miércoles, 22 de junio de 2016

Desesperación.

Ricardo Jiménez 


Unos compañeros fueron a la cárcel de mujeres porque tenían que traer al cuarto de reconocimiento a Carmen fémina que estaba reclusa en el Buen Pastor.
Cómo en todo trabajo pero principalmente en éste por lo delicado de las funciones, había códigos y protocolos que tenían que respetarse, el procedimiento era muy claro, uno no podía conversar con los indiciados o condenados para evitar los riesgos y peligros inherentes a las funciones.
A esta mujer ya una vez en el sótano del edificio de los tribunales en San José, se le bajó de la perrera y fue trasladada hacia la celda correspondiente, previo al registro que para tales fines había que hacer en la bitácora de ingresos y egresos.
Una vez dentro de la celda se le quitaron las esposas o gemelas de sus manos y quedó bajo mi custodia, para ésa época yo era un joven con escasos veinte años, ella era mayor y más jugada, por eso quiso conversar conmigo cosa que yo no podía hacer por seguridad y por reglamento.
Yo me encontraba en una celda frente a la de ella, ahí empezó a mostrarme sus partes íntimas y a decirme palabras sexuales, obscenas, vulgares, me mostraba su vello púbico que era como una enorme cabellera de color negro ensortijado, se tomaba la vulva y se introducía sus dedos, me decía que necesitaba un hombre porque tenía muchos años de estar en la cárcel donde, tenía sexo solo con mujeres.
Temblaba de forma incontrolada, estaba excitada, húmeda, desesperada y el lenguaje sexual que utilizaba era fuerte; en tono vulgar me decía, métamela, hágame el favor, empújemela, lo necesito no me deje así cobarde.  Era tal su desesperación que se agarraba de las rejas y se restregaba contra los barrotes.  Ver aquella mujer ansiosa, desesperada y excitada fue un espectáculo doloroso y triste, hoy me pregunto qué habrá sido de ella. 

Ésta fue una de tantas anécdotas que me tocó vivir en el tiempo que trabajé para la sección de cárceles del Poder Judicial, donde tener contacto con los indiciados o condenados no se podía, porque podrían ser estrategias de los detenidos para tomarlo a uno como rehén.

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