domingo, 28 de septiembre de 2014

CUBITA, personaje del Cantón de La Unión

 Rafael Enrique Álvarez Fernández

Cubita, es un hombre delgado, muy sencillo, de pequeña estatura aproximadamente 1.60 m, de piel morera quemada por el sol, ojos negros pequeños, bigote ralo y mal cuidado.
De pies descalzos y sucios, solo en muy pocas ocasiones se le observaba calzar los denominados “caites”, con sombrero el cual no se quitaba nunca, de color oscuro, muy roto y sucio. Utilizaba pantalones muy anchos amarrados a su cintura con una tira de tela, lo que le hacía grandes arrugas, los mismos estaban rotos en sus rodillas y nalgas, pero los cubría con remiendos mal hechos, camisa de manga larga percudida y un poco sucia por estar mal lavada y un chaquetón (saco) más grande que su talla, de color oscuro, que parecía brilloso por su uso diario bajo el sol y el agua, el cual se quitaba muy pocas veces, sin importarle el clima.
Se distinguía por hablar muy poco, sólo pedía agua o café en algunas casas donde tenía confianza. Los chiquillos y algunos jóvenes lo molestaban, pero lo que llamaba la atención, era que nunca se enojaba con ellos, ni contestaba ninguna ofensa, a pesar de que estas personas nunca recapacitaban en su retardo mental, el cual lo limitaba en algunas acciones, pero él perfectamente les entendía sus pesadas bromas.
Diariamente viajaba a pie con sol o lluvia, un trayecto de aproximadamente 9 km ida y regreso, que iniciaba de Tres Ríos a San Ramón, pasando por Concepción. Siempre con una lechera al hombro, la cual llevaba vacía y la regresaba a su casa con leche que recogía en la lechera del señor Hernán Mezerville, ubicada en San Ramón. Dentro de esta ruta, todos los días, como a las nueve de la mañana pasaba a la casa de la familia Alcázar en Concepción, donde le daban un gallo y café, se sentaba a la sombra de un árbol de limón ácido a comérselo y a descansar para seguir su trayecto. A su regreso como a las 3 de la tarde, mi mamá María Luisa Fernández, se encargaba de brindarle otro café y otro gallo, para que siguiera a su casa. Es por ello que Cubita fue un personaje tan familiar para mí.
Destaco en mis recuerdos, que no le gustaba entrar a las casas, pero que vivía con una hermana que se llamó Margarita Arrones, sin embargo todos conocíamos a este personaje solamente con el nombre de: “Cubita”.







lunes, 15 de septiembre de 2014

Cleo.



