lunes, 1 de febrero de 2016

Mi abuelo



Olga Emilia Brenes Chacón
Recordar, es una palabra muy hermosa: viene del latín re-cordis que significa “volver a pasar por el corazón” y no es otra cosa lo que me sucede cuando me llega el olor al pan recién hecho, de inmediato los sentimientos afloran en mi mente y recuerdo a mi abuelo. Él era panadero, nació con el siglo, vino de España, yo era su nieta mayor e hija de su hija menor. ¡Ninguna carta de presentación era mejor que esa condición! Sin lugar a dudas yo era su preferida, a pesar de llegar más primos y primas a la familia.
¿Qué significaba ser la preferida? bueno, que yo estrené un nuevo traje cada domingo durante muchísimos años, que llegaba a la panadería Francesa, entonces de su propiedad, e iba al “taller” y tomaba un pan francés, recién hecho, le sacaba la miga y sólo eso me comía, pero sobre todo, que cada verano, me llevaban de paseo a Puntarenas. Íbamos en tren, mi abuelita, él y yo a una casa que alquilaban, ¡cómo me divertía!, y cualquiera de la familia que llegara a la casa a pasar temporadas con nosotros, sabían y respetaban mi lugar.
Muchos años después estaba yo en los Estados Unidos estudiando y me enteré por mi madre que el abuelo estaba enfermo, ni lerda ni perezosa le envié una tarjeta que solo tenía en la portada unos enormes labios dando un beso, le escribí en la tarjeta que ¿qué le sucedía?, que pronto yo regresaría y que mientras tanto le enviaba un beso; contaba mi madre que mi abuelo pasaba las tardes con mi tarjeta en la mano. Llegó el día de mi regreso y del aeropuerto me fui directamente a la casa de mi abuelo, intercambiamos los besos de rigor, le prometí que al día siguiente le contaría todo lo relacionado con mi viaje y me fui a mi casa a descansar; ¡esa misma noche murió mi abuelo!

Yo tenía un mi abuelo y el olor a pan recién hecho me lo recuerda.

Un día espectacular y Un día espectacular.


Eran las 11 de la mañana del 26 de marzo de 1968, acabábamos de salir de misa mi madre y yo e íbamos a comprar helados para el almuerzo, porque era domingo, cuando intempestivamente sentí algo mojado en mi bajo vientre, la mojazón seguía y seguía, Francisco, mi primogénito, comenzaba a nacer.

Mi madre conocedora en esas lides, me dijo: no te preocupés, se reventó la fuente. Nos fuimos a la casa y desde allí mi marido llamo al doctor Broutin, quién le dijo que nos fuéramos a la Clínica Santa Rita y que lo esperáramos ahí.

Las enfermeras de ese lugar, sumamente hábiles, me examinaron, me dieron una habitación, me prepararon y alguna se quedó conmigo midiendo el tiempo transcurrido entre cada contracción, cuando llegó el doctor me puso una inyección, dejé de sentir dolor y finalmente Francisco llegó a este mundo.

No puedo explicar la sensación de tener un hijo, tenerlo por primera vez en mis brazos, es increíble, uno lo ve perfecto, y por que no decirlo, la sensación de orgullo de haber podido lograr esa maravilla.

El tiempo pasó demasiado rápido, hubo que regresar a la casa. Uno se acostumbra a pensar que una personita ocupa un lugar muy importante. No se sale de noche porque se está pendiente de las horas de comida, de preparar la comida que ese nuevo habitante de la casa necesita y es diferente a la que come el resto de la familia. Todo es nuevo y maravilloso, yo creo que una mujer nunca es la misma después de tener un hijo.

Pero no sólo ese día fue importante para mi, casi dos años después, el 26 de octubre de 1969, aparece Mauricio en mi vida.
En ese momento, ya era una chica conocedora y dado que siempre trabajé en educación, consideramos que lo mejor era que el nuevo hijo o hija naciera al final de octubre, debido a que a los maestros, la Seguridad Social les da de asueto 3 meses antes y uno después del nacimiento, de esta manera debía regresar al trabajo en el mes de diciembre que dan inició las vacaciones de tres meses. Para tal evento nos preparamos. Sucedió de acuerdo a lo planeado, Mauricio nació un 26 de octubre,  el mes terminaba el 26 de noviembre. Ningún director quería una profesora que llegará a importunar al sustituto por cuatro días, así que pase esos días haciendo labores de oficina y de nuevo, vacaciones. Podía dedicarme a mi nuevo niño en su totalidad, desde luego dejando también tiempo para el mayor que aún no era suficiente grande.

