miércoles, 22 de junio de 2016

Hay luto en mi alma:

Ricardo Jiménez



Viernes 29 de abril, apenas son las 5 de la mañana, voy para el Hospital Calderón Guardia con mi hijo Arthur quien días atrás se había accidentado en una motocicleta y en ése nosocomio le iban a realizar una resonancia magnética.

A ésa hora, en otro lugar como a 152 kilómetros de distancia, divisan una enorme lengua de color rojo y amarillo…., el humo denso de color grisáceo se puede ver a kilómetros de distancia.
Aquella lengua que nos es perversa pero si viperina, empieza a destruir y a engullir entre su fuego abrazador todo lo que encuentra a su paso, los bomberos que están cerca de ahí, reciben una llamada de alerta y se disponen a enfrentar con entereza y estoicismo aquél devastador fuego que ya está declarado.
Al llegar a la escena encuentran algo dantesco, aquél edificio que había sido construido en 1922 por las mujeres y  los hombres negros que habían venido de Jamaica, estaba siendo implacablemente abatido por las llamas.
Parecía un roble a pesar de que las paredes de aquél edificio fueron construidas totalmente con maderas de pino y latas de zinc posiblemente traídas de Nueva Orleans, afuera de él y para subir a la segunda planta se había construido una escalera estilo victoriano.
Los apagaincendios, con sus cascos y capas de color amarillo bien puestas, se sentían impotentes porque, sus esfuerzos no rendían resultados y veían cómo aquél fuerte y aun vigoroso joven a sus 94 años se resistía a morir consumido por el voraz incendio.   Éste muchacho, que desde su nacimiento fue grande y que así lo reconoció el Ministerio de Cultura y Juventud al declararlo patrimonio histórico arquitectónico en el año 2000, seguía erguido dando pelea.  
Es importante recordar que ése inmueble había sido construido para que fuera utilizado como la sede de la Asociación Universal para el Mejoramiento del Negro (UNIA), la cual fue creada y liderada por el activista Marcus Garvey.
Los miembros de dicha asociación trabajaron para crear edificios que sirvieran para sus propósitos de justicia social y económica junto con su compañía de vapores “Black Star Line” y, fue más que una vieja casa de color verde en el centro de Limón, porque se constituyó en el edificio más importante y emblemático para los limonenses debido a que conservaba el recordatorio de la igualdad.
Finalmente como muchos otros de la costa del Caribe, fue convertido en un club social, que albergó en el primer piso un restaurante de comida caribeña y en su planta superior estaba el Liberty Hall (Salón Libertad) que era utilizado para celebrar las fiestas cívicas de Limón, reuniones comunales  y certámenes de “black beauty” donde fue coronada la primera reina de los Carnavales de Limón en 1949.
Su estructura estuvo asentada sobre pilotes, que protegían a los visitantes de las culebras y que además servían para evitar que en las inundaciones se pudriera la madera de la base. También permitía que se generara una bolsa de aire debajo del piso que se colaba por las fisuras de él.
Sus techos altos junto con sus enrejados de madera en la parte superior de las puertas eran de influencia angloantillana. Ése detalle constructivo mejoraba la circulación del aire y añadía seguridad a los cuartos, además,  como una estrategia pasiva de climatización utilizaba aleros que lo protegían de la lluvia y creaban una bolsa exterior de aire fresco que el viento impulsaba hacia la parte interna del edificio.
Lamentablemente y después de una evaluación por parte del Ministerio de Salud el edificio había sido clausurado un mes antes del siniestro porque no contaba con sistemas contra incendios, tampoco cumplía con la normativa de la Ley 7600 porque sus baterías de baños no contaba con accesos para todas las personas.
Después del siniestro se tiene conocimiento de que hacía dos meses representantes del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) ofrecieron diseñar los planos para realizar las correcciones al edificio, entre las que se encontraba un sistema contra incendios.
Hoy un incendio consumió toda la estructura del mítico y emblemático ícono de la cultura afrocaribeña.   Ya el edificio Black Star Line en Limón es sólo ruinas y latas retorcidas, aunque lo quieran reconstruir, ya no será igual porque siempre se le verán las heridas.

Para finalizar lo hago con dos fragmentos una del conjunto los Terrícolas “Hay luto en mi alma”, y la otra de los Ángeles Negros “Déjenme si estoy llorando” porque el país en general perdió a uno de sus insignes, longevos y más representativo edificio de la cultura afrocaribeña.

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