí a mis hijos, los emocionados padres lloraban como críos, cuando tomaron al niño en brazos y le pusieron sus ropitas nuevas.
Lo que no imaginé ni en mis mejores sueños, es que ese niñito primoroso que fuimos a buscar, sería el hombre maravilloso y guapo que es uno de mis nietos predilectos.

Mi fascinación


Virginelia Calderón Salas
virgineliac@yahoo.es
Zapote, 13 octubre 2019

Recordar, es volver es a vivir en el recuerdo, momentos que ya se fueron.
Mi pueblo, Paraíso, estaba estrenando por primera vez servicio eléctrico y yo
por segunda vez, estrenaba novio.
En todas casas el comentario, era acerca lo lindo de tener electricidad para el
alumbrado y para oír radio. A nadie se le podía ocurrir usarla para otras
cosas. En la mayoría de ellas habían hecho instalaciones eléctricas muy
rudimentarias porque casi nadie sabía el oficio de electricista.
Mi familia no se quedó atrás, y luego de sacar el permiso correspondiente, en
el ICE, contrató a un hijo de mi padrino Goyo que trabajaba en esa
institución, para que hiciera el trabajo y colocara un bombillo en cada
habitación de casa. Esta tenía un zaguán en el centro y a ambos lados de
éste, tres dormitorios y la sala en el ala norte y un dormitorio para mi
abuelita y la cocina - comedor en el ala sur.
También tenía un espacioso corredor al lado oeste donde por las tardes se
armaba la tertulia, y en ciertas ocasiones veíamos las puestas de sol. En éste,
también se colocó un bombillo más grande, pegado a un benjamín que
colgaba de un cable eléctrico atado a una cercha del techo.
Aquel sábado de diciembre de 1957, ya en vacaciones, mis hermanas
solteras y yo habíamos ido al rosario de las seis de la tarde y regresamos muy
juiciosas y felices después por habernos “copado” con nuestros admiradores.

Mi abuelita había fallecido a principios de año y desde entonces me había ido
a dormir sola al dormitorio que ella dejó.
Al filo de la media noche cuando toda la familia dormía plácidamente,
escuché una música, que al principio me pareció lejana y una vos tierna y
muy romántica que decía:
“Mi fascinación eres tú. La primera que te vi, yo me enamoré locamente de
ti. Solo pido a Dios que me sigas queriendo tanto como yo, mi amor”.
Los serenateros estaban en el corredor. Sí, Pero… la vos del cantante, no era
la de Manuel, ni de ningún conocido.
De un salto me tiré de la cama y de puntillas salí al zaguán. Llegué hasta la
sala que tenía una ventana que daba al corredor, pero, ésta hecha de dos
hojas de madera gruesa comenzó a sonar y no pude abrir el picaporte.
Temerosa de que mi papá se despertara y me cogiera infraganti, empecé el
regreso por el largo zaguán, de puntillas y en el más profundo silencio que ni
un zancudo se oía volar.
En esos momentos de alegría por la serenata y , también de susto porque mis
padres ya se estaban cuchicheando debajo de las cobijas, presagio de la
buena tunda que nos darían, observo a lo lejos a mis hermanas Mina y
Marjorie, que habían logrado pasar por el frente de ellos, sin ser vistas. Al
observar mi sombra vestida blanco, en la penumbra de la noche, se
devolvieron despavoridas, enredándose en cuanto chunche se les ponía por
delante, creyendo que era el alma en pena de mi abuelita Mónica.
Me subí a la cama y envuelta en las cobijas, comencé a simular que roncaba.
Mi papá se levantó furioso y a grandes voces, regañó a mis hermanas y
espantó a los serenateros que ante el temor de ser descubiertos, salieron en
estampida dejando el radio que habían puesto en el benjamín del corredor.
Las notas de la canción se iban apagando muy lentamente: “…La primera que
te vi, yo me enamoré locamente de ti…”. En tanto, entraba la vos del locutor
que decía: Radio Reloj, de Costa Rica. Son las doce de la noche.