Esos tres meses con mis niños fueron una época maravillosa, no tengo palabras para agradecer al Buen Dios haberme permitido esa alegría dos veces en mi vida.





A pesar de estar en las montañas y que el clima no se comporta igual que en otros sitios amaneció un hermoso día, claro y soleado. Eso si, era un día muy ventoso, el céfiro amenazaba y lo lograba muchas veces, quitar en sombrero o la gorra deportiva a las personas que esperaban evitar con su uso los rayos ultravioleta del sol, estaba en las montañas rocosas en Estados Unidos.
Sentada frente al gran lago, vi de pronto una enorme ave que se dirigía al agua, parecía un águila por su tamaño y su fuerza, a la distancia lo veía de color negro con pintas blancas. El pájaro, sin dejar de volar, sólo metió las garras y salió con un pez entre sus garras, pero... que sucede?, el ave está dando vuelta al pez de manera que una parte quede bajo su cuerpo y la otra esté en la misma dirección de su pico. Hecho esto, el ave se aleja volando sin soltar su presa.
Mis amigos me dicen que es un águila pescadora se llama en inglés osprey.
Pienso, desde mi punto de observación que el ave no quiere perder velocidad por un pez que le interrumpe el favor del viento, pero como sea, ¡estoy sumamente asombrada!
Este lugar no deja de sorprenderme.
Eran las 11 de la mañana del 26 de marzo de 1968, acabábamos de salir de misa mi madre y yo e íbamos a comprar helados para el almuerzo, porque era domingo, cuando intempestivamente sentí algo mojado en mi bajo vientre, la mojazón seguía y seguía, Francisco, mi primogénito, comenzaba a nacer.

Mi madre conocedora en esas lides, me dijo: no te preocupés, se reventó la fuente.
 Nos fuimos a la casa y desde allí mi marido llamo al doctor Broutin, quién le dijo que nos fuéramos a la Clínica Santa Rita y que lo esperáramos ahí.

Las enfermeras de ese lugar, sumamente hábiles, me examinaron, me dieron una habitación, me prepararon y alguna se quedó conmigo midiendo el tiempo transcurrido entre cada contracción, cuando llegó el doctor me puso una inyección, dejé de sentir dolor y finalmente Francisco llegó a este mundo.

No puedo explicar la sensación de tener un hijo, tenerlo por primera vez en mis brazos, es increíble, uno lo ve perfecto, y por que no decirlo, la sensación de orgullo de haber podido lograr esa maravilla.

El tiempo pasó demasiado rápido, hubo que regresar a la casa. Uno se acostumbra a pensar que una personita ocupa un lugar muy importante. No se sale de noche porque se está pendiente de las horas de comida, de preparar la comida que ese nuevo habitante de la casa necesita y es diferente a la que come el resto de la familia. Todo es nuevo y maravilloso, yo creo que una mujer nunca es la misma después de tener un hijo.

Pero no sólo ese día fue importante para mi, casi dos años después, el 26 de octubre de 1969, aparece Mauricio en mi vida.
En ese momento, ya era una chica conocedora y dado que siempre trabajé en educación, consideramos que lo mejor era que el nuevo hijo o hija naciera al final de octubre, debido a que a los maestros, la Seguridad Social les da de asueto 3 meses antes y uno después del nacimiento, de esta manera debía regresar al trabajo en el mes de diciembre que dan inició las vacaciones de tres meses. Para tal evento nos preparamos. Sucedió de acuerdo a lo planeado, Mauricio nació un 26 de octubre,  el mes terminaba el 26 de noviembre. Ningún director quería una profesora que llegará a importunar al sustituto por cuatro días, así que pase esos días haciendo labores de oficina y de nuevo, vacaciones. Podía dedicarme a mi nuevo niño en su totalidad, desde luego dejando también tiempo para el mayor que aún no era suficiente grande.