Lia Ferreto
Debo hacer una tarea para la clase de Periodismo, pensaba hoy en la tarde cuando un torrencial aguacero caía derrochando en medio de mis jardines, su fuente de vida, dándole a mis plantas tan delicioso baño y saciando la sed de mas de una semana de mañanas bochornosas. Feliz en medio de almohadones y de mis lecturas del momento, cabeceaba yo pensando en cual de todos los posibles temas sugeridos me inspiraban suficientemente, para que yo me levantara y al fin decidiera hacerle frente a esa página en blanco con la cual no quería aún encontrarme.
Ahí estaba mi lorita, CLEO, que pensaba yo merecía un buen capítulo, las plantas de mi jardín, mis guarias o las rosas, también las suculentas, últimas en la lista de mis amores de jardinera. O la recién terminada temporada lírica, con el Nabucco que tanto disfruté, además de la gira al Caribe, donde fuimos Orquesta y Coro.
Sentía yo el gozo infantil de no tener que salir ésta tarde, de que con tanta lluvia podía hacer cosas o no hacer nada, un lujo que posiblemente solo mi Yo Interno conoce, será por eso que tanto lo anhelo y lo aprecio.
Cleo llegó a mi casa, metida en una pequeña caja de cartón, la traía mi hija y yerno desde Guanacaste, donde una persona amiga la había conseguido para mi. Venía desnuda. Su plumaje era gris y suave, muy suave. Faltaban aún unas semanas para que sus hermosas plumas verdes comenzaran a salir. Mis hijas y yo comenzamos a buscar cual nombre le asignaríamos, así llegamos a decirle Cleo, que fue el diminutivo de Cleopatra y de Cleotilde, causando con el tiempo una confusión muy divertida en ella, que realmente llegó a tener variaciones sobre el mismo tema, lo cual celebraba con grandes risas y alborotos...Ella sola se bautizó Lorilde, una fusión de lorita y Cleotilde, por lo que respondía a todos esos nombres y con todos se identificaba. Ayy ,Lorita, Lorilde, Cocolita de mami, le decía yo, pues también "coccolare" en italiano, significa " chinear, chineada. Ella me decía" Mami"; claro, así me decían mis hijas. Oía cuando yo llegaba a la casa, abriendo el portón y comenzaba a gritar..ya vine ¡¡¡ ya vine ¡¡¡¡
Cleo llegó a ser muy popular, no había una sola persona que llegara a mi casa, que no saliera enamorado de ella. Sabía decir muchas frases, no solo decirlas, sino que sabía darles un uso preciso según su significado... que yico ¡¡¡ pues tenía hambre, o preguntaba " quere yico ???? Cuando algo era muy sabroso decía, mmmmm, yico ¡¡¡¡¡ Tosía con fuertes espasmos, imitando a una persona a punto de morir de tos diciendo; tiene tos, Cleo ???? oohh..oohh.oohh.... ayyy, que loca Cleo ¡¡¡¡¡ Llegó a expresar; mmm ???? cuando me veía por ahí y no le conversaba, mmmm ???? Y claro cantaba. Cantaba porque me oía a mi ensayar partes del coro, entonces sacaba su mejor registro de soprano y hacía unas escalas impresionantes de divertidas. Podíamos ponerle algún CD donde se cantara ópera, e inmediatamente ella imitaba igual. Era feliz cuando yo le dedicaba el tiempo eterno a jugar con ella. Jugábamos al columpio. Ella se aferraba a una parte de su jaula con una pata, con la otra a mi mano y se movía arriba abajo feliz, haciendo un gran aspaviento mientras yo le cantaba: Rin Ran, los maderos de San Juan, piden queso piden pan....
Su jaula era muy grande y estaba ubicada en medio del cuarto de pilas. Ese espacio está integrado a la casa, por lo que ella realmente vivía en el centro de la casa, al lado de la cocina y también del comedor. La jaula estaba abierta, por lo que su mayor alegría era salir y caminar por la cocina y pararse en los bancos que están ahi, en esos tubos de madera que unen las patas. Pero su paseo no terminaba ahi, su obsesión era morder los filos de las paredes y de cuanta cosa estuviera a su alcance. Mi casa aún conserva las señales de su paso por espacios que no estaban permitidos para ella, pero que igual violentaba y mordía en señal de protesta y de franca venganza cuando quedaba mucho rato sola en la casa. Señas de su paso encontraba sobre mi cama o en el cuarto donde yo cosía. De repente, sin lograr yo saber porqué, levantaba vuelo sonando como un helicóptero, pues ya con sus alas abiertas era realmente grande, causando grandes gritos entre las personas que estuviéramos en casa, iba pegando contra vidrios y paredes, para acabar sobre algún mueble, desde donde despacio, con su caminar de lora, regresaba solita hasta su jaula.
Su plumaje era de un bellísimo color esmeralda. Tenía sobre su cabecita un penacho pequeño y amarillo. Su cabecita era tan pequeña, cuando yo la sujetaba entre mis manos, sosteniendo su pico para no ser mordida, mientras la llenaba de besos y ella cerraba sus ojitos, con un gran deleite. Hacerle " piojillo" era un privilegio, no se si para ella o para mi, entonces movía las alitas en un temblor, sacudida por la delicia que sentía. De noche la cubría una manta roja que ella amaba, era la señal de que la hora de dormir había llegado. Entonces comenzaba a tararear esa melodía con la que yo también arrullé a mis hijas... aaaahhhh, ahhhhhh, aaaahhhhh, áh ¡¡¡¡¡¡
Cleo llegó a sufrir mucho cuando mis salidas se comenzaron a hacer mas frecuentes y ya mis hijas no vivían conmigo. Si yo pasaba el día fuera de casa al llegar en la noche, la encontraba con su jaulita limpia, no ensuciaba con sus cacas pues no comía. Yo me sentía muy mal con ésto, no había comido en todo el día. Apenas le ponía su manta roja sobre la jaula, bajaba y comenzaba a comer, tenía mucha hambre. Si tuve que viajar al extranjero, entonces una buena amiga cuidaba de ella, pero había que trasladarla de mi casa a la suya, dentro de su jaula, haciendo ésto complicado, además ella se deprimía al irse y al volver de nuevo. Tras muchos de estos eventos, decidí darla a una persona que ya la amaba. El dolor de entregar a Cleo, se disolvió en medio de muchas tristezas que yo estaba viviendo en ese tiempo. El silencio fue radical en mi casa. Ya nadie decía " ya vine " cuando yo regresaba. Pero el tiempo, silencioso compañero, me fue dando la razón; Cleo era muy feliz con su nueva dueña, la cual tenía todas las horas de su día para llevarla sobre su hombro.




Perro, 900 años como mascota


Rafael Alvarez Fernández.