Evocaciones


Xinia Oviedo
10.10.19
Al escuchar los acordes de un tango o cantar a Carlos Gardel, de inmediato acuden a mi memoria recuerdos de mi tío Alfredo, hermano mayor de mi madre, apasionado de esos géneros musicales.
Alfredito fue un personaje muy singular, respetado y querido por el pueblo donde vivió desde que tenía tres años de edad hasta su fallecimiento a la avanzada edad de 96 años. Fue padre de seis varones y tres mujeres (de estas un par de gemelas) . Actualmente la mayor parte de los miembros de esa numerosa familia continuan viviendo en ese pueblo aunque algunos por razones de matrimonio o trabajo han echado raíces en otros lares.
Alfredo tenía un pequeño taller de zapatería, donde se arreglaban zapatos, pero también elaboraba las famosas botas ¨turrialba¨. Mi Papá usaba solo ese estilo de bota para trabajar elaboradas por las manos de Alfredito.
A mi me fascinaba llegar al taller, sentir el olor del cuero, lo mágico de tantos utensilios que se empleaban en la manufactura, las hormas, los cuchillos, las máquinas, pero para mi el atractivo principal consistía en el viejo radio que para mi tío era un tesoro que le llenaba de orgullo. Un radio alemán de los años treinta-cuarenta. Durante la segunda guerra mundial los varones de la familia se reunían para escuchar las noticias clandestinas sobre los acontecimientos en Europa.
Mi tío era simpatizante de los alemanes y cuentan que cuando supo que Alemania había firmado la rendición fue tanta su decepción que quebró el radio que tanto amaba.
Me encantaba oírle cantar aquellas canciones que hablaban de asuntos que yo todavía no entendía bien, pero para mi eran parte de la magia del taller: Ladrillo está en la cárcel,… Ya me despedí de los muchachos porque mañana me voy para la guerra,…La rubia Mireya, …El día que me quieras,…
Recuerdos indelebles en mi memoria

Cartas Reveladoras

Xinia Oviedo

Sept. 2019
Acomodando algunos libros repentinamente cayó un sobre dirigido a mi
madre a su dirección en Miami. Era un sobre aéreo de los que cayeron en
desuso, escrito a mano y por remitente el nombre de una empresa
desconocida para mi.
Presa de nerviosismo, curiosidad, emoción después de haber transcurrido
bastantes años desde la fecha en que mi Madre falleció, abrí el sobre en cuyo
contenido y para mi sorpresa estaba una carta que ella había escrito a su
hermana. La lectura me causó un fuerte impacto: la revelación ante mis ojos
de ver por vez primera a mi Madre como una mujer y no sólo en su papel de
la Madre abnegada y trabajadora capaz de sacrificar su vida personal para
dedicarse exclusivamente a la crianza de sus hijos, sino una mujer
apasionada, capaz de amar, y a quien después de muchos años de viudez se
entrega a la ilusión de un nuevo amor, que le proporcionó muchas dichas
para no concluir en un final feliz, todo lo contrario desilusión, sufrimiento,
amargura.
Lamentablemente fue demasiado tarde cuando me enteré de esa situación
tan contradictoria y aun hoy me duele el no haber tenido la oportunidad de
hablar al respecto. El tiempo pasó, geográficamente estábamos muy lejos
una de la otra y aun no he podido superar el hecho de no haber tenido la
oportunidad de conversar con mi Madre al respecto. Cada vez que recuerdo
la lectura de esas cartas viejas siento una molestia en mi interior que no sé si
lograré superar en algún momento.