Esos tres meses con mis niños fueron una época maravillosa, no tengo palabras para agradecer al Buen Dios haberme permitido esa alegría dos veces en mi vida.





Un día espectacular. 


A pesar de estar en las montañas y que el clima no se comporta igual que en otros sitios amaneció un hermoso día, claro y soleado. Eso si, era un día muy ventoso, el céfiro amenazaba y lo lograba muchas veces, quitar en sombrero o la gorra deportiva a las personas que esperaban evitar con su uso los rayos ultravioleta del sol, estaba en las montañas rocosas en Estados Unidos.
Sentada frente al gran lago, vi de pronto una enorme ave que se dirigía al agua, parecía un águila por su tamaño y su fuerza, a la distancia lo veía de color negro con pintas blancas. El pájaro, sin dejar de volar, sólo metió las garras y salió con un pez entre sus garras, pero... que sucede?, el ave está dando vuelta al pez de manera que una parte quede bajo su cuerpo y la otra esté en la misma dirección de su pico. Hecho esto, el ave se aleja volando sin soltar su presa.
Mis amigos me dicen que es un águila pescadora se llama en inglés osprey.
Pienso, desde mi punto de observación que el ave no quiere perder velocidad por un pez que le interrumpe el favor del viento, pero como sea, ¡estoy sumamente asombrada!
Este lugar no deja de sorprenderme.

miércoles, 20 de enero de 2016

Un domingo cualquiera




El miércoles, no! Eso le dijo a su amiga cuando la llamó. Se quedó mirando el patio por la ventana. Los árboles estaban desnudos y las plantas parecían arroparse unas con otras, pero los lirios revelaban sus hermosas cabecitas moradas.
Su amiga había dicho que vendría miércoles, pero ella tenía su agenda por las mañanas; llevar la ropa a la lavandería, pasar donde el zapatero, la farmacia, el correo, encargar cosas en el almacén, para que se las trajeran y otros menesteres que se le ocurrían por el camino. Por la tarde, las reuniones del club literario o encontrarse con alguna amiga. De esa forma colmaba sus días, menos los domingos, porque casi todo estaba cerrado y la gente asumía compromisos familiares .
Ese invierno estaba más frío, entonces tuvo que encender la estufa. Se sirvió un té bien caliente y se metió de nuevo a la cama, desde donde siguió contemplando el día gris.
Era domingo, como detestaba los domingos! Eran largos, eternos…por eso le dijo a su amiga que viniera el próximo. Era la mejor forma de acortarlo o mejor, pasarlo por alto.
Prendió la radio en su emisora favorita de música clásica y miró el teléfono.
Abrió el ropero para arroparse con algo más grueso y entonces inesperadamente abrió los cajones. Allí estaban las camisas del hijo, perfectamente planchadas por él, las tomó con suavidad para que no se escapara su perfume y las guardó. Luego descolgó el abrigo de fina alpaca posando sus mejillas y alisando amorosamente las solapas, gesto mecánico con que despedía siempre a su esposo. Se extrañó al percatarse de un bulto en uno de los bolsillos internos, era una cantidad considerable de billetes cuidadosamente doblados, pero desde hacía tantos años, que ya estaban fuera de circulación. Ya no le quedaban lágrimas. Suspiró pensando que tal vez había sido su última transacción y cerró.
Por hacer algo fue a la cocina y destapó la olla. Recordó cómo le gustaba a él ese guiso, aunque cuando la veía preparando las verduras, comentaba: “vieja, cómo no te cansas cortando tantos cuadritos”, pero no tenía hambre, así que tomó otro té.
Que interminable era el domingo!
Ni la televisión mostraba algo interesante así que decidió buscar entre las lanas y tejer algo nuevo para las nietas. Les habría quedado bien aquello que les envió? Ojalá disfrutaran los chocolates que puso en el paquete!
Cómo estaría su hija? Deseaba tanto abrazarlas, pero se habían ido tan lejos! Sólo ellas le quedaban, era lo único que la criminal dictadura no le había desaparecido!
De pronto por las ventanas entró el sol a raudales, la luz en el rostro y el brillo de sus ojos estallaron la sonrisa. Contestando el teléfono dijo emocionada - Hola, mis amores como están?
Algo así como un alivio salió al patio y llenó de calor los rincones. Esa noche de domingo una esperanza se deslizó debajo de la almohada.
Evelyn Silva Peralta.