El perro doméstico es un mamífero carnívoro de la familia de los cánidos, suyo antepasado es el lobo gris, y al menos hace 900 años ha estado conviviendo en forma cercana con el hombre. Estudios científicos hechos revelan que gracias al proceso de domesticación, el organismo del perro se ha adaptado a cierta clase de alimentos. Tienen un oído y un olfato muy desarrollado siendo este último su principal órgano sensorial.
Existen aproximadamente 800 razas, lo que representa gran variedad de fisonomías y temperamentos en estos animales, más que en cualquier otro. Es así como dependiendo de su raza varía el tamaño, la forma, el tipo de pelo, la forma de comportarse, etc. Las razas pequeñas pueden alcanzar una edad de hasta 20 años, con una buena atención del dueño, de otra forma su vida en promedio es de aproximadamente 15 años.
Respecto a su relación con el ser humano, existen perros de compañía ( nuestras mascotas), de guardia, de trabajo ( como los pastores y boyeros), de caza, de carreras, guías, entre otros. Por sus características, los hemos bautizado como “los mejores amigos del hombre”, pues son animales: fieles, que se preocupan por su dueños, inteligentes ya que aprenden, se adaptan y resuelven diferentes problemas con facilidad. Por ejemplo, los perros guía que son utilizados por personas no videntes, deben aprender gran cantidad de órdenes, para que puedan reconocer riesgos y peligros que pueda comprometer la salud de su dueño.
Un perro bien socializado aprende a estar tranquilo y receptivo al momento de hacer frente a extraños, a niños, a otras mascotas o a situaciones no previstas. Cabe destacar también que muchas de las malas costumbres que estos animalitos puedan presentar, se deben a un entrenamiento o educación deficiente por parte de sus dueños o encargados.
El perro más cercano a mi persona, recibe el nombre de “Cirius Antonio”, es un perrito de raza fisher cruzado con chiguagua, y sus dueños son mis nietos, quienes lo cuidan y lo miman diariamente.
Cirius, es un perrito pequeño, de unos veinte centímetros de altura por cuarenta centímetros de largo, no tiene rabo de nacimiento, su color es negro profundo, con una mancha pequeña de color blanco en el pecho y posee un pelaje brillante muy corto y suave, sus orejas son puntiagudas y siempre se encuentra alerta para reaccionar de inmediato, ante cualquier sonido o situación. Es juguetón y alegre, aunque a veces es un poco temperamental, típico de su raza. Sus ladridos siempre nos indican que algo pasa, sea que una persona extraña se acerca a la casa o que lo visita algún gato callejero.
A pesar de que su nombre oficial es Cirius Antonio, al ser negrito y llevar un collar rojo, también ha recibido el nombre de “ Manudito”, alusivo a la Liga Deportiva Alajuelense, equipo de fútbol de nuestro país que tiene en su uniforme estos colores y del cual mis nietos, mi familia y yo, somos seguidores.
Esta mascota es muy querida por todos y forma parte de nuestra familia.

Pichú


Ricardo Jiménez García

El decenio de los años 70s, se caracterizó por algunos cambios en el transporte remunerado de personas en la modalidad de bus.  Con el fin de controlar, modernizar y mejorar la flota de los buses, el Estado creó Transportes Metropolitanos, S. A. (Transmesa), la cual sería la encargada de importar los autobuses que bajo la figura del subsidio le serían entregados a los empresarios privados.

Por esa razón y ante el Banco Central de Costa Rica, la Refinadora Costarricense de Petróleo, S. A. (Recope) dio el aval por 500,0 millones de colones, para que se le compraran a España los buses marca Pegaso y a Rumanía los famosos gusanos o acordeones de la marca Icarus.

Para ésa época en San Juan de Tibás vivía un personaje conocido como “Pichú”, se trataba de un hombre robusto de unos veinticinco años de edad, de piel achocolatada, calvo, ojos café, cejas tupidas, lampiño y con sus pies descalzos llenos de callos.

Nuestro personaje se creía un carro de alto cilindraje y por eso pensaba que era un autobús, él hacía el recorrido de la ruta Tibás-San José y viceversa, en sus manos tenía una especie de volante, en el cinto un palo con el cual semejaba las marchas, además contaba con un espejo retrovisor, el cual era utilizado principalmente cuando iba en retroceso o bien cuando iba a virar en una esquina.

Si alguien le solicitaba la licencia de conducir, él sacaba una tarjeta y la mostraba como si tuviera todos los documentos en regla, no era ningún advenedizo, se trataba de un conductor responsable que velaba por la seguridad de los usuarios a los que según él les estaba brindando un servicio. 

El bus era tan moderno que hasta freno de motor tenía, cuando llegaba a la última parada en San José era usual escucharlo emitir el característico sonido de los frenos de aire-pufffffffffff, chissssssss-.  Cuando iba a salir para Tibás hacía el cambio de marchas y aceleraba fuertemente,- ruuuun, ruuuun, ruuuun-  

“Pichú” al igual que otros personajes urbanos de nuestra capital, era totalmente inofensivo, jamás le hizo daño a nadie, su única obsesión y deseo era la de llevar pasajeros a los destinos de la ruta donde “tenía permiso para prestar el servicio de autobús”.

Lástima que hoy nuestras calles carezcan de personajes como los de mi pequeña historia, hoy la gente que deambula por las calles es producto o consecuencia de las drogas, los personajes auténticos como “Pichú” ya descansan en el cielo a donde llegaron para compartir sus experiencias y colaborar en las duras y delicadas tareas que tiene San Pedro. 


