“Han brotado otra vez los rosales,
Junto
al muro del viejo jardín…”
Vals de Vicente
Spina.
Sí, los rosales
han vuelto a florecer como si fueran brotes de primavera. Su tiempo no es mi
tiempo.
Los colores de estos rosales no son los mismos, no
son tus rosas ni son las mías. Su
perfume ya no es el tuyo.
Los rosales están ahí en el mismo lugar donde
los dejaste: resplandecientes, húmedos, frescos, perfumados, encendidos, de pétalos suaves. Tienen su
lenguaje y sé que te buscan, te extrañan. Ellos también te amaban.
Buscan la música de tu voz porque no la escuchan, la magia de tu caricia sonora no les llega. Se
niegan a entender y a aceptar que ya no estás aquí. Que te fuiste para siempre
un día del mes de junio, vísperas de la celebración de nuestras Bodas de Oro.
Que tu presencia ya no es física porque estás en otra dimensión superior.
Nuestras rosas saben que nuestro amor fue una institución familiar. Una
comunidad de amor.
Los rosales perciben
que tu ausencia terrenal es para
siempre. Ellos saben que nuestro amor de un momento solo duró cincuenta años.
Ya el jardín no
es el mismo jardín. Reclama tu
presencia.
Han pasado los días y los meses. Se levantó el
nuevo sol… se acostó el viejo día y
volvieron a aparecer los jirones de
nuevos celajes y de nuevas noches que dejaste olvidados. Se fueron las
vísperas...Se ausentaron los ayeres.¡ Ya no estás aquí conmigo!.
La lluvia se fue y regresó, besó otros campos,
bautizó otras flores pero no tocó los rosales!.
La lluvia reclama también tu presencia.
El astro rey
también emprende cada día su incansable búsqueda, dibuja y piensa pero no te
halla.
¿Quién dijo que
la distancia trae al olvido? ¡ Jamás! ¡La distancia y el olvido se burlan de nosotros!¡ Se burlan de mí!. Me niego a
aceptar que existe el olvido.
Para mirar los
rosales florecidos y adivinar su lenguaje, debo escudriñar los secretos
profundos de mi alma. ¿Pero tengo alma? ¿Dónde está mi alma? ¿Dónde la dejaste?
¿Te la llevaste?.
Los rosales
florecidos insisten cada día en enviarme un mensaje: tu mensaje eterno, el que
me envía la tierra generosa, el que está cargado de luz abundante, el mensaje que está clavado en los
caminos sempiternos.
¡Todo es falsa ilusión! Tu mensaje real no
llega, estás demasiado lejos!. ¡ Mi alma se fue contigo!
Con los rosales
florecidos llegan la nostalgia y la tristeza. Me abrazan junto con el
silencio y el dolor de tu ausencia. En mi interior hay una fuerte lucha contra
la vida y contra la muerte., contra el tiempo, contra el pasado y contra el
presente. Contra el día y contra la noche.
¿Será que espero
un milagro? El sentido común me hace intuir que ya no te busque, que ya no te
espere, porque ya no volverás. Sin
embargo, los fantasmas del ayer me dan paz y tranquilidad y me envuelven en un
torbellino de luz que me ilumina y hunde en la esperanza de tu pronto regreso.
Los rosales de
ayer volvieron a florecer hoy, y, al observarlos siento como que estoy dando de
nuevo alimento balsámico a mi alma.
¡ Yo soy también
como una nueva rosa!.¡ La rosa que dejaste aquí para nuestros hijos, para
nuestros nietos… mientras nos volvemos a encontrar en un nuevo jardín, el jardín celestial!
Margarita Murillo
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