Tiempo


Evelyn Silva
El tiempo es una trampa de la mente, imborrables hilos de múltiples historias, sabores, aromas, risas. Todo entrelazado y registrado de forma imperecedera.
Retazos brillantes de infancia, hermanos y padres. Láminas de juventud candente. Trozos de estudios, trabajos, acciones, desvelos. Tantos rostros, miradas, manos juntas, abrazos compartidos. También golpes, llagas, fracturas. Manitos y sonrisas de niños, cantos que corren, vuelan, crecen… y….nuevos desvelos. Otras amorosas caritas sonrientes y….
Guardo todo, con un orden implacable, un archivo indestructible, accesible e inviolable: mi memoria.




Porque perezco si me quedo, porque me muero si me voy


Evelyn Silva
Porque perezco si me quedo, porque me muero si me voy, lo dijo en un susurro mirando el amanecer por la ventana.
Ensilló su alma quedamente. En las alforjas metió todo lo necesario para el viaje. Los recuerdos eran muchos y algunos le pesaban demasiado, así que los repartió y al centro, como equilibrio, puso con mucho cuidado lo más importante, pero quebradizo: las esperanzas.
Partió cuando despuntaba el día….








Olvido



Quiero olvidar ese día! No quisiera recordar nunca más de ese desgraciado día! Lo repetía incansablemente. Al principio con los ojos llenos de lágrimas, más tarde con la vista perdida.
Ese maldito día empecé a perder mi salud. Luego todo lo demás. Pero la verdad, fue mucho antes, cuando sin saberlo estaba sufriendo las consecuencias. Tanto psicólogo, dinero y esperanza perdida! Todo sin saber porqué… Si hubiera sabido antes…que habría hecho? A quien recurrir? A quien decirle?
Así pasaban los días y los años, preguntándose- Cómo no me di cuenta? Parece que nunca se perdonó aquello que en su momento ignoró. Pero, es posible culparse por lo que se desconoce? Donde conduce tanto dolor acumulado? Y los otros personajes de esa historia, conocerían su sufrimiento o estarían rumiando también solos el propio? nos preguntábamos los demás.
En realidad lo repitió a lo largo de casi toda su vida.
En el asilo todos conocían su retahíla, aunque nunca supimos a quién ni a quienes se refería, porque no recibía visitas.
Evelyn Silva

Casi no fuimos



Evelyn Silva

Cuando lo acordaron, varios del grupo se entusiasmaron mucho. Otros mas recatados dijeron que lo pensarían y algunos desistieron de inmediato. Un compañero ofreció sus buenos oficios para conseguir un microbús, mientras aumentaban las propuestas comestibles.

La noche previa hubo desvelos con los preparativos y muy temprano saltaron de la cama, igual que cuando iban a los paseos de la escuela: era evidente la emoción por el rompimiento de la rutina cotidiana. Nada debía faltar!

Aunque algunos contratiempos, tan graves como no poder bañarse por la repentina falta de agua, impidiera la llegada de alguien, lo cierto es que casi todos los paseantes llegaron a la hora acordada y al parecer, bien bañados. Cargando bolsas, bultos y paquetes;  con coquetos sombreritos y gorras esperaron con alborozo la aparición del microbús. Pero aunque eso era lo menos preocupante, al pasar el tiempo, la angustia se fue apoderando del compañero que había asumido ese colocho, quien corría y sudaba de un lado a otro.

Mientras tanto, para acortar la espera, algunas personas tejieron amenas conversaciones, otras cruzaron saludos y tuvieron afectuosos encuentros con gente conocida que transitaba por la calle.

Como el tiempo seguía pasando, la imaginación vertiginosa de más de alguien hizo pensar en coger el tren para llegar a Heredia y de allí contratar taxis, mientras otros más aventurados sólo insinuaban bañarse en la Fuente de la Hispanidad, mientras varios propusieron buscar una zona verde y decididamente abrir la comedera.