Ricardo Jiménez García

Un perrito negro con patas cortas

 
Virginia Murillo Montero. 
Piam. UCR.
Bueno…. En realidad mi mascota es de dos personas: mi esposo y yo. La tenemos con nosotros desde hace ocho años, se llama Boby y llegó a nuestras vidas por esos azares del destino. Pertenecía a una de mis nietas, sus papás se divorciaron y la nuera no accedió a tenerlo más, por vivir en una segunda planta.
Mi querido perro llegó a regañadientes porque mi esposo, Ronald, y yo no compartimos el hecho de hacernos cargo de un animal si no se tienen las condiciones necesarias de atenderlo bien: disposición, tiempo, espacio, presupuesto para alimentación, su aseo y salud, etc.
Boby es un perrito negro, pequeño, de patas cortas y pelo un tanto corto de color muy negro.
Se le ve cara de bravo y efectivamente lo es. Sus orejas son cortas y puntiagudas, su hocico es alargado, sus ojos son negros y redondos y el rabo se lo recortaron cuando estaba pequeño; con el paso del tiempo se ha puesto un poco gordito porque nosotros lo alimentamos bien: le damos vitaminas, frutas y alimento especial.
Boby se adaptó muy rápido a nosotros y poco a poco fuimos conociendo sobre sus necesidades primarias, su forma de comer, de marcar el territorio y de que se le hiciera cariño.
En principio yo lo atendía más, pero luego por algunas limitaciones de mis rodillas, mi hija y mi esposo me ayudaban. Así se fue encariñando con el núcleo familiar. Sin embargo ocurrió un hecho curioso, cuando vivíamos en una casa en San Antonio de Desamparados, los dos perros el de nuestra nieta mayor: Copito y Boby ocupaban el mismo espacio, un poco cercano uno del otro. Al detectar Boby -que ella le dedicaba cuidados a su perro- le ladraba a Sofía, mi nieta.
Posteriormente en la otra casa que estrenamos en San Lorenzo, los perros se apartaron y mi mascota le gruñe mucho a Sofía y ella se enoja, pero no lo maltrata. Eso sí le cogió miedo y no le hace cariño. Creo entonces que el perro como amigo del hombre ocupa mucho afecto y si no se le da, por medio de su ladrido lo solicita y así quiere jugar, correr, que lo acariciemos y lo atendamos bien.
Él acostumbra ladrar cuando llueve muy fuerte, cuando truena, oye sirenas o golpes, a los gatos en los techos, a las personas desconocidas para él que llegan a la casa y en fin cuando escucha ruidos muy fuertes; de la misma manera al acercamos a él, se para sobre sus patas traseras, mueve la cola; así le hablamos y le mostramos nuestro aprecio. Eso suele ocurrir por las mañanas, cuando regresamos de alguna salida o cuando tiene hambre. Yo me encargo de comprarle el alimento, sus tratamientos y darle de comer, sin embargo mi esposo y yo nos turnamos en ese trabajo.
Algunas veces se ha enfermado y lo llevamos al veterinario, lo que no me agrada de esa parte es darle los medicamentos, porque con su fino olfato descubre adónde le ponemos la pastillita, la cápsula o bien arduo trabajo es darle gotas, o bañarlo. etc. En semejantes labores acudo a mi hija quien fácilmente hace afinidad con estos animales, ella atiende a otros dos junto con su hija y ocasionalmente a Boby.
A las mascotas se les quiere mucho; duerme cerca de mi cuarto y muchas veces escucho su ronquido y una vez que se puso muy enfermo me entristecí mucho y lloré. Creí que iba a morir y me refugié en los brazos de mi nieta mayor quien me consoló, a la vez, con todo su cariño y bello modo de ser me convenció de que: ¡nuestro Boby aún no nos faltaría!


jueves, 28 de agosto de 2014

El azul roba tiempo



Me senté al atardecer en la terraza de mi casa en Los Altos de San Rafael de Ciudad Colón, donde tengo la dicha de vivir.
Me fijo en el reloj, feliz de poder ver en paz  el atardecer sin tener nada que hacer.
De pronto, una mariposa morpho captó mi atención al pararse en el marco de la ventana. Tenía esos preciosos colores y brillo azules difícil de poder describir.
Empezó a batir sus alas, ahí posada en la ventana cuando  de pronto aparece otra, vuela alrededor de ella y se para a la distancia.
Ambas mantenían el movimiento despacio y seductor de sus alas.
Al poco tiempo vuelve a volar la segunda alrededor de la primera y se para, esta vez más cerca.
Se vuelve a repetir el ritual varias veces acercándose cada vez más
Finalmente, se posa encima de la primera quien no ha detenido de mover sus alas y empiezan a aparearse.
Esta vez moviendo ambos las alas al mismo tiempo en una suavidad y sincronización comparable solamente con un dulce baile de ballet como el Lago de los Cisnes.
Al verlas, pareciera escucharse  música de amor cautivante.
Me fijo en el reloj para ver los pocos minutos que creí habían pasado, pero no, era casi una hora. No lo podía creer.
Quedé maravillada de la cantidad de tiempo que había pasado y ante tal belleza me había parecido tan poco.
Quién puede dudar de Dios ante tales bellezas, el milagro de la vida en este mundo. Los regalos que Él nos dió y la bendición de poderlos ver.
Dana Sánchez