El resucitado



Guillermo Arroyo Muñoz
Este es un pueblo construido durante los últimos años del siglo trans-anterior, fue ubicado al noroeste del país, entre la ciénaga y la costa caribeña, un pueblo extraviado en las memorias de quienes los enviaron a este sitio, perdido en la geografía sin lazos ni caminos. Los olvidados no eran más allá de cincuentena de familias, incluyendo los niños niñas y algunos animales, con los años la población creció de a poco, favorecido porque extrañamente eran pocos los que morían, por ello llegaron lentamente a sobrepasar los 250 habitantes.
Por una extraña razón, ellos también decidieron olvidar a quienes los obligaron a vivir en ese lugar, todo como resultado de la aplicación de un castigo, formaron una colonia penal la mayoría desterrados políticos y algunos otros acusados de vagos, ladrones de poca monta y mujeres que ejercían una de las profesiones más antiguas de la humanidad, en muchos casos la acusación no era más que el resultado de sospechas, que de hechos reales, en esa época los golpes de estado a los gobiernos, eran como las ranas, cuando apenas llegan las lluvias saltan por todo lado.
En especial el dictador de turno el coronel Montealegre, caracterizó su mandato por tener una gran facilidad para mandar al paredón, la horca, o lo menos que se podía esperar para una persona que fuera considerada “enemigo” o un “indeseable,” era el camino al destierro. Dicho destino fue el que se les aplicó a estas familias por lo que fueron llevados a ese paraje, el camino abierto a machete fue reclamado rápidamente por la selva, así se vieron obligados vivir por sí mismos.
La comunidad avanzo año tras año, con casas de madera y techo de paja, algunos senderos y solares comunitarios de cultivos, y pastoreo de los pocos animales traídos, los fundadores se hicieron viejos, la vieja Ramona, el Sacerdote Camilo y nos más de cinco personas, pero a ellos se le sumo los nacieron y crecieron en el pueblo.
Con el pasar del tiempo el cacicazgo de tan pequeña comunidad, era disputado entre dos personas, María la mujer más hermosa del pueblo, esposa, madre, y nieta del fundador del pueblo y el Sr Camilo, sacerdote que parecía cargaba todos los años posibles de cargar por una persona, él llegó con el abuelo de María, nadie sabía cual había sido su pecado para que lo desterraran a esa región.Don Camilo sentía que él había erado el poder por dos razones; primero lógicamente por su indiscutible representación de Dios en la tierra, lo que le da una autoridad única y segundo por haber llegado con los primeros pobladores, con el mismo abuelo de María.
El sacerdote Camilo, a pesar de que corría las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX, seguía dando la misa en latín y él era el único que poseía y podía leer las sagradas familias, sus ideas parecían propias de la edad media, además de cargadas de un odio patriarcal a María por disputarle su liderazgo.
La disputa vino porque María siempre busco el contacto con los poblados externos a pesar de las graves limitaciones, ya que solo por la costa en un pequeño bote se lograba alguna comunicación, de esa forma había logrado abrir una escuela de una sola maestra, y a partir de ahí algunas actividades educativas y recreativas.
El miedo estaba presente en todos los habitantes a don Camilo, menos María, nombre que al cura le parecía una ofensa, dada su terquedad y falta de sumisión, la mayoría de los pobladores se mantenían en silencio, pero en sus adentros y a espaldas del curita, se desarrolló un consenso del estado mental de Don Camilo, unánime está loco.
Las discusiones se daban porque Camilo no permitía que las niñas aprendieran a leer, o mantenía la obligación a los ayunos frecuentes, en un pueblo donde la abundancia no era precisamente parte de sus vidas, la verdad el ayunar no era necesario porque la comida era poco abundante, también la discusión sobre la severidad de las penitencias durante la semana santa, en más de una ocasión dichas penitencias resultaban sangrientas, bastaba que el cura Camilo, definirá arbitrariamente la acción de alguna persona como pecado, María solía definir las penitencias como torturas.
De esas cosas que lograba romper la pesada rutina del pueblo, ese día la noticia que afecto a todos es que había muerto Lázaro, el carpintero del pueblo y tío de María, por extraña coincidencia que parezca el padre Camilo estaba medio enfermo, pero acepto hacer la misa y el rito del funeral. Ya en el cementerio, con la fosa de tierra abierta, a un lado estaba el último ataúd de tablas apenas lijadas, que había realizado Lázaro y todo el pueblo estaba reunido y a la cabeza del funeral el padre Camilo, pidió silencio y empezó a decir las oraciones en latín, cuando en la fracción de un instante el cura empezó a tambalearse, y caer con toda fuerza sobre el ataúd de Lázaro.
La sorpresa dio paso a una extraña sensación, nadie atinaba a levantar el cuerpo del cura Camilo, pero lo más extraño, no sería su muerte, sino el hecho de que después del golpe el muerto Lázaro, por alguna extraña razón se enderezó tirando al cura Camilo a la fosa el pánico provoco desmayos, llantos, gritos ¡El padre Camilo resucito a Lázaro ¡ Para poder entender lo ocurrido, todo empezó con el hecho de que el pueblo no tenía doctor, por lo que siempre bastaba que Ramona la anciana del pueblo, tan anciana que nadie conoció su familia, la partera de todos en el pueblo, ella era quién decidía cuando una persona estaba muerta, su veredicto era suficiente para ir al hueco.
Cuando la calma retorno al pueblo, la verdad salió a flote, Lázaro solo estaba borracho profundamente borracho y Ramona vio la oportunidad de vengarse, porque cuando ambos eran jóvenes, Lázaro la engaño con una promesa no cumplía de matrimonio. Pero fue inútil que se contara la historia de Ramona, pudo más el mito y este corrió por toda la ciénega, el litoral y más allá, Lázaro había sido resucitado y lo hizo el finado padre Camilo.