Menos mal que al fin, luego de tales osadas elucubraciones, hizo su aparición triunfante la microbús con acordeón incluida, dando por terminada la excitante perspectiva de realizar un paseo con variantes no contempladas en el programa previsto. El paseo, finalmente fue un éxito, lo disfrutaron plenamente y quieren continuar la aventura.















martes, 3 de noviembre de 2015

Verde naturaleza


Me encanta el color verde de la naturaleza; entiendo claramente el papel de la clorofila no solo en la alimentación de las plantas, sino también en su coloración.

Estoy en un hotel de Santa María de Dota, mi dormitorio queda en el ático o el palomar para las gentes del lugar, es un dormitorio de paredes inclinadas, siguiendo la dirección del techo, tiene un escritorio, una cama pequeña y una gran ventana que da a la campiña.
-        Casi nunca alquilamos esta habitación, me decía el dueño del hotel como disculpándose.
-        A mí me parece magnífica, con tanta luz y el paisaje que entra por
 la ventana.
-        Bueno, se la he ofrecido a Ud, porque trae poco equipaje y me dijo que venía a pensar. Sabe, ha sido un limitante no tener ascensor. Pero venga, asómese a la ventana.
-        Me asomo a la ventana y veo verde hasta donde me alcanza la vista, me viene a la mente la canción chilena: paisaje de…, en mil distintos tonos de verde…
-        ¡Todo esto, hasta donde le alcance la vista, es propiedad de mi familia!, yo decidí hacer un hotel de montaña en la casa de mis abuelos; pero todos mis familiares andan desperdigados por ahí.  Bueno, lo dejo para que se acomode y no olvide las horas de las comidas, todas están incluidas en el precio.
Me quedo solo en la habitación, saco mis prismáticos y me siento en la ventana. Todo se ve verde, pero  con un poco de esfuerzo comienzo a identificar los distintos tonos. 

Observo a la distancia una parte en que se nota que voltearon la montaña para sacar madera, pero rápidamente, las gramíneas han tomado el lugar de los árboles, por lo que puede observarse el verde tierno que crece rastrero en el piso del campo y se va apoderando del terreno, también ha de haber algunos bejucos de los que crecen en el suelo y se enredan en los pies; veo también un verde, un poquito más oscuro, en realidad es un verde diferente y pertenece a las hierbas que se mueven, cual juncos, al vaivén del viento, también puedo observar claramente el verde musgo pegado a los troncos, es una simbiosis entre un hongo y un alga, el primero da el color verde necesario para la fotosíntesis  y el alga le da la humedad necesaria.

 ¡Uy! También veo “barbas de viejo” que cuelgan de las ramas de los árboles; pienso en el portal de mi abuela, que orgullosa estaba cuando lograba conseguir estas “barbas” para adornarlo.

Observo una mancha oscura en la montaña, con otra coloración de verde, que corresponde a algunos arbustos y, hacia arriba, observo  el verde intenso de los árboles altos. Aún entre estos hay cientos de tonos diferentes, desde los verdes terrosos hasta los verdes juguetones que presentan algunos árboles cuando sus hojas juegan al escondido con el viento. Añado el verde azulado y el verde intenso de los gigantes del bosque. 

Y, ¿qué es esa mancha que veo a la distancia? Enfoco los prismáticos y veo plantas de café, es el famoso café de altura de Santa María de Dota, y ¿esos troncos con brazos nervudos? Han de ser, los porós que podan en invierno y los siembran estratégicamente en el cafetal para que al llegar los soles inclementes del verano, el café pueda cobijarse bajo su sombra.

A propósito de sol, estoy viendo los hermosos celajes que van tiñendo el cielo, formando rizos, pronto cubrirá con su manto la noche tranquila del campo y no podré observar ningún verde. Dejo mis prismáticos y veo los jardines que rodean el Hotel, son cientos de plantas en tiestos, algunos desvencijados, pero que adornan hasta la saciedad, veo caminitos de plantas que a veces se ven plateados, se nota que su jardinero es un magnífico paisajista porque la combinación de colores es perfecta, todo está planeado, cientos  de tonos de verde salpicados con florecillas multicolores. ¡Siento que estoy en el paraíso!

- ¿Saben? Se dice que los esquimales no tienen palabras para distinguir los diferentes tonos de verde, pero sí las tienen para diferenciar hasta 40 diferente tonos de blanco; prueba irrefutable de la influencia en nuestras vidas del entorno en que vivimos.