.... Poecilia reticulata


Mis nietos un día me trajeron unos bisnietos y yo me convertí en tatarabuelo. Tengo tres nietos dos varones y una mujercita, de mis dos hijas; uno tiene seis años, otra trece y el otro tiene diez y seis, el menor esta en primer grado, otra en primer año y el mayor esta en decimo año.
En el mes de abril del año pasado me llevaron a la casa cinco bisnietos. 
Me dijeron: estos son suyos y debe de cuidarlos, tiene que alimentarlos, nosotros no tenemos tiempo para ello.
Me quede perplejo, no esperaba semejante responsabilidad a esta altura de los años, me asombro con el tono que me lo dijeron. Tenía que abrirles espacio en mi casa y no tenía donde ubicarlos, mi señora se quedo mirándome con cierta complicidad, los mire durante un rato sentí que estaban desprotegidos, tenían cara de venir de un precario, eran muy pequeños sin color se movían sin cesar mirándome con unos ojos expresivos y grandotes, y me dije tendrán que dormir en la sala sobre una mesa. Los alimente el siguiente día ellos me llevaron la comida y salieron corriendo. Qué bonito, eluden sus responsabilidades, me dije internamente, eso sucedió una tarde, el día siguiente en la mañana les di el desayuno, me regañe un poco al ser tan alcahueta, mi esposa me observaba, sin que yo me diera cuenta y notaba en su labios una sonrisilla maliciosa.
Traje una nueva pareja y estos tuvieron hijos con los que ya tenía, era tataratatarabuelito, Viven en una edificación de quince cm por diez de alto, los otros dos su edificio es más pequeño. 
Es casi imposible definir sus colores sus ojos son laterales son grandes celestes pálidos, dos aletas laterales de color verde débil, empezando la cola su color es uniforme anaranjado tienen manchas negras al final orlas negras, el macho sobre su cuerpecito tiene una aleta dorsal que parece un velo un verde limón, sobre su espalda una franja fina de un celeste marino, en la cabeza una pequeña franja fina verde oscuro, dos puntos negros. Son particulares cuando están molestos doblan la cola, les gusta soplar para hacer bombitas que se adhieren en las paredes de la pecera, hay hembras que también con colore vivos, en algunos países se usan para combatir el paludismo se comen al mosquito transmisor de esa enfermedad, su promedio de vida es de dos años, cuando nacen en forma completa y lo hace por etapas hoy pone tres y y mañana diez, hay algunas hembras que ha puesto 100 aluviones. 
Tal vez llegan medir cinco centímetros de largo, la hembra es más grande que el macho, su cola más pequeña y recta la del machillo parece la cola de un cometa, se me había olvidado, perdonen les estoy describiendo mis guppys…Mis nietos los compraron en quinientos colones a un compañero, cuando se cansaron me los trajeron, compre en acuario, otros, grandes importados los eche donde tenía los criollos y las preñaron y los hijos salieron enanos. 
El sábado 22 en el centro comercial de Curridabat, Josué, mi nieto me explico que no tenía que darles de comer todos los días, porque explotan no saben cuando parar de ingerir alimentos. Son originarios de Centroamérica, y como todo centroamericano no necesita tanto cuido. Cuando alguno se muere me pongo triste, cuando me ciento frente a ellos me hacen olas y empiezan a nadar rápidamente, como llenan mis ojos y mi interioridad de alegría aunque sean diminutos, ahora engalanan el centro de la mesa rodeados de las fotos de mis tres nietos, entre caracoles, conchas y abalorios, negros blancos, celeste y de mil colores, de esa manera pasan su corta vida, mientras yo le doy gracias a Dios y a la naturaleza por tanta belleza.
Carlos Jiménez Alvarado,