extraño

Llegó el extraño esa extraña mañana golpeando la puerta y balbuceando en un extraño
idioma, que extrañamente yo entendía. Le abrí la puerta con extrañeza y sus extraños
ojos me miraron con una mirada oscura y extraña.
Así comenzamos una larga y extraña relación en la cual no era nada de extraño que cada
uno extrañara al otro todo el tiempo.
Nuestros cuerpos con el tiempo empezaron a tener extrañas modificaciones y
extrañamente comenzamos a parecernos. A nuestros amigos les extrañaba nuestras
similitudes y a los desconocidos en la calle les extrañaba nuestra apariencia.
Así, aunque parece extraño, fuimos haciéndonos extrañamente idénticos.
Un extraño día decidimos irnos al mundo de los personajes extraños para que nadie nos
mirara como extraños, pudiéramos conversar en idiomas extraños, amarnos todos
extrañamente y sentir una inmensa y extraña felicidad.
Me dije con extrañeza, ¡qué extraño sueño!

Ingrid

jueves, 31 de octubre de 2019

Estos ojos


Estos ojos (“These eyes” de The Guess Who )


These eyes
cry every nights for you.
These arms
long to hold you again…

     Era un adolescente, a pesar de llevar encima casi dieciocho años, sin embargo se negaba a crecer y conocer lo que un vasto mundo, más allá de las canicas y los trompos ofrecía.

     Cursaba el cuarto año del Liceo de Costa Rica y era feliz, pero era más feliz cuando cada tarde, al regresar a casa, después de colgar o tirar por ahí el gris uniforme, se divertía jugando chocolas, de panza o de cuclillas, sin importarle en lo absoluto lo que pensaran los mayores, era feliz recogiendo las translúcidas canicas de vidrio que dejaban pasar a su  través, la luz mortecina del atardecer y que ganaba con habilidad. Era un buen jugador y sus amigos, la mayoría, menores que él, solían respetarlo.

     Una dorada tarde, viniendo desde el sur,  contempló una joven mujer que venía hacia ellos. Caminaba como una diosa, con su rostro serio y dulce a la vez, mirando al frente, sin mirar. Movía sus gráciles brazos alrededor de su delgada cintura y sus largas piernas morenas, firmes y relucientes,  limitadas por una preciosa minifalda, le dejó boquiabierto, atónito, lejano y ausente. Cuando se recuperó del lapsus, la chica había ingresado a la vivienda que estaba frente a la suya, a la que recién se había trasladado a vivir con su familia … el juego había terminado.

     La chica ni siquiera advirtió su presencia, para ella era un mugroso mocoso jugando con otros mocosos, igualmente mugrosos.

     Esa noche no durmió bien, su imaginación le dotó de alas y lo elevó al espacio de la fantasía. Voló a los lugares que conocía y le eran amados, tomado de la mano de aquella preciosa mujer. Esa noche dejó de ser niño, cruzó el odioso proceso de la adolescencia sin darse cuenta. Esa noche había descubierto a la mujer que, si hubiese madurado un poco antes, habría sido la mujer con la que habría envejecido.

     Esa noche descubrió el mensaje oculto de las románticas canciones de los Beatles y entendió el sentido de la palabra “amor”.  Estaba enamorado.

                                  …………

     Al día siguiente, somnoliento y apresurado, salió de su casa hacia el Liceo y en el trayecto entre su casa y la de su nueva vecina, se encontró nuevamente con la damita con la que soñó la noche anterior.
     Esta vez, ella sí advirtió en él, le miró con su desgarbado uniforme . ¡Un  liceísta¡ exclamó. Su mirada se encendió como una antorcha y su sonrisa fue un alegre velero en alta mar.  

     Transcurrieron los días y las canicas quedaron en el cajón de los recuerdos, ahora su alegría era atravesar la calle y tocar la puerta de su amada, que recién había llegado de la universidad.
     Con ella aprendió el interesante juego de los besos de menta y también, el cálido rubor de la pasión. Ella le abrió los ojos al mundo, pero sobretodo, al amor.