Olga Emilia Brenes 

un olor a música

Sentada en un palco del TN mientras los músicos interpretaban una obra maestra pensaba en la diferencia de estar ahí observando y escuchando, al contrario de lo que fue usual para mi que era estar ubicada detrás de la orquesta. Recordaba la forma del cráneo de cada persona, su pelo, su espalda y la energía que movía su cuerpo cuando sonaba su instrumento. Si era algo suave y melodioso o algo vibrante y lleno de pasión. Los reconocía desde esos ángulos y no de frente como ahora que yo era parte del público. Embelesada en esas memorias y dejándome llenar plenamente por la música maravillosa que escuchaba pensaba también si ésta se podría definir desde el olfato. Tendría olor la música?  No se me había ocurrido antes cuestionar si olía o no. Me gustaría poderla definir desde su aroma, pensaba. Mozart definitivamente debe tener un olor a genialidad y a diversión. Beethoven de seguro tendría un aroma un tanto rancio, como de un alma confundida. Pensaba también en el teatro, su aroma inconfundible no puede descartarse. Huele a drama, tragedia, huele a público que aplaude y a sudor del bailarín que durante largos minutos se movió sobre el escenario. Huele a deliciosa espera, mientras tras el cerrado telón, un grupo de cantantes del coro espera las notas exactas que marcan el inicio de otra ópera, el momento justo para integrarse a la escenografía de ésta vez. Las bambalinas también huelen, un poco a escondite, a compás de espera, a risas sofocadas, a peleas y también a lágrimas. Los tramoyistas ahí ubicados también huelen a certeza, a brazos fuertes para mover piezas del escenario en segundos, bajar telones o repartir la utilería que cada solista usará en esa escena.
La música seguía sonando, los brazos del director, su espalda y todo él vibraba de pies a cabeza seguro de que cada músico ejecutaba sin pifiar esas partes tan complicadas de su instrumento. Sobre el escenario tres hermosas mujeres que conforman el  afamado Trío Eroica, interpretaban magistralmente el triple concierto de Beethoven. Admiraba su belleza física y escénica, sus hermosos trajes largos, sus peinados, su alegría y pasión al tocar y la camaradería que había entre ellas. Al centro sentada estaba la chelista, quién con su elegancia y espontaneidad sobresalía. Sus brazos tan definidos eran parte de un cuello y hombros tan hermosos que parecían extenderse sin fin cuando ella movía hacia el lado el arco que sostenía. Había un silencio que surge solo cuando algo extraordinario sucede. Pero un grito  de ¨oooouuuhhh ¨ hizo que fijara la atención y viera como aquel gran piano se deslizaba sin remedio hacia la orilla. La pianista de pie trataba de sostenerlo, una persona del público corrió y logró sujetar la pata del piano que ya había quedado en el aire. El director aún siguió dirigiendo unos segundos y los músicos sentados mas atrás no entendían que había sucedido. El momento de gran confusión culminó con abundantes aplausos y grandes risas. Las tres solistas se doblaban al reir, provocando mas risas y mas aplausos y aquello se convirtió en algo tan hilarante, tan divertido como nunca antes había presenciado. La diversión de ese momento olía a gloria. La risa tan contagiosa olía a domingo mañanero. Ver reir a tanta gente en escena de seguro esparcía un aroma de complicidad, de vida, de gente feliz. Aplausos y mas carcajadas, tramoyistas en escena frenando las patas de aquel majestuoso piano. Tres mujeres que han viajado por el mundo visitando los grandes escenarios, dirigidas por grandes Maestros, llevarán para siempre ésta anécdota jocosa.
Música, expresión suprema del hombre, que nos envuelve, nos traspasa, nos eleva, nos une y nos identifica. Hueles a lo Infinito, a lo Divino, a Humanidad, a todo eso que somos, a Totalidad.
Lia Ferreto.

Noviembre 2015.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Colores:



Tal y como ocurrió el año anterior, del Santuario Nacional Santo Cristo de Esquipulas estuvieron invitando a los hombres, mujeres, jóvenes y niños que han padecido de cáncer o están luchando contra esa enfermedad y al público en general para que el domingo 25 de octubre asistieran a la Misa de las Rosas que se iba a realizar a partir de las 12 medio día en dicho Santuario.