miércoles, 27 de agosto de 2014

MATEO





Yo hoy les voy a contar sobre un personaje llamado Mateo que se coló en mi casa de buenas a primeras y casi sin permiso se instaló y se hizo el dueño.
Mateo es un gato pero ojo no es cualquier gato, es nada más y nada menos que Mateo, con una personalidad y una elegancia de casta que asombra, es limpio y camina con delicadeza viendo donde pone sus patitas y no ensuciarse. EL es cariñoso cuando quiere y cuando tiene ganas sino es esquivo y va a su aire.
Se metió en nuestras vidas y en la casa sin avisar y se adueñó de todos, hasta de los perros, él es el rey y los otros le siguen y no tiene rival.
Mateo es rubio, bueno se puede decir que rubio cenizo porque es un tono beige, solo su pancita es blanca, de sus ojos, que puedo decir según se miren unas veces son verdes y luminosos, pero otras se ven como violeta de lo más lindo y por la noche una rayita negra y un fondo miel. No es muy grande es más bien menudito, claro que solo tiene un año, pero yo creo que ya no crece más.
Y es que los gatos suelen ser así, pero este es según mi parecer, extraordinario y se ve que goza de gran vida interior cuando se queda mirando con los parpados entrecerrados muy quieto, como analizando el mundo que le rodea, se me olvidaba una característica de Mateo en el lado izquierdo de su morrito tiene los bigotes muy cortos y en el otro largos ¿Es un defecto?. Pues no es que cuando era bebe entre lametones y caricias Sissi la cocker, se los royo y no le crecieron más.
Le trajimos un compañero otra cosita abandonada, Nicolás, pero este es distinto, es más destartalado y loquillo, bastante irresponsable y mafiosillo. Este es blanco con una oreja blanca y la otra negra y tres manchitas negras en el lomito. Nicolás es adorable y supe cariñoso, pero no tiene el empaque de Mateo ni su suavidad ni elegancia Ellos se llevan muy bien juegan mucho y siempre suelen estar juntos, pero es el que marca el camino. Yo creo que Mateo es la rencarnación de un señorito andaluz de esos que pasean por la feria acaballo, con su sombrero cordobés y un clavel en la boca, dispuesto a conquistar. O tal vez un filósofo como Seneca, no se quién sabe.
La gente dirá que es un gato como otros pero no será cierto él es un gato que se ve, que medita y analiza las cosas antes de hacerlas es un gran gato mi Mateo, yo creo que va para sabio si no lo es ya y yo lo admiro.
Antonia Morales Diez

lunes, 18 de agosto de 2014

Un viaje a Limón



Ricardo Jiménez 

Julio Solano Solano, compañero del Taller de Periodismo en su calidad de exfuncionario del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) gestionó ante sus exjefes una gira a Limón Centro y al Caribe Sur.
El ofrecimiento del Sr. Solano Solano fue bien visto por la profesora Giselle García, quien se encargó de solicitarle a la Sección de Transportes de la Universidad de Costa Rica el transporte para que nos llevaran a la aventura caribeña.
La gira constaba de tres días 5, 6 y 7 de junio 2014 y entre los y las niñas del PIAM que estamos llevando el Taller de Periodismo se generó una gran expectativa; el viaje quedó supeditado a que la UCR nos facilitara el transporte, al fin hubo humo blanco y el día 3 nos aprobaron la buseta, ya con el transporte listo definimos salir el día 5 a las 6:30 a.m. de las afueras de la Biblioteca Carlos Monge Alfaro.
Me levanté a las 4:30 a.m. con una gran ilusión porque el día anterior había llegado a mis 64 años.   Me signé, hice una oración y le di gracias a Dios por el don de la vida y el don de la salud; me metí al baño, me duché con una exquisita agua fría, salí, me vestí y me preparé un sabroso y humeante café chorreado, lo acompañé de un gallo pinto con huevo y pan como quien dice nada me atiborré.
Al ser las 5:40 de la mañana, expectante por la experiencia que tendría ése día, salí de mi casa con la maleta que la noche anterior había dejado lista, me la puse al hombro y me dirigí a la rotonda de Paso Ancho donde abordé un taxi, ¡buen día señor!, me puede llevar a la Facultad de Derecho de la UCR.
A las 5:50, frente a la Facultad de Derecho, le digo al taxista -qué le debo-, -son dos mil ochocientos cincuenta pesos-, le pago con cinco mil colones, me da el vuelto, gracias le digo y que Dios le acompañe.
Al ser las 5:55 a.m. ya dentro del Campus Universitario, escuchaba el canto de los pájaros, la brisa fría de la mañana acariciaba mi rostro como si fuera un guante de seda; mientras sentía esa mano tenue sobre mi cara, me detuve a contemplar a una gran cantidad de personas que caminaban, a otros los miré trotando y a algunos corriendo, no muchos hacían abdominales, en fin, gente preparándose para enfrentar un nuevo día de la manera más saludable y vigorosa posible.   Qué bueno me dije, eso es medicina preventiva, mente sana en cuerpo sano.

Como cualquier chiquillo cuando va de paseo me sentía deseoso de verme con los compañer@s que íbamos a iniciar una aventura; la preocupación me embargó porque no veía a nadie llegar; me encontraba sentado a la entrada de la Biblioteca Carlos Monge y a eso de las 6:10 observé a don Julio que ingresaba por el sureste con su maletín al hombro…uf, qué alivio ya no estoy solo.
Había olvidado que la UCR declaró ése día sin humo de motores de vehículos dentro del Campus Universitario.  Don Julio y yo estábamos sentados junto a las casetas de los teléfonos públicos ubicadas a la entrada de la Biblioteca; no nos habíamos percatado que la buseta estaba en la parada de la Periférica  en las afueras del perímetro de la U.
Por casualidad, volví a ver hacia la Escuela de Generales y observé a doña Virginia que caminaba fuera del pretil, iba hacia la buseta.  Parece mentira, llegué de primero y éramos Julio y yo los últimos en abordar la microbús, nosotros estábamos atrasando la partida hacia el Caribe. 
Caminamos, abordamos la unidad y les dimos un saludo de buenos días; acomodamos las maletas y nos sentamos.   Ahí empezó la gran aventura, el paseo esperado, el viaje a Limón estaba iniciando.
Me encomendé a Dios e hice una pequeña oración donde le pedía que tomara el control de la buseta que dicho sea de paso iba conducida por Oldemar quien merece una mención aparte, qué gran chofer.  Cuando habíamos recorrido unos kilómetros nos pudimos dar cuenta de que es un carajo pura vida, responsable, ameno y servicial, esos son los empleados que honran a una organización.
A la vera del camino cerca de la entrada a San Luis de Santo Domingo nos esperaban Dana y Gonzalo, por situaciones que ocurren salimos mucho más arriba y entonces hubo que devolverse hasta el sitio indicado; los divisamos a la distancia y en sus rostros se dibujaba una sonrisa.  Se subieron con sus maletas llenas de ilusión.   Ya estábamos completos, al paseo íbamos Giselle, Virginia, Lía, Carlos, Rafael, Julio, Dana, Gonzalo, Ricardo y Oldemar, diez niñ@s.

El paso por el Túnel Zurquí estuvo bien, salimos de él y nos enrumbamos por la Braulio Carrillo sin contratiempo alguno, la mañana estaba sabrosona, rica, apenas para viajar; el lugar se presta por su belleza escénica, el verdor de la flora nos motivó y empezamos a cantar, contar chistes, claro unos más rojos que otros, nos divertíamos, reíamos, estábamos disfrutando la experiencia que apenas iniciaba, qué grupo más lindo me dije en mis adentros.

Relato de un viaje.


Virginia Murillo Montero.

Al amanecer de un día nublado de junio un grupo de exploradores emprendimos el camino a un lugar remoto en la montaña. Equipados con cobertores para el frío y diversas chucherías como algún menjunje para  ahuyentar a los zancudos, o algún otro mosquito o bien para algún imprevisto como detener un chorrillo de sangre por aquello de alguna heridilla o un pequeño dolorcito. . . De esta manera con la curiosidad y la alegría de conocer y explorar los sitios imaginados emprendimos el viaje.
En el trayecto tuvimos algunos tropiezos, por las ramas de los árboles y piedras en el camino así como algunos montículos de tierra, producto  de las lluvias de días anteriores. Luego de varias horas llegamos al pueblo más cercano a nuestro destino, ahí buscamos una cafetería para degustar una tacita de café y tortillas con queso.
Una vez que encontramos el lugar donde nos íbamos a reunir, descansamos un rato. Se tenía muchas expectativas relacionadas con el tratamiento de algunas áreas de conservación silvestres. El grupo de amigos recorrió la plaza, visitó la Ermita y conversó con algunos de los vecinos.
El bosque me atrajo con su exuberante vegetación, diversidad de plantas con flores multicolores, alguna que otra guacamaya y diversos pajaritos que endulzan el oído con sus trinos.  A la entrada un camino enzacatado y a los lados filas de árboles de varios tamaños con hojas y flores de diferentes formas y colores, rectangulares, triangulares, alargadas como espigas  que se mecen al son del viento que revuelve las cabelleras de los visitantes y golpea sus mejillas enrojecidas por el sol incandescente recibido durante el viaje.
Luego de escasas tres  millas se percibe el olor del océano con el incansable y fuerte golpeteo del oleaje, la sal que se percibe al acercarse más y más en su playa (arenosa) que se vislumbra por los cortos caminos laterales, los cuales se dejan entrever durante la caminata interminable hacia las chozas ubicadas al final  de la foresta.
Por fin llegamos a las casitas ubicadas en un claro del bosque, nos ubicamos en varias de ellas para luego conversar con algunas personas encargadas del cuido del parque. La coordinadora de la expedición los entrevistó y el resto de los visitantes participamos por medio de preguntas que fueron aclarando dudas sobre el manejo de las áreas protegidas.
Nos desplazamos a otros sitios donde los cuidadores expusieron en qué consistía su trabajo y de qué manera luchaban con la falta de recursos para poder conservar mejor el ambiente y hacer conciencia en la gente, visitantes y otros para el efecto. Mujeres y hombres luchadores, trabajadores para mantener a sus familias para que cada día tengan un bocado que llevarse a la boca y preservar parte de este mundo con manos y uñas…
Días de lluvia, gotas frescas danzantes sobre el techo, que afloraban en mi memoria aquellos lejanos días en mi pueblo natal, los meses de mayo y octubre, con el fresco olor de la reina de la noche, azucenas, nardos, geranios, gladiolas, los cuales crecían a un lado de la casa familiar; algún lloriqueo de los gatos que corrían incansables persiguiendo a las gatas en celo sobre los techos  de la hilera de casas vecinas, silbidos de los canarios y uno que otro ronquido que escuchaba con mi continuo despertar por la tos que me producía el fuerte frío de la noche inmensa, negra, oscura que la imaginaba como una gran nube que me envolvía y me ordenaba que durmiera y me acurrucara entre las cobijas hasta el amanecer cuando la abuela materna nos llamaba para que palmeáramos unas tortillas deliciosas que nos enseñó a hacer a las tres nietas. Así pasé la primera noche en medio del inmenso jardín con el océano tan cerca que por momentos creí que nos bañaría y nos arrullaría entre sus olas como brazos gigantes tan fuertes de los cuales no podríamos desprendernos.
Por la mañana nos dirigimos a tres pueblos en donde conversamos con varios guarda parques, femeninos y masculinos, seres humanos con capacidades para llevar a cabo esa dura labor en donde se tienen que enfrentar con peligros en las playas, los parques en el día, en la noche, toparse con personas con drogas, alcohol y salir adelante, a veces solos, otras veces acompañados.
Al mediodía buscamos un lugar para almorzar con comidas de la región y en general tradicionales de un país rico en vegetación, fauna comestible, productos naturales que conforman una alimentación sana, saludable y equilibrada. Posteriormente pudimos disfrutar de las vistas, bellezas naturales como el mar, la playa, las palmeras y degustar una famosa agua de pipa, un jugo de mango… y por qué no un dulce: melcochas de coco, algún pancito dulce, etc.
Continúa nuestra exploración.
Dos compañeros y yo nos aproximamos a una casita apostada detrás de un  pequeño mercado, en una propiedad con una casita sencilla al lado derecho de la entrada y la nuestra al fondo de lado izquierdo , se observa en mal estado, un poco abandonada , con un desaliñado color verde. No encontramos a nadie a la entrada, pero de pronto bajando por unas gradas de madera aparece una mujer joven de unos treinta años y nos cuenta su historia - no si antes ofrecernos un cafecito o un refresco - : tiene quince años de ser guarda parques.
Alejada de su hijo y de su madre hasta por quince días y sin pareja porque aduce que con ese tipo de trabajo que consume tanto de su tiempo no se lo permite. Fanny nos relata que la oficina fue quemada por intereses mezquinos y por esto se encuentra laborando en ésta que es su casa y centro de operaciones podría decirse. A ella siempre le gustó el campo, lo forestal; por eso quería estudiar Ingeniería forestal, pero no pudo continuar, porque salió de la Secundaria para trabajar en Punta Uva. Actualmente estudia Derecho con especialidad en la parte ambiental.
¿Cómo es el día a día de Fanny?, patrulla en la playa con dos personas, a veces sola y si necesita ayuda acude a la policía. Comenta que es difícil trabajar con la sociedad civil, pero poco a poco se ha ido formando un consenso. Ella y sus compañeros, as, trabajan de noche  expuestos a cazadores con armas y  de los lugares que patrulla hay uno en donde se consume mucha droga lo que conlleva más peligro. Y la lucha constante es con la sociedad civil que por sus intereses roban expedientes, inclusive quemaron la oficina del lugar de su trabajo. Trabaja de acuerdo con los lineamientos administrativos, reconoce que hay personas difíciles para llevar a cabo su labor. Su hijo  de 9 años dice que va a tener el mismo trabajo de su mamá.
Reside como a una hora de su trabajo, pero como apunté va como cada quince días a su casa. Está contenta con lo que hace, porque como le dicen sus excompañeras del cole, “ella se encuentra en su charco”.
Esto es una pequeña muestra de las entrevistas realizadas que resumen el trabajo de los guarda bosques.
Ahora bien, las vivencias en este recorrido han sido buenas, relajantes con una que otra anécdota como la me ocurrió a mí la primera noche de estadía en el bosque. Por padecer un poco  de ofidio-fobia (temor a  las serpientes) aunque ni había pensado en ellas ese día, una compañera llegó diciendo que se debía salir con foco de las habitaciones porque había visto pasar una de esas cerca del área administrativa. Y ahí empezó mi calvario… le dije a la señora profesora, coordinadora del viaje que nos fuéramos al día siguiente para no pasar otra noche ahí. Eso fue para que gozáramos más bien con mi temor, apareció por ahí un palo alargado, delgado con una formilla de serpiente y yo no lo quería tocar… Bueno la cosa es que me animé y lo toqué, pero no por eso se me ha quitado la fobilla a esos animales.
El último día de estadía en el lugar luego de saborear un delicioso desayuno nos dirigimos a Punta Cocles para asistir a la reunión de los pescadores artesanales.

Qué más les puedo contar de este viaje a un lugar rico en vegetación… con árboles frutales, flores silvestres, ríos en los cuales se deposita basura y aún se pueden salvar, animales en peligro de extinción y otros que aún permanecen. Espacio de una tierra dejado de la mano de Dios, en donde hay mucho trabajo por realizar, adónde muchas personas acuden y se les enseña a cuidarla. Pero se necesita mucha voluntad de quienes dirigen los destinos de tierras como ésta que se encuentran en las cúspides y no dejan caer los granitos de arena o granotes porque se encuentran muy ocupados acumulando esa arena en su castillo.
Existen grupos que trabajan contra viento y marea, pero los depredadores se traen abajo su labor. Este pequeño grupo de exploradores hace un llamado a los altos mandos para que unidos todos podamos recuperar estas áreas pensando en construir una sociedad más equilibrada.