                                       ……….

     Un día, durante una conversación saltó de la boca de la chica, un comentario que tenía a flor de labios y que no tenía mayor trascendencia; fue un comentario relacionado con el interés de un muchacho del barrio, mayor que él, que tenía interés en ser  amigo de ella. Para él fue un frío metal en su alma y le dijo, sin pensar lo que decía, que estaba bien, que lo conociera, que él se apartaba.  Pero en su corazón,  aquello fue una herida que lo marcaría para siempre.


     Pasó una semana, quizás dos y la relación se reanudó de nuevo, pero nunca fue la misma.  
               Durante esas semanas, su mente buscó refugio en otros brazos y en las baladas de desamor y angustia y una de ellas se entronizó en su alma, desde entonces y para siempre.
     Las notas de aquella melodía resuena en sus recuerdos con ternura. “Estos ojos lloran todas las noches por ti. Estos brazos anhelan abrazarte otra vez…



                                     Carlos Rojas Vargas

                                           13/10/2019

Cantando al sol


Patricia Allen

Hace 10 años murió la negra.  Diez largos y rápidos años.  Miro la noticia y tintina uno de mis himnos.  Tantas veces me mataron, tantas veces me morí…Ella, la mayor de una gran familia compuesta por una madre sumisa y un padre arisco y seco, buen proveedor y alcohólico, una tía, una abuela y once querubines.
Tenía solamente 12 años.  Por azahares de la vida y ser la mayor le endosaron el cuido de sus hermanos.  Su madre, soñó con estudiar medicina, solamente terminó la primaria.  Sabía coser bien y lo convirtió en su fuente de ingresos.  Trabajaba para alguien en algún elegante sitio de modas en San José, aunque su paga no era buena.  Cuando se emparejó, él le regaló una máquina de coser para que se independizara.  La máquina, con los años y el matrimonio, se utilizó para confeccionar la vestimenta de sus cuantiosos hijos.  En ese tiempo y ahora, se diría, solamente era ama de casa.  Sus jornadas iniciaban a las 4 de la mañana y terminaban a media noche.  Afortunadamente, ella no trabajaba, se dedicaba solamente a la familia, tal y como se espera de una buena mujer.
Tenía solamente 12 años.  De nuevo la canción suena y va dominando el ambiente “gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal porque me mató tan mal y seguí cantando…”.  A sus sesenta años llora desconsolada ante sus hermanas menores y pide disculpas por los errores cometidos.  No sabía cuánto daño había causado y la culpa la mataba.  No estaba preparada para la responsabilidad de cuidar a sus hermanos cuando su madre se ausentaba los fines de semana para acompañar y cuidar a su marido alcohólico en los viajes de negocios.  Al principio, alguna de sus hijas mayores lo acompañaba.  Sus viajes eran un viacrucis en todas las cantinas.  Sus hijas corrían riesgo, la madre decidió acompañar al marido y dejar a su hija mayor a cargo de la marimba.
Tenía solamente 12 años.  El futuro se lo pintaron particularmente restringido.  Mirando el progreso de sus hermanos y hermanas siempre consideró que era la tonta de la familia.  Vuelve de nuevo la negra “Tantas veces me borraron, tantas desaparecí, a mi propio entierro fui, sola y llorando.  Hice un nudo del pañuelo, pero me olvidé después que no era la única vez y seguí cantando…”  Una vez terminada la secundaria su padre le sentenció sus dos opciones de estudio: secretaria o maestra.  Ni a putas iba a ser secretaria de nadie, seré educadora.  Y así fue.
Tenía solamente 12 años.  Se convirtió en una mujer preciosa, reina de la famosa Feria de las Flores en esa época.  Perseguida por muchos jóvenes y novia de un gran prospecto, como se diría un partidazo.  Guapo, de familia, con dinero y con futuro.  Todo resuelto.  Pero no se casó con él.  ¿Con quién entonces?  Un fulano que no tenía un cinco pero que la hacía reír y olvidarse de su cruda realidad.  Compañero de estudio de su hermana, cada vez que visitaba la casa, al despedirse le decía a la madre: guarde una para mí.  Regresa la negra cantando “Tantas veces te mataron, tantas resucitarás cuántas noches pasarás desesperando.  Y a la hora del naufragio a la de la oscuridad alguien te rescatará, para ir cantando.”
Tenía solamente 12 años cuando fue violada.  A los 30 años de casada se envalentonó y contó por primera vez lo sucedido a su marido y tal vez, unos 15 años más tarde a su hermana menor.  Ella quedó perpleja y como paralizada.  Por un momento no supo que decir, luego abrió mucho los ojos y sin siquiera pestañear, muy lentamente preguntó: y… ¿quién fue?  Y en un susurro tembloroso agregó, no me diga que fue papi…y el silencio se hizo eterno.  Para cuando lo contó ya el violador había muerto, un primo protegido por su padre y criado junto a ellas.  Y como diría la negra “Cantando igual que sobreviviente que vuelve de la guerra”.
Solamente tenían 10 y 11 años.  Había otras dos hermanas, casi de la misma edad, entre sus cumpleaños mediaban solamente nueve meses.  ¿Pasó lo mismo?  En una reunión de hermanas se lanzó la pregunta, una dice que podría ser posible y la otra que si pasó no se acuerda.  Tantas veces me mataron tantas veces me morí…y a mi entierro fui sola y llorando… pero me olvidé después que no era la única vez y seguí cantando.

Extrañas situaciones



Xinia Oviedo

Octubre 2019



Sin formar parte de mis planes futuros, se me presentó la oportunidad de poder irme a trabajar a un consulado en la ciudad de Bremen en Alemania. La decisión no fue fácil ya que en ese momento mi conocimiento sobre el país, sus costumbres y especialmente el idioma eran igual a cero. Después de varias conversaciones con quien sería mi futuro jefe me convenció de las ventajas que tendría para mi poder hacer esa experiencia y al final acepté.
Inicié los preparativos del viaje que en aquel entonces no fue tan fácil, ya que no había la posibilidad de volar directamente desde Costa Rica y tuve que tomar un vuelo a México. Ahí tuve que permanecer varios días hasta poder abordar un vuelo de Lufthansa que vía Canadá me llevaría a Alemania. El inicio de ese viaje ya fue todo un choque con situaciones extrañas y nuevas para mi. Aunque no era la primera vez que salía de Costa Rica, si fue mi primer viaje sola donde tuve que afrontar momentos complicados: otros idiomas, tecnologías desconocidas, comidas diferentes, la sensación de estar perdida en medio de ambientes totalmente nuevos y demasiado grandes en comparación a lo que estaba acostumbrada.
Al llegar a Alemania y después de admirar la ciudad tan bonita en la que me desempeñaría en adelante, el primer paso fue buscar un abrigo ya que a pesar de la época veraniega y de los días soleados sentía mucho frío. No fue fácil encontrar un abrigo en verano, pero lo pude obtener y con él me sentí muy confortable aunque el color no me gustaba mucho ya que parecía la caperucita roja.
Tres días después de mi llegada empecé a trabajar! Qué difícil empezar por conocer el manejo en el tranvía, el susto de bajarme en una estación equivocada, la llegada a la oficina, conocer a los compañeros de trabajo y cuáles serían las tareas que tendría que realizar. De repente otro torbellino de sensaciones nuevas: sólo oía hablar en alemán sin entender nada, pero me fue presentada la compañera con la que compartiría mi lugar de trabajo y por suerte ella hablaba bastante bien español y desde el primer día nació una bonita amistad entre ambas que se mantiene hasta la fecha. Poco después llegó el jefe quien se encargó de presentarme el resto del personal y noté que era objeto de observación ya que mi forma de vestir y de arreglarme se diferenciaba mucho del de mis compañeras.
El verano pasó dando lugar a la entrada del otoño, otro golpe para mi ver como cambió en forma tan radical el medio ambiente. Los árboles se quedaron sin hojas, los jardines llenos de color con tantas flores quedaron vacíos, todo era gris, triste y una neblina constante invadía la ciudad. Una enorme tristeza me invadió luchando con la idea de querer regresar a mi país, pero superé la nostalgia y seguir hacia adelante.
Poco a poco fui asimilando la avalancha que me caía encima de tantas cosas nuevas, especialmente aprender lo más necesario del idioma y con el transcurso del tiempo lentamente me fui adaptando al nuevo sistema de vida y así logré prácticamente iniciar una nueva vida y superar lo que al principio fué todo una ramillete de situaciones extrañas.