Como mi hermana Mercedes fue operada hace dos años de un cáncer de mama, le informé para que el domingo tal y como lo habíamos hecho el año pasado fuéramos junto a mi esposa a ésa celebración.

En vista de que ése mismo día, mi madre cumplía 13 años de fallecida, en la mañana del domingo lo primero que hicimos fue irnos para el Campo Santo la Piedad en Desamparados, ahí visitaríamos el lugar donde descansan los restos de la mujer que me anduvo en su vientre y me dio el derecho a nacer, después de una oración, los tres salimos y nos dirigimos hacia San José para abordar el bus que nos llevaría al Cantón de Alajuelita, donde llegamos como a las 11:30 a.m. y aquél Santuario estaba repleto de gente.

En la puerta de la entrada principal, un grupo de colaboradores (as) tenían unas enormes canastas panaderas llenas de rosas multicolores para darle una a cada visitante, las había rosadas, blancas, rojas, amarillas, moradas, etc., sus olores característicos llenaban aquel Santuario de un perfume exquisito.

Aquél espectáculo variopinto nos permitía sentirnos como en un enorme jardín lleno de rosas, ver a tanta gente concentrada en un lugar padeciendo de la misma enfermedad es impresionante, pero lo más maravilloso e impresionante es verles con aquella fe inquebrantable en Dios y en la Virgen Santísima de que serán sanados.  A eso de las 12:20 p.m. el Cura párroco, Pbro. Luis Enrique Guillén Salas dio inicio a la ceremonia.

Qué homilía más sabrosa, qué manera más sencilla de dar el evangelio y hacer una exégesis sobre él.   El padre se refirió al poder de protección y de sanación que tiene Dios e hizo una analogía de lo sucedido con el Huracán el que según los científicos y expertos, devastaría México o al menos algunas de sus ciudades donde penetraría con ráfagas de viento de hasta 400 k/h.

Agregó que los expertos nunca pensaron ni tuvieron en cuenta el poder que tiene Dios y que por eso, la destrucción inmensa que se anunció, no pasó de ser una simple tormenta tropical gracias a la protección que el Supremo Hacedor hizo de esa nación.

Seguidamente realizó una extensa catequesis sobre la enfermedad del cáncer que se aloja en el colon, el estómago, las mamas, el cerebro, la boca, la tráquea, el esófago, la laringe, la faringe, pulmones, huesos, etc. e hizo una oración de sanación, dándole todo el poder y la Gloria al Señor, a su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo.   Eso fue un bálsamo para las personas que han tenido o tienen ésa enfermedad.
Una vez concluida su oración, solicitó que los presentes llevaran las flores cerca del altar y las echaran en los canastos, ahí cada persona tenía que depositar su rosa y simbólicamente su enfermedad iba con ella.

El Santuario olía a la exquisita fragancia que expelen las rosas, el olor a incienso y su color grisáceo se entremezclaba y el aroma que se aspiraba era de paz, de bendición, de regocijo, de amor, de tranquilidad, de sanación…… era una conjunción de aspectos positivos.

Seguidamente el sacerdote indicó que las rosas que habían echado a los canastos les serían devueltas una a cada persona, en el entendido de que no sería la misma que recibieron al entrar al templo.

El sacerdote aprovechó y nos invitó para que el último domingo de octubre del año entrante vayamos a la misa que en honor de los enfermos con cáncer ahí se celebrará.     Inmediatamente, dentro del templo se realizó una procesión con el Santísimo con lo cual se daba por finalizada una muy bella y esperanzadora celebración.

Al salir, los rostros de los enfermos, sus familiares y amigos denotaban una satisfacción por la misa y el mensaje que nos llenó de fe, de esperanza y de solidaridad con las personas que con un estoicismo asombroso luchan denodadamente día a día para soportar el dolor que les provoca la enfermedad o las irradiaciones de la quimioterapia.

Cierro con un fragmento de la canción, De Colores, que se utiliza en los Cursillos de Cristiandad.

De colores, de colores
Se visten los campos
En la primavera
De colores, de colores
Son los pajarillos
Que vienen de afuera
De colores, de colores
Es el arco iris
Que vemos lucir,
Y por eso los grandes amores
De muchos colores me gustan a mí.



Ricardo Jiménez García

PIAM-AS